24.09.2016

Cómo puede ayudarnos el teatro a liberarnos del ombliguismo de Internet

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El pedagogo teatral Luis Sampedro

El pedagogo del teatro Luis Sampedro. Foto: Manuel Cuéllar.

El pedagogo teatral, director e intérprete Luis Sampedro acaba de publicar un libro que quiere contribuir a paliar una grave carencia: los chavales se están olvidando, porque nadie se lo enseña, de ser actores. ‘Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet’, editado por el sello Alba, es un ambicioso compendio de ejercicios prácticos que abarca desde los cuatro a los 17 años. La idea es muy sencilla: en este mundo interconectado, la exposición personal es continua tanto en los escenarios profesionales como en los sociales; por eso resulta imprescindible aprender a actuar. Además, el teatro nos puede ayudar a tomar conciencia de nuestro cuerpo, y a seguir activando nuestra iniciativa, potencial intelectual y creativo. Nos puede ayudar para crecer como personas solidarias y libres, y para recuperar la participación y el modo de construir con los demás.

Luis Sampedro (San Juan, Argentina, 1961), que ha sido catedrático de interpretación en la Facultad de Artes de Mendoza y en la Universidad Nacional de Arte de Buenos Aires, ha volcado en este texto sus más de 30 años de experiencia como docente. El libro, en ese sentido, resulta especialmente original, pues no existe en castellano un tratado con una perspectiva tan amplia. Desde 2006, Sampedro vive en Madrid, donde trabaja como profesor en distintas instituciones: en la Fundación Yehudi Menuhin, en el programa de formación de valores a través del arte en escuelas públicas; en la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, en el proyecto Campvs con jóvenes con discapacidad intelectual, y en actividades culturales de la Universidad Comillas en talleres de teatro y oratoria para la formación integral. También trabaja como actor en proyectos independientes y coordina, además, su espacio laboratorio Teatro de la Vida.

¿Por qué crees que es urgente recuperar la enseñanza del teatro para las escuelas?

Fíjate en los TED, la organización sin ánimo de lucro dedicada a divulgar ideas a través de charlas de menos de 18 minutos. Su éxito ha sido enorme a nivel global. Y los divulgadores que participan en las charlas tienen que saber manejar su voz y su cuerpo para transmitir sus ideas de la forma más eficaz. Es decir, tienen que ser actores. Y si no se les enseña en la escuela a actuar, como lamentablemente ocurre en España, estaremos formando a personas sin una cualidad fundamental para manejarse en el mundo de hoy.

¿Y esto qué significa en el caso español?

En España, el teatro existe solo como un contenido que enseña el tutor, quien no tiene la formación suficiente para utilizar este recurso múltiple y que, además, se ve generalmente arrastrado por las asignaturas tradicionales y dedica muy poco tiempo a la práctica teatral. Esto contribuye a que muchos de los estudiantes no controlen su voz y tengan vergüenza o sean tímidos al expresarse corporalmente. Una dramática carencia que se agrava por la dependencia cada vez mayor de los chavales a Internet y sus ramificaciones virtuales.

¿Sucede lo mismo en otros países?

No en los más desarrollados. En Estados Unidos a los estudiantes se les estimula continuamente a hablar en público en la escuela y a exponer y ofrecer sus ideas e iniciativas delante de sus compañeros, y en el Reino Unido el teatro se encuentra tan en la raíz de la cultura que casi cada político, casi cada ciudadano, es una actriz o un actor. También en Francia o en Argentina la actuación forma parte de la ecuación del juego social. Lamentablemente no sucede lo mismo en España.

En general, el arte en la educación española está siendo cada vez más excluido.

Sí, y esto es un grave y para nada inocente error. Es una línea ideológica que concibe la educación como adiestramiento en un sistema de consumo. Por ejemplo, hace muchos años que en España ya no hay maestro de educación plástica en Primaria, un contenido impartido en muy pocas horas por el tutor, que no tiene por qué tener preparación específica en el campo de lo estético.

Mejor que los padres paguen las actividades extraescolares, ¿no?

Claro. Es la perversión del sistema. Actividades que en su mayoría manejan empresas que tercerizan el servicio y terminan contratando, en muchos casos, a personas poco formadas y por muy poco dinero, ya que parte de los ingresos es para la empresa que gestiona. Y lo que es peor, no hay ningún control de calidad sobre el aprendizaje que se realiza en esos espacios. Todo esto es grave, porque padres y madres pagan de su bolsillo una formación sin la cual sus hijos e hijas no estarían realmente preparados para el mundo adulto. Las actividades extra-escolares, o co-escolares, son un terreno de nadie que el Estado ha tercerizado en vez de asumir su papel para garantizar la igualdad de oportunidades.

¿Y en los institutos?

En los institutos es peor aún. Los y las adolescentes navegan en un sistema educativo que no bucea en sus potencialidades ni aptitudes, que no colabora a que se descubran sus talentos. Les enseñamos a obedecer y a estudiar contenidos de una forma envejecida, en vez de interactuar con ellos para resolver situaciones.

Háblanos de cómo se hizo en Argentina y de lo que eso significa en la relación de niñas, niños y adolescentes con la sociedad.

Siendo muy joven participé activamente en Argentina en un proceso por el cual se incluyó el teatro en la educación formal. El área artística en la educación argentina incluye la música, la plástica, el teatro y, en muchos casos, la danza. Esto comenzó en 1984, en Mendoza, y ha ido creciendo paso a paso.

En todas las escuelas públicas de Argentina es obligatorio que niñas, niños y adolescentes reciban como mínimo un ciclo formativo de estas disciplinas artísticas…

Sí, y es un gran logro, porque es el modo de favorecer el pensamiento y la inteligencia de un modo vivencial, para construir situaciones con los demás, y eso es un concepto que refuerza la democracia. Además, se han creado espacios de interacción social mediante talleres de arte que se suman a la escolaridad, sobre todo en la enseñanza media. Estos talleres de teatro están a cargo de especialistas que tienen formación teatral y pedagógica. No como en España, en cuyos centros culturales también es complicado garantizar la calidad porque no hay instrumentos de medición al respecto, ni formas para acceder a esas plazas laborales que garanticen la equidad. Aquí la educación integral no la asume el Estado, la tienen que pagar madres y padres. Y esto claramente es un error.

En la era de Internet, los niños y adolescentes están cada vez más tiempo vinculados a las pantallas. ¿Cuál es el sentido de tu libro a este respecto?

La gente de menos de 35 años prácticamente ha nacido con la pantalla en la mano. A los niños y adolescentes se les enseña en la educación básica y obligatoria a estar sentados en menos de un metro cuadrado y a creer que eso es estudiar y aprender. Pero para aprender hay que poner también el cuerpo en movimiento. Además de manejar contenidos, hay que aprender a manejar las actitudes y la interacción con el otro. Un otro real que también tiene un punto de vista sobre la situación. Mi libro intenta llevar a las niñas, niños y jóvenes a ese territorio.

¿Y hasta qué punto Internet es un freno a esa expansión del cuerpo?

La pantalla ofrece todos los recursos posibles para encontrar la información que necesitamos para resolver situaciones, pero también adormece la voluntad. Esto es así porque el cuerpo ya no está ni siquiera reducido a menos de un metro cuadrado, sino que está casi vinculado al propio ombligo, lo cual genera muy malas posturas corporales y respiratorias y el hábito de no involucrar el cuerpo, sino solamente los dedos.

Y los vídeojuegos, ¿qué papel tienen?

Los vídeojuegos están diseñados para que se pierda o se gane, fomentan la inmersión e interacción con realidades virtuales. Pero los que jugábamos en la calle, casi todo el día con nuestros amigos, sabemos que estos juegos al aire libre eran un continuo ponernos de acuerdo con los demás. Hoy eso existe en menor media para las niñas y los niños, al menos en las ciudades. Los espacios están reglados y el entretenimiento suele provenir de una pantalla.

El teatro, ¿qué puede aportar en este sentido?

El teatro no es pantalla. Es acuerdo entre personas. Es construir una ficción en el presente. Y siempre varía. Es estimular para emprender aventuras y tomar continuas decisiones. Con este libro deseo transmitir la convicción de que el teatro es tan importante para la formación del ser humano como las matemáticas o los idiomas, porque entrena para las situaciones.   

Pero los niños se juntan con los amigos y no se ponen a hacer teatro, sino más bien a jugar con la PS4 o la X Box.

Sí, y guardan en su mente un archivo inconmensurable de imágenes virtuales que se han formado con microexperiencias y en nada de tiempo, en vez de vivir experiencias desde las cuales forman sus imágenes y conceptos. Lo cual puede suponer una merma para su imaginación. Frente a eso, la macroexperiencia de entrar en un gallinero alborotado no tiene precio.

El deporte les aleja de la zambullida de ese mundo virtual. Y el teatro, en ese sentido, ¿qué puede significar?

El deporte sigue siendo un gran espacio para la formación de actitudes y valores de niñas, niños y adolescentes. Y con el teatro sucede lo mismo, solo que al no estar integrado en la escolaridad queda alejado de la realidad de la mayoría. Con suerte habrá personas que acaben teniendo el hábito de ser espectadores de teatro.

Todas las pantallas enganchan. ¿El teatro también?

Claro que sí, como la vida. El teatro engancha porque es un entrenamiento de libertades. La libertad es lo que más engancha y nos hace mejores personas. 

Mientras que los niños tengan cosas interesantes que hacer, no quieren pantallas. Cuando se aburren, se lanzan a las pantallas. Es un proceso muy fácil, ¿cómo revertirlo?

En la vida contemporánea en las ciudades la mayoría de las veces sobrecargamos a nuestros hijos con actividades continuas, de forma que no les queda tiempo para aprender a estar, simplemente estar. Lo mejor para que un niño, niña o adolescente no se aburra son sus amigos. Y estos espacios para estar con los amigos son cada vez más pequeños y están cada vez más condicionados.

Tu libro plantea ejercicios desde la niñez. ¿Cuándo hay que comenzar a hacer teatro?

Se puede comenzar en cualquier momento. El teatro es así. Tengo la ilusión de pensar qué ocurriría si esto se hiciera desde los cuatro años de forma continua, progresiva y evolutiva. De esa experiencia y de esa ilusión surge el libro. Ojalá haya escuelas que quieran poner en práctica esta forma de aprender sumando al área artística una hora de teatro por semana desde los cuatro a los 17 años. Ahí veríamos lo que ocurre. Yo estoy seguro de que el resultado sería muy positivo. Si comenzamos a los cuatro años tenemos la posibilidad de que lo original de cada persona se manifieste a lo largo de la escolaridad y que lo que aprenda sea ya para toda su vida.

¿Y hasta cuándo?

La práctica del teatro puede ser para toda la vida. Por eso hay tantos grupos de aficionados que así lo demuestran.

¿Qué edades incluye el libro?

El libro comienza con ejercicios para cuatro y cinco años y termina con ejercicios para 16 y 17 años.

¿En qué varía la enseñanza dependiendo de la edad? Danos algún ejemplo.

Niños de cuatro y cinco años se disfrazan y ya son el personaje. Niños de 4º de Primaria lo construyen con material reciclable y aplican principios de animación de muñecos. El personaje es el muñeco. Niños de 5º de Primaria juegan con los personajes a partir de argumentos de cuentos tradicionales y luego de cuentos actuales, es decir, el personaje soy yo haciendo del lobo. Adolescentes de 1º de la ESO transforman su cuerpo y su voz con mayor conciencia para asumir argumentos propios como son los inspirados en los lugares por los que transitan a esa edad. Los estudiantes de 4º de la ESO o de 1º de instituto adaptan el personaje al código estético elegido: comedia, absurdo, sátira. En esta evolución, desde el disfraz a la vinculación estética como forma de representación, han asumido maneras de pensar cada vez más complejas y comprometidas, entendiendo que todas esas opciones están en la vida.

Explícanos tu método.

Para hacer teatro hay que tener en cuenta la corporalidad, la voz, la construcción de la situación y la emoción que se genera. La mía es una metodología abierta. Quiero decir que en la aplicación de estos ejercicios siempre descubro algo más. Pero me impuse la tarea de escribir sobre aquello en lo que fui trabajando en el aula durante más de 30 años de práctica pedagógica, primero en Mendoza, luego en Buenos Aires y desde ya hace 10 años en Madrid. Me lo impuse como parte de mi responsabilidad, y he comprobado que funciona, que en las clases se generan momentos mágicos de asombro y de silencio, de encuentros según sus edades y, sobre todo, que se descubren y crecen de una mejor manera porque participan, piensan, ganan confianza, expresan sus ideas (se les ocurren grandes ideas), trabajan con los demás, siembran futuro.

¿En qué se diferencia de otros métodos?

No he tenido la suerte de leer otro conjunto de ejercicios parecido, es decir, que abarque desde los cuatro a los 17 años. Creo que la aportación de este manual es poder visualizar una línea pedagógica completa, y que si tus estudiantes son de una edad determinada sabemos lo que se puede trabajar con ellos específicamente.

¿Cuál es la importancia de la fisicidad, del contacto corporal?

Howard Gardner describe ocho tipos de inteligencia y una de ellas es la kinestésica, la que se desarrolla a partir del cuerpo en movimiento. El exceso de juegos de pantalla hace que los niños imiten lo que ven en la pantalla y se vuelvan muchas veces nerviosos e imparables. En vez de imitar a adultos cercanos, imitan la pantalla.

Luis Sampedro

Luis Sampedro, autor del libro ‘Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet’. Foto: Manuel Cuéllar.

Luis ¿Y de la voz?

Es la más desconocida dentro de las grandes aptitudes que un ser humano tiene. La mayoría de las personas quedan atrapadas en la voz familiar que se organiza imitando la voz de nuestros padres. Poder ejercitar la voz y descubrir la amplitud de recursos vocales que poseemos es una gran riqueza para la vida, y detrás de esas experiencias con la voz se abre también la sensación y la inteligencia. El exceso de juegos de pantalla hace que las niñas y niños imiten las voces de los dispositivos y que sus voces sean en ocasiones chilladas en vez de habladas.

¿De la situación?

La vida de los seres humanos es en situación, una situación continua que cambia constantemente. El teatro nos da esa posibilidad de hacer consciente la construcción de la situación, desde dentro como protagonistas o desde la observación activa como espectadores.

¿Y las emociones?

Una clase de teatro es muy emocionante, se activan nervios, risas, vergüenzas, confianzas, empatías. Y eso de estarse emocionando y transitar por las emociones con naturalidad es también un gran aprendizaje, porque, si no, cuando nos emocionamos no sabemos cómo obrar. Reconocer las emociones y aprovechar esa fuerza es una gran aportación que ofrece el teatro.

¿Por qué recomendar este libro a los pedagogos?

Para que tengan variadas referencias de cómo combinar contenidos de diferentes áreas del conocimiento a fin de lograr una pedagogía activa, transversal, y poder aplicarla con sus estudiantes.

¿Y a los padres?

Para tener referencias de otras experiencias educativas y poder presionar para que esas formas se incluyan en la escolaridad. Para poder vivir con sus hijos experiencias creativas; por ejemplo, la construcción de muñecos y escenarios a partir de material para reciclar. Para entender más sobre el potencial creativo de sus hijos, que lamentablemente no está presente en la escolaridad, y ofrecer espacios para entrenar con ellos el pensamiento creativo. Para seguir jugando con sus hijas e hijos como cuando eran pequeños y la cuchara con la papilla era un avión que volaba hasta que se metía en su boca.

¿Y a los jóvenes?

Espero que lo lean y les ayude a tomar conciencia de su propio potencial intelectual y creativo, y a aprender a pensar alternativas utilizando varios de los recursos descritos en el libro para su propia autoeducación.

¿Cómo ves el futuro de la enseñanza del teatro en este mundo tecnológico?

En todos los espacios formativos debería haber un laboratorio teatral para que las personas sigan activando su iniciativa, su potencial intelectual y creativo, su forma de hacer las cosas, la construcción de sus roles de variadas maneras posibles. Necesitamos esos espacios para crecer como personas solidarias, recuperar la participación y el modo de construir con los demás. Si no garantizamos estos espacios, y la calidad de estos espacios, seremos más obedientes con las autoridades anónimas y, en consecuencia, menos humanos.

portadalibroluissampedro‘Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet’ se presenta hoy, día 24, en Madrid, en Mad is Mad (Pelayo, 48, metro Chueca), de 18.00 a 20.00 h. Intervienen los actores Sara Torres, Leticia Pascual y Jerónimo Salas, el periodista Andrés Rubio y el autor del libro, Luis Sampedro.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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