El crepúsculo de la barba
22.04.2014

El crepúsculo de la barba

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© Irene Mala

Dejarse barba se ha convertido en los últimos años en el ‘marcapaquetes’ favorito del colectivo homosexual. En símbolo de masculinidad y morbo sexual. Pero el mercado se ha saturado tanto -tanto que hasta el Príncipe la ha llevado; y una tendencia deja de ser tendencia cuando llega a la Casa Real-, que los analistas de la moda anuncian (en sentido literal): “Cuando la barba de tu vecino veas cortar…”.

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En ocasiones, se nos antojan dioses, magos, ilusionistas. Y simplemente son hombres detrás de una cortina. Como en El mago de Oz.

He leído mucho sobre el ocaso de la barba como parámetro estético masculino que, como toda moda que se precie, comenzó en el colectivo gay. Entre las líneas que escribe gente muy sabia, como El Hombre Confuso, se filtra un convencimiento absoluto, una fe ciega, por el vello. Facial, corporal, genital. Lo aplaudo frente a esa necesidad de cambio que instalamos en nuestras vidas como si fuese un dogma inquebrantable. Es lógico evolucionar, es natural cambiar lo malo por lo bueno, desechar aquello que no funciona, pero ¿por qué cambiar lo beneficioso, lo que funciona? La moda siempre ha tenido la respuesta a esa pregunta: por aburrimiento.

La moda consigue que seamos infieles a nuestros colores favoritos, o al pantalón que mejor nos sienta, por estar a la última. No hay nada peor que entrar en un bar gay y sentirte trasnochado (que, a veces, es la antesala de sentirse mayor). Pero desde hace años, entrar en un bar homosexual también era acceder a una copistería. La barba, el gimnasio, Abercrombie y las camisas de cuadros crearon un estereotipo del que nadie quería sentirse excluido. Como me contó en una ocasión un conocido, “dejarme barba, vestirme con una camisa de cuadros y empezar a follar fue todo uno”. Y lo decía tras mucho tiempo lamentándose de lo poco que ligaba. Y tenía razón. La barba, como el peinado, altera la percepción que los demás tienen de nosotros.

Según un estudio psicológico, los hombres nos hemos dejado crecer el vello facial porque la barba ya no es patrimonio de hippies y desaseados; ahora es masculinidad, fortaleza, estatus y poder. Vamos, que es el nuevo “marcar paquete”. Al parecer, el biólogo Amotz Zahavi escribió, en 1975, que las barbas eran una señal de la competitividad masculina, uno de los hándicaps de los hombres a la hora de enfrentarse, físicamente, a otros hombres. Si a eso añadimos que los hombres con barba son menos atractivos para las mujeres, quizá tengamos la respuesta al éxito que esa moda ha tenido entre la población homosexual.

Pero ahora, la fiesta terminó. Al menos para aquellos que creen en las tendencias y en el in y el out de las revistas. Lo sospechamos cuando el príncipe Felipe se la dejó crecer (la barba). Todos estamos de acuerdo que si las modas cumplen un ciclo, ese ciclo finaliza cuando la tendencia se instala en la Familia Real. Pero es que a ese presentimiento ahora se suma un estudio de la Universidad de New South Wales que confirma que la barba muere de éxito. Se ha saturado tanto el mercado que lo que ayer era exótico, atractivo, interesante, hoy es tan vulgar que pasa inadvertido. Vamos, que las barbas son un buen reclamo sexual cuando son excepción, no cuando son la norma.

Escribo en tercera persona porque mi incursión en la barba, si bien estuvo patrocinada por una estética popular, no se debió al hecho de notar que ligase más con ella. Yo no ligo. No lo he hecho nunca. Y ahora, con gafas, menos. Soy ese tipo de hombre que no provoca morbo sexual. Sin embargo, cumplo el perfil de ser el novio que toda madre de gay quiere para su hijo. Tópicos aparte, me dejé barba por pereza. Y sospecho que esa misma desidia será la que me impida cambiar al bigote o al rostro barbilampiño ahora que las cosas vienen mal dadas.

Pero el conflicto va más allá. No pienso en hombres como el actor Rubén Cortada, que son objetivamente bellos pero que con barba son reclamos sexuales. Pienso en los miles de hombrecillos corrientes que, tras dos décadas de barba, creyeron que eran Rubén Cortada. ¿Qué va a ser de ellos cuando la barba desaparezca de las pasarelas, de los editoriales de moda, de los campos de fútbol, de los dependientes de H&M? ¿Preferirán seguir siendo magos en Oz o aceptarán, por seguir los dictados de la decoración facial, al hombrecillo que hay tras la cortina?

Puedes escuchar el último programa de Wisteria Lane dirigido por Paco Tomás en RNE.

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Sobre el autor

Paco Tomás
Soy periodista, guionista y, en los tiempos que corren, funambulista. Escribo. Eso es lo que hago la mayor parte del día. También leo y, en ocasiones, releo. Escribo artículos de opinión, teatro, programas de televisión, guiones de cine inéditos y ahora también hago radio. Soy el de “Carta Blanca” en La 2, el de "Alaska y Segura" en La 1, el de “La Transversal” y “Wisteria Lane” en RNE, el del serial “Kurt & Courtney” en Radio 3 y el autor de "Los lugares pequeños", mi primera novela, editada por Punto en Boca.

Puedes seguir al autor en twitter @srpacotomas

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5 comentarios

  • El 23.04.2014 , pegumo ha comentado:

    Estoy deacuerdo pero si acabas el artículo demostrando lo bohemio que eres con tu barba descuidada (la más cool de todas las barbas y que no conoce de tendencias) hay algo que no cuadra.

  • El 24.04.2014 , Sharkasmo ha comentado:

    Novela-blog LOS HIJOS DEL PORNO. Tres nuevas entregas: Jordi, Joselu y Javier.
    El orden de lectura general queda de la siguiente manera: JOTA día 1, MARISA, SILVIA, JOTA día 2, JULIO, JAIME, JOTA día 3, JOAQUÍN, JACOBO, JORDI, JOSELU Y JAVIER.
    http://loshijosdelporno.blogspot.com.es/

    Compartid tanto como podáis y gracias por leer!!
    @sharkasmo

    PD: 4 años con barba, 4 años sin darle un euro a Gillette XP

    • El 28.04.2014 , Lucilíndala ha comentado:

      Bueno, dejando de lado modas, siempre me ha gustado más el mismo chico con barba que sin ella…cuando los que me atraían se afeitaban advertía una sensación como de…”noooo” desinflándose. Me gusta quizá por ese mismo aire de bohemio y marinero a los Ernest Hemingway, quizá por esa sensación de (antes de que se pusiese de moda) libertad a medias del que no tiene que afeitarse cada día.

      • El 28.07.2014 , píter ha comentado:

        Estoy de acuerdo contigo en que, fuera de modas, la barba te da esa sensación de libertad (y comodidad) del que no tiene que afeitarse cada día. Ya que los gays no tenemos que someternos a las preferencias de las mujeres y de esta sociedad heterosexista y sus encorsetamientos, podemos disfrutar de la libertad de hacer nuestra santa voluntad. Esa libertad que nos deja tomar el camino que queramos, aunque es verdad que la vida puede ser más fácil cuando sólo nos dejan a tomar un único camino. La libertad de no someternos a estereotipos enchaquetados, encorbatados, de tener las piernas, incluso los hombros, al aire si hace calor… de reírnos de quien dice que el hombre guapo es más guapo con un buen traje que desnudo, como Dios lo trajo al mundo…. Aunque es verdad que el mundo gay-guay es muy clasista y enconsertado también…

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