07.04.2016

Antxon Olabe: “El cambio del clima es el desafío que definirá el siglo XXI”

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El economista ambiental Antxon Olabe.

Hay libros recomendables y libros de lectura necesaria. Entre estos últimos figura ‘Crisis climática-ambiental. La hora de la responsabilidad’, del economista ambiental Antxon Olabe, publicado recientemente por Galaxia Gutenberg. Le entrevistamos para ‘El Asombrario Recicla’, y se muestra contundente al sostener afirmaciones como éstas: “No podemos permitir que nuestros hijos y nietos hereden un mundo climática y ambientalmente devastado. Nuestro sentido moral se ha de rebelar como lo hicieron nuestros padres contra la tiranía y la esclavitud, contra el totalitarismo y por la democracia. Ese es el legado, la tradición a la que pertenecemos”.

En la reciente presentación del balance de Ecovidrio referente a 2015, hubo algunos datos que nos llamaron especialmente la atención. Entre ellos, que con todos los envases de vidrio reciclados el año pasado en España se evitó la emisión de 485.000 toneladas de dióxido de carbono, principal gas causante del cambio climático por incidencia humana, lo que suponía el equivalente a plantar más de medio millón de árboles y preservarlos durante más de 100 años, con lo que eso significa de absorción de ese gas.

Nos hemos puesto manos a la obra para saber más sobre este enorme problema, al que podemos poner coto con comportamientos diarios como el reciclaje, el uso de transporte colectivo y la eficiencia en el consumo de energía. Entrevistamos a uno de los máximos expertos españoles sobre cambio climático: Antxon Olabe, heredero de la exquisita tradición científica anglosajona, que combina el rigor y la divulgación de los conocimientos. Olabe asesora a varias instituciones internacionales y colabora con diversos medios de comunicación, además de mantener el blog ambiental Punto de inflexión. En Crisis climática-ambiental. La hora de la responsabilidad, un ensayo apto para todo tipo de lectores, Olabe maneja múltiples disciplinas para analizar y proponer soluciones globales al cambio climático, quizá la mayor amenaza a la que se enfrenta hoy la Humanidad, y a la que esta sección no podía dejar de atender.

¿Cuándo decidió escribir este libro? Es una obra ambiciosa y multidisdiplinar, una mirada global sobre el mundo en el que vivimos, muy didáctica a la vez. De poca tradición en el mundo de la ciencia en España, a diferencia de lo que ocurre en otros países, sobre todo los anglosajones.

Comencé a escribirlo en marzo de 2012 y lo finalicé en diciembre de 2015. Sobre el mundo anglosajón comentar que mi formación como economista ambiental la realicé a lo largo de dos años en York (Reino Unido) y, además, viví otro año en Londres. Fue una experiencia positiva que me marcó profundamente. Con el libro he querido dar forma a una labor de 25 años de reflexión crítica sobre la crisis climática-ambiental. Responde a una gran preocupación y al compromiso de poner mi grano de arena para enriquecer el debate sobre cómo reconducirla.

En contra de la tendencia dominante, afirma que no puede separarse la crisis ecológica (climática) de otras crisis globales, como las hambrunas, la crisis o la desigualdad entre países y ciudadanos. Nos acercamos a un futuro incierto y peligroso, afirma. ¿Aún estamos a tiempo de evitar las consecuencias más funestas del cambio climático?

Sí, estamos a tiempo y el Acuerdo de París ha sido un paso importante en la buena dirección. Para reconducir la trayectoria de las emisiones de manera que sea compatible con el objetivo de mantener el incremento de la temperatura media de la atmósfera entre 1,5-2ºC respecto a la de los tiempos preindustriales, las decisiones estratégicas clave en el horizonte 2030 serían en mi opinión las siguientes. En primer lugar, sacar el carbón de la generación eléctrica. Las economías desarrolladas de la OCDE deberían declarar un phase out del carbón antes de la cumbre del clima de 2020 y llevarlo a cabo, con mínimas excepciones, en el horizonte 2030. China habría de cerrar sus centrales de carbón más obsoletas. Y la comunidad internacional y las instituciones económico-financieras de referencia habrían de colaborar con la India para que ese país, que en 2030 será el más poblado del mundo con 1.500 millones de personas, se oriente hacia un modelo energético que no implique el uso intensivo de carbón. El presidente Obama, en una reciente entrevista en profundidad con el periodista especializado en política internacional Jeffrey Goldberg, ha afirmado que, si no se reconduce el cambio climático, “supondrá una amenaza existencial para el mundo” (Atlantic, abril 2016). Son palabras muy contundentes. Se ha dicho, y yo estoy de acuerdo, que la alteración del clima es el desafío llamado a definir a nuestra generación como los totalitarismos fueron el desafío que definió el pasado siglo XX.

En contra de lo que opinan algunos científicos, usted no cree que los humanos, como sociedad, seamos “egoístas” por naturaleza, con una visión exclusiva del corto plazo. De hecho, el Homo Sapiens pudo avanzar y adaptarse gracias al instinto de cooperación y colaboración.

El científico Edward O. Wilson ha escrito en La conquista social de la Tierra que nuestra especie progresó de manera formidable en el pasado porque disponía de un equipamiento evolutivo en el que se combinaban fuerzas complementarias. A nivel de los individuos, los instintos básicos de supervivencia y reproducción modelaban y modelan comportamientos competitivos y egoístas, al igual que ocurre en el resto de formas de vida según nos ha enseñado la ciencia desde Darwin. A nivel interno del propio grupo, predominan sin embargo las fuerzas colaborativas. El 95% del tiempo que Homo Sapiens ha caminado sobre la Tierra lo ha hecho organizado en clanes cazadores y recolectores. Los grupos que perduraron fueron los que contaban con una fuerte cohesión interna. En otras palabras, somos egoístas y solidarios al mismo tiempo, ambas pulsiones han anidado en el corazón humano. Es un equipamiento evolutivo muy adecuado para salir adelante en un mundo impredecible repleto de dificultades. Además, desde tiempos ancestrales la transmisión cultural ha adquirido un papel decisivo en la evolución de nuestra especie, complementando la transmisión genética a través del ADN. Somos criaturas biológicas, y somos, también, seres culturales y sociales.

Para solucionar la crisis ecológica propone un nuevo contrato social y global, como el que impulsó la democracia en Occidente tras la Ilustración. ¿Es posible que nos pongamos de acuerdo países tan distintos, con sistemas políticos diferentes? Aboga por una especie de gobierno mundial en temas ambientales, un papel que podría asumir la ONU.

El “sistema Tierra” es finito. Sin embargo, la cosmovisión que ha dominado nuestra civilización desde la revolución industrial hace 250 años, asume de forma implícita que el planeta es casi infinito en su función generadora de recursos y asimiladora de desechos y emisiones. El cambio climático nos está obligando a despertar de ese sueño. En ese sentido, una de las propuestas que defiendo en el libro es la aprobación de la Carta de Custodia de la Biosfera de las Naciones Unidas, como contrato social ente los gobiernos por el que se acepta integrar en el modelo de desarrollo los límites ecológicos identificados y cuantificados por la comunidad científica, tras los trabajos pioneros publicados por Rockström y colegas en la revista Nature en 2009. El cambio climático es el problema más urgente y al que hay que dedicar una atención prioritaria. Sin embargo, hay otros problemas ambientales de alcance global muy importantes como la pérdida de diversidad biológica, la degradación de los océanos, la contaminación química generalizada, la escasez creciente de agua potable etc. La aprobación normativa de la Carta de Custodia de la Biosfera de las Naciones Unidas supondría un punto de inflexión.

Considera que el reciente Acuerdo de París, firmado el pasado diciembre, es un avance, a pesar de sus deficiencias. Uno de los problemas puede venir del proceso político en EE UU, si Donald Trump alcanzase la Casa Blanca.

Mi opinión sobre el Acuerdo de París es positiva. Lo perfecto no existe en el mundo real, sólo en la imaginación de los niños. Ofrece unas bases sólidas desde las que avanzar en los próximos años. Su principal limitación es que las medidas de mitigación de las emisiones las deciden los gobiernos nacionales respectivos, sin que exista un poder normativo internacional o transnacional que les obligue a ello. Sin embargo, hay que recordar que esa vía ya se intentó con el Protocolo de Kioto y no tuvo recorrido. Ni China ni EE UU han estado nunca dispuestos a aceptar mandatos de mitigación de sus emisiones procedentes de una autoridad externa a sus propios gobiernos. Esa es la cruda realidad. Partiendo de ahí, lo logrado en París es mucho y bueno. No creo que Donald Trump sea el próximo presidente de EE UU. No cuenta con el apoyo mayoritario de las mujeres ni de los jóvenes, ni de las minorías latina y afro-americana. Así es difícil llegar a la Casa Blanca en 2016. Si se diese el caso, el futuro del Acuerdo de París se debilitaría de forma notable, si bien no tendría que suponer necesariamente su final. Mi recomendación sin fisuras a los decisores políticos sería que Europa y China mantuviesen su apoyo total al Acuerdo de París y desplegasen todos sus recursos diplomáticos para conseguir que otros actores importantes del sistema internacional –India, Rusia, Brasil, Japón, Indonesia, Canadá, Australia…- lo continuasen apoyando. En esas circunstancias, antes o después el gobierno de EE UU tendría que regresar a una política climática multilateral. EE UU es un actor decisivo pero solos ya no pueden definir el sistema internacional como lo reconoce Henry Kissinger en su reciente libro Orden mundial.

Usted se muestra partidario de la regulación. El mercado, por sí solo, ¿no funciona?

La Economía ambiental ha demostrado teórica y empíricamente que la preservación del medio natural y la calidad ambiental no quedan garantizadas de forma automática por las fuerzas del mercado. La regulación y las políticas públicas son imprescindibles Con más o menos acierto, la Unión Europea lleva 43 años aplicando estrategias, políticas, planes y programas dirigidos a internalizar las externalidades ambientales y a orientar las fuerzas del mercado en una dirección compatible con la preservación del capital natural y el medio ambiente. En otros niveles, la experiencia real también ha demostrado que la regulación es imprescindible. La Gran Recesión surgida en 2008 en el corazón del capitalismo financiero mundial, Wall Street, fue favorecida por la radical desregulación del sistema. El colapso de la Gran Banca fue evitado por la intervención del sector público, el Gobierno de Estados Unidos, que puso encima de la mesa la nada despreciable suma de 600.000 millones dólares procedentes del bolsillo del contribuyente.

Luchar contra el cambio climático, hacer todo lo posible para mitigarlo, es una obligación moral de nuestra sociedad. ¿Estamos a la altura de las circunstancias?

Como digo en el libro, las respuestas a la crisis climática-ambiental han de abordarse desde los fundamentos de justicia y equidad en que se basan nuestras sociedades democráticas. Han de conectar con el legado de la tradición filosófica y cultural de la Ilustración, cuya corriente central desde Thomas Hobbes, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, Immanuel Kant, hasta la Idea de la Justicia de Amartya Sen, pasando por Alexis Tocqueville, la Escuela de Francfort, la Teoría de la Justicia de John Rawls, o el republicanismo cívico de Hannah Arendt, ha reivindicado siempre una mirada crítica y moral sobre la sociedad y sus desafíos cruciales. La responsabilidad hacia las comunidades más vulnerables y hacia los derechos de las generaciones venideras precisa renovar nuestra comprensión universal. No podemos permitir que nuestros hijos y nietos hereden un mundo climática y ambientalmente devastado. Nuestro sentido moral se ha de rebelar como lo hicieron nuestros padres contra la tiranía y la esclavitud, contra el totalitarismo y por la democracia, y como se levantaron los líderes de los derechos civiles por la igualdad de todas las personas. Ese es el legado, la tradición a la que pertenecemos.

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Sobre el autor

Javier Morales
Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme en:

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7 comentarios

  • El 07.04.2016 , raul ha comentado:

    Cuando alguien asi, hablando del cambio climatico, dice “nosotros tenemos la responsabilidad”…a quien se refiere?? me explico. Yo soy muy responsable. Tan responsable con el medio ambiente, que estoy en contra de las termicas. El problema es que el gobierno esta a favor.
    Estoy a favor de tener placas solares, pero el gobierno que firmo el tratado de paris, dice que o las quito o me pone 60.000 euracos de multa. Y este señor, al decir “nosotros”, me da la sensacion de que es un ejecutivo de Iberdrola, es asi? yo no soy responsable de nada, y digo esto despues de oir tantas veces que gente responsable de todos los gobiernos del mundo no admiten ninguna responsabilidad en este cambio climatico que beneficia tanto a sus amigos de la compañia.

  • El 07.04.2016 , TOMAS ha comentado:

    muy floja la entrevista como muy flojo debe ser el libro de ficción. Para avanzar el ser humano necesita nadar en la realidad, en la qual todas las especies son un uno, desgraciadamente la especie humana desde hace ya mucho Tiempo es un cero, en lo que se refiere al RESPETO a la VIDA.

  • El 08.04.2016 , Gonzalo Calvo ha comentado:

    En una presentación del libro en Mallorca, hace unos días, critiqué la ausencia de base científica de los propagandistas de la idea del calentamiento global antropogénico. Mencioné los descubrimientos astronómicos y el escándalo Climategate, pero fui interrumpido agresivamente por varios asistentes, y el propio Olabe, quien durante su alrga orsentación criticó que lo escéoticos no se presentaban nunca en los coloquios, me amenazó con echarme del local cuando expuse mi postura.

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