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Cassette per la denunzie segrete

Por bonsauvage, el 5 de Mayo de 2017, en Buensalvaje relato

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La boca del León en el Palacio Ducal, Venecia

“Cassette per la denunzie segrete” es un relato publicado por primera vez en¬†Buensalvaje.

Ya s√© que a su Sujeta Paciencia lo mismo le da que le hable a la ingle que si le cuento c√≥mo pero no cu√°ndo mi amigo Pablos empez√≥ a ser genial, pero yo he de poner para eso en la √°vida cuenta aquella f√≥rmula suya que los coet√°neos popularizaron como ‚Äúlo contrario a eureka‚ÄĚ y que me sirve hoy de variz de referencia marcada en la √©poca para asegurar que de ninguna manera podr√≠a haberla tallado Pablos antes de empezar a ser genial, habida cuenta ‚ÄĒla rima evitable cura la paz en el mundo y nos hace pensar en Comment j‚Äôai √©crit certains de mes livres, pero lo que menos he estudiado es escapar, defugir y despistar, malafortunadamente, y as√≠ se queda: √°vida, √©poca, eureka, etc√©tera‚ÄĒ de que nos conocemos desde los dos a√Īos y nuestras madres son conscientes y responsables (puesto que se conocen ellas desde antes de que nuestro mundo fuese mundo) de que est√° y est√© claro que nosotros no recordamos el momento exacto de la infatuaci√≥n, de que no se conserva la fotograf√≠a diplom√°tica estrech√°ndonos las manos en las escaleras del parque y, claro, no conviene apretar por donde nunca hubo pasta de memoria, que luego se le queda la forma ya para los restos y todo se malrrelata y se brolla, aunque la Historia Propuesta nos sit√ļa por primera vez dando vueltas a la caseta de la churrer√≠a de la plaza Bonasort de Cerdanyola del Vall√®s, donde un d√≠a terminar√° siendo el viernes aqu√©l en que emitieron por primera vez ¬ŅQui√©n puede matar a un ni√Īo?, pero no adelantemos acontecimientos: es esta (palpad, que este metal infantil mojado quita la amargura y vuelve f√©rtiles a las viejas; palpad, palpadla) es la fuente de la que una vez convenc√≠ a Pablos que bebiese chupando directamente del grifo en el que buscaron urano las lenguas de ni√Īos y perros muertos hace a√Īos ‚ÄĒa√Īos atr√°s o a√Īos adelante, eso poco importa‚ÄĒ; en cuanto empez√≥ a acercarse a la espita de acero, se me pas√≥ por la cabeza la idea de empujarlo a traici√≥n y fantase√© de primera mano una escena m√≠nima de violencia extrema enteramente original y adulta en el carrete de hilo de cobre de la mollera, secretado por una Aracne que ni entonces ni ahora entiende (aracne que siempre ha hilado sus nidos en presente perfecto, hay que decir) c√≥mo se pueden ocultar los rudimentos de la genialidad durante casi dos d√©cadas inanes, porque si le preguntas a Pablos polvar√° la lengua un poco y te responder√°: no es que yo fuese especialmente bueno, Rub√©n: eres t√ļ quien se ha vuelto peor de lo que era, ¬Ņqu√© haces a estas horas en mi casa?, ¬Ņte parecen horas de adorar?; no es esta una muestra de falsa modestia, sino dos: es una humildad dise√Īada con cuidado y testada en al menos quince sujetos de diferentes sexos y etnias antes de ofrec√©rsete a ti, Rub√©n, que has sido llamado a cap√≠tulo y a vers√≠culo por su Sujeta Paciencia para nada. ¬ŅPara nada?, ¬°si vengo a decir c√≥mo pero no cu√°ndo la costra l√°ctea te acab√≥ de taponar el ducto por el que perd√≠as imbecilidad a espuertas!, porque t√ļ asististe a mi √©poca de violencia y me asististe en mi √©poca de violencia ‚ÄĒtodo ni√Īo que se precie pasa por una √©poca de violencia e injusticia, si no a ver de qu√© se redime luego a m√°s tardar uno, o c√≥mo justifica el gusto por la m√ļsica y el d√©j√† vu ante los atropellos‚ÄĒ y no tuviste la lucidez de advertirme o advertirte, que yo sepa; por tanto, tampoco hab√≠as alcanzado la genialidad a los catorce, y envido con varias pruebas: con tu ayuda podr√≠amos haber anulado el golpe que extraje de mis propias furismas durante lo mejor de mi infancia, mientras los compa√Īeros de clase se me escapaban por el recreo tir√°ndome de los nervios llam√°ndome mihura (por el dramaturgo, presumo), y que consist√≠a en apuntalar el pu√Īo cerrado en la sien del enemigo y hacerlo vibrar a medida que mi cara se calentaba y enrojec√≠a, indoloro para ellos e insatisfactorio para m√≠: podr√≠amos haber escogido entonces ser valientes en lugar de fuertes; nos ense√Īamos los penes latos el uno al otro en el lavabo de casa a los seis o as√≠, eso no demuestra falta de genialidad, sino falta de alternativa de ocio; al a√Īo siguiente me ense√Ī√≥ a encender cerillas como una promesa de la autonom√≠a por venir; otro episodio testimonio a la cera perdida de en qu√© momento Pablos todav√≠a no era un genio ser√≠a la vez que la madre de un amigo del colegio nos conclav√≥ a los dos en secreto en su casa para confiarnos la que iba a ser su Nueva Preocupaci√≥n: el descubrimiento de unas revistas pornogr√°ficas. Primero nos acompa√Ī√≥ al cuarto de nuestro amigo y nos ret√≥ a encontrarlas sin ayuda; cuando nos dimos por vencidos y la verg√ľenza empezaba a com√©rsenos los cerebros, sac√≥ del hueco de un caj√≥n dos n√ļmeros de Private. A continuaci√≥n dedic√≥ cuarenta y cinco minutos de las vidas de todos a mostrarnos la galer√≠a m√°s expl√≠cita de carnalidad que hab√≠amos visto hasta la fecha infecta aquella, provista de leyendas y llamadas a pie de p√°gina, bocadillos y globos de di√°logo con expresiones aclarativas en ingl√©s de resultas de las cuales yo cre√≠ durante dos a√Īos m√°s que God era la palabra angliforme para nombrar el coraz√≥n del co√Īo de las mujeres: ¬ęOh my God!¬Ľ, se exclamaba debajo de una vagina. Y aprob√°bamos ‚ÄĒPablos, yo, y la madre de nuestro amigo, de alguna manera tambi√©n‚ÄĒ con gravedad que dicho t√©rmino se escribiese con letras capitolinas. Pero lo que permite fijar una coordenada orientativa eficaz en la brillantez de Pablos y, ¬Ņqui√©n sabe?, quiz√°s en el futuro llegue a hablarse de esto como de su √ļltima tonter√≠a, es la √ļltima semana del verano de 1992 en que nos dedicamos a aterrorizar a un vecino que ven√≠a a casa para jugar con mi hermano peque√Īo. Deb√≠a de tener cuatro a√Īos, el desavisado. Le pis√°bamos un pie. Le apret√°bamos un brazo. Le mord√≠amos los carrillos y consegu√≠amos desaparecer antes del grito. Al final de aquella semana. Cuando terminaron aquellos seis d√≠as (sabbat intuitivo en la sangre) en los que un ni√Īo de cuatro a√Īos hizo una de sus primeras operaciones reflexivas para decidir que no encontraba compensaci√≥n en el juego de que disfrutaba con mi hermano toda vez que ello lo dejaba vendido al juego crudele a que lo somet√≠amos nosotros dos, en ese momento, es lo √ļnico que voy a decir, ni Pablos ni yo √©ramos demasiado brillantes. Es imposible que su Sujeta Paciencia, mademoiselle ungulada, se haga una idea de c√≥mo se siente uno (dos) recordando esto por mucho tiempo que haya transcurrido, la verg√ľenza amarga √† deux ex machina que todav√≠a lo (me) asalta cada vez que se (me) recuerd√¶ maltratando a aquel ni√Īo. Nunca le contar√© esto a los m√≠os, s√≥lo a su Sujeta Paciencia, mademoiselle ungulada, compete sabentarse como quien moja pan en mi mente y se la empapuza de que algunos meses m√°s tarde Pablos hizo alusi√≥n a nuestros d√≠as de torturadores y nos re√≠mos m√°s de lo que se r√≠e en The Act of Killing, de modo que, habida √°vida cuenta de que aquello no nos avergonzaba a√ļn, quiz√°s sea justo pensar que, de haberlo interrogado experimentalmente desde entonces a diario sobre este particular, hoy podr√≠amos fijar con exactitud el momento en que una Estupidez concluy√≥.

 

Rubén Martínez Giráldez (Cerdanyola del Vallès, 1977) ha publicado las novelas Magistral y Menos joven (ambas en Jekyll & Jill), y el ensayo burlesco Thomas Pynchon: un escritor sin orificios (Alpha Decay).

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