François Ozon vuelve a rozar los límites y tabúes sexuales

Un fotograma de la película ‘Una nueva amiga’.

François Ozon durante el rodaje de

François Ozon durante el rodaje de ‘ Una nueva amiga’

El director de cine francés François Ozon estrenó el pasado viernes su nueva película, ‘Una nueva amiga”, que relata la amistad entre dos mujeres (Laura y Clara), la muerte de una de ellas (Laura) y cómo el marido de esta (David) saca a relucir una realidad oculta, su otra identidad. Y ahí sale ‘el miedo al qué dirán’. Los tabúes sexuales aún presentes en Occidente. Y el tema sensible de la identidad personal y de las apariencias sexuales. El miedo a ser uno mismo. El respeto al otro y a la diferencia. El estreno de la película en España coincidió con que el domingo pasado fue el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia.

Ozon, siempre interesante en sus planteamientos y cuestionamientos de la sociedad, continúa aquí rozando los límites de la identidad sexual y de las apariencias. Elige un tema candente como el de naturalizar lo que somos y cómo somos. No es su mejor película, pero sin embargo siempre apunta y señala cuestiones interesantes y pone en duda nuestros prejuicios y opiniones preconcebidas. El reparto, encabezado por Romain Duris y Anaïs Demoustier (junto a Raphaël Personnaz), está que se sale. Conversamos con Ozon, tras su presentación en Madrid de Una nueva amiga. Nos deja una serie de reflexiones que nunca vienen de más.

En pleno siglo XXI, ¿la sociedad debería aceptar con mayor naturalidad las diferentes opciones personales y sexuales?

Pienso que es una evolución natural aceptar a la gente que tiene recorridos diferentes, que no son la norma de la sociedad y de la familia. Ya es una realidad. Es gente que existe. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Les prohibimos ser como son o los aceptamos? Evidentemente, tenía ganas de mostrar que es gente como el resto, con un camino diferente, pero no hay de qué tener miedo de esa diferencia. Lo complicado hoy en día es que estamos en un período de crisis económica, social y de valores. La gente, en un momento así, se vuelve muy conservadora y se agarra a valores tradicionales y religiosos. Y eso da miedo. Y surge mucha intolerancia contra la diferencia, contra los inmigrantes, contra los homosexuales. Por lo tanto, esta película, de alguna manera, es política, en el sentido de que muestra con mucha ligereza y humanidad que no hay que tener miedo de las personas diferentes que consiguen crear su propia identidad. Y que deciden vivirla y experimentarla.

En sus últimas películas, ‘En la casa’, ‘Joven y bonita’, ‘Una nueva amiga’, se centra sobre todo en una clase social burguesa. ¿Piensa usted que estas cuestiones se plantean también en las clases más populares o que no tienen tiempo para pensar en este tipo de cosas?

Las clases populares se preocupan de disponer de dinero suficiente para comer y para tener una vivienda, y en tener un trabajo. A mí, lo que me interesa al mostrar la burguesía es que es un medio que se despreocupa de las contingencias económicas, que de golpe puede concentrarse en problemas de identidad. Y también me interesa lo que decía Buñuel: “el encanto discreto de la burguesía”. En la burguesía todo son apariencias. Debemos estar en un lugar donde todo parece bien, todo está en orden, pero sólo en apariencia, porque por detrás son como el resto del mundo. Así que lo que me interesa es esa especie de hipocresía que hay en la sociedad burguesa para mostrar el reverso del decorado. Siempre es algo divertido de hacer.

Sin embargo, usted no carga contra la Iglesia católica, que tiene valores bien instalados en ciertos sectores de la burguesía…

Claro. Para mí era fácil, evidente, mostrar que la religión está ahí debajo. Lo que más me llama la atención es justamente mostrar la hipocresía. Esa familia burguesa católica que dice: haced eso, pero bien escondido, no lo mostréis, lo hacéis en un rincón y, sobre todo, que los vecinos no lo vean. He ahí que las apariencias son importantes. Pienso que hay una hipocresía en todas las religiones, porque sabemos que en los musulmanes hay mucha homosexualidad escondida. Sabemos que en la religión católica hay curas que tienen mujeres. Muestran que todo es perfecto en apariencia, pero lo interesante va por debajo…

¿Considera provocadoras sus películas?

Los temas son quizás provocadores, pero no busco la provocación. Tal vez al principio de mi carrera, mis primeras películas eran más agresivas, necesitaba eso. Ahora, con el tiempo, he comprendido una lección de Buñuel: que podemos realizar películas subversivas, pero en un marco muy clásico para que lleguen al gran público. Eso es lo que me interesa hoy en día. Y no tengo la impresión de perder mi identidad. Además, no hago películas para una élite. Las hago para un público amplio, porque me gusta que gente que no tiene nada que ver con una historia pueda entrar en el cine, sorprenderse y, de golpe, decir: ‘la vida de este travesti me interesa’.

¿Le gusta el lado perverso del ser humano?

Sí, pero no sé si está bien elegida la palabra perverso. Digamos que me gusta más mostrar el lado cortante de los deseos; a veces tenemos deseos bizarros y eso forma parte de la sexualidad.

En ‘Joven y bonita’, a la chica adolescente protagonista le gusta jugar con los límites

La adolescencia es un período fecundo para probar: probar los límites, la autoridad familiar y nuestro lugar en la sociedad. Hoy en día, los adolescentes están en todas partes muy erotizados. Y en esa película la adolescente juega con eso, se aprovecha de la situación, sin darse cuenta del peligro. Cuando tenemos 17 años, pensamos que somos inmortales, que no vamos a morir. Y no vemos el peligro. Muchos adolescentes juegan con fuego. Y me interesaba mostrar eso.

También hay relaciones peligrosas como en la amistad entre Laura y Clara; de alguna manera hay un lado obsesivo y ambiguo, ¿no?

Me interesaba mostrar que en toda historia de amistad, sobre todo en la infancia, hay una historia de amor. No hay sexualidad, pero la historia de amistad es tan fuerte como una historia de amor. Claire, después de la muerte de su amiga, se interroga sobre esa falta, esa ausencia. Y se pregunta: ¿Soy lesbiana? ¿Estoy enamorada de Laura? Para mí, estaba enamorada como un niño, es una amistad muy estrecha. Vivía a la sombra de Laura. Y la muerte de Laura le va a permitir desarrollarse y encontrar su propia feminidad, gracias también a Virginia.

¿La identidad es un tema frágil de tratar y de mostrar?

Para mí no hay temas difíciles de tratar. Hay formas de contar. Eso es lo importante. Después, no hay ningún tema tabú.

Un fotograma de la película 'Una nueva amiga'.

Un fotograma de la película ‘Una nueva amiga’.

El lado obsesivo está también instalado en su película ‘En la casa’, en la relación de un profesor con su alumno. ¿Qué piensa de ese tipo de relaciones? ¿Son frecuentes en nuestras sociedades?

En todo caso, me interesa ese tipo de relaciones peligrosas. Porque son complejas y ambiguas. La relación entre el profesor y su alumno, ¿es la de un padre con su hijo?, ¿había un deseo entre los dos? Había fascinación. Había muchas cosas que se mezclaban. Me gusta que las cosas no sean blancas y negras, que sean mucho más enrevesadas, porque es más interesante de desarrollar y de mostrar en una película.

¿Está contento con esta película?

Hay cineastas que sueñan con su película, que programan todo, que intentan controlar todo. En mi caso, mis películas tienen un guión y no sé cuál va a ser el final. Es así, me excita el proceso. Hay cineastas que se vuelven locos, que sufren mucho porque tienen una imagen muy precisa de lo que quieren que sea el final. Yo pongo ideas y me digo: vamos a ver qué pasa. A menudo, la película se transforma entre la escritura, el rodaje y el montaje. Es una especie de monstruo que se construye, y no sabemos qué va a ser al final.

¿Romain Duris fue vuestra primera elección como protagonista?

No, no era mi primera elección. En mis sueños estaba Leonardo Di Caprio. Pero habría que haber rodado en Estados Unidos. Quizá si hay un remake le interesaría hacer la película. En cuanto a actores franceses, había visto muchos. Romain Duris desde hacía tiempo soñaba con actuar en el papel de una mujer, en muchas entrevistas lo había dicho. Así que era evidente elegirlo. Además, tiene esa imagen de macho, francés, seductor, y resultaba divertido jugar con esa imagen. En Francia, además, la gente tenía mucha curiosidad por ver a Romain Duris en ese doble papel de David / Virginia.

Crítica de ‘Una nueva amiga’ realizada por los periodistas de El Asombrario & Co. en el pasado Festival de Cine de San Sebastián: Donostia y las realidades con profundidad de campo

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