Un disco distinto para niñas y niños raros (y que no aburre a los mayores)
08.07.2017

Un disco distinto para niñas y niños raros (y que no aburre a los mayores)

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Chloé Bird en una imagen promocional.

Chloé Bird en una imagen promocional.

Chloé Bird, desde Cáceres y a sus 25 años, nos trae ‘Un mundo de niños raros’, un disco donde ha musicalizado para niñas y niños y todo aquel que despierte especial sensibilidad los poemas de Raúl Vacas procedentes del libro Niños raros, publicado por SM. Una experiencia que pretende acercar a los más pequeños de la casa un proyecto musical de calidad con temas donde se juega con las palabras y con muy variados recursos poéticos llenos de ternura y delicadeza. Canciones que nos invitan a adentrarnos en el maravilloso mundo de la poesía, algo cada vez más necesario para conseguir niños y niñas con mayores capacidades críticas y de empatía.

Chloé Bird ha seguido la estela de otros grandes compositores y cantantes que han abierto un hueco en su carrera para realizar un trabajo cuyo destinatario principal sea el público infantil, pero ofreciendo un producto de calidad, fuera de los esquemas más comerciales y superficiales a los que este público menudo está tan acostumbrado. Uno de los primeros fue James Taylor en los años 70; participó en varios capítulos de la popular Sesame Street, aquel programa americano que nació con la finalidad de combinar el entretenimiento y la educación y que se fue extendiendo a medio mundo. Y aquel programa invitó a grandes músicos a participar de esta combinación.

En España hemos tenido a Rosa León, que nos acercó desde Argentina las canciones de María Elena Walsh, poeta, escritora y música. Con gran acierto y creatividad, compuso una extensa obra para niños y niñas, una obra que reinventó la manera en que se entendía la relación entre poesía e infancia. Muchas de las canciones que ahora cantamos a niños y niñas son de ellas, aunque muchos desconocen su autoría y creen que son canciones tradicionales.

En este proyecto en busca de niños y niñas raros, Chloé Bird acompaña los versos de Raúl Vacas (Niños raros fue publicado por SM en 2011), los envuelve y los apoya con su música, potenciando su significado. Chloé Bird nos trae paisajes sonoros que transmiten las emociones de estos pequeños niños y niñas raros. Historias únicas con los que sentirse identificados y que nos hacen sentir menos solos, al comprobar que la diversidad es un hecho, no una mera casualidad de la vida. Un disco para compartir entre niños y adultos, sin que éstos se quejen de rimas o juegos de palabras bobos y ritmos musicales cansinos.

Hemos hablado con ellos sobre la musicalización de los versos y el trabajo que han llevado conjuntamente para crear este planeta nuevo lleno de niños y niñas raros, muy necesarios para cambiar este mundo raro -éste sí- y absurdo en el que nos ha tocado vivir.

Entrevistamos primero a Chloé Bird.

¿Quién es Chloé Bird? ¿De dónde viene y adónde quiere ir?

Soy compositora e intérprete. Tengo 25 años y llevo desde los cinco tocando el piano. Mi formación musical es clásica, estudié en el Conservatorio y años más tarde me licencié en Arte Dramático. Fue estudiando interpretación cuando fui consciente de que quería hacer de la música mi forma de vida, algo que siempre me había rondado la cabeza pero nunca me había atrevido a hacer realidad. Comencé muy tímidamente a subir vídeos de versiones a YouTube, y una de esas canciones (en su versión original) se hizo tremendamente conocida. Eso facilitó que mi vídeo lo viesen muchas personas y me llamasen para tocar en mi primer festival, Europa Sur. Por aquel entonces, no tenía ni banda ni composiciones propias. En un mes tuve que buscar a músicos que quisieran tocar conmigo y componer a contrarreloj mis primeros temas. Fue una locura y un atrevimiento por mi parte, pero en cuanto me subí al escenario, supe que había encontrado mi lugar favorito en el mundo.

Desde entonces (de esto hace ya cinco años) me dedico de forma profesional a la música, me considero una afortunada. Autoedito y produzco mis discos (October Moon, 2013; The darkest corners of my soul, 2015; Un mundo de niños raros, 2017) y también compongo bandas sonoras para obras de teatro.

Tengo claro que quiero vivir de la música y con la música siempre, pero prefiero fijarme metas a corto plazo y que dependan realmente de mí. Esta profesión tiene un factor suerte muy importante, subjetivo y fugaz, pero no está en mi mano; sí está, en cambio, trabajar día a día e ir avanzando poco a poco, llegando con mi música cada vez a más personas.

¿Cómo surge el disco ‘Un mundo de niños raros’?

Hace cuatro años contactaron conmigo para que compusiese la banda sonora del espectáculo La clase de los niños raros, de la compañía Apretacocretas. Estaba inspirada en el libro de Raúl Vacas y Tomás Hijo, Niños raros (Editorial SM, colección Barco de Vapor), mi material de trabajo para componer la música. De ahí salió la canción Niña búho, el primer poema que musicalicé. Fue una experiencia tan preciosa que, meses más tarde, volví a trabajar sobre el libro para seguir poniéndole música a los poemas de Raúl. Cuatro años después y tras algunos intentos, Un mundo de niños raros se ha hecho al fin realidad, con un total de 15 canciones; 14 poemas musicalizados del libro Niños raros y uno de Abecé diario, también de Raúl Vacas (Editorial Edelvives, colección Ala Delta).

¿Eras una niña rara?

Supongo que sí, aún lo soy. ¡Y creo que es necesario! El piano era mi juguete preferido y también hacía ballet. Hasta ahí podría parecer una niña modélica. Pero odiaba el colegio con todas mis fuerzas y prefería pasarme el día haciendo manualidades, ensuciándome y jugando al fútbol con mi hermano. Bailando canciones de Mecano delante del espejo y disfrazándome. Hasta hace pocos años, no había tenido la sensación de encajar ni estar en el lugar que me correspondía. Tendemos a ser lo que se espera de nosotros y no lo que realmente somos. Supongo que hasta que no lo comprendí y fui valiente, no me sentí totalmente feliz.

Después de hacer música para adultos, ¿por qué este salto a la música para niños y niñas?

Ha salido de forma natural, no es algo que me hubiese planteado antes. Cuando el libro Niños raros llegó a mis manos, vi una oportunidad hermosa y clara. Después de haber musicalizado una decena de poemas de Raúl, supe que tenía que hacer un disco con esas canciones. Si lo pienso detenidamente, tampoco creo que haya sido un salto musical real. El mayor cambio para mí ha sido dejar de cantar en inglés y hacerlo en español; todo un reto. Musicalmente, sigue siendo un disco muy mío. Tal vez más ecléctico, más divertido, pero no lo siento ajeno a la música que hago habitualmente. Es un álbum familiar; le puede gustar a un adulto y a un niño por igual. Los niños son capaces de entender el mismo lenguaje musical que los adultos y eso es algo que tuve muy presente durante todo el proceso de composición y grabación del disco.

¿Qué ha supuesto la musicalización de los poemas de Raúl Vacas? ¿Qué colaboración habéis establecido conjuntamente?

Habitualmente compongo canciones a la inversa: es decir, primero hago la música y luego le pongo una letra; me considero más músico que letrista. Al musicalizar poemas, tenía resuelta la parte que me es más complicada desde el principio y eso era algo parecido a jugar con ventaja. Raúl me lo ha puesto tan fácil que es difícil de explicar. No sólo porque me haya dado carta blanca para ponerle música a sus textos, sino porque sus poemas son una fuente de inspiración infinita. El libro es una invitación para niños y adultos a respetar y amar la poesía, y mi objetivo al ponerle música siempre ha sido ser fiel al estilo literario de Raúl, contando las historias de estos niños raros no sólo a través de la palabra, sino a través de las melodías, los instrumentos y el estilo musical elegido.

He tenido la fortuna de presentar algunos de estos niños raros de la mano de Raúl Vacas en ferias del libro (Salamanca, Valladolid), encuentros y talleres. Que el propio autor esté tan entusiasmado con mi trabajo me da una seguridad tremenda; sé que seguiremos colaborando juntos durante mucho tiempo. Ahora, no obstante, será el personaje de Greta Maleta, mi alter ego, quien se encargará de cantar y contar las historias del mundo de niños raros allá donde las necesiten.

¿Cuáles son los referentes musicales de Chloé Bird?

He tenido la suerte de crecer en un ambiente muy musical en el que se escuchaba de todo: pop, rock, clásica, folk, jazz, cantautor, flamenco, fusión. En español, francés, inglés e incluso italiano. Inevitablemente, he bebido de todo eso, aunque en la adolescencia me decantase por el pop/rock/folk anglosajón: KT Tunstall, Laura Marling, Regina Spektor, Mumford & Sons, Arctic Monkeys… En esa época empecé a aprender a tocar la guitarra y a apreciar de forma muy especial la lengua inglesa, idioma que elegí para expresarme en la mayoría de mis composiciones, salvo en este disco.

¿Y qué referentes has buscado a la hora de musicalizar este disco?

En mi cabeza, este mundo de niños raros estaba claro y perfectamente ordenado. Había pasado meses arreglando las canciones y creía que estaba cerca de lo que buscaba. Para facilitar a los músicos la comprensión del universo musical que quería plasmar en el disco, recuerdo haber hecho una lista de reproducción que compartí con todos ellos. En la playlist había de todo: el tenebrismo de Danny Elfman, la delicadeza ambiental de Bon Iver, el buen rollo de Compay Segundo… Carmen París, Pedro Guerra, Stromae, Yves Montand, Regina Spektor, canciones clásicas de Disney…

¿Qué opinión tienes de la música que se comercializa para niños y niñas?

A veces me da por ver los vídeos que tanto éxito tienen entre los pequeños y no lo entiendo, de verdad. Salvo honrosas excepciones, el panorama musical infantil actual es bastante pobre, es el reino de los colores saturados, de las bases pregrabadas que suenan a organillo de feria y de los conciertos en playback. De pequeña no escuchaba música para niños porque me resultaba demasiado ramplona. Quiero creer que habrá niños y niñas hoy en día que opinen igual que yo opiné en su día, y que les apetezca escuchar música inteligente, con contenidos adaptados a su edad. Espero haber aportado mi granito de arena con este álbum. La ventaja de que las letras de estas canciones sean poemas es que consigue abarcar no solo a pequeños sino también a mayores, porque hay diferentes niveles de lectura y comprensión de los textos. Es un disco que pueden disfrutar juntos adultos y niños sin aburrir a los adultos y sin tratar como tontos a los niños.

Ahora te planteo un reto, una lista de ocho temas para adultos que los niños y niñas puedan disfrutar y les sirva para hacer oído.

Waitin’ on a sunny day, Bruce Springsteen.

De mayor, Bunbury.

Let’s call the whole thing off, Ella Fitzgerald y Louis Amstrong.

We will rock you, Queen.

Ligia Elena, Willie Colon y Rubén Blades.

La charla del pescado, Juan Perro.

Happy together, The Turtles.

Everlasting Arms, Luke Winslow-King.

Vamos ahora con Raúl Vacas.

¿Qué opinas del resultado?

El trabajo de Chloé me parece maravilloso. Los poemas lucen aún más en su voz y es un orgullo que los pasee de la mano y del corazón por tantos lugares. Es un trabajo maduro, respetuoso con los niños, brillante. No es fácil musicalizar un poema, es preciso interiorizarlo, hacerlo tuyo, encontrar los matices en cada palabra, y eso Chloé lo borda. Cada niño tiene su banda sonora, pero en conjunto forman una sinfónica. Ahora estos poemas son también de Greta Maleta. Espero que Chloé no sea celosa. Le está saliendo mucha familia a estos niños.

¿Alguna vez pensaste al escribir los poemas que llegaría el día que se convertirían en canciones?

Nunca pensé que alguien les pondría voz y música. Y menos aún a tantos poemas. Algún que otro amigo cantautor, como Fernando Maés o Andrés Sudón, ya habían musicalizado un par de poemas míos. Pero Chloé no solo les pone música, sino alma. La calidad de este disco es directamente proporcional al tiempo y las energías que Chloé ha puesto en el proyecto. Ojalá tengan mucho vuelo y lleguen a mucha gente rara.

¿Cómo de raro eras, Raúl, de niño?

El niño que fui resultaría muy raro desde la mirada de hoy. Me crié en un pueblo, saltaba de pontón en pontón para cruzar el río, me encantaba ir a nidos, subirme a los árboles, jugar en la calle. Todo esto, que era muy normal hace poco, poco tiene que ver con la actualidad.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
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Un comentario

  • El 08.07.2017 , Susana ha comentado:

    Genial! Tenemos el libro y nos encanta. Ahora buscaré el disco. Completamente de acuerdo con la crítica hacia la música dirigida al niños,aunque también hay cosas buenas. Nuestros peques disfrutan de lo lindo con Petit Pop,por ejemplo.
    Gracias!

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