Carmen Machi: “La libertad siempre tiene un precio terrible”
20.01.2017

Carmen Machi: “La libertad tiene un precio terrible”

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La actriz Carmen Machi interpreta ‘Juicio a una zorra’. Foto: Sergio Parra.

Tras varias temporadas dando vida a la Helena de Troya creada por Miguel del Arco, Carmen Machi recala ahora con ‘Juicio a una zorra’ en el Pavón Teatro Kamikaze. En esta entrevista habla a ‘El Asombrario’ de mujeres, libertad, dolor y amor en uno de los momentos cumbres de su carrera.

Carmen Machi (Madrid, 1963) es todos sus personajes y ninguno, pero escuchándola hablar dan ganas de contar su vida como si fuera un ser mitológico. Bien podríamos decir que nació de un huevo azul y que su talento se mantuvo oculto para que empezara a tomar fama poco a poco. Añadiríamos que es capaz de convocar a los truenos, como Zeus, cuando se ríe como una bruja mala al decir que le encanta romper las reglas. Lanza relámpagos cuando cambia el registro para llegar a la seriedad más honda al decir que el mundo del teatro es difícil. También cuando el mal humor se le pone en la garganta al recomendar a la gente encargada de dar soporte a la cultura que paguen una entrada del teatro para que aprendan a valorarlo.

Este ser mitológico, que es capaz de hacer que manen sentimientos a través de su garganta, gesticula mucho al hablar porque nació en el teatro mismo y parece ser que en sus primeros años se alimentó de las propias bambalinas. Ahora su talento es tan conocido como en su día lo fue la belleza de Helena de Troya, en quien se convierte desde hace años. Ahora vuelve a encarnarla en el Pavón Teatro Kamikaze, de nuevo bajo las órdenes de Miguel del Arco.

Esta Helena es una vuelta de tuerca, otra visión a la que siempre se ha tenido de ella.

Es la historia de muchas mujeres, de la Humanidad en sí. De muchas mujeres y muchos hombres. Hay personas que lo tienen muy difícil por haberse enamorado de alguien en concreto. Helena, en este espectáculo, contribuye a que eso también se vea. Cuando se hacen las cosas por amor no hay nada material que justifique los actos y parece que por tanto no tiene el peso suficiente. Ella es una persona acusada de haber desencadenado una guerra, porque era bella, porque la casaron, porque por fin conoce el amor y se va. A la gente que deja cosas por amor no la entienden. Les dicen “pero estás renunciando a la comodidad”, ya pero… Es como dejar algo por estar enfermo y no se entiende, porque el amor no deja de ser una enfermedad. Vale más lo tangible en nuestro mundo.

Titulaba el diario ‘Público’ hace poco en una entrevista que “la liberación de las mujeres es la excusa de Occidente para justificar las guerras en países árabes”, ¿fue Helena una excusa?

Helena fue la excusa, claro que lo fue. A esta Helena de Miguel del Arco le han dicho “oye, Helena, espabila, que mira lo que ha pasado contigo”. La historia lo cuenta así y se vanagloria porque está escrita por hombres. Los hombres dicen: “mira lo bien que lo hemos hecho todos y llega ésta y la ha liado parda”, cuando había unos intereses tremendos, exactamente igual que ahora. Yo me he imaginado siempre a Helena como a la mujer de un mafioso: guapísima, siempre callada, siempre allí al fondo, siempre súperelegante, bajando con su copa de champán por la escalera de caracol… Helena ha visto, ha oído y no la han dejado hablar, pero de repente le destapan la tirita. La excusa por la que le cargan con las culpas es porque ha sabido demasiado, porque ha sido libre. La libertad tiene un precio terrible y Helena decidió ser libre.

¿Qué hubiera pasado si los grandes clásicos hubieran sido escritos por mujeres?

Habrían sido totalmente distintos. Habría mucho amor, porque la mujer tiene una tendencia al enamoramiento más grande: supongo que viene por la capacidad de ser madre, algo muy arraigado en algún lugar extraño del alma. Y creo que la mujer, y muchísimos hombres, de manera innata parten mucho del amor. Yo cuento la historia de Helena, pero Miguel no se inventa nada: es lo mismo, pero lo cuenta ella. He flipado con el texto, he pensado: “Qué barbaridad, todas las cosas que los hombres hacen, y escribiendo ellos, con los pasos que ellos marcan, y las mujeres casi ni aparecen”. Cuenta Homero que Penélope estuvo esperando a Ulises durante 20 años. ¿Perdona?, ¿y no tuvo nada que hacer? La historia no va a decir que le puso los cuernos. Y lo han tapado.

¿Cómo ha evolucionado Helena en este tiempo contigo?

Vine de hacer una gira por Sudamérica, estaba influenciada porque allí no conocía a nadie. Al volver hice esta función en el Teatro del Barrio. A mí como mujer también me han pasado cosas, también he crecido, pero al volver me ha entrado una serenidad, una seguridad a la hora de contar la historia de Helena… algo extraño. Ella evoluciona, aunque el dolor y la catarsis es exacta, no hay ni más ni menos, es exacta, pero llega por distintos caminos. Es muy curioso.

¿Qué te ha dado Miguel del Arco como director? Pensó esta Helena para ti.

Aparte de haberme hecho un texto maravilloso, Miguel tiene una sensibilidad muy especial, es muy interesante que este texto lo haya escrito un hombre. Parece que lo ha escrito una mujer, porque habla muy bien del hombre para mal. Lo hace de forma muy sutil. Como director tiene una capacidad para ver más allá, para ver la doblez del juego, para ver hasta dónde se puede llegar. Y sobre todo es el director que más me ha exigido en llegar a la emoción sin límites. No es que le guste eso, es que te lo exige. Los actores somos muy pudorosos, yo lo soy, y muy tímida, y nos refugiamos en los personajes. Miguel te hace llegar hasta el fondo de la miseria, de la mierda a saco. Pero siempre hay algo, una distancia que a mí me gusta tener con los personajes para que no me salpiquen en exceso. Yo luego quiero seguir mi vida, tomarme mis cañas, y paso de llevarme a mi personaje a ningún lado. Pero Miguel no, a Miguel le gusta que de repente como actor dejes el pudor y te dice: “No, no, llega hasta ahí, hasta ahí”.

¿Llevarte el personaje a casa?

No, o dejarlo en el teatro, pero déjalo en el teatro a tope. Llévalo hasta el fondo, luego si quieres vete sola a casa. Pero llega, contamínate hasta lo más profundo tanto del dolor como de la alegría. Sobre todo del dolor, Miguel maneja muy bien el dolor, el dolor para un actor. Aunque a veces pienses: “¿pero esto no es demasiado?, ¿llegar hasta ahí?”. No, lo quiere ver, aunque luego restes. Tiene mucha capacidad para hacernos ver muy bien los clásicos, bebe muy bien de ellos. Tiene las reglas muy bien aprendidas y luego las rompe estupendamente.

Si Miguel rompe reglas…, ¿cuáles rompes tú?

Todas. Todas, y eso supone dejar de tenerte respeto a ti misma. A mí me gusta mucho dejar ahí el personaje y no contaminarle con nada mío. Pero también me gusta faltarme el respeto a mí. Yo creo que es una regla básica para poder regalarle todo lo mío. Si le tengo que regalar un michelín se lo voy a dar.

El monólogo comienza hablando de la palabra, ¿con qué palabras de Helena te quedas?

Es maravilloso el texto, normalmente yo trabajo desde ahí, yo trabajo con las palabras, yo me emociono con las palabras. A mí la palabra me encanta, la palabra teatral me vuelve loca, es donde baso mi manera de currar. Y estas palabras de Helena están en carne viva, están tan elegantemente construidas, suenan tan hermosas que me gusta decirlas porque según salen me pongo a llorar. Según sale la palabra, me penetra, toma sentido, son dolorosas, son vivas, son brillantes, rompen. Me quedo con todas las palabras, me quedo con cómo habla Helena, con cómo se dirige, con lo directa que es y a la vez lo hermosa que hace la palabra.

Helena está vilipendiada, como el teatro…

Está vilipendiado. Pero a mí me gusta mucho hablar de lo hermoso, de lo bueno que es, de todo lo que me da a mí. Nadie ha dicho que esto fuera fácil. Nos lo podrían poner mucho más fácil, sí, pero nosotros estamos haciendo un buen camino con mucho esfuerzo. Sigo mirando alrededor y me veo rodeada de talento. Están pasando cosas muy buenas en este país a nivel artístico y cosas no tan buenas en el soporte que deberíamos tener. Pero no entro más en eso, me quedo con que seguimos en la brecha los que tenemos que dedicarnos a seguir ahí y con la esperanza de que algún día se den cuenta de que esto es absolutamente esencial.

A las personas encargadas de ese soporte, ¿qué obra, qué película recomendarías que vieran para que se dieran cuenta de que esto es esencial?

A mí me gustaría que fueran al teatro. La ceremonia de ir al teatro. Además, que compraran la entrada, que la paguen, para que sepan lo que es y que se den cuenta de qué poco se paga por semejante espectáculo. El mayor espectáculo del mundo es la ópera, que parece más elitista, pero el trabajo que se tiene que ver ahí se ve no poniéndote como espectador, sino como espectador agradecido de lo que ve, y eso les falta. De entrada no sé cuántos de ellos son espectadores, si son asiduos o no, no sé si se han puesto como espectador agradecido alguna vez, hay que serlo, y normalmente cuando estás invitado no estás agradecido. Hay que pagar. Y que de repente digan: “¿Pero cómo no?, ¿pero y esta maravilla?, ¿perdona?”. Títulos hay muchos, muchos. Da igual eso. Pero yo creo que la experiencia de hacerlo puede quedar. El problema es que se alejan de ello porque da mucho miedo. Da mucho miedo acercarte a esto. Y además el teatro da más miedo que nada, el teatro puede sacar los colores. Ya lo hacía Shakespeare, creando, delante de los propios reyes, su obra de teatro para poner en evidencia el mal. Es un consejo más que nada, “tíos id a ver teatro y sentaos en una butaca de cine, id a ver cine español, id a ver una exposición, apostad por diseñadores españoles”, porque este país es riquísimo en arte.

Esto es una tragedia, pero ¿cuando haces comedia, te desahoga?

No, mira, yo me quito más de todo con el drama, con el drama me lo paso pipa. Con la comedia hay un ejercicio de rigor muy muy heavy, que es muy cansado. No necesariamente tú te lo estás pasando bien, ni que te lo pases bien es fundamental tampoco, porque es un trabajo muy técnico y muy arduo, muy gratificante si estás haciendo teatro y ves reír, pero la comedia tiene unos mimbres que sujetan algo que tiene que tener mucha tensión. Yo en el drama me lo paso bomba (otra vez esa risa de bruja mala), en el drama te permites también pasar por ti mismo.

‘Juicio a una zorra’ se representa en el Pavón Teatro Kamikaze hasta el 29 de enero.

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Sobre el autor


Enrique Llamas es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Formado en emisoras como Cadena SER, Inforadio u Onda Cero, actualmente aprende y trabaja en Acerca Comunicación y programa los actos culturales del Colegio Mayor Isabel de España.

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2 comentarios

  • El 20.01.2017 , Enrique ha comentado:

    Yo la vi hace tiempo en El Ejido y todavía me emociono cada vez que me acuerdo. Sí, te estoy muy agradecido Machi por lo que hiciste para nosotros los espectadores aquel día. A ti y a todos lo que hicieron posible ese espectáculo magnífico que nos ofrecisteis. Me hubiera gustado poder decírtelo, pero no se me ocurrió el modo. El texto es en verdad una maravilla, la puesta en escena soberbia, Machi fenomenal. El conjunto, inolvidable. Si estuviera más cerca iría a verla otra vez.

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