Del gramófono a YouTube y Spotify, la banda sonora de nuestra vida
14.01.2017

Del gramófono a YouTube y Spotify, la banda sonora de nuestra vida

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Poster publicitario, ca.1960. © Philips Company Archives

La Fundación Telefónica dedica una excelente muestra a la relación entre la creación sonora y la tecnología desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Es la banda sonora de nuestras vidas. Desde el gramófono y el ‘walkman’ -qué tiempos aquellos- a mp3, YouTube y Spotify. Puede visitarse hasta el 22 de enero. Se recomienda no perdérsela.

Comisariada por Cristina Zúñiga Ortiz, la muestra, que se divide en tres secciones: Orígenes (1925- 1857), Revolución sonora (1979-1926) y Suena en Digital (1983-2003), arranca con piezas tan fascinantes como el fonoautógrafo (1857) del tipógrafo e inventor francés Scott de Martinville. Su invento registró por primera vez el 9 de abril de 1860 Au Clair de la Lune, interpretada por un soprano anónimo. Thomas Alba Edison crea el fonógrafo en 1877, instrumento ideado inicialmente para dictar o para utilizarse como libros sonoros para ciegos, como entrenamiento para una correcta locución o para registrar recuerdos especiales. Emile Berliner, ingeniero de origen alemán, patenta en 1887 el gramófono, dispositivo de registro sonoro sobre un disco plano que revolucionó el sistema de grabación y se convirtió en un éxito internacional.

En 1905 se vendían más de un millón de dólares en discos. Artistas como Enrico Caruso, por ejemplo, se erigió como el primer superventas internacional. Este importante cambio, junto con la mejora progresiva de la calidad de los micrófonos, transformó por completo el consumo de la cultura musical. Se podía disfrutar fuera de las salas de concierto y permitía difundir estilos minoritarios o desconocidos hasta el momento, como eran el jazz, la música africana o la oriental, o permitía preservar la cultura indígena.

La revolución de la radio junto a la evolución de los discos o los cilindros transmutó la experiencia musical por completo: de un hecho colectivo y público se pasó a poder consumirla de modo privado e individual; además, se podía disfrutar de la repetición de las reproducciones, hecho totalmente transgresor, tal como se puede contemplar en algunas de las excelentes imágenes de la muestra.

En 1925, la grabación y reproducción del sonido se convertiría en un proceso eléctrico, finalizando la era acústica. La transformación del viejo mundo musical impactó en todos los niveles de la industria.

Berliner, con su aportación de los discos planos, apostó por una visión comercial sin precedentes: la reproducción masiva de discos a partir de una matriz, lo que le permitió sentar las bases del modelo de negocio de la reproducción musical. La música en casa proporcionaría ingresos millonarios a la creciente industria discográfica.

Los discos evolucionaron desde los primitivos recubiertos de cera a los de pizarra, pasando por el caucho, la vulcanita, el celuloide o la laca Shellac, hasta llegar al inicio del vinilo. Su perfeccionamiento propició la aparición del elepé, o disco de larga duración (Long Play en inglés), de 33rpm, lanzado por Columbia Records en 1948. Cada casa discográfica apostaba por un formato y era el consumidor quien seleccionaba la velocidad adecuada para cada tipo de música –los 45, por ejemplo, funcionan mejor para la música pop-.

Paralelamente al perfeccionamiento del tocadiscos se introducen el magnetófono y la cinta magnética. En 1928, el ingeniero alemán Fritz Pfleumer concibió la primera grabadora de cinta, a la que denominó “soundingpaper” o “Sound Paper Machine”. La empresa alemana AEG, consciente de su potencial, compró los derechos de la patente. En 1934 ideó el magnetofón en colaboración con la que sería más adelante la compañía química BASF.

Anuncio casete, 1969. © Philips Company Archives.

La Segunda Guerra Mundial convirtió a Alemania en una potencia en innovación en la captura y reproducción del sonido. Tras la contienda, el soldado estadounidense Jack T Mullin introdujo en EE UU los nuevos adelantos. Más tarde, AMPEX Corporation desarrollaría modelos específicos para la radiodifusión y para los estudios de grabación y cine. En 1963, la empresa danesa Phillips lanzaría el primer casete compacto. Desde ese momento, Japón lidera las investigaciones para reducir el tamaño de los dispositivos y crea el radio-casete, fusionando en un mismo equipo asequible y portátil el casete y la radio con amplificador y altavoz.

En 1979, el Walkman de Sony cambia de manera definitiva el modo de escuchar música. El siguiente paso para mejorar la calidad del sonido lo realizarían las mismas corporaciones introduciendo en el mercado el disco compacto en 1982. El Discman adaptó la reproducción del CD a un método más ventajoso que el casete.

Posteriormente, en pocos años hemos asistido a una auténtica revolución en los sistemas de reproducción y en los formatos, que ha originado un cambio en la forma de escuchar y compartir música. Aunque el Instituto Fraunhofer crea el mp3 en 1995, no se comercializó hasta tres años después, el MPMan, que costaba unos 250 dólares y tenía una capacidad para 7 canciones. En 2001 los IPod podían almacenar hasta mil canciones.

Sin embargo, la verdadera revolución llegó de la mano de Internet. Hoy el 75% de los consumidores acceden a la música on line. La creación de un software   de intercambio de archivos, el P2P, el auge de plataformas como Napster primero (finales de 1999) y MySpace, iTunes, Kazaa, Spotify o Deezer después, así como de aplicaciones y softwares de creación musical -Garage Band, Cubase, Logic, Protools…- abrirán las puertas a fans, melómanos, consumidores e incluso a los propios músicos a un mundo nuevo, desconocido en sus inicios pero lleno de nuevas oportunidades creativas y de intercambio.

En el siglo XXI, la industria musical tradicional siguió apostando por las super-ventas, pero el fenómeno de la autogestión resurgió con fuerza. En 2005 la industria sufrió un importante revés con la llegada de YouTube, aunque no fue hasta 2007 cuando Soundcloud rompió todos los esquemas permitiendo promocionar y distribuir proyectos musicales personales. Una web fundamental para entender la distribución y promoción de artistas amateurs y la aplicación real del HOME STUDIO en una plataforma web. 2007 fue también el año en el que salió al mercado el primer iPhone, que integra el smartphone con la música, podcast, imágenes y vídeo. Entre 2008 y 2009 nacería uno de los mayores transgresores de la industria musical: Spotify.

En la actualidad, gracias a las plataformas en streaming y la difusión a través de las redes sociales, se multiplican las ventajas para los usuarios y la industria continúa reinventándose para alcanzar nuevas fórmulas de reproducción y grabación sonora.

Quedan pocos días para su cierre, pero desde El Asombrario te recomendamos que no te la pierdas. Tal como se presenta en el inicio, “tras esta exposición ya no hará falta que busques dentro del aparato”.

No te vayas de la Fundación Telefónica sin llevarte la excelente publicación gratuita sobre la muestra que resume de forma clara y amena la importancia de los 10 dispositivos y soportes más relevantes en la historia del registro y reproducción digital, así como un repaso a las biografías de los personajes cuyas aportaciones cambiaron nuestra historia sonora.

‘1, 2, 3… ¡Grabando!’ puede visitarse hasta el próximo 22 de enero en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid.

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Sobre el autor

Paloma G. Díaz
Paloma G. Díaz es licenciada en Comunicación Audiovisual y Doctora en Historia del Arte. Responsable del blog UNCOVERING Ctrl sobre Media Art relacionado con vigilancia y control, trabaja en gestión y desarrollo de proyectos tecnológicos, investigación y docencia.

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Un comentario

  • El 14.01.2017 , Alex Mene ha comentado:

    Una interesante muestra.

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