Franco quiso demoler el Teatro Real, pero le detuvieron unos comunistas
02.06.2017

Cuando Franco quiso demoler el Teatro Real, pero le detuvieron unos comunistas

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Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Miguel Fisac. Foto: Focco. Cortesía de Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME.

Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Miguel Fisac. Foto: Focco. Cortesía de Proyecto de Investigación. Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME. / Tres más Uno Arquitectos.

Esta es la rocambolesca historia sobre cómo Franco quiso demoler el Teatro Real de Madrid, se convocó un concurso internacional para levantar un gran templo de la ópera en la zona de Azca y… Y se decidió paralizarlo todo porque el concurso lo ganaron unos arquitectos polacos, y para el Régimen franquista los comunistas del Este de Europa eran peor que el diablo. Así que mejor arreglar el achacoso Teatro Real, que la próxima primavera cumple ya 200 años de la colocación de su primera piedra.

A las diez y media de la noche del 19 de noviembre de 1850 el telón del Teatro Real se abrió para la primera representación de La Favorita de Donizetti. Fue su noche de gala y su inauguración tras 32 años de obras -en primavera de 1818 se había colocado la primera piedra- que se llevaron un presupuesto de algo más de 42 millones de reales. La butaca de patio costó 20 reales y 100 los palcos proscenios. Pero, ya entonces, ante la ansiedad de los madrileños por asistir a la primera representación de su nuevo y reluciente teatro de la ópera, la reventa hizo de las suyas y hubo quien llegó a pagar hasta 320 reales por una butaca que no pasaba de los 24. Sí, el gremio de los sinvergüenzas reventas tiene solera.

La ocasión merecía la pena: para aquella primera temporada el coliseo contrató, entre otras, a la famosísima contralto Marietta Alboni, que cantó el papel de Leonora, y a la soprano Erminia Frezzolini. Dirigió la orquesta el maestro Michele Rachele.

“El gran Teatro fue durante 75 temporadas uno de los centros indiscutibles de la ópera en el mundo”, aseguró el ya desaparecido musicólogo y periodista Carlos Gómez Amat. “Su exigente público era temido por los más refulgentes astros de la lírica, convencidos justamente de que ese fulgor podía oscurecerse en una noche de mala fortuna en Madrid”. Pero todo aquello se silenció de repente. En octubre de 1925, una de las grietas del edificio, la mayor de todas, provocadas por la inestabilidad de la tierra donde se asentaba el coliseo, se agrandó tanto que el edificio hubo de ser declarado en ruina. Ya lo había anunciado meses atrás el arquitecto del Teatro sin que le hicieran caso. La fachada de la calle de Vergara se apuntaló y pronto se produjeron daños en el interior del edificio: roturas de cañerías, inundaciones, agrietamientos severos en los palcos… Así lo cuenta Gaspar Gómez de la Serna en su libro Gracias y desgracias del Teatro Real.

Aquella fue la primera vez que en España se habló seriamente de demoler el Teatro Real. Dos años después de su cierre, los cimientos volvieron a resentirse y siendo alcalde de la ciudad el Conde de Vallellano se solicitó al Estado que lo derribase y le cediese el solar al municipio para ampliar los jardines de la Plaza de Oriente. Las plegarias del alcalde no fueron atendidas, pero precisamente aquella fue, años más tarde, la idea de Franco en 1962. El dictador imaginó lo espectacular que quedaría la vista del Palacio Real desde la plaza de Isabel II si ese mamotreto de edificio en forma de sarcófago no se interpusiera. Épica y majestuosa.

Primer premio del Concurso del Teatro Nacional de la Ópera. Arquitectos Jan Boguslawski, Bohdan Gniewiewki y Marcin Lucjan Boguslawski y la escultora Marja Leszczynska. Foto cortesía de la Fundación Juan March.

Primer premio del Concurso del Teatro Nacional de la Ópera. Exterior. Arquitectos Jan Boguslawski, Bohdan Gniewiewki y Marcin Lucjan Boguslawski y la escultora Marja Leszczynska. Foto cortesía de la Fundación Juan March.

Primer premio del Concurso del Teatro Nacional de la Ópera. Interior. Arquitectos Jan Boguslawski, Bohdan Gniewiewki y Marcin Lucjan Boguslawski y la escultora Marja Leszczynska. Foto cortesía de la Fundación Juan March.

Primer premio del Concurso del Teatro Nacional de la Ópera. Interior. Arquitectos Jan Boguslawski, Bohdan Gniewiewki y Marcin Lucjan Boguslawski y la escultora Marja Leszczynska. Foto cortesía de la Fundación Juan March.

Durante la Guerra Civil, la sala principal del teatro sirvió de polvorín, como recogen la gran mayoría de cronistas del coliseo madrileño. Un polvorín que explotó y dañó aún más el ya maltrecho interior del Real. Cuando acabó la guerra, hubo innumerables intentos para restaurarlo. Se invirtieron millones y millones de pesetas y ni siquiera la partida de 60 millones de 1952 ni los 75’5 millones de 1954 fueron suficientes. Aquel edificio se había convertido en un quebradero de cabeza y un verdadero agujero negro de dinero para el régimen. Pero, desde luego, que la capital de España careciera de un teatro capaz de albergar y llevar a cabo las mejores producciones operísticas del mundo no era una buena propaganda para la dictadura.

Como un maná caído del cielo llegó la propuesta de Juan March Servera en 1962. El patronato de su fundación decidió donar 400 millones de pesetas para la construcción de un moderno teatro de ópera. Sería la magnífica sede del nuevo Teatro Nacional de Ópera de España. Dicho y hecho. Al año siguiente se convocó un concurso internacional al que se presentaron 429 proyectos de arquitectos como Miguel Fisac, Rafael Moneo, Francisco Fernández Longoria y Rafael Aburto, entre otros.

El 19 de mayo de 1964 se falló el concurso. El primer premio fue concedido al proyecto de los arquitectos polacos Jan Boguslawski, Bohdan Gniewiewki y Marcin Lucjan Boguslawski, a los que acompañaba la escultora Marja Leszczynska, que se debía ocupar de la decoración del teatro. Aquello fue una bomba de hidrógeno dentro del Ministerio de Educación Nacional de Franco del que dependían todos los asuntos relacionados con la cultura.

Según cuenta Joaquín Turina Gómez en su libro La historia del Teatro Real, “en una España aislada internacionalmente, que una institución independiente del Estado convocara un premio internacional y para un motivo tan puro y apolítico, se vio como una inmejorable operación de imagen. Por eso se dieron tantas facilidades. Pero el resultado que esperaban las altas instituciones del régimen es que el concurso lo ganara un español, no unos polacos, que no sólo eran extranjeros sino además comunistas”.

Concurso para Teatro Nacional de Ópera en Madrid. Segundo Premio. Arquitectos Moreno Barberá y Holzmeister. Foto: Cortesía de la Fundación Juan March.

Concurso para Teatro Nacional de Ópera en Madrid. Segundo Premio. Arquitectos Moreno Barberá y Holzmeister. Foto: Cortesía de la Fundación Juan March.

Y para nada iba a permitir el régimen de Franco que unos comunistas polacos le construyeran su edificio de la Ópera Nacional del España. Faltaría más. Aquí es donde los cronistas narran una rocambolesca historia para quitarse de en medio a los polacos y dejar las cosas como Dios y Franco mandaban. Ellos no iban a erigir un edificio emblemático en una enorme parcela de lo que entonces se llamó “la supermanzana destinada a Centro Comercial del Sector Norte de Madrid”, lo que hoy conocemos como la zona de Azca -concretamente los solares en los que hoy se alzan los edificios del BBVA de Sainz de Oiza, el Corte Inglés de la Castellana y el nuevo edificio de Inditex que antes utilizaba una multinacional francesa dedicada a los artículos de ocio.

Cuenta José Manuel Sánchez Ron en su libro Cincuenta años de cultura e investigación en España: La Fundación Juan March (1955-2005) que Rafael de la Hoz –uno de los miembros del jurado del concurso de arquitectura- contó cómo “los premios se entregaron en el aeropuerto de Barajas, al mismo tiempo que casi se echaba de España a todas las delegaciones extranjeras. Mientras se iniciaban las conversaciones para dejar de lado el proyecto premiado y construir el que había recibido el segundo premio, o sea, el que se había elegido desde el primer momento”.

La versión oficial consistió en culpar a los arquitectos ganadores de montar un litigio para dañar al régimen. El pleito con los polacos no terminó hasta el 31 de enero de 1966, en el Consulado de España en París, con el acuerdo entre Alejandro Bérgamo, por la Fundación Juan March, y los arquitectos, que renunciaban a la construcción de su teatro a cambio de 2.750.000 pesetas (pagadas en dólares) y 25.000 pesetas más para las negociaciones del litigio.

Sánchez Ron narra así el final de este vodevil: “Una vez resuelto el litigio, el 7 de febrero de 1966 se encargó la preparación del proyecto definitivo a los ganadores del segundo premio, Moreno Barberá y Holzmeister, empezándose a gestionar la compra de un solar en la zona de Azca. Sin embargo, las gestiones para conseguir ese suelo se alargaban sin final previsible. Por entonces, la Fundación March había ampliado su oferta de ayuda a 450 millones de pesetas, que no obstante no cubrían las 584.573.000 pesetas del presupuesto (más 11 millones de honorarios) para el teatro que presentaron Moreno Barberá y Holzmeister el 18 de mayo de 1966. Y el Estado no parecía dispuesto a desembolsar la diferencia, ni estaba muy animado a cumplir con una de las condiciones de la Fundación: encargarse de su mantenimiento futuro. Finalmente, la Fundación se retiró del proyecto”.

Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Francisco Fernández Longoria. Foto: Focco. Cortesía de Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME.

Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Francisco Fernández Longoria. Foto: Focco. Cortesía de Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME. / Carlos Flores.

Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Rafael Aburto. Foto: Focco. Cortesía de Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME.

Proyecto para edificio de la Ópera Nacional de España de Rafael Aburto. Cortesía de Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España. FAME. / Archivo general de la Universidad de Navarra.

Así que aquellos malditos polacos tuvieron la culpa, en parte, de que no se construyera un nuevo y moderno edificio para la ópera y de que Franco desechara su idea de tirar abajo el Teatro Real. Ahora, era todo lo contrario. Había que salvar el coliseo del centro de la capital reconvirtiéndolo en sala de conciertos y sede del Conservatorio Nacional de Música. El 13 de octubre de 1966 tenía lugar la inauguración, con la presencia de Franco y de los príncipes don Juan Carlos y doña Sofía. Escucharon una novena sinfonía de Beethoven interpretada por la Orquesta Nacional y el Orfeón Donostiarra dirigidos por Rafael Frühbeck de Burgos.

El resto, ya saben, es historia moderna. En 1988 se construye el Auditorio Nacional de Música y el Real cesa su actividad. Empeñado en tener un gran Teatro de Ópera en Madrid y bajo el gobierno de Felipe González, en 1991 comenzaron las obras para la remodelación del Teatro. Seis años, una millonada y una lámpara gigante estrellada sobre el patio de butacas después, el 11 de octubre de 1997, el ballet El sombrero de tres picos –con decorados originales de Picasso- y la ópera La Vida Breve, con puesta en escena de Francisco Nieva, ambas obras de Manuel de Falla, volvían a inaugurar el gran templo de la ópera en la capital española. Ahora, hecho un chaval, anda ya preparando su 200 cumpleaños. En parte, gracias a unos comunistas.

Parte de las imágenes de este reportaje han sido cedidas por el Proyecto de Investigación Fotografía y Arquitectura Moderna en España, FAME.

El germen de este reportaje se encuentra en la exposición ‘Cámara y modelo. Fotografía de maquetas de arquitectura en España. (1925-1970) que se pudo ver en el Museo ICO de Madrid Del 16 de febrero al 14 de mayo de 2017. Organizada y producida con el apoyo de la Fundación ICO, y comisariada por Iñaki Bergera, contó con la colaboración del proyecto de investigación FAME y de PHotoEspaña.

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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2 comentarios

  • El 02.06.2017 , Fran ha comentado:

    Ese edificio, fue una mierda desde su construcción. Solo ingentes cantidades de dinero en tiempos de Felipe G. pudieron adecentarlo algo, y aún así esta lejos de los grandes teatros Europeos.

    A ver si gana Pablo Iglesias, y lo convierte en auditorio del líder supremo donde la gente le rinda culto en sus discursos, como Hitler.

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