Jon Uriarte, más allá del ‘selfie’ con sentido del humor

El fotógrafo Jon Uriarte. Foto: Roberto Villalón.

El fotógrafo Jon Uriarte. Foto: Roberto Villalón.

Este año, PhotoEspaña pone el foco en la fotografía española. Tal vez por ello se han colado, con dos exposiciones en la sección oficial, los fotógrafos de una generación no tan joven, pues se acercan a los 40, pero que sí rompe en su leguaje y manera de trabajar, e incluso exponer, de sus mayores. Jon Uriarte, uno de estos nuevos fotógrafos, participa con CelebriMe en Fotografía 2.0, la exposición que comisaría Joan Fontcuberta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, añadiendo humor a la reflexión sobre la propia fotografía que centra la exposición.

La sala recoge trabajos muy variados de artistas muy diferentes, como Txema Salvans, Oscar Monzón, Laia Abril o Miguel Ángel Tornero, que, explorando las fronteras de la fotografía, en muchos casos las atraviesan. Incluso encontramos propuestas de nuevo documentalismo en los que el artista se limita a recopilar imágenes de las que no son autores, aportándoles el contexto o simplemente un nuevo discurso. No es una exposición tradicional, ni en la puesta en escena ni el contenido.

Jon Uriarte (Hondarribia, 1980), por su parte, contribuye con un muro de corcho con fotos en las que aparece junto a famosos de todo tipo, jugando así a la fotografía como una caza donde se obtiene una pieza para el recuerdo, que testimonia un supuesto hecho relevante. No pretende denunciar la falsa creencia de que la foto expresa verdades, pues muestra la trampa y el cartón de estos trofeos. Pero sí se plantea cómo construimos nuestra identidad pública en las redes sociales a través de las fotos que subimos, que muchas veces marcan lo que consideramos hitos: yo estuve ahí, yo estuve con, yo comí eso… El uso de la construcción de la identidad a través de la fotografía no es novedad en el trabajo del vasco, como queda patente en proyectos anteriores como Álbum o The men under the influence… Pero en esta ocasión añade un punto de humor y hace de las redes sociales un elemento importante.

Aprovechamos esta exposición para tener una charla con Uriarte en la que podríamos usar las siguientes etiquetas: #fotografía #postfotografía #fotolibro #educación #endogamia #humor #selfie #autor #manipulación #widephoto…

¿Te consideras un fotógrafo 2.0?

Es que el nombre no me gusta mucho.

¿Es ‘postfotografía’?

No, Fontcuberta habla más de una generación: autores que han sido premiados, o seleccionados en festivales. Creo que aunque pueda parecer una exposición muy dirigida a la postfotografía, y mi trabajo puede ser bastante postfotográfico, viendo los trabajos que se exponen, no va tanto por ahí.

¿Por fin se ha reconocido a la nueva generación?

De alguna manera, sí. Por fin hay un reconocimiento a todo lo que está pasando ahora. Pero hay que tener cuidado. De hecho, estoy muy contento con que haya estas dos exposiciones, esta y P2P (la otra exposición en la participan nuevos valores de la fotografía, con más margen para la experimentación), no sólo porque se nos dé voz, sino porque nos exponemos, es decir, se nos puede enjuiciar. Hasta ahora era todo muy bonito, era un “mira, estamos haciendo cosas muy chulas a pesar de que no tenemos ni un duro y no nos hacen ni puto caso y tenemos mucha energía”. Pero es hora de que una mirada ajena a nosotros nos empiece a juzgar. Y para eso tienes que exponerte. Además, es muy feo autoproclamarse como nueva generación. Tiene que ser alguien externo quien decida si lo somos o no. Por eso es bueno que venga gente como Charlote Cotton (comisaria de P2P). Ahora, no nos creamos lo nunca visto. Como mucho lo que estamos haciendo es intentar equipararnos a la fotografía internacional.

¿Esto es como si a los ‘indies’ los pinchan en Los 40 principales?

Espero que no. Con este trabajo, CelebriMe, pretendo ser mainstream. Una de las razones de la situación precaria del fotógrafo, y más del que se dedica al arte o foto personal, es porque no hay una industria que lo sustente. La única manera de construir una industria es despertando un interés más allá de la fotografía. Yo preferiría ser mainstream a ser indie, y que Los 40 fuera nuestro entorno natural. Me gustaría que la cultura fotográfica alcanzase los mismos niveles que hay en otros países. No es que a todo el mundo le guste, pero cuando vas a París Photo y ves las colas que hay para entrar, pese a que es de entrada cara, y que el público no es sólo de fotógrafos… Yo no aspiro a retroalimentar el mundillo, aspiro a expandirlo, y ojalá a estas exposiciones y a PHE venga muchísima gente y le gusten. Uno de mis principales caminos como autor va mucho por ahí.

¿Existe en fotografía un conflicto generacional?

No, tal vez hay desconexión. Puede que haya habido un salto muy grande y falta de comunicación. Muchos de nosotros nos sentimos muy influenciados por autores españoles. Hay una grandísima historia de la fotografía española muy poco estudiada. Sí que ha habido una ruptura en cuanto al tipo de fotografía. Siempre hemos ido muy tarde respecto al extranjero y ahora se ha dado un salto para ponernos al nivel internacional. Eso se nota en muchos autores. Casi todos los autores que han tenido éxito fuera han dado un salto muy grande a la hora de trabajar: Julián Barón con Censura, o Cristina de Middel, que es el paradigma de este éxito y que dio un salto enorme de su trabajo como fotoperiodista hasta los Afronautas. Pero esto sucedió porque muchos de ellos se quedaron sin trabajo. Lo que está pasando es que hay necesidad de redireccionar mucho y rápido, más que existir conflicto.

Durante muchos años siempre figuraban los mismos nombres, los de una generación que hizo dinero. Por fin surge otra gente, pero es en el momento en el que ya no hay dinero que repartir. ¿Es esto casual?

Sin riesgo no hay emoción. El ser consciente de que no tienes nada que perder porque no hay nada que ganar ayuda muchísimo a avanzar. Si tienes una carrera establecida, una galería que te pide que produzcas para vender, te hace trabajar de manera muy diferente a cuando no tienes galería ni aspiras a tenerla. Lo que yo quiero es trabajar, porque soy consciente de que no hay una industria que pueda sostenerme. Lo mismo le pasa a todos los fotógrafos que se quedaron en paro, esto te obliga a reinventarte y te da tiempo libre.

¿No hubo un tapón por miedo a que les quitaran el puesto?

En fotografía cada uno iba a la suya. Pero los fotógrafos de ahora estamos todos en contacto entre nosotros. No puedo hablar por los anteriores, pero en esta ha habido movimientos muy comunitarios. Hay mucha interacción. Es una seña de identidad y ha ayudado en muchos sentidos. Por ejemplo, Book in progress: gracias a ellos ha salido el inventario de fotolibros sin el que no hubiera sido posible la expo del Reina Sofía. ¿Qué ha pasado? Que vimos que nadie estaba recopilando lo que se estaba publicando, y unos cuantos decidieron hacer un trabajo que no estaba haciendo nadie.

Dentro de esta generación, tu trabajo es más conceptual.

Sí. Yo soy más de las ideas que de los poemas. Soy más de hacer pensar y que me hagan pensar. Me gusta de todo como espectador, pero voy más por esa línea. No quita que no me importara intentar algo más onírico o más simbólico. Puede ser un reto a superar. De hecho, no me gusta repetirme y busco hacer cosas nuevas con formas de trabajo nuevo. Supongo que lo mío entra mucho en lo conceptual o la postfotografía, me interesa mucho este momento de cambio de la fotografía.

¿Estamos viviendo ahora el fenómeno de las vanguardias fotográficas?

Hasta cierto punto, sí. Pero estamos tan metidos en el momento que es difícil distanciarse para entender lo que sucede. Y compararse con las vanguardias puede ser muy pretencioso; ha sido uno de los momentos más ricos de la historia del arte. Yo creo que va a ser uno de los momentos históricos de la fotografía. Estoy feliz de que me haya pillado y con ganas de hacer cosas. La fotografía tiene una unión con la tecnología inevitable, y ha cambiado tanto tanto tanto en tan poco tiempo, que sería muy raro que no se diera un hito histórico. Y yo trato de retratar eso en mi trabajo.

Tu trabajo trata sobre la imagen como forma de construirnos socialmente. ¿Por qué ese interés?

He llegado a la conclusión de que siempre hablo de fotografía. Últimamente estoy pensando, aunque no es algo que tenga muy claro, que utilizo las identidades, mías o ajenas, para hablar de la identidad de la fotografía, de cómo evoluciona, cómo se utiliza, cuáles son sus límites y cómo traspasarlos. Me gusta jugar con lo que se supone que no es fotografía o está a punto de no serlo, o pone en duda el proceso fotográfico. Y bueno, también me gustan las personas, las prefiero a los bodegones, aunque he hecho algún experimento, siempre hablo más de gente.

En teoría la fotografía se ha banalizado, pero la imagen sigue teniendo algo de sagrado. La concedemos el valor de lo verdadero y tratamos de definir nuestra imagen a través de las fotos. Tú has investigado sobre la construcción de la identidad, incluso la de género, sobre el concepto de lo real… ¿A qué conclusiones has llegado con tus trabajos?

A ninguna. Por suerte, no he llegado a ninguna, porque creo que cuando llegue a alguna dejaré de sacar fotos. Pero, por suerte, mi trabajo ha provocado bastantes reacciones diferentes. El trabajo de las parejas, The men under the influence…, se viralizó bastante. Sufrió el mundo Internet…

¿Sufrió?

Bueno, tuve que ampliar el hosting de mi web tres veces, lo publicaron en todas partes, desde Japón a Brasil, NY Times, Der Spiegel, La República… Me hicieron entrevistas en muchas radios… con un proyecto que tenía cinco años. Salió en un blog y todo el mundo se volvió loco. Eso causó muchas reacciones y muy interesantes. Yo ese trabajo lo hice para reflexionar sobre las relaciones personales del hombre a través de las mujeres. La figura del hombre heterosexual está poco investigada, se habla mucho de él, pero de manera muy estereotípica, hay muchas facetas que faltan por explorar. Pero se ha publicado en muchas páginas de contenido homosexual. Y muchas veces se han metido conmigo, con el trabajo… O ha provocado debates sobre cómo construimos la identidad a través de la ropa… Tú haces una cosa con una idea y lo sueltas en Internet, y eso es como el bosque, dejas allí a tu niño y no sabes qué va a pasar con él, igual se lo come el lobo o te vuelve crecido. Todo fue muy loco, gente que me mandaba fotos vestidos con la ropa de sus novias, otro me mandó fotos de él en pelotas, otros que me decían que lo hiciera en el mundo musulmán, que lo hiciera con burkas…

¿Y tú cómo gestionas eso?

Todavía estoy en ello. Es muy raro, pero estoy muy agradecido. Al principio sólo me sirvió para perder pasta en la web, aunque me pagaron algo en algunas publicaciones. Pero me gusta investigar qué pasa con mis fotos por Internet.

¿Esa experiencia te ha influido en tu último trabajo?

No, este trabajo llevaba dos años en proceso.

¿De qué va CelebriMe?

Pretende analizar uno de los usos más populares de la fotografía, si no el que más: el de la fotografía como un trofeo. No para documentar lo que te pasa, sino como una herramienta de construcción personal, sea esta imagen real o no. Y esto encaja en cómo veo yo, dentro del contexto artístico en el que me muevo, la fotografía. Ya no me interesan cuestiones como la verdad, que, aunque suene pretencioso, es algo que no me preocupa. De hecho hay una foto en la que salgo yo conmigo mismo. Se trata más de obligar a reflexionar sobre cómo se utiliza la fotografía en Internet y si les gusta, no les gusta, les atrae, les repugna o si han reparado en ese nuevo uso que se ha convertido en mayoritario. Muchas de las imágenes de Internet son para mostrar que has comido esto, que has estado ahí, que te has ido de vacaciones o que has estado con cierta persona. Es una construcción de tu imagen que no tiene por qué ser real. Antes tenías tus álbumes, pero alguien tenía que venir a tu casa para verlos, no era esta cosa pública de ahora. Esto me ha interesado siempre mucho. Los primeros textos que escribí sobre este asunto son de 2010. El proceso se me alargó mucho, y estuve en una residencia de artista durante un mes para poder acabar el proyecto.

Existe un debate sobre si hay un exceso de imágenes en Internet. Se habla de ruido. ¿Qué opinas sobre eso? ¿Es real?

Sí, pero todo es controlable. Todos nos hemos sentido saturados en algún momento.

Pero nadie se queja del ‘ruido’ por el exceso de libros, por ejemplo.

Es que el cambio ha sido muy grande en muy poco tiempo. Ahora se crean muchas más imágenes que antes. Al día se suben 350 millones de fotos a Facebook.

Pero no las vemos.

Vemos una pequeña parte, pero es una pequeña parte de una inmensidad y puedes sentirte atrapado. La comunicación se ha simplificado y muchos mensajes recurren sólo a la imagen y hemos pasado del blog al Facebook, del Facebook al Twitter, de Twitter a Instagram… Entiendo que alguien se sienta saturado. Pero hay herramientas para limitar la sensación de saturación. Nosotros tenemos el poder para gestionar lo que tenemos alrededor. Es como con la intimidad, tienes capacidad para decidir qué quieres enseñar. Que hay muchas imágenes, sí, que se puede controlar, también. Y que es algo muy interesante sobre lo que trabajar, segurísimo.

Pese a que estamos rodeados de imágenes y tenemos facilidad para crearlas, lo que no tenemos es formación. ¿Es una asignatura pendiente?

Totalmente, y no sólo por parte de fotógrafos, sino que debería ser algo que se enseñarse en las escuelas. No tiene sentido que se demonice la imagen, el videojuego, la violencia en el cine, etc., pero que no se explique a los niños comunicación audiovisual, a leer las imágenes, ni cómo funciona el cómic, la fotografía o el cine. Todo lo relacionado con lo audiovisual se tiene que aprender de manera autodidacta y eso es absurdo. Aparte, no tengo nada en contra de la música, pero ¿por qué me enseñaron a tocar la flauta en el cole y no me enseñaron a leer imágenes? Ojalá me hubieran enseñado algo más que la flauta sobre música y ojalá me hubieran enseñado algo sobre imagen, cuando estamos rodeados. Por ejemplo, los políticos son los primeros que se aprovechan de ellas para echarle la culpa de muchas cosas. Hace falta muchísima muchísima formación en ese sentido, y desde muy pequeños, porque desde muy pequeños ponemos a los niños delate de la tele. Yo a los de primero de IDEP les doy 60 pautas para aprender a destripar una imagen, que puede que sea muy frío, pero con eso puedes analizarlas.

Arnold Schwarzenegger2

Dahm triplets

Imagenes del proyecto Celebritis

Imágenes del proyecto CelebriMe de Jon Uriarte en el Círculo de Bellas Artes.

En cambio, nos enseñan gramática del lenguaje escrito e incluso cosas como qué es un vocativo…

Y no te enseñan estética, las ideas que van ligadas a cada forma de construir una imagen, no te enseñan los contextos en los que se sitúan esas imágenes, ni los autores… Y eso es tan básico y me parece tan obvio que hay que enseñar eso, que me saca de quicio. No entiendo por qué no se hace. Me saca de quicio que no haya un debate público sobre esto.

Será como cuando la Biblia se leía sólo en latín, de manera que sólo unos pocos controlaban su significado para así poder seguir manipulando con ella.

Me gustaría que no sólo los que se dedican a la imagen supieran de ella, no sólo porque nos serviría para desenvolvernos en un mundo saturado de imágenes, sino porque incluso ayudaría a crear una industria de la fotografía, porque se daría un interés mucho más amplio por la fotografía, que ayudaría a esa industria.

¿Pero es posible una industria de la fotografía en un país en el que el arte en general está perdiendo su tejido profesional?

Estoy convencidísimo de que se puede crear esa industria. Si yo estoy viviendo de la fotografía, ¿cómo no se va poder profesionalizar? Es una regla de tres. En otros países existe esa industria y se puede vivir gracias a ella. Se trata de seguir dando cabezazos a la pared hasta que se consiga, estoy convencido. Creo que es una necesidad social, no sólo la fotografía, sino el arte en general. El arte abre caminos que ninguna otra actividad humana hace. Es supernecesario, y viviendo en un sistema en el que funcionamos a través de dinero, tiene que haber una forma de sustentar con dinero esa industria.

¿Y las instituciones reman a favor?

Están en un estado de coma letárgico en el que no hacen ni lo que pueden. Está muy complicado el asunto. No tengo mucha fe, ni mucho que pedirles. Hay que pedirles que estén atentos, que reivindiquen lo que está pasando, lo que pasó y que busquen lo que va a pasar. Pero dada la situación, no espero mucho de las instituciones.

Junto con el auge de lo digital, se produce el boom del fotolibro, que tú has estado promocionando activamente desde Barcelona ¿Es una respuesta a lo digital, una necesidad de tener un objeto en las manos?

Creo que ésa es una de las razones. No sólo a lo digital, sino a un circuito caduco. La generación anterior estaba ligada al postmodenismo donde las grandes copias predominaban. Y eso se mueve en un circuito muy relacionado con el dinero, las galerías y todo ese entorno. El fotolibro es más barato, o al menos más viable de producir, porque no necesitas un espacio, perdura en el tiempo, viaja, no necesita electricidad, seguro, un guarda de seguridad, un comisario… El boom del fotolibro llega por varios factores: que se haya estudiado la historia de los libros y cómo afectó a la fotografía; que haya movimientos fotográficos casi pensados para los libros porque funcionan mucho mejor que en pared. Ejemplos de esto puede ser el Artis Book Cooperative con Mishka Henner o Andreas Schmidt, o Alec Soth. Pero también el fotolibro viene de la capacidad de comunicación de Internet. Un chico en Japón se hace un libro en su casa con su fotocopiadora y se lo puede vender al día siguiente a un holandés o a un jamaicano. Eso antes era impensable, antes los frikis de los libros sólo se conocían en sus ciudades y ya está; ahora, seguimos siendo pocos, pero estamos organizados mundialmente.

La endogamia ahora es poligamia, ¿no?

Ja, ja. Antes era local y ahora se ha extendido a todo el planeta. Ahora vas a París Photo y ese personaje con el que sólo habías interactuado por Facebook te puede caer bien y te puedes ir a tomar una cañas con él.

Aspecto de parte de la exposición de Jon Uriarte en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Aspecto de parte de la exposición de Jon Uriarte en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

¿Entonces el elemento común de la nueva generación son las redes?

Sí, la capacidad de comunicación, porque hemos sabido aprovechar muy bien las redes sociales, que están ahí para todos pero no todas las disciplinas las han utilizado como nosotros. Reivindico cómo la fotografía ha sabido crear conexiones con las redes sociales. El fenómeno de los photobook clubs es muy buen ejemplo. Yo recuerdo cuando vivía en Madrid y quedaba con los colegas a ver libros y decíamos: “voy a intentar hacer esto en mi casa con más peña”. Nada más llegar a vivir a Barcelona, lo hice y vi que un tipo lo había hecho en Inglaterra. Me puse en contacto con él y le avisé de que iba a hacer algo parecido. Que hubiera alguien haciendo lo mismo en el extranjero puedo ser importante para hacerlo aquí.

Formas también parte de Widephoto ¿En qué consiste esa iniciativa?

Es una plataforma que busca traer a España la fotografía más innovadora en la que estamos trabajando, Mónica Sánchez, María Canudas, Gema Darbo y yo. Buscar autores que trabajen de manera innovadora, ese tipo de gente de la que dices “cómo mola esto y no sé cómo coño lo hace y quiero aprender de esta persona”. Traemos a esos fotógrafos para que impartan talleres totalmente prácticos, con ese carácter innovador, e intentado romper la endogamia fotográfica que hay en Barcelona y en el ámbito fotográfico buscando autores extranjeros. También en Barcelona hacemos actividades de divulgación, siempre con esa mirada experimental e internacional. Cada año vamos evolucionando pues queremos estar atentos a lo que pasa a nuestro alrededor. Es muy ambicioso, pero no tenemos ni un duro. No hemos conseguido financiación privada, que es nuestro objetivo. Hasta ahora estamos contentos.

Además, tienes un blog en el que planteas temas relacionados con la fotografía. Un tema que has tocado es si se puede juzgar la actitud del fotógrafo al margen de su obra ¿Qué opinas sobre el juicio al autor?

La cuestión no es tanto si se puede juzgar al autor, puesto que de todas formas se va a hacer, por lo que preparémonos. Ahora, todo el mundo es mucho más consciente del proceso de sacar fotos, y nosotros, como autores, tenemos que estar más preparados para ser juzgados. Antes un fotógrafo era una especie de animal mitológico, ése del National Geographic que se va de viaje, y ahora mi madre saca fotos. Las técnicas se han simplificado y todo el mundo saca fotos, todo el mundo es más consciente de cómo se construyen las imágenes y todo el mundo tiene una opinión. La gente no profundiza en la manera de leer las imágenes, pero ahora ya entienden de forma intuitiva que hay alguien detrás, y que ese alguien tiene una opinión que se ve reflejada en las imágenes. Por tanto, más nos vale prepararnos para que nos juzguen.

¿Pero al margen de tu obra?

Pero es que tú eres inseparable de tu obra. ¿Quién se cree a estas alturas que tus fotografías son una ventana y no un espejo? Como mínimo, encuadras. Y tampoco me parece para tanto ser juzgado. ¡Si tenemos la ventaja de trabajar en lo que nos gusta! Recibir críticas e incluso insultos forma parte de nuestro trabajo. No es que me parezca bien, es que es lo que hay. Sepamos qué decimos y por qué lo decimos y sepamos defendernos.

Tu trabajo contiene humor, pero ¿no le falta humor al mundo fotográfico?

Sí, nos tomamos demasiado en serio. Yo soy un ferviente defensor del sentido del humor como puerta para hablar de otras cosas más densas. Mi discurso es bastante metafotográfico, y ya la palabra en sí es un coñazo. El humor abre puertas a gente a la que le cuesta ese mensaje. No hay nada mejor que hacer reír a la gente, y no es precisamente fácil. Me encanta si la gente se ríe. Como dice Foncu, el humor es lo contrario de lo aburrido, pero no de lo serio. Y no digo que todo el mundo tenga que estar haciendo cosas divertidas, pero no me fío de la gente que se toma demasiado en serio. Mi último trabajo tiene humor, pero es un ejercicio casi pornográfico de enseñarme todo el rato.

¿Usas el móvil como cámara?

Sí, no mucho, pero sí.

¿Usas Instagram?

No mucho, no le saco partido.

¿Y te haces ‘selfies’?

Hace poco hice un taller sobre autorretratos donde me decían que para ser selfie se tiene que difundir. No te creas que publico en redes sociales tantos autorretratos. Se podría decir que CelebriMe es una colección de selfies, porque la publiqué en Facebook, je, je. Pero preparando este taller descubrí un estudio que decía que los selfies que se publican sólo suponen un 4% del total de las fotos de la red.

¿Qué será lo próximo que veremos de ti?

Este año he trabajado mucho para los demás, para mis alumnos y como organizador. Estoy pensando en irme un mes de viaje y cambiar totalmente mi manera de trabajar. Hasta ahora no empezaba a fotografiar hasta que sabía lo que quería plasmar partiendo de ideas o bocetos, pero ahora me planteo el viaje como forma de hacer fotos sin pensar, que sería todo un reto para mí.

Fotografía 2.0. Hasta el 27 de julio. Sala Picasso del Círculo de Bellas Artes de Madrid. 

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Comentarios

  • Ana

    Por Ana, el 30 julio 2014

    Sentido del humor o tomadura de pelo!!!!!

    Nuevos y distintos fotógrafos españoles
    marcosclavero.com

    • Roberto Villalón

      Por Roberto Villalón, el 30 julio 2014

      Me parece perfecto que pienses que es una tomadura de pelo. Pero creo que Uriarte es bastante sincero sobre sus intenciones y no se vende como si su obra fuera la curación del cancer. De todas formas, creo que hace reflexiones muy interesantes sobre fotografía. Aún así, espero que la entrevista haya sido de tu agrado y te recomiendo la que acabamos de publicar a Miguel Ángel Tornero, cuya obra directamente cruza las fronteras de la fotografía clásica. Un saludo.

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