Los 17 mejores discos pajareros del último año

Música para pajareros. Foto: Pixabay

Ya ha aparecido en alguna ocasión por ‘El Asombrario’ el afán por unir dos de mis grandes pasiones: la música y la ornitología. Ahora os presento la lista de mis diez discos internacionales y siete nacionales favoritos de 2016 en los que las aves tienen algo que piar. En portadas, títulos, letras (la mayoría alegóricas) y nombres de grupos/artistas aparecen gorriones, cuervos, colibríes, pingüinos, mirlos, flamencos, halcones o simplemente ‘birds’ y pájaros. Aprovechamos que justo ayer la organización SEO-BirdLife declaró al sisón común Ave del Año 2017, para hacer este repaso de muy altos vuelos.

El despliegue pajarero ha sido fabuloso. También nos gustaron: The Coral (con estorninos en la portada de su último disco); Van Morrison (otra ave, no identificada, en portada de su reciente Keep me singing); Opeth (hermoso pavo real en Sorceress), los ruiseñores que cantan en The 10 sultans of Rudyard, dentro del último disco de The Orb;  Safe to Say (águila, paloma y cuervo a lo largo de su Dawn in the dark); Hiperasia de El Guincho (nombre vernáculo del águila pescadora en Canarias); y el crossover de Niño Pájaro (rap-metal en Agítalo) o Búhos (ska-rumba en Lluna plena). Hasta podía haberse colado el colirrojo que sale en Los bienes, de Kiev Cuando Nieva. Pero hemos hecho finalmente una lista con 17 para homenajear al nuevo año: 10 internacionales y 7 nacionales.

Diez discos que vinieron volando de allá…

Are you serious, de Andrew Bird. Su nombre, el loro de la portada y sus silbidos y pizzicatos al violín (en Roma fade –temazo– ambos a la vez) te hacen oír y ver aves por todas partes. A veces es pura sugestión y en otras, consecuencia de un talento que se sale de madre en cada nota. Otra joyita a destacar de este último disco del talentoso indie de Illinois es Saint Preservus.

The glowing man, de Swans. En 2016 Michael Gira volvió a sacar a volar a sus cisnes con kilométricas canciones de intenso post rock experimental. Los cisnes atraviesan, para empezar, nubes de olvido (Cloud of forgetting) y desconocimiento (Cloud of unknowing) en las que siempre esperas ser sorprendido en cada pico de tensión o de relajo (es un decir) que imprimen a la música.

Young as the morning old as the sea, de Passenger. Michael David Rosenberg, alias Passenger, suena a reencarnación de Cat Stevens, pero cuidado, sin matar a este, que todavía está vivo. Folk, americana y pellizcos de brit-pop se unen en un disco que, ¿por qué está aquí? Por contener una canción llamada Beautiful birds que canta con ¿quién? Con Jasmine Van Den Bogaerde, alias Birdy.

Beautiful lies, de Birdy. Sí, la compa de Passenger en otra “belleza” también sacó disco en 2016, con un contenido con miras pop cada vez más amplias (hasta Keeping your head up se escora al dance pop que proponen Cristal Fighters o Years & Years). Si creemos a Wikipedia, “su nombre artístico proviene del apodo que sus padres le dieron cuando era una bebé. Al comer, abría y cerraba la boca como un pajarito”.

Let the silence stay where it was, de Sparrows. Cambio de registro total con estos gorriones canadienses que aunque su discográfica los asocie al post hardcore de Fugazi y Helmet tienen tanto o más del metal progresivo de Tool y Dream Theater. En un año, el 2016, dedicado al gorrión común, no podía faltar esta sabia mezcla de energía y rabia hardcore con requiebros melódicos y pausas tras la tempestad más progresivos.

Trouble, de Woodpigeon. Más desde Canadá, en este caso una paloma torcaz prolífica a la hora de sacar discos de inspiración cosmopolita. Cuenta su líder, Mark Andrew Hamilton (seguirle la pista en The National Parks Project), que las canciones de Trouble fueron escritas entre Buenos Aires, Paraguay, Vancouver y Calgary. Yo estoy enamorado del rotundo sonido del bajo, pero también hay sutilezas que suenan a Cass McCombs o Villagers.

Let’s pretend the world has stopped, de Birds Are Indie. De Canadá a Portugal, en concreto Coimbra. Indie bucólico, de ese que escuchas el rasgueo de la guitarra sobre bases rítmicas simples pero emotivas y con algún cachivache electrónico flotando en el ambiente. El título de su EP de debut en 2010 (Love birds, hate pollen) y su portada (una jaula abierta con la estela de un ave que ha huido) anunciaban su tendencia pajarera.

Wingbeats, de Hidden Orchestra. A estos “aleteos” entre el ambient y la indietrónica (a veces parece a punto de saltar la voz de Björk) del proyecto de Joe Acheson no le perdonamos que en el vídeo del tema homónimo canten mirlos y aves forestales y sin embargo salgan imágenes de gaviotas y frailecillos, entre otras aves marinas. Pero, abstráiganse del vídeo y déjense elevar por las derivaciones de Wingbeats, especialmente la de Piano and wings.

Prender el alma Remixed, de Nicola Cruz. No es propiamente un disco nuevo pero, me dije, o meto a este productor y músico francés de familia sudamericana y asentado en Quito (Ecuador) o meto a su compañero de sello discográfico (ZZK Records) con sus remixes de 2016, El Búho. Dos magos del electro latino contenido. El disco contiene dos mezclas de Colibria. Mencionar que Ecuador es un paraíso para los colibríes, donde hay 130 especies de ellos (55 se pueden observar en Quito).

Unwork rarities 2012-2015, de Oiseaux-Tempête. Aquí me permito otra licencia con esta “tormenta de aves” desde Francia, ya que tampoco es un disco nuevo propiamente dicho. La excusa es mostrar el rico repertorio de esta banda parisina de post rock poderoso, que en estas piezas dejan resquicios para que pasen el ambient, el noise y hasta el spoken word.

… y siete discos que vuelan acá

Amma, de beGun. Tenía que estar porque con toda seguridad es el álbum de electrónica que contiene más registros sonoros de aves (desde verderones a palomas, pasando por gaviotas) y además porque su compañía, Foehn Records, recogiendo el espíritu de Bird on the wire de Leonard Cohen, está representada por un logo con una imagen de aves en un cable. Dicho esto, estamos ante el mejor disco nacional de música electrónica de 2016.

Año X, de Travis Birds. Estreno de lujo de esta joven cantautora con cinco años de curtido periplo de conciertos por salas y clubes. Muy recomendable la entrevista que le hace Colectivo de Raro Propósito, donde afirma que, de ser ave sería una abubilla. La música (folk, swing, tex-mex, rumba…) envuelve unos textos llenos de costumbrismo y cotidianeidad con lírica cuidada: “No le fue tan mal siendo solo agua corriente resbalando entre la gente”.

Melt in trees de Cosmic Birds. Una debilidad para alguien que como yo disfruto y floto con la mezcla de psicodelia y bellas armonías vocales. No se da mucho de esto en el pop patrio, de ahí mi predilección por estos “pájaros cósmicos” vallisoletanos. Mejor la primera parte del disco (con Wasteland y Vostok-1 a la cabeza) que la segunda (salvando los pasajes Madchester de Miles thorugh the flames y psych-prog de Hikari).

The collapse, de Pájaro Sunrise. Radicado en vivencias personales que marcaron a este músico leonés (Yuri Méndez), el disco expulsa constantemente emociones líricas y musicales con un sonido cristalino y muy aseado (a veces demasiado, para quien no le gusten Spandau Ballet o Spyro Gyra). Recuerda a Andrew Bird con sus silbidos en This is not now y nos recuerda en otro tema que Man’s the only bird who has no feathers.

Soles y pingüinos, de Lázaro. Soy devoto de la iglesia The Cure y cualquier cosa que huela a ellos me abre de par en par los oídos. Esas guitarras lánguidas entre ritmos marciales ganan en empaque sonoro al funcionar más como grupo que en Fierce, su LP de debut. Si a todo ello le unes la preocupación y lucha contra el cambio climático que transmite Nieves Lázaro con la portada y el título del disco, miel sobre hojuelas.

He matado al ángel, de Pájaro. Con un bagaje musical que incluye acompañamientos guitarreros a Pata Negra, Kiko Veneno y Silvio, cómo no parir algo grande. Lo hizo en 2012 con Santa Leone y en 2016, sin llegar a las cotas de su debut, mantuvo el tipo con He matado al ángel. Spaguetti-western, surf, swing, boogie, pasodoble, doo-wop…, por citar parte de su sonido y Costa ballena, por quedarme con un tema y surfear sobre él.

Los Flamingos, de Los Flamingos. Como en el apartado internacional, aquí me permito otra licencia: incluir un EP, no un LP, el de debut de los tudelanos Los Flamingos. Suenan al indie de masas español: Izal, Lori Meyers, Dorian… Recogen, sin tapujos, esencias mod y yé-yé y, aparte de flamencos, aparece “un halcón espiando a su amor” en la psicodélica Oscurescencia. Por cierto, aunque la voz no es su fuerte, me priva el nana nara nana nara de Ay! ahí hay.

P.D: Quiero agradecer la información e inspiración que constantemente me aportan las personas que forman parte del grupo de Facebook Music for Birders. Sin ellas, algunas de las referencias que aparecen más arriba no las hubiera llegado a conocer, al menos hasta el momento.

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