07.01.2016

Se acabó todo: ‘Dublineses’, la más bella y melancólica Epifanía

Menéalo
Fotograma de 'Dublineses' de John Huston.

Fotograma de ‘Dublineses’ de John Huston.

Se acabó la Navidad para alegría de algunos, para aflicción de otros; siempre es así. Los días que obligatoriamente señala el calendario presionan, a no ser que una fuerza de voluntad o una valentía indescriptible se apodere de nosotros, a caer sin remedio una y otra vez en los mismos pensamientos, en idénticas actitudes. Por eso hoy nos detenemos en una obra magistral, ‘Dublineses’; el legado melancólico perfecto de un maestro, John Huston.

El último de estos días en las señaladas fechas es el de la Epifanía, eso que nosotros llamamos los Reyes Magos. La Epifanía que etimológicamente procede del griego επιφάνεια viene a significar en nuestro lenguaje civil “manifestación”, esa especie de revelación, de aparición de sentimientos, de encuentros y reencuentros con verdades que nos hemos ocultado, que, queriendo o sin querer, muchas veces para sobrevivir y seguir adelante, dejamos encerradas en los baúles del recuerdo.

Hoy en este Viernes de Cine, quiero traerles el ejemplo cargado de belleza y melancolía de una de estas duras manifestaciones, la Epifanía Joyceana, de su relato The Dead a través de unos ojos próximos a extinguirse, los del maestro John Huston en su última y póstuma película en 1987, Dublineses, basada en el inmenso libro de relatos del magnífico autor irlandés James Joyce, publicado en 1914 con el mismo nombre.

Sencilla en cuanto su esquema, Dublineses ocupa simplemente dos escenas y escenarios: la primera, la fiesta de celebración en casa de las ancianas hermanas Morkan, durante alrededor de una hora de metraje; la segunda, de apenas 15minutos, en el hotel donde se alojan Gabriel y Greta.

Lánguidamente, bajo cierta oscuridad apenas iluminada por lámparas adormecidas, se irá sucediendo, como quien no quieres la cosa, casi imperceptiblemente, todo aquello que año tras año, aunque solo sea en el fondo -pues es claro que la formas siempre evolucionan-, viene sucediendo en cada una de las citas obligadas que el ser humano, en este caso el católico, se ha ido imponiendo.

Revelándose así, al igual que el relato de Joyce, con discreción y hermosa narrativa, las conductas, tics, conversaciones de lo lógico y lo ilógico de tales encuentros, del humor y la esperanza, de las nostalgias y los miedos. Pasa Huston lo más cercanamente del relato, por actitudes tan obvias como el romanticismo, (“tú me has dejado sin lo que había ante mí, me has dejado sin lo que había detrás de mí”), la educación, la política, cierta hipocresía, la caridad, la ausencia de claridad en las relaciones afectivas solapadas por las más que esenciales fórmulas de cortesía. Las turbulencias propias de aquellas reuniones que impuestas, muchas veces sobrecogedoras o en algunos casos insoportables por todo lo que ello traerán, más allá del reencuentro, más allá de la convención y del propósito mil veces formulado de no dejarse caer, de empujarse, normalmente sin éxito, hacia la corrección y la solidaridad con aquellos que amas o aprecias. Y todo esto para comprender, sin tapujos, la revelación ineludible, la manifestación cercana a lo cruel, de cuán poco somos frente a los demás y frente a la ausencia de tiempo entre los escasos minutos que dura una vida. Una vida y una muerte que ineludiblemente cubrirá la nieve, como cubre al malogrado amante adolescente.

Toda esta acumulación de caracteres, conversaciones, miradas, detalles específicos de la primera secuencia, con sus bailes, sus canciones algo marchitas, las entrañables justificaciones personales y entre unos y otros, concluirán sin engaños, con una franqueza dolorosa en la manifestación reveladora del segundo acto en el hotel, la preocupación existencial -mortal-, que previamente ha sido señalada, la futilidad de los objetos, la aceptación de la intrascendencia, el tormento de los amores, “Qué pequeño papel he representado en tu vida”, la incapacidad de huir del pasado, de evitar la muerte. La aceptación lejana a lo comprensible del, si no maldito, sí ordinario devenir.

Bajo una impecable y austera producción, Huston desarrolla en apenas 80 minutos el testamento más hermoso posible, el testamento cinematográfico a la altura de un maestro tan versátil como imprescindible.

Acompañan en su última cinta al gran director decorados perfectos, la iluminación expendida de la cámara de Fred Murphy, concediendo a los interiores un hermoso claroscuro, cuyas luces y sombras la acercan en sus espacios y rincones al ambiente doméstico imprescindible para el relato. El vestuario perfecto, sin querer hacerse destacar frente a la personalidad de los representados y sin duda el excepcional y coral reparto con Helena Carroll, Cathleen Delany, Marie Kean o Dan O’Herlihy, liderados por dos interpretaciones tan magistrales como a primera vista de extraña elección, la del gran Donald McCann y la de una extraordinaria Angelica Huston. Y la hermosa canción The lass of Aughrimcompuesta por Frank Patterson

Acudan a ella si pueden y no podrán olvidarla, aunque tengan que castigarse como Conroy en el hermosísimo epílogo y aceptar lo transitorio, eso que el magistral Huston nos dejó como legado en su último aliento cinematográfico para comprender que “uno a uno todos nos convertiremos en matices”.

Menéalo

Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

¿Quieres leer más artículos de este autor?

5 comentarios

  • El 08.01.2016 , Fernando P. De Irazu ha comentado:

    10 sobre 10, Magistral película, Magistral relato, delicioso adiós de Houston

  • El 08.01.2016 , Luis Betrán ha comentado:

    Hermoso taxto sobre una película aún más hermosa. Como sabe el sr. Bazaga, fue dirigida por Huston desde una silla de ruedas, con oxígeno y diversos entubamientos. “Dublineses”, una obra maestra, coincide con otras películas testamentarias asimismo bellísimas: “Saraband” de Bergman, “Elsabor del sake” de Ozu, o “El inocente” de Visconti. Cordiales saludos.

  • El 08.01.2016 , Olga ha comentado:

    Bueno, soberbio el artículo, me ha encantado, sobre esta obra de arte en la que coincidimos todos. “El magistral Huston sin duda”. Volveremos a verla y a disfrutar de esos “matices”. Gracias.

  • El 09.01.2016 , Pilar ha comentado:

    La última película de Huston,que acabó con muchísima fuerza de voluntad, a causa de su precaria salud. El artículo me parece completisimo y lleno de reflexiones interesantísimas.

Deja tu comentario