17.03.2015

Estudiantes que cambian el mundo: ‘La Revolución Pingüina’ en novela

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Una de las ilustraciones de la novela 'Al sur de la alameda'.

Una de las ilustraciones de Vicente Reinamontes para la novela ‘Al sur de la Alameda’.

‘Al sur de la Alameda’ es mucho más que una novela juvenil ilustrada. Es una novela política que narra un cercano momento histórico muy interesante de la sociedad chilena: la ‘Revolución Pingüina’, cuando centenares de chavales de 13 y 14 años plantaron cara a su gobierno democrático por seguir legitimando un sistema educativo heredado de las políticas autoritarias del dictador Pinochet. Hablamos con sus autores, Lola Larra y Vicente Reinamontes. Peleones y muy concienciados respecto a las desigualdades en Chile.

Aunque en la superficie no deja de ser la típica historia de chico conoce a chica, Al sur de la Alameda (Ediciones Ekaré) es mucho más. Es una novela política que cuenta desde dentro la Revolución Pingüina, ya que tanto Lola Larra -medio chilena, medio venezolana y con una pizca de española, como la presenta su editorial, Ekaré- como Vicente Reinamontes la vivieron de primera mano. Lola como adulto que pasaba por allí y decidió colarse en los encierros y saber qué estaba pasando y Vicente como chaval de 14 años que participó activamente de las marchas. Dos puntos de vista diferentes que se ven reflejados en las dos voces encargadas de contarnos esta historia. Lola Larra nos lo narra a través del diario de Nicolás, un adolescente que mira la vida desde la tranquilidad; Vicente Reinamontes nos dibuja a una fisgona misteriosa que todo lo ve desde su ventana, pero que tiene un papel determinante en el desenlace de la historia.

Narración e ilustración se dan la mano para traernos una novela que ha triunfado en Chile y que ahora desembarca en las librerías de España.

“Quería hacer una historia que enganchara”, nos dice Lola Larra, que pasó recientemente por Madrid para presentar su libro. “Quería contar cómo fue esa revolución desde dentro, cómo se organizaron esos chavales de 14 años que decidieron voluntariamente encerrarse para cambiar las cosas. Pero no podía hacer algo documental, ya había mucho de eso, trabajos periodísticos fantásticos. Tenía que dar un paso más allá”. Y para ello se inspiró en la novela de Brian Selznick. “Había leído La invención de Hugo Cabret y me maravilló esa lectura tan fluida entre texto e imagen. Era algo que yo no había visto antes. Pensando en ese referente, se me ocurrió hacer la segunda voz de la novela. Realicé un guión muy sencillo y con la ayuda de mi editora conseguimos a Vicente, un joven que había participado en la Revolución Pingüina; por eso la novela es tan cercana”.

Una novela dedicada a provocar a todos aquellos que se quedan bajo la seguridad del arco; Nicolás es el portero del equipo de fútbol de su Liceo y se encierra porque se lo pide la chica que le gusta. Dedicada a todos aquellos que se quedan mirando lo que pasa en la vida sin hacer nada. La novela se desarrolla en un Liceo concertado, apático, donde hay muchos niños acomodados, donde todos son buenos chicos y sus profesores también…, y que terminan contagiándose de los encierros al ver que todos los Liceos de Chile están ocupados.

En 2006, Lola Larra viajó a Chile. “Mis padres volvieron después del plebiscito de 1988, pero yo me vine a España. En 2006 quise darme una vuelta para ver cómo estaban las cosas y por varios motivos me fui quedando. 2006 era un año especial, acababa de ganar Michelle Bachelet, la primera mujer socialista presidente de Chile. ¡Menudo subidón! Pero tres meses después empiezan las revueltas estudiantiles. Y entonces me di cuenta de que no era tan guay el Chile que nos estaban vendiendo, el Chile moderno, el de la economía fuerte… No era tan real. Raspabas un poco y te dabas cuenta de que aún había mucha herencia de la dictadura. Por eso me fui a los colegios, a las tomas, para ver qué estaba pasando. ¡Y claro, era impresionante! Pero no sólo las marchas multitudinarias de los estudiantes de Secundaria, sino los encierros y cómo se organizaban. Parecía mentira que fueran chavales de 13-14 años”.

La escritora Lola Larra. Foto: Roberto Villalón.

La escritora Lola Larra. Foto: Roberto Villalón.

Por su parte, Vicente Reinamontes vivió la revolución desde dentro: “A pesar de que las redes sociales no estaban tan maduras como hoy, la revuelta estudiantil era trending topic en todo el país. Era imposible ignorar lo que estaba sucediendo a lo largo de Chile. De esos años recuerdo mucho el intento de generar debate dentro de mi colegio, ya que mi escuela era bastante reacia al tema, los motivos no le afectaban directamente. Pero, aun así, logramos organizar colectas de comida para llevar a los colegios que llevaban largo tiempo en la toma, participé en un par de marchas, y asistí a varios debates formativos entre los Liceos emblemáticos. El fervor con el que todos los estudiantes participaban resultaba muy emocionante”.

¿Cómo logró Lola colarse en ese mundo? “Yo entré con un grupo de teatro, que les hacía cosas para entretenerles, acompañarles; funciones, conciertos de música. No querían que hubiera cámaras de fotografía, sobre todo por si se escapaba alguna que pudiera dar a entender que aquello era un desorden. Estaban muy bien organizados, tenían discurso, tenían prestancia antes las cámaras de televisión. Fue una revolución muy televisada. Eran unos niños con una ideas muy claras, que les estaban diciendo a la sociedad y al gobierno que la educación que tenían era un desastre. Todo estaba heredado de la dictadura. Y que la transición llevaba ya un montón de años y no se había hecho nada por cambiarla. Seguía siendo una educación que discriminaba, que no era ni universal ni gratuita y que había gente que se lucraba y se hacía rica con ella”.

Precisamente, Bachelet hizo de la reforma educativa una de sus principales banderas de su última campaña electoral, y en este primer trimestre de 2015, Parlamento y Gobierno chilenos parecen habérselo tomado en serio y se están aplicando para llevar a cabo los cambios que terminen con una estructura heredada de la dictadura que da pie a clamorosas desigualdades. En una reciente entrevista en El Asombrario, la joven escritora chilena Alia Trabucco también se refería al sistema educativo como uno de los principales agujeros negros de la democracia de su país.

Al sur de la Alameda es una novela ilustrada con una estética muy moderna que nos enlaza con las revueltas estudiantiles de los ochenta contra Pinochet, con un lenguaje moderno, directo y muy fresco, que engancha. Una novela política donde no deja de reflejarse la realidad de la adolescencia, el amor, los celos, la sexualidad, los enfrentamientos y las envidias. “Me divertí mucho con las aportaciones de Vicente”.

Para ello, Reinamontes se basó mucho en los recuerdos que había vivido en 2006. “En aquellos años era muy común que los adolescentes formaran parte de tribus urbanas; por ello, consideré importante plasmar esos códigos de vestimenta sobre los uniformes escolares de los personajes; pantalones apitillados hechos en casa, chapitas en las mochilas, pelos teñidos, piercings y accesorios por todos lados, flequillos emo…. Fuera de las ilustraciones, es interesante ver cómo, a pesar de estar en ánimos de protesta, los estudiantes seguían fieles a su uniforme escolar. Por eso recibe el nombre de Revolución Pingüina, o Marcha de los Pingüinos, ya que con sus uniformes en blanco y negro parecían pingüinos marchando por toda la Alameda”.

¿Y cuáles eran sus reivindicaciones? “Pedían cosas muy sencillas”, nos explica Lola Larra. “Por ejemplo, que la prueba de aptitud para entrar a la universidad fuera gratuita, porque costaba una pasta. Los chavales que salían de la Secundaria y no tenían dinero para pagar las tasas se quedaban sin ir a la Universidad. Pedían descuentos en los transportes y en las becas alimentarias. Luego se empezaron a dar cuenta de que tenían que pedir la derogación de la Ley de educación que venía de la etapa de Pinochet. Toda la sociedad chilena apoyó a aquellos muchachos. Sobre todo los padres, que muchos ya habían participado en las revueltas estudiantiles contra la dictadura de Pinochet y que tenían amigos que habían desaparecido. Hubo una comunicación muy bonita entre diferentes generaciones. Los ochenta habían sido muy peligrosos. Les tengo mucha admiración a esos chavales que en 2006 quisieron cambiar el mundo”.

El ilustrador Vicente Reinamontes.

El ilustrador Vicente Reinamontes.

Una pregunta para Vicente: ¿qué repercusiones tuvo aquella marcha en tu generación? “Mirando hacia atrás, creo que la mayor repercusión que tuvo en mí y en mi generación fue poder salir de un pensamiento tan individualista, y comenzar a acercarse críticamente al pensamiento colectivo. En especial, la toma de conciencia de los movimientos sociales y el cuestionamiento de las estructuras segregadoras, muy enraizadas en la sociedad chilena. Lo más bonito fue ver cómo la revolución estudiantil de 2006 acompañó a mi generación hasta la Universidad, donde una segunda ola de manifestaciones comenzó a criticar el sistema de educación superior en 2011. Finalmente, ahora podemos ver a varios de los dirigentes estudiantiles en el Parlamento [Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Karol Cariola y Gabriel Boric], lo que significa una gran esperanza de que algo pueda efectivamente cambiar”.

“A los chavales ahora nadie les enseña la historia de su gremio”, añade Lola. “Los nuevos estudiantes no saben qué han hecho sus predecesores a lo largo de la historia. Hay que decirles que son un gremio muy potente. Que ha habido estudiantes a los que se les ha matado por salir a protestar: los estudiantes de la Plaza china de Tiananmen, los 43 estudiantes mexicanos de Magisterio de Iguala y otros muchos, que con sus protestas han conseguido cambiar las cosas. Para la Feria del Libro de Guadalajara, Vicente y yo estamos preparando El cuaderno del gordo Mellado, una especie de spin off de la novela con uno de su personajes secundarios, que en el libro da charlas sobre la historia de las revueltas estudiantiles. Serán unos fanzines de edición limitada para que los chavales tengan conciencia de las revoluciones estudiantiles a lo largo de la historia”.

¿Y cómo fue la relación entre escritora e ilustrador? Lola: “Ha sido un año entero de trabajo con Vicente; su segundo narrador iba creciendo a medida que iba ilustrando la novela y yo la iba reescribiendo. Nuestra relación ha sido muy buena, es tan listo y tan buen lector, que me tenía que ir recordando detalles del texto que yo había olvidado. Sin ninguna duda, el atractivo de las ilustraciones ha hecho que el libro funcione; aportan un plus que han convertido el libro en un objeto que se aprecia y que se quiere”.

Ilustración de la novela 'Al sur de la Alameda'

Ilustración de Vicente Reinamontes para la novela ‘Al sur de la Alameda’

Vicente: “Por una parte, me interesaba que las ilustraciones fueran, dentro de lo posible, lo más fieles al punto de vista de este segundo narrador. Cómo mira desde su apartamento a través de unos binoculares; casi todas las vistas son desde gran altura, con perspectivas exageradas, viendo las cosas muy de lejos o muy de cerca. Por otro lado, en ciertas escenas hay momentos donde la narración escrita por Nicolás no coincide con lo que el segundo narrador ve. Al fin y al cabo, la memoria es selectiva, y Nicolás escribe en su diario lo que él recuerda de las cosas, o cómo le gustaría recordarlas. En este mismo sentido, la ilustraciones son más lúgubres y dramáticas de lo que describe Nicolás, ya que quien narra las ilustraciones está sumergido en los recuerdos que le dejó la dictadura. Me interesaba ocupar los códigos de color azul y rojo para diferenciar los espacios que pertenecían al mundo de Nicolás, el colegio en la toma, y al segundo narrador, su apartamento. Respecto al trabajo con Lola y el resto del equipo, fue siempre marcadamente horizontal y amistoso. El trato entre nosotros fue muy transparente y abierto a comentarios y sugerencias de apoyo desde los inicios del proyecto. Gracias a esto, el libro maduró de manera orgánica a lo que es hoy. La verdad es que ¡disfruté mucho trabajar con ellos!”.

Entre los dos han conseguido un hermoso libro-objeto, apto para todos los públicos, que va ayudar a los jóvenes estudiantes a tomar conciencia de lo potente que ha sido, es y será su gremio.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
Instagram: @javierpizavi
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2 comentarios

  • El 18.03.2015 , David ha comentado:

    Es interesante y a la vez algo triste que estudiantes hayan tenido que perder sus vidas por el hecho de querer estudiar y avanzar.Gracias Javier Pizarro por abrirnos un poco más la vision sobre países como chile y por supuesto que las muertes de estudiante o desapariciones de otros sirvan para que el derecho al estudio y aprendizaje sea un derecho universal.

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