01.05.2017

“Mi hermana y yo coleccionábamos pegatinas de ETA, y otras”

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Fotografía de Victoria Iglesias.Fotografía de Victoria Iglesias surgida tras la entrega de armas de ETA.

Collage de memoria y fotografías de Victoria Iglesias que le han surgido tras la entrega de armas de ETA.

Un tiempo afortunadamente cerrado. Con punto y aparte. Recuerdos de una niña del Bilbao de antes del Guggenheim. Un País Vasco violento y lleno de víctimas, secretos y silencios. Así explica la autora cómo le surgió esta nueva ‘Victografía’ que cada mes se asoma a ‘El Asombrario’: “Pensé en el texto cuando recientemente ha salido la noticia de la entrega de armas de ETA. Son los recuerdos de una niña, como pinceladas, de trozos de un diario. De cosas que no entiende y tampoco se da cuenta de que tiene que entenderlas”.

Antes de que la ría vomite ya quiere ser mar. Mucho antes de que sus vapores lavaran el visaje de los turistas, ya quería el agua la purga entre las rocas y el oleaje rotundo.

Se restregaba así el hierro, y cambiaba la suciedad por sal pura y despellejaba amablemente sus miserias para recibir entre espuma muy blanca mis pequeños pies en la arena.

Estoy en el puente de Deusto una noche, no hace tanto, y ante un láser que desde el monte llega al Guggenheim, observo el agua con cierto tono plateado y recorro el camino al revés, y viajo mentalmente por las laderas que dejaron apresuradas el sitio a las grúas hasta llegar a mi pueblo en cuesta, de monte, cemento y chimeneas.

Sé que el hormigón venció a los tomates rojos aunque el verde denso nunca desapareció.

Mi madre parió varias veces allí -cuando todavía quedaban esas huertas que arrastraban a veces las arroyadas-, siguiendo la ría contra corriente. Ajena -antes de llegar de un pueblo de Salamanca con un profesor-, a esta tierra fértil y convulsa; pues sorprendida y preocupada, tuvo que aprender rápido a caminar distinto, entre las latas de conserva del economato de la fábrica y el olor de la casa a humedad. Supo cómo correr, también, en ocasiones a la vez que la gente gritaba entre balas, balas de goma y explosiones; y a refugiarse, con mi hermana de tres años de la mano y conmigo todavía en la tripa, en la iglesia del barrio o donde le pillara.

Mientras, mi padre, que llegó con rango de empleado con carrera y no obrero -y como él otros cientos-, trabajaba, sufría y hacía huelga en los Altos Hornos de Vizcaya con apellidos sin tx, ni tz.

Afortunadamente Franco le había robado al abuelo las mulas (eso no lo perdonaría nunca mi madre), así que el aire que respiraba podía fluir de forma más acorde con lo que ella podía entender.

No eran todavía los ochenta, cuando muy niña empecé a escribir algunas cosas en un pequeño diario verde con llave y que luego, ya sin ella, seguí un poco más mayor.

Apuntes del diario y otros recuerdos:

– Debajo del balcón no paran de pasar muchas, muchísimas personas. Da miedo. Siento algo en el corazón. Gritan muy fuerte: “únete” (mi madre dice que nos metamos en casa). Han matado a alguien de ETA con una pistola. Están tirando piedras y hay un autobús parado “en lo ancho” de la calle.

– Mi madre nos recuerda en la cocina la huelga de “Bandas” (AHV) que duró tantos meses cuando vivía Franco. Mi padre participó. A algunos los metieron en la cárcel.

– Mi amiga María tiene un tío en la cárcel, pero no por la huelga. Nos dice que cuando murió Franco en su casa lo celebraron con champán. Mi amiga Geles, la del pueblo de Salamanca, dice que sus padres lloraron. (En mi casa de Basauri, recuerdo que estaban asustados y una luz blanquecina que venía de la fábrica de Bandas por la ventana de la cocina).

– Nos ha dado mucho miedo. Luchi y yo estábamos jugando a la goma en la plazoleta en el Kalero. Han llegado los grises y han empezado a disparar. (Todavía puedo verlos). Yo estaba trabada con la goma y no podía correr. Al final una señora nos ha llevado a su portal. Dicen que alguien se había chivado. Había unos de ETA en una lonja de la plaza. Mi madre ha salido a buscarme pero no me encontraba. Creo que ha llorado porque le dijeron que una niña iba sangrando por la frente.

– En Noche Vieja, desde un balcón que tenemos enfrente, un señor hace doce disparos. El ruido es impresionante. Mi padre dice que la escopeta es de caza.

– A menudo vamos al cementerio a ver a mi hermanito. Aunque yo no le recuerdo. En la tumba de al lado hay alguien con unos apellidos en euskera larguísimos, dice mi madre.

– Las monjas nos están enseñando euskera. Desde una parte del patio se ve un cuartel. Si nos asomamos vemos a los guardias, abajo, con los tricornios bajo la lluvia.

– Ha sido un día muy complicado. Esta mañana me perdí en Simago. Mi madre y mi hermana se han vuelto locas hasta que he aparecido. Lo peor es que a mi padre hoy le han atracado en el banco. Llevaba en la cartera todo el dinero de las nóminas de Bandas. Dice que le han puesto una pistola en la espalda. Se han tenido que tumbar todos.

– Al padre de Amaia le han disparado. Estaban asomados a la ventana viendo una manifestación. Han cerrado la persiana; pero una bala ha llegado hasta el cuarto piso y le ha dado en la cara. Ha sido un manifestante, dicen. No se ha muerto.

– Estoy por Joseba y creo que él por mí también. Luchi y yo nos hemos ido con María a su batzoki y nos enseñan a bailar el ari ñari.

– En la arena de la Larrabasterra, había enterrada unas pelotas de goma. Mi padre dice que las dejemos. Tengo los pies con un poco de ‘galipó’. El mar es maravilloso. Mi padre se ha cambiado el 850 por un citroen GS. Nos vamos al monte de Aránzazu con los amigos. Hacemos fogatas y comemos pan tostado con aceite y azúcar. Mi padre, siempre, siempre que puede nos lleva al campo y al mar. A la vuelta, en el coche, me encanta chuparme el brazo moreno con sabor a sal.

– Tengo que quedarme a comer en casa de Isabel porque no puedo llegar a la mía, hay mucho lío en la calle. Es divertido; aunque mis padres van a estar preocupados, su teléfono no funciona.

– Hemos puesto un teléfono nuevo rojo, con teclas. Ahora me llaman la chica del teléfono mágico: 4400044

– En fiestas. Hemos ido con las cuadrillas delante de la comisaría y hemos cantado la canción de Carrero; aunque no sé muy bien quién es; sé que era de cuando Franco. Dicen lo de voló, voló… Los que hemos conocido en la Plaza (Joseba y estos) juntan las manos y nos lanzan para arriba. Es divertidísima la canción. Es la primera vez que me pinto un poco los ojos, la mitad, no del todo. Joseba baila conmigo.

– Mi hermana tiene el estuche con dibujos de cosas etarras; lo escribió a boli uno de su clase.

– Hay una tanqueta debajo de casa. Los de las barbas (como dice mi madre) no dejan que se abran las tiendas. Un policía al bajarse de la tanqueta se ha tropezado con el escudo y se ha caído un poco. Mi hermana y yo nos hemos reído mucho. Mi madre dice que nos metamos en casa.

– Carmina, que es de Traspinedo, la madre de Luchi, ha salido corriendo con su culo gordo, dicen que hay un explosivo en uno de los buzones de su edificio. Ya no viven en el mismo que nosotros. Ha llegado la policía.

– En la radio hay unos anuncios sobre Lemonitz. Dicen que si hacen la central nuclear puede que explote y nos aleje de Euskadi para siempre. Da cosa escucharlo. Mi madre viene de misa y dice que apaguemos la radio.

– Esta mañana han lanzado pegatinas, eran de ETA. Las hemos cogido. Mi hermana y yo coleccionamos pegatinas de ETA, y otras. Bueno no sé si era un helicóptero. ¡¡¡Son las fiestas de Basauri!!!

– Soy del Ogeta Bat. El traje de arrantzale es muy bonito. Llevo pololos. Cantamos en la txosna lo de “tiriki-trauki hiru ta lau dira zazpi”. Me gusta Jon, creo. Mi madre ha aprendido a hacerme el moño típico con el pañuelo. Aunque me ha pinchado sin querer con un alfiler.

– Ha habido una explosión en Ariz. Uno de los hermanos Aranguren lo ha contado al llegar a clase. Los escaparates han saltado por los aires

– Me da miedo estudiar al lado de la ventana de la cocina, no sea que salten los cristales.

– En el Arenal, en Bilbao, venden los auténticos Levis etiqueta roja. Me he comprado unos. Hay que ponerlos en remojo en la bañera toda la noche. Lo hemos dejado todo azul. Los estreno para ir a ver al Athletic con mis amigos.

– Bego ha conocido un chico muy mayor. Se ha liado con él, dice. Luego se ha enterado que era poli. Nos ha contado en secreto que le ha contado que fuman chocolate antes de salir a la calle con las porras.

– A Jon le quedan geniales los Levi’s. Es mayor que yo. Tiene coche y sus padres una casa en Bakio. Tiene las llaves. El balcón está encima del mar. Es una maravilla ver las olas ya de noche. Puedo ver a lo lejos el blanco que rompe en unas rocas. Nos hemos besado. Ya de vuelta a casa había mani…

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Sobre el autor

Victoria Iglesias
Victoria Iglesias. Fotógrafa y periodista. Ha publicado sus trabajos en la numerosas cabeceras de comunicación nacionales y extranjeras: El País Semanal, Panorama, París Match , MTV Magazine, El Magazine de la Vanguardia, Interviú, Grupo Z, Cosmopolitan, Vogue…; habiendo participado en numerosas exposiciones de fotografía, tanto individuales como colectivas. Su trabajo no sólo gira en torno al retrato (en sus comienzos, una de sus fotos de Camarón fue seleccionada en el Ortega y Gasset de periodismo), también deambula entre el reportaje de viaje, social (Chiapas, Libia, Sinaí…), el mundo editorial (Alfaguara, EB, Planeta…) y la fotografía artística. La Caja Oscura, pinceladas pixeladas (2015) y Miradas literarias (2016) son sus exposiciones individuales más recientes. En Twitter: @viglesiasphoto El blog de Victoria Iglesias

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5 comentarios

  • El 01.05.2017 , Ernesto Garate ha comentado:

    Muy interesante. Y los habitantes del resto del estado español, entenderán?

    • El 02.05.2017 , Marc ha comentado:

      Igual esto les sirve para comprender que hay que vivir ciertas situaciones de cerca para poder entenderlas

  • El 01.05.2017 , david ha comentado:

    ¿Fumar chocolate antes de realizar una actividad violenta? Aquí hay alguien que de inventar sabe un rato, pero de drogas no sabe mucho…

  • El 01.05.2017 , Carmen ha comentado:

    En el resto de España, no sé, creo que sí. En Asturies, lo entendemos a la perfección, no nos tocó sufrir y pelear, durante la posguerra, Los cincuenta, las primeras huelgas en los sesenta. Asesinatos, palizas, detenciones, durante la dictadura y después, las huelgas de la minería o del naval, batallas que se libraban calle a calle, o monte arriba, barricadas, cortes de vías, huelgas de hambre, encierros de mineros en los pozos, marchas hacía Madrid… pero de Asturias nadie se acuerda para nada. Nos han dejado el país hecho un erial, sin futuro. Un país de jubilados donde los jóvenes tienen que emigrar para sobrevivir. Y una se pregunta si tanta lucha nos ha servido de algo, cuando ve otros territorios tan beneficiados, tan boyantes, a nosotros se nos ha abandonado sin más

  • El 02.05.2017 , Cristina ha comentado:

    Tuvo que ser una època muy oscura y dura por el Norte. Mis padres migraron por su zona, Levante, y aquì nadie tenìa nociòn de lo que ocurrìa por allì. Otro paìs.

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