Clare Mackintosh, de agente policial a escritora de thrillers de éxito
30.06.2017

Clare Mackintosh, de agente policial a escritora de thrillers de éxito

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La escritora Clare Mackintosh.

La escritora Clare Mackintosh.

Tras doce años, la británica Clare Mackintosh decidió dejar la policía y dedicarse a escribir libros que se han convertido en auténticos ‘best-sellers’. En 2014 publicó ‘Te dejé ir’, un thriller que todavía hoy, según datos del Nielsen, figura entre los libros más vendidos en España. Ahora, tres años después, publica ‘Te estoy viendo’ (DeBolsillo), un nuevo thriller que “en Inglaterra ya ha vendido más que mi anterior novela”. Con ella hablamos de la policía, del terrorismo, de la peligrosa pérdida de intimidad por las redes sociales, del ‘Brexit’…

En esta ocasión, Mackintosh cuenta la historia de Zoe, una mujer que un día descubre que está siendo espiada: su foto aparece en un periódico junto a una página web, cuyo objetivo es buscar información de distintas personas. Zoe se siente observada, siente que alguien que ella no sabe quién es la conoce, conoce todo de ella y de su entorno. Mackintosh se pregunta así dónde está el límite entre ser vigilado y el acoso, entre sentirse seguro por saber que hay quién vigila y sentirse invadido por una mirada exterior. Mackintosh aborda además el papel de las redes sociales en la actual sociedad del miedo e indaga, sobre todo, en la perversión voyeurística que estas redes pueden suponer.

En su novela se plantea el debate en torno a la vigilancia, ¿método de seguridad y, a la vez, peligro de acoso?

Ambas cosas. Este un contraste que notamos en muchos contextos, la vigilancia, dependiendo de su uso, puede ser buena y mala. Evidentemente, los circuitos cerrados de televisión en las ciudades son de lo más útil; durante un tiempo, cuando todavía trabajaba como policía, me encargaba de supervisar todas estas cámaras de vídeo y me sorprendía lo útil que eran, pues gracias a ellas era posible encontrar un niño desaparecido, se podía perseguir a un agresor por toda la ciudad… Dicho esto, es evidente que la vigilancia se puede utilizar de manera muy intrusiva para acosar a alguien, observándole o recopilando información sobre él. Supongo que es precisamente por esto que la tecnología está tan regulada, es esta regularización la que te impide poner una cámara frente a la casa de alguien para espiarlo. Y esto concierne también a la policía que, al menos en el Reino Unido, está obligada a pedir unos determinados permisos antes de poder espiar alguien.

¿La vigilancia que permiten las redes sociales despiertan un cierto voyeurismo?

Sí, las redes sociales facilitan el voyeurismo y, de hecho, uno de los desencadenantes de este libro es la existencia de una web que pide a la gente, sobre todo a los hombres, sacar fotos a escondidas a las mujeres que comen en el metro para luego colgarlas en la red. Me parece una idea horrible para una web, es algo perverso e invasor con la intimidad de todas las mujeres fotografiadas y es algo que solo es posible a través de las redes sociales y a través de los dispositivos que todos nosotros llevamos encima. Algo así, hace 20 años, no hubiera podido ocurrir; sin embargo, lo que vemos hoy es que buena parte de la tecnología que utilizamos está sirviendo para hacer cosas horribles.

Usted comenta que le interesa hablar en sus novelas de gente corriente, pero ¿le interesa también mostrar cómo la vigilancia extrema es algo que afecta a todos, que todos estamos bajo el yugo de la vigilancia?

Exacto. Yo quería escribir sobre el ciudadano normal y corriente por dos razones: primero, por lo que tú dices, la vigilancia extrema hasta el punto de ser objeto de acoso es algo de lo que todos podemos ser víctimas y, segundo, los ciudadanos de a pie son siempre mucho más interesantes que los más típicos. Los personajes de mis novelas no son nunca agentes especiales del gobierno ni héroes, son gente de a pie, gente normalísima. En Inglaterra se suele decir que una mujer es como una bolsita de té: sólo sabes lo fuerte que es cuando está en agua hirviendo. Para mí, sin embargo, este refrán se aplicaría a cualquiera, hombre y mujer, aunque sí es cierto que describe mejor a las mujeres, tal y como he tratado de mostrar en mi novela. Las mujeres, cuando se ven amenazadas y, sobre todo, cuando sienten que su familia está siendo amenazada, muestran toda su fuerza.

Plantea una imagen desmitificadora de la policía.

Es verdad. Cuando he confrontado el mundo policial que yo he inventado en mi libro con el descrito en otras novelas, me he dado cuenta de que mi mundo policial se muestra desde la cotidianidad, se representa como un mundo muy normal, muy de cada día. Esto se debe a que yo fui policía durante más de una década y nunca me sentí ninguna heroína ni nada por el estilo. El mundo de la policía nunca me resultó ni muy fascinante ni muy terrible, para mí ser policía es ejercer un trabajo como otro cualquiera. Y me parece interesante que todos nosotros recordemos que los policías son personas como todos nosotros, con sus sentimientos, con sus familias y con sus problemas; sus vidas van más allá del ejercicio policiaco.

Sostiene que los ‘bobees’ (policía de Londres) son percibidos por la sociedad como una institución amable, no agresiva. ¿Cree que hay demasiada violencia en la policía?

No se puede generalizar, varía mucho la institución de la policía, dependiendo de cada país y yo, por experiencia personal, solo puedo hablar de la policía inglesa. Sin embargo, por lo que veo en otros países, sí que creo que la policía inglesa es menos violenta y esto se debe a los orígenes del trabajo policial en Inglaterra. En Gran Bretaña, la policía es entendida como un colectivo que consensúa a la sociedad en su totalidad, en cuanto que su objetivo es proteger la vida y las propiedades, aunque para ello, como es evidente, deba multar, detener y amonestar, y así salvaguardar al resto de la ciudadanía. Y esto es lo más importante, la policía en Gran Bretaña se entiende como una institución que busca mantener a la gente a salvo y no hay, por tanto, ningún interés en mostrarse agresivos. Claro está que siempre puede haber un policía violento, pero de la misma manera que puede haber un mal dentista o un mal profesor.

¿Es negativo pensar en la policía como un enemigo?

Claro, no debería verse la policía en oposición a nosotros, como si fuera un enfrentamiento entre ellos y nosotros. La policía es la gente y la gente es la policía, la relación entre ambos grupos debe ser de colaboración, es necesario trabajar entre todos para conseguir un entorno sano y seguro.

La protagonista de la novela obliga a preguntarse hasta qué punto somos conscientes de la exposición que suponen las redes sociales.

La consciencia es algo generacional, por esto creo que los jóvenes son cada vez más conscientes de lo que cuelgan en las redes sociales de lo que lo son las generaciones precedentes. La protagonista, una mujer de 40 años, se sorprende cuando descubre lo fácil que es encontrar información sobre otros en Internet y lo cuidadoso que se debe ser al publicar determinadas cosas en redes sociales por la exposición que estas suponen. Yo, en mi día a día, vivo un poco atrapada en el uso de las redes sociales: cuelgo algo en Facebook que quiero contar y hacer público, pero luego me doy cuenta de la repercusión que puede tener y, entonces, lo cambio, pero en el momento de escribirlo me olvido de la publicidad que tiene lo que acabo de escribir en redes. Y este olvido está motivado por la propia sociedad en la que vivimos, que nos invita a compartir toda la información posible: vas a una cafetería a por un café y te invitan a agregarte a su Facebook, a ponerles un like y, a lo mejor, solo para poder conseguir, con suerte, un café gratis. Al final, lo que hacemos es vender nuestra información por nada y, sin embargo, la cadena de cafeterías donde vas, con un solo like tuyo, ya sabrá que cada lunes acudes a su cafetería y compras un determinado café. Normalmente, toda esta información se usa solo para marketing, pero también podría utilizarse para algo peligroso.

Ante el peligro de las redes sociales, ¿debe controlarse o restringirse su uso?

Es un tema muy complicado, pero lo que sí puedo decir es que me horroriza ver que hay países donde las redes sociales están prohibidas. Los que vivimos en un país libre deberíamos luchar por mantener ese grado de libertad que hemos conseguido. Yo me opondría completamente a que un gobierno que intentara cortar Internet o limitar la libertad de lo que puedo yo escribir en mis redes sociales. Dicho esto, también está la cuestión de la amenaza que pueden suponer las redes sociales; sin embargo, creo que la libertad de las redes sociales, así como la restricción de su uso son dos amenazas para la sociedad y es difícil decantarse por una de las opciones.

A pesar del miedo, ¿la respuesta debe ser la libertad?

Yo creo que sí, la respuesta ante el terror debe ser la libertad. Hay que intentar hacer todo lo que podamos para intentar combatir todo aquello que amenace nuestras libertades. Ahora es el terrorismo el que está cohibiendo nuestra libertad y, por tanto, a lo mejor ahora mismo hay que incrementar los controles, pero solo como medio para combatir el terrorismo definitivamente y así hacernos todavía más libres en el futuro.

¿Percibe un miedo creciente en la sociedad inglesa?

Yo creo que la gente tiene más miedo ahora, en parte porque los medios son muy accesibles para todos nosotros. Cada día nos asaltan noticias de cosas horribles que han pasado en otras partes del mundo y de las cuales no habríamos tenido noticia hace años, cuando solo teníamos periódicos. El terrorismo es una razón importantísima por la cual crece cada día más el miedo y esto se refleja en los libros que se escriben ahora; como tenemos tanto miedo, el único lugar donde nos sentimos seguros es nuestra casa, el único lugar donde creemos que no nos puede pasar nada. Y precisamente por esto los thrillers psicológicos colocan el peligro en esa zona segura y de confort que es la casa. Si lees una novela donde el peligro está en un concierto, algunos lectores no se identificarán porque verán que la probabilidad de tener esa misma experiencia es muy pequeña en cuanto, por gusto o por el contexto de miedo generalizado, no acuden ni a conciertos ni a festivales de música. Sin embargo, si inscribes la acción en un espacio tan cotidiano como la casa, encontrarás muchísimos más lectores que se identificarán con ese miedo, porque asumirán que aquello que narras les puede pasar a ellos también.

¿Para usted el thriller es un género que permite describir desde una perspectiva crítica la sociedad?

Yo creo que las novelas de crímenes y los thrillers son un espejo de la sociedad, son un género excelente para explorar temas que te devuelven la imagen de la sociedad en la que se inscribe la narración. Yo no planteo una novela a partir de unos temas a priori, lo que pasa es que los temas aparecen en la medida en que voy escribiendo y, finalmente, decido reforzarlos en cuanto parte esencial del libro.

Si el thriller permite hablar de la sociedad del presente, ¿tocará hacer un thriller sobre el Brexit?

¡No me puedo imaginar escribiendo sobre el Brexit! Bromas aparte, lo que puedo decir es que estoy devastada por el Brexit, me considero muy europea y he intentado que mis hijos crezcan como europeos. Creo que, como país, los ingleses nos hemos equivocado mucho y me preocupa el futuro. Sin duda, veremos las consecuencias del Brexit en las novelas, veremos austeridad, pobreza, tensión en las pequeñas comunidades, racismo…

¿Cree que el Brexit conllevará más racismo?

Yo creo que sí y es algo que me entristece mucho. Aumentará el racismo porque el voto a favor del Brexit ha dado a una pequeña minoría el permiso para decir lo que llevaban tiempo pensando y les ha dado el permiso de decir claramente a aquellos que no respondan por aspecto y cultura a lo que se supone que es Gran Bretaña que tienen que volver a sus casas. Es una minoría, pero existe y ahora tiene voz.

¿Es hoy Gran Bretaña una sociedad divida?

Sin duda, el país está dividido. Es difícil calibrar lo dividido que está y cómo es de grande la brecha, puesto que cada uno vive en un ambiente cerrado y bastante homogéneo. Cuando yo miro a mi círculo más cercano, todos opinan que Gran Bretaña debía permanecer en Europa, pero es fácil que la idea más habitual en mi entorno sea esta porque yo me rodeo de gente más de izquierda y con una mirada europeísta. En cierta manera, vivo en una burbuja que me podría llevar a pensar que todo el mundo piensa como yo, pero no es así.

Gran Bretaña se ha alejado de Europa, pero enfrente tiene a los Estados Unidos de Trump.

Es terrible la situación. Ahora en Gran Bretaña todos queremos ser franceses.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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