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Tras los pasos de Sergio Algora

Por bonsauvage, el 27 de Febrero de 2017, en Música Opinión

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Sergio Algora y Francisco Nixon

Semblanza musical y sentimental del poeta y músico Sergio Algora, cantante de La Costa Brava, que murió en 2008.

POR SUSANA GODOY Y MARÍA CARBONELL

La memoria es breve. Se refuerza con pequeños gestos, revisiones, homenajes íntimos. Un paseo durante una tarde de tormenta toma la forma de una búsqueda leve y accidental del rastro de Sergio Algora por una ciudad en la que quizá nos cruzáramos alguna vez. Ya no existen las huellas de una pintada aparecida poco después de su muerte (“Un jardín en cada poro”), desaparecida entre las obras de un complejo de viviendas de lujo frente a su bar, el Bacharach. Aquel homenaje ha sido sustituido por una placa metálica de ecos institucionales y vocación popular que corona un jardín ahora ciertamente inhóspito, en forma de vinilo, que lleva su nombre.

La realidad se queda pequeña y solo se hace enorme bajo el prisma de su recuerdo, con la impronta de Algora pululando aún por las calles de Zaragoza. Su enorme personalidad (“soy yo mismo, y soy también otra persona”), su obra literaria, las gloriosas letras de las canciones a las que dio forma y su poso en el panorama cultural zaragozano superan a la persona, a la anécdota jugosa, y deberían erigirlo en icono de las letras aragonesas, no solo de la música de una época ya casi perdida.

Más allá de su figura, del hacedor de extrañas metáforas, del gran conversador, del homenajeado entre los que lo vivieron y extrañan, de la mente multidimensional y del gran talento para diseñar imágenes más allá de los límites de nuestra realidad conocida, se sitúa la persona y el amigo que nunca tuviste. En ese lugar se estaciona Los idiotas prefieren la montaña (Xordica, 2016), relato visceral de Aloma Rodríguez como carta íntima a ese amigo que ya no está. Memoria de una conversación interrumpida, recuerdos tamizados por el tiempo y, sobre todo, retrato de una personalidad que no pretende esclarecer al personaje, sino compartir con todos los que le admiraron en algún punto de su laberinto emocional, independientemente de la cronología.

La revisión de una obra de comienzo precoz ofrece incursiones, pasadas por el filtro de su realidad y la narrativa del hedonismo, en el relato, la poesía e incluso el teatro, además de una carrera musical junto a sus tres bandas, El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava, que ya forman parte de la verdadera escena independiente de nuestro país.

Ya era en sí una anomalía que en los tiempos que dieron comienzo a su carrera se cantase en castellano, cuando la moda del inglés ocupaba una gran porción del panorama musical y primaba la sonoridad efectiva sobre los mensajes con dobles lecturas. El caso de ENG suponía una auténtica revolución; no había banda similar en materia lírica, donde marcaban una distancia abismal respecto al pop español de la época, salvo honrosas excepciones como las de Patrullero Mancuso.

Una de las claves del universo lírico de Algora era la ironía que escupía con un sentido del humor peculiar e inusitado. Sus letras nacían de actos innatos que componían una forma de ser única; su libertad creativa tendía a un imaginario infinito y una visión poliédrica deformaba la realidad. Su forma de escribir no entendía de musas; arrojaba las palabras sin pensar. Estaban en su cabeza y las convertía en versos que exigían un esfuerzo mayor del que mucha gente acostumbraba. Devorar la música y la literatura desde etapa temprana marcó la mente inabarcable de un artista renacentista de la actualidad. Su extravagancia construyó un universo desorbitado y su interés por la ciencia ficción delineó múltiples fábulas y utopías. La broma, la provocación y el juego eran las mejores armas de un hombre que hacía lo que quería para ser feliz. La sensación de sentirse vivo todos los días estaba presente en sus letras y en la forma de llevarlas al directo; una interpretación con carácter y real de sus vivencias.

“La vida es muy corta, la vida es mejor, y nada me importa, solo pienso en ser feliz. Y tendría que olvidar que la vida para mí es una realidad” (“Nada me Importa”, La Costa Brava).

Pintada dedicada a Sergio Algora

 

Susana Godoy (Zaragoza, 1976) es valenciana de adopción, maestra y profesional del ámbito de la diversidad funcional. Desde hace unos años da forma a mis inquietudes musicales como redactora y fotógrafa en el blog Alquimia Sonora.

María Carbonell (Valencia, 1977) es licenciada en Derecho e Historia del Arte. Vive entre Almería y Valencia y es redactora y fotógrafa en Alquimia Sonora, así como colaboradora en la revista digital Los Ojos de Hipatia y directora de la promotora Pita Sound.

 

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