06.03.2016

¿Cómo será España en 2030 si no cambiamos?

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El economista José Moisés Martín Carretero. Foto: R. Ruiz.

El economista de la Universidad Autónoma de Madrid José Moisés Martín Carretero publica ‘España 2030: Gobernar el Futuro’ (Ediciones Deusto) y es un gusto escuchar, en estos tiempos de incertidumbre, bloqueos y mareos en nuestra vida pública, a alguien que analiza ponderadamente la situación y con proyección a medio y largo plazo. Alguien que advierte de que nos podemos anclar en un país de segunda si seguimos tonteando y apostando por un crecimiento insostenible y de baja cualificación, sin atender la educación, el medioambiente y la cohesión social. Hablamos con él sobre qué estamos haciendo mal.

Llamándose José y Moisés, es más fácil que a uno le vean en posesión del buen camino…

(Sonrisa).

Haces una proyección de aquí a 15 años, ¿por qué 15 años?

Creo que es el tiempo suficiente para que la proyección no pierda precisión. Hay libros con proyecciones a 30 e incluso a 100 años; pero yo creo que más allá de 15, cualquier tipo de proyección pierde precisión.

Y más nosotros que estamos acostumbrados a ritmos de cuatro años, por las elecciones.

Sí, claro, el ciclo con el que se trabaja es a cuatro años; lo más largo que se hace en las políticas europeas es a siete años, que son los presupuestos.

Cortoplacismo puro y duro.

Que no nos permite tomar decisiones importantes, porque grandes inversiones o programas necesitan de mayor proyección. En temas como la política energética, si no se planifica bien, si no se piensa por ejemplo en el sistema energético a 30 años, te puedes equivocar en las decisiones. En estos temas estratégicos combina mal el corto plazo. Plantear políticas públicas estratégicas pensando en los próximos cuatro años da malos resultados. No es un horizonte razonable.

Hagamos también el ejercicio de mirar al pasado, a 15 años atrás. ¿Cómo está España en 2016 respecto a la España 2000?

Mirando hacia atrás, los últimos 15 años están muy mediatizados, porque la mitad de ese tiempo la hemos vivido en un periodo de crisis terrible. Eso marca mucho. Pero si miramos a la España del 2000, que era una España optimista, que miraba al futuro con ganas e ilusión, incluso se hablaba de que podríamos entrar en el G-8, lo que vemos en realidad era un cierto espejismo; vivíamos en un espejismo basado en que el crecimiento económico que estábamos teniendo era un crecimiento económico de muy baja calidad. Lo que pasa es que, como el agua estaba muy alta, no se nos veían las vergüenzas. Un crecimiento basado fundamentalmente en el crecimiento de la construcción y del sector servicios de baja productividad nos permitió crear mucho empleo y pensar que podríamos tener un equilibrio fiscal a largo plazo, pero un crecimiento basado en la creación de la burbuja inmobiliaria. En el momento en que esto se derrumba, a partir del año 2008, nos hemos encontrado con que aquel diseño de una España próspera pierde su pista, y ahora mismo nos encontramos sin saber muy bien hacia dónde avanzar.

Mucha gente puede pensar que, bueno, quizá es mejor la situación actual, porque por lo menos ahora vivimos en la realidad y antes vivíamos en un espejismo.

Vivimos en la realidad, sí. Pero me da la sensación de que se desaprovecharon aquellos años para hacer las reformas que se tenían que haber planteado. Las reformas funcionan mejor en un contexto de crecimiento; es muy difícil hacerlas en un contexto de recesión, que es lo que ha ocurrido, y así nos ha salido, nos ha salido muy mal. Estos años de crecimiento, de 2001 hasta 2007, deberían haber sido aprovechados para modificar el patrón de crecimiento de la economía española. Y no se hizo fundamentalmente porque nadie quería matar a la gallina de los huevos de oro, que era la construcción. Nadie quiso hacerla, nadie quiso meterle mano, porque se pensaba: si la economía va bien, ¿para qué vamos a cambiarla? Y fue un gravísimo error, grandísimo.

Escribes en tu libro que ahora uno de los principales problemas es que no sabemos lo que queremos ser.

Yo creo que el principal problema que tenemos es que hay una parte muy importante de nosotros mismos que lo que está deseando es volver a lo que teníamos, y, de hecho, si dejamos nuestra economía libre, a los actores sin intervenir y sin orientar adecuadamente la estrategia, volveremos a crecer como crecimos en el pasado. Porque son los factores que tenemos: una población que está muy poco cualificada, sol y terreno para edificar, y ahora de nuevo financiación barata; y, por lo tanto, es muy probable que volvamos a crecer a través de la construcción y los servicios no cualificados. El esfuerzo que hay que hacer es fundamentalmente intentar modificar ese patrón de crecimiento buscando la cualificación de los trabajadores, la innovación, potenciar industrias y servicios de mayor valor añadido que permitan cambiar el patrón de crecimiento de nuestra economía hacia algo que quizá no sea tan espectacular como fue nuestro crecimiento entre 2000 y 2007, pero que nos va a permitir sostener en el medio y largo plazo una mejor senda de prosperidad.

Hablas sobre todo de tres patas para ese crecimiento sostenible: la educación, la innovación; otro modelo energético menos condicionado por el carbono, y frenar la desigualdad social.

Si uno mira los retos que tenemos a medio y largo plazo, nos encontramos principalmente con estos tres. El primero es el de la calidad de nuestros factores de producción: hacer una transición hacia una sociedad del conocimiento que incluye básicamente mejorar el sistema español de innovación, mejorando su componente privado y público, y mejorando el capital humano, porque ahí tenemos un problema terrible, el 40% de la población activa en España tiene educación básica o menos, es un problema muy grave. Estos serían los elementos impulsores. Y luego hay dos elementos que creo que forman parte de los condicionantes básicos de un modelo de futuro: Por un lado, la sostenibilidad ambiental, enfrentándonos realmente al cambio climático, donde además creo que España tiene oportunidades importantes de convertirlas en un factor de prosperidad, y el elemento de la cohesión social. O sea, creo que uno de los elementos claves de la crisis ha sido la fractura social que hemos vivido y que amenaza con perpetuarse por lo menos para un 25-30% de la población en los próximos años. Si no somos capaces de fomentar esta cohesión social y de reducir la desigualdad, va a ser difícil que nuestro modelo de crecimiento sea sostenible a medio y largo plazo.

En este sentido, las medidas tomadas por el PP no han sido muy acertadas ¿no? Parece más bien que han ido en el sentido contrario, como el freno en seco al desarrollo de las energías renovables…, y la desigualdad social, que se ha disparado más que en ninguna otra parte de Europa.

Todo el programa de ajuste que se ha vivido en los últimos años no estaba dirigido, y quien diga lo contrario se equivoca…, no estaba dirigido a modificar el modelo de producción ni de crecimiento; sino que estaba dirigido a corregir dos desequilibrios macroeconómicos: el déficit público y el endeudamiento. En el primero lo hemos conseguido parcialmente, porque estamos fuera de pista; en el segundo, también parcialmente, porque efectivamente ha bajado el endeudamiento privado pero ha crecido el público. Todos los demás objetivos sociales y económicos se han supeditado a estos dos objetivos macroeconómicos, es decir, hemos tenido que reducir el I + D, hemos dado un parón al fomento de las energías renovables, no hemos incrementado el gasto social lo suficiente como para mantener la cohesión social, hemos reducido la inversión en educación; o sea, los grandes factores que tienen que apuntalar el crecimiento a largo plazo se han supeditado al objetivo a corto plazo, que era: reducir el déficit y ajustarnos a los criterios que marca Bruselas. Y yo creo que ése ha sido el gran error del Partido Popular, que para conseguir unos resultados mediocres ha comprometido las bases del crecimiento a largo plazo de la economía española.

Sin embargo, tú eres muy europeísta.

Soy europeísta y creo que España tiene que jugar un papel importante en la UE, pero soy un europeísta crítico; nada favorable a lo hecho en los últimos años. Creo que la política de austeridad planteada en la UE forma parte del problema de la Union Europea, no forma parte de la solución. Vamos a vernos abocados a un crecimiento muy débil en los próximos años, sujeto a muchas vulnerabilidades, precisamente por la falta de impulso económico que nos ha trasladado la política de austeridad. Yo creo que los ajustes no sólo no son útiles para fomentar el crecimiento, sino que incluso son contraproducentes. Dicho esto, creo que la alternativa es hacer un cambio de horizonte en el marco de la UE.

Pero todos estos cambios con el corsé de la UE, ¿cómo plantearlos?… Quizá el título de tu libro debería ser ‘España 2030 (y lo que la UE nos deje hacer)’.

Yo creo que tenemos necesidad de renegociar en el marco de la Unión Europea las políticas a largo plazo, y creo que hay una ventana de oportunidades abierta, creo que el equilibrio de fuerzas en la UE está cambiando. Y también creo que el reparto de culpa sobre la situación de España está mal distribuido en la opinión pública. Las decisiones que han hecho que España esté como está no se tomaron en Berlín, se tomaron en Madrid. Y, por lo tanto, cambiar las decisiones aquí es importante.

¿España es diferente? ¿Actuamos de modo distinto a los países de nuestro entorno ante retos similares?

España no es diferente, y lo dejo claro en el libro. España es un país que está muy internacionalizado, con los mismos problemas de muchos países y también con las mismas potencialidades, parecidas. No creo que sea pertinente el hispano-pesimismo. Creo que tenemos oportunidades y posibilidades de que este país sea mejor sin estar sujeto por ningún tipo de maldición histórica.

¿Algún país de nuestro entorno nos sirve mejor de referencia, alguno que con mimbres parecidos a los nuestros lo haya hecho de una manera más acorde con lo que tú propugnas?

No hay un modelo ideal, pero en el libro sí recojo prácticas positivas que se han puesto en marcha en otros países. España no puede ser ni la Dinamarca del Sur, ni la Venezuela del Norte. España tiene su propio camino. Pero hay buenas prácticas que se pueden poner en marcha; a mí por ejemplo me dan mucha envidia los sistemas de innovación del Norte de Europa. No quiere decir que debamos coger todo el equipo, pero sí buenas prácticas que se están poniendo en marcha, orientaciones, y que de alguna manera empiezan a estar en la agenda de todos los países. Yo creo que no se trata solamente de fijarnos en un modelo, sino de ir cogiendo experiencias de distintos países y ver qué puede encajar en nuestro propio contexto social, político e institucional. No hay un único modelo. Hablo mucho en el libro de Corea del Sur; yo tuve la ocasión de trabajar para ellos y hay cosas que se pueden aprovechar de la experiencia coreana.

Algo que salvas de nuestras últimas décadas es la política exterior.

La salvo por varios motivos. En primer lugar, porque hay una voluntad de consenso; yo creo que España tiene un papel en el mundo, aunque podría jugarlo mejor y ser más activa, pero tiene un papel bastante definido; somos un país europeísta, con buenas relaciones con América Latina, tenemos vocación multilateral, con una proyección importante en el norte de África; yo creo que esos ejes están claros, solamente quebrados en el año 2003 con la participación de España en la guerra de Irak, y deberíamos prestarles más atención y profundizar más en ellos. De hecho, una de las pocas estrategias a largo plazo que tiene aprobada España es la de la acción exterior, consensuada por los partidos. Me parece que es una buena práctica.

Y frente a tanta oleada neoliberal privatizadora, eres gran defensor de lo público.

Juega un papel fundamental. De hecho, el libro es una defensa de la acción de lo público. El cambio que requerimos solamente se puede lograr a través de la acción de políticas públicas. El mercado por sí mismo no va a producir este cambio, porque el mercado solo busca rentabilidad a corto plazo, el mercado no piensa a largo plazo. Y, por lo tanto, alguien tiene que hacerlo. Esto no significa que no haya que actualizarlo y modernizarlo. La defensa del sector público no puede ser una defensa de trincheras, que no haya nada que cambiar. Tenemos un sector público muy mejorable en muchos de sus métodos y procedimientos; creo que debemos ponerlo al día, vencer muchas resistencias para que funcione y juegue el papel que debe jugar en la dinamización de España.

De los últimos 40 años, ¿salvas a algún personaje público, político, Gobierno…?

Muchos. Muchos. Yo creo que España vivió unos años de un Gobierno importante, que realmente marcaron una trayectoria para el país: fueron las dos primeras legislaturas de Felipe González. No digo que tengamos que volver a los 80, ni digo que lo que dice ahora Felipe González es lo que hay que hacer, pero si uno mira la experiencia que supuso en términos de modernización aquellos seis años, la primera legislatura y la primera parte de la segunda legislatura, creo que es una buena referencia en términos de planteamientos estratégicos, de avanzar generando consensos, de ser capaces de modernizar sin polarizar. Pueden ser una buena referencia para el trabajo que tenemos que hacer ahora.

Hay mucha gente que piensa que en realidad la Transición no se remató bien, no se sentaron unos cimientos sólidos para un Estado moderno de verdad. Y de ahí vienen muchos de nuestros problemas actuales.

Yo no te estoy defendiendo la Transición…

Tú mismo recuerdas en el libro que España es el país del mundo con más fosas comunes después de Camboya. ¿Cuándo se empezó a torcer todo?

Bueno, no es que se haya torcido; es que nunca estuvo derecho. Lo que pasa es que no hemos construido el país a la velocidad que lo teníamos que haber construido, y yo creo que hemos ido dejando demasiadas cosas en el saco que ahora pesan mucho. No solucionamos bien la memoria histórica, no solucionamos bien las responsabilidades de la Transición, la construcción de instituciones sólidas e independientes, las élites políticas y sobre todo las económicas no experimentaron grandes cambios con la Transición. Todo eso está en la mochila. El tema no es que se torciera algo, el tema es que no se avanzó lo suficiente. Yo creo que ya han pasado 40 años y ha llegado el momento de ir limpiando todo eso, porque nos pesa en la mochila, nos pesa, y si queremos mirar hacia el futuro tenemos que cerrar esos capítulos, pero cerrarlos bien, no enterrarlos. Ya estamos en un momento en el que hacer una revisión crítica de aquellos años no debería llevarnos a una polarización social, sino a analizar lo que fue: la salida a un periodo de una dictadura terrible, donde el miedo todavía pesaba mucho y se consiguió lo que se pudo; pero que en aquel momento no se pudiera conseguir más no significa que ahora no tengamos que ser capaces de hacer un análisis y una revisión.

Eduardo Madina dice en el prólogo de ‘España 2030’ que más que una época de cambios vivimos un cambio de época.

En términos históricos y globales, es evidente que la irrupción de países que hasta ahora no ejercían un papel relevante en el mundo es un cambio importante, que modifica las relaciones de poder en el planeta; ya no hay una sola potencia, EE UU ya no tiene la capacidad de ordenar el mundo, eso está claro, la propia UE pierde relevancia a nivel global. Hay cambios geopolíticos, hay cambios en lo tecnológico que nos pueden modificar nuestro concepto del trabajo y de la producción, y, por lo tanto, tenemos que estar alerta de esos cambios, no podemos actuar como si no pasara nada…

Y mientras, nosotros, y tú lo dices en el libro, sumidos en una especie de letargo…

Claro, el libro lo que intenta trasladar es esto: es una llamada de atención. El mundo esta cambiando, se están materializando muchos de los cambios que se intuían, pero España está como encerrada en sí misma, perdida en un debate de muy corto alcance, sin plantearse realmente qué papel quiere jugar, y yo creo que ésa es la alerta que me gustaría trasladar. Mientras todo está cambiando, nosotros seguimos pensando en el vestido que llevaban los Reyes Magos en Madrid. ¡Es que me parece demencial…!

Insistes mucho en el papel que ha de desempeñar la llamada generación X en el recambio en el poder. ¿Cómo ves este recambio, fijándonos ya en personajes concretos?

Bueno, yo creo que el recambio está ya hecho. Si uno mira los protagonistas reales de los últimas meses, todos tienen entre 35 y 45 años: Pedro Sánchez, 44 años; Pablo Iglesias, 37; Albert Rivera, 36; Garzón, 30; incluso el que está mediando en todo esto, el Rey, que tiene 48.

¿Esperanzador?

Esperanzador si son capaces de asumir esa responsabilidad generacional. Yo creo que la mía (la de los 70) es la última generación grande; a partir de nosotros, la pirámide poblacional empieza a invertirse, y, por tanto, tenemos que jugar un papel en términos políticos, económicos, democráticos; y le toca ser generosa, yo creo que es una generación que tiene que ser generosa. Veamos si finalmente lo somos. Es lo que nos toca.

¿Y el PP, en el limbo?

En el PP el señor de 60 está fuera de juego totalmente. El cambio se está produciendo ya. Y tiene que durar mucho tiempo, los próximos 15 / 20 años, y espero que se haga pensando en este horizonte.

José Moisés, si seguimos en esa espiral de mirarnos el ombligo con poca decisión y valentía, si no enderezamos el camino, ¿qué crees que podría pasar en 2030 con España?

No quiero ser catastrofista…

Pero si volvemos a crecer de esa manera falsa de la que me hablabas al principio de la entrevista, ¿la siguiente crisis puede ser la hecatombe?

Claro. Sí, sí. Si no somos ahora capaces de corregir las vulnerabilidad que tenemos, una próxima crisis nos puede dejar en muy mala situación. Tenemos que ser conscientes de una cosa: la historia económica nos demuestra que países que han estado muy cerca de ser los mas desarrollados del mundo han terminado mal; es el caso histórico de Argentina; Argentina en los años 30 era uno de los países más ricos del mundo y terminó, 30 años más tarde, en un desastre de país. No digo que nos vaya a pasar lo que les pasó a los argentinos entre los años 30 y 60, pero esa posibilidad existe, existe la posibilidad de que España empiece a crecer poco y mal, que no se articule la cohesión social, que la bolsa de exclusión social no se vaya reduciendo, que la productividad se mantenga a niveles bajos y que tengamos un país que se despega del resto de Europa. Esa posibilidad existe, y si no ponemos remedio de manera decidida, puede ocurrir.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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