5 razones para amar a la 'Julieta' de Almodóvar
03.04.2016

Cinco razones para amar a la ‘Julieta’ de Almodóvar

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Adriana Ugarte recibe instrucciones de Pedro Almodóvar durante el rodaje de 'Julieta'.

Adriana Ugarte recibe instrucciones de Pedro Almodóvar durante el rodaje de ‘Julieta’.

Repasa el autor los motivos por los que le ha emocionado ‘Julieta’, la nueva película de Almodóvar, y la menos ‘almodovariana’ de todas. Se estrena ya, el 8 de abril, con Adriana Ugarte y Emma Suárez como protagonistas. 

Hace tiempo que comprendí que tolerar las expectativas era el camino más corto hacia la decepción. Y la decepción es un sentimiento muy antipático porque no hace distinciones; es igualmente molesto para el que lo provoca, la mayoría de las veces de manera involuntaria, que para el que lo sufre. Aun así, no he logrado cercenar la ilusión que me une a ellas. Si las expectativas pueden arruinarnos una entrevista de trabajo, una fiesta de cumpleaños y hasta un polvo (especialmente un polvo), imagínense si las trasladamos a una creación artística. Por ejemplo, una película. Una película firmada y filmada por el director español vivo más famoso: Pedro Almodóvar.

Sentarse ante una película de Almodóvar no debe ser sencillo ni para el propio Almodóvar. Pero debo reconocer que, después de 20 películas, tampoco lo es para el espectador. Algunos hemos crecido (en años y en inquietudes) con sus historias y eso hace que mantengamos un vínculo con su cine que arrastra los vicios y las virtudes de toda relación sentimental. Juntos, películas y espectadores, nos hemos enamorado, idealizado y enfadado. Nos hemos hecho reír, llorar, nos hemos excitado y nos hemos puesto los cuernos. Hemos discutido, no nos hemos entendido pero, al final, como en los buenos idilios, nos congraciamos. A veces pienso que mi relación sentimental más duradera ha sido con el cine de Pedro Almodóvar. Por eso cuando tuve la oportunidad de sentarme frente a su última película, Julieta, lo hice con la frialdad impostada del que pretende hacerle creer a su antiguo amor que todo ha cambiado y que aquello ya pasó. Sin embargo, solo alguien a quien conoces muy bien, con quien te has reído tanto, emocionado tanto, descubierto tanto, puede volverte a enamorar con solo una mirada. Y si esa mirada es la de Emma Suárez, sé que sabrán comprenderme.

Amo a Julieta. Y tengo mis razones.

  1. Porque no es una película ‘almodovariana’

Las películas pueden estar firmadas por estupendos directores de cine o por autores. Los primeros tienen el oficio incuestionable, la maestría, mientras que los segundos logran un lenguaje propio, un universo personal que puede acabar convertido en universal. El cine de Pedro Almodóvar es cine de autor. Como el de Pasolini, el de Lynch o el de Allen. Ningún autor renuncia a su universo. Sería absurdo. Y todo ese universo del cine de Almodóvar está en Julieta. Desde el rojo palpitante del primer plano hasta la luz del encuadre final (extraordinario trabajo de Jean Claude Larrieu). Universos femeninos, madres e hijas, voces en off, las casualidades, los colores, las elipsis temporales, la música de Alberto Iglesias… Hasta el cameo de su hermano Agustín está en Julieta.

Sin embargo, es la primera película de Almodóvar que no es almodovariana. Convertimos su apellido en adjetivo para poder explicar aquellas situaciones o conductas que nos resultaban surrealistas, desconcertantes, excesivas o cómicas. Lo inverosímil adquiría entidad al convertirse en almodovariano. En Julieta no hay ninguna concesión a ese adjetivo y, por lo tanto, a la galería. No hay válvulas de escape. La propia Julieta las rechaza. Su historia las repele. No hay madres e hijas discutiendo por unos pimientos mientras Leo sufre. Aquí lo que importa es el sufrimiento de Julieta y eso es lo único que debe importarnos a nosotros, como espectadores.

Almodóvar lo sabe y por eso hace un sacrificio como nunca en su larga trayectoria y rueda su película más contenida. Se aleja del melodrama para entrar en el drama por la misma puerta por la que entró John Cassavetes hace más de 40 años: con unos personajes que no buscan la lágrima en el espectador sino su comprensión. Los personajes de Julieta son de mar y tierra, de esos que se abaten ante el dolor porque ya no les quedan lágrimas con las que empapar la culpa.

  1. Porque Emma Suárez y Adriana Ugarte son JULIETA

La autoría del cine de Almodóvar también está presente en sus repartos. Toda su filmografía se podría resumir con el nombre de cinco actrices y dos actores. Esta es la primera vez que ninguno de ellos figura en la película. De hecho, en todo el reparto de Julieta solo repiten a las órdenes del director manchego Rossy de Palma, Susi Sánchez y Darío Grandinetti. Para el resto, es su primera vez.

No sé si eso le dota de una credibilidad especial a la cinta pero lo cierto es que la historia lo agradece. Especialmente cuando conocemos a Julieta, el personaje que interpretan Emma Suárez y Adriana Ugarte. El trabajo de ambas actrices es magnífico porque está trabajado desde la contención. No hay histrionismos. Los dolores más lacerantes son los que se esconden tras las miradas perdidas. Es tal el camino que recorren ambas actrices en la interpretación de un mismo personaje que les juro que las llegué a confundir en más de un plano. Es evidente que no son la misma mujer y que ni siquiera esa intención residía en la mente del realizador pero viene a significar que la elaboración de su personaje, la verdad que rodea el sentimiento de Julieta, víctima de los silencios que ha decidido romper, ha conducido a las dos actrices en la misma dirección. La elipsis de la hija secando el pelo de la madre ya es historia del cine español.

  1. Porque lo único que le importa a Almodóvar es JULIETA

En ocasiones los guiones de Pedro Almodóvar parecen construidos sobre una estructura de tramas que nos lleva a lugares que, como espectadores, no tenemos el más mínimo interés en visitar. Desde el Berlín de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? hasta el piso del personaje de Paz Vega en Los amantes pasajeros. Son tramas que orbitan alrededor de una idea principal pero que nos da la impresión que forman parte de otra película, de otra historia. Eso, en Julieta, no existe.

Lo único que nos importa es Julieta. A Almodóvar y al espectador. Hay muchos personajes (su cine siempre ha sido muy coral), pero todos están remando a favor de la historia. Entran a apoyar, a informar, a sostener el drama de Julieta. Eso hace que la película fluya de un modo casi magnético, sin distracciones, sin cambios de ritmo. Solo en una ocasión nos adentramos en otra trama: cuando Julieta visita a sus padres, en el pueblo. Está tan bien contada esa historia, con una austeridad tan espléndida, que basta una mirada de Susi Sánchez para que no necesitemos nada más.

La escritora canadiense Alice Munro y Pedro Almodóvar comparten a Julieta. La Premio Nobel la creó y Almodóvar la ha acompañado por nuevos caminos. Es la protagonista de Destino, Pronto y Silencio, tres de las historias incluidas en el libro Escapada. Precisamente el libro que lee Vera (o tal vez nunca llega a hacerlo) en su encierro durante La piel que habito. No es la primera vez que Almodóvar trabaja a partir de un texto literario. Lo hizo con Carne Trémula, de Ruth Rendel, y con La piel que habito, basada en Tarántula de Thierry Jonquet.

Julieta es, de lejos, la mejor combinación de literatura y guión original de la filmografía de Almodóvar. No hablo de adaptación porque los cuentos de Munro acabaron convirtiéndose en la inspiración del director, en el alma de la protagonista, y de ellos apenas quedan detalles en el filme. Como la secuencia del tren. La recuerdo y me emociono. Cuando la vean, sabrán a qué me refiero.

Todas estas cosas son las que hacen que estemos ante una película de largo recorrido. A eso he aludido todas estas semanas, desde el día en el que vi la película, cuando digo que intuyo que es una de esas historias que crecen con cada visionado. Esas son las películas que no envejecen nunca. ¿Han vuelto a ver Átame últimamente? Háganlo porque la película ha crecido hasta niveles insospechados. Eso también le va a suceder a Julieta. Porque al salir de la sala de proyección, Julieta te acompaña. Puede que creas que no pero, de repente, interrumpiendo tu cotidianidad, vuelve a ti. La historia, los silencios, la escena del tren, la mirada de Emma… De hecho, mientras la pienso, más deseo volver a verla.

  1. Porque Almodóvar ha cambiado y nosotros también

Julieta decide escribir a su hija, a la que no ve desde hace años, para contarle el origen de los silencios que las separaron. Almodóvar no es Julieta. No tiene que darnos explicaciones. Ningún creador puede trabajar condicionado a lo que el público quiere, espera, de él. Eso es nocivo para la creación. Las películas de Almodóvar son lo que Almodóvar quiere contar. Que eso haya coincidido con los intereses, el aplauso y el respeto del público es una deseable conjunción de factores, pero el desencuentro no deslegitima un trabajo. El mago de Oz, Ciudadano Kane o Blade Runner no tuvieron el aplauso del público.

Por eso cuando nos situamos ante el actual cine de Pedro Almodóvar no podemos seguir esperando al director de La ley del deseo o Mujeres al borde de un ataque de nervios porque ese director no va a volver. Puede que no te interese lo que hace ahora, perfectamente legítimo, pero seguir reivindicando al Almodóvar de los 80 para disfrutar del Almodóvar actual dice más de nosotros mismos que del director.

  1. Porque JULIETA es SILENCIO

Ese debió ser su título. Silencio. Así, en castellano. Sin traducciones. Ya sabrán que ese fue el primer nombre de la película pero El Deseo decidió sustituirlo por Julieta para evitar el choque de títulos entre esta cinta y la nueva de Martin Scorsese, Silence. Se trata de la adaptación de la novela homónima de Shusaku Endo. Silencio también era el título de uno de los tres cuentos de Alice Munro. Seguro que la decisión del cambio de nombre estuvo muy meditada y respondió a cuestiones más comerciales, ligadas a distribución y venta internacional, que artísticas. Pero, sin haber leído la novela de Endo ni visto la película de Scorsese, si alguien merece ese silencio como título es Julieta. Porque aquí, ese bálsamo que las sociedades contemporáneas atribuyen al silencio es el origen del drama. Cada silencio, en esta película, esconde un dolor. El silencio como renuncia, como temor, como elocuencia, como reflexión, como abandono. Escribió Unamuno que, a veces, el silencio era la peor mentira. En Julieta, el silencio es toda la verdad.

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Sobre el autor

Paco Tomás
Soy periodista, guionista y, en los tiempos que corren, funambulista. Escribo. Eso es lo que hago la mayor parte del día. También leo y, en ocasiones, releo. Escribo artículos de opinión, teatro, programas de televisión, guiones de cine inéditos y ahora también hago radio. Soy el de “Carta Blanca” en La 2, el de "Alaska y Segura" en La 1, el de “La Transversal” y “Wisteria Lane” en RNE, el del serial “Kurt & Courtney” en Radio 3 y el autor de "Los lugares pequeños", mi primera novela, editada por Punto en Boca.

Puedes seguir al autor en twitter @srpacotomas

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4 comentarios

  • El 04.04.2016 , Rat ha comentado:

    Yo lo reduzco a una razón para no ir a ver la película:

    – La alineación política del director ante los medios televisivos intentando influir en los ciudadanos (con poca cultura y criterio político) para que votaran al partido que lo beneficiaria en su día.

    Con eso me sobra.

    • El 08.09.2016 , francisco alcocer ha comentado:

      Almodovar no solo puede sino que debe representar a España, es un AUTOR. Su pensamiento político no tiene que prejuiciar sus obra. Lo importante son los sentimientos que trasmite a través de sus personajes.

  • El 05.04.2016 , joy ha comentado:

    Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad. Si tuviéramos que lee un libro, ver una película o escuchar un tipo de música en función de las virtudes personales de los autores apañados estábamos.A mi personalmente la vida de los autores me trae sin cuidado. me importa su obra si me llega o no.

  • El 07.09.2016 , D. Trump ha comentado:

    Yo creo que si Soria no puede representar a España, Almodovar, con la misma exigencia ética, tampoco.

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