Lagata, el fotógrafo que saltó la valla y se encontró a sí mismo
28.12.2015

Lagata, el fotógrafo que saltó la valla y se encontró a sí mismo

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El fotógrafo Christian Lagata. Foto: Roberto Villalón.

El fotógrafo Christian Lagata. Foto: Roberto Villalón.

Galería Cero de Madrid expone, hasta el 7 de enero, el trabajo del andaluz Christian Lagata, ‘Up around the bend’. El proyecto, que combina fotografía, vídeo y escultura, está inspirado en la influencia que la valla que rodea la base de Rota tuvo en su propia vida. Pero también nos cuenta la vida de los que están dentro con las imágenes que ellos mismos cuelgan en la red. Estas imágenes también forman parte del fotolibro que Lagata ha realizado con el mismo nombre.

Christian Lagata (Jerez de la Frontera, 1986) no conoce barreras. Criado en Rota (Cádiz), con la omnipresencia de la base americana, tuvo que salir de su territorio para descubrir que vivía en un lugar fronterizo, lleno de contradicciones. La base americana, símbolo del poder de las grandes naciones y sus ejércitos, era una rendija de modernidad y libertad en la España de Franco. En ese ambiente diferente, que se mantiene en los ochenta, crece Lagata, con una familia nada típica que le da de mamar rock y libertad. Pero una valla separa a los de dentro de los de fuera, los americanos y los españoles. Una valla omnipresente que crea dos mundos muy cercanos físicamente y completamente alejados en espíritu.

Christian es guapo, delgado, de ojos verdes. Es como un pariente bien parecido de Jimi Hendrix, lo que le da un aire como de otra época. Además es listo, inquieto y talentoso. Tras sus estudios de fotografía y cine, pasó por las escuelas de mayor proyección de Madrid, EFTI y Blankpaper. Antes de ser conocido como fotógrafo, ha sido organizador de actividades culturales con Zunder Collective, grupo del que fuera cofundador. Tras su paso por La Kursala, con el consiguiente fotolibro editado por Fuego Books (www.fuegobooks.com), actualmente expone en la Galería Cero su trabajo Up around the bend. En este trabajo hace un repaso sobre cómo esta isla americana en plena Andalucía y la valla que la rodean marcaron su vida y la de Rota. Pero también da su particular visión de lo que sucede en el interior de la base, mediante las fotos que obtiene de las redes sociales; una visión en la que la guerra forma parte de un juego.

¿Cómo te inicias en la fotografía y llegas hasta aquí?

Yo empecé en esto de la fotografía gracias a que mi padre tenía varias cámaras y era un fanático del cine. Eso ya desde pequeño me generó una serie de inquietudes. Y empecé a hacer pequeñas piezas con ellas. Luego me puse a estudiar Relaciones Laborales en Granada, después me pasé a Derecho, hasta que me planteé que quería hacer algo relacionado con la fotografía o el arte. Por fin estudié fotografía en Granada y dos años de cine en Sevilla. Al terminar fui a Berlín. Pero luego quise volver a Madrid y me dieron una beca de EFTI. Luego llegó la Kursala, descubrimientos PHE y hasta ahora.

¿Qué tipo de fotos hiciste antes de ‘Up around the bend’?

Pues pequeños proyectos, borradores. Ya jugaba con el medio formato o el 6×6. Hasta que mi cuerpo me pide hacer otra cosa, dar un paso adelante.

Cuando lo comienzas, ¿es algo cerrado, decidido previamente, o eres de esos fotógrafos que dispara y luego decide cómo le da salida?

Era algo cerrado. De hecho yo tiro muy pocos carretes. Primero escribo, desarrollo el proyecto, pienso la fotografía y voy formando el puzle. Hago una especie de story board y luego realizo el trabajo. Me documento, veo lo que necesito y luego disparo. Pero me inspiro muchísimo en el cine y la música.

Foto: Christian Lagata.

Foto: Christian Lagata.

¿Qué motiva ‘Up around the bend’?

En 2011, cuando me vine a Madrid, me di cuenta de que lo que yo vivía en Rota no era tan normal. Siempre he sido consciente de que mi vida era un poco peculiar y de que mi familia se salía de los estereotipos. Pero no era consciente de que aquellos viajes que hacía con mi amigo en un Ford Mustang, escuchando la Creedence Clearwater y viviendo todo como si fuera una película, no era lo normal. Y ya cuando fui a Berlín vi que esa historia tenía un filón. Rota por sí sola tiene una historia que contar, pero pensé que mi vida podría servir para que otra gente se viese reflejada. Comencé el proyecto e hice las dos primeras fotos, esas dos fotos que se han mantenido todo el proceso: la del Mustang y las del chico de la cicatriz, que resulta que es mi amigo Aarón. Ese fue el germen.

¿En cuánto tiempo lo realizas?

En cuatro años, desde 2011 hasta que este 2015 lo expongo en La Kursala.

¿Qué decisiones estéticas tomas para hacer este proyecto?

Hay claramente una estética y un guiño a la fotografía americana de los 70, desde Robert Adams a Diane Arbus o John Gossage y los clásicos americanos puros. Y sobre todo Jim Jarmusch me ha marcado muchísimo estéticamente por la rítmica que tiene en la música, esa pausa en la imagen, con pequeñas historias que marcan la fotografía. Yo necesitaba esa lentitud y esa reflexión.

En el fotolibro y la exposición introduces material ajeno obtenido en las redes sociales. ¿Cómo llegas a eso? ¿Lo vives de manera natural?

Me apasiona la fotografía clásica pero, tal vez porque pertenezco a una generación de fotógrafos-artistas que conjugan diferentes disciplinas y métodos, sentía que mi proyecto se me quedaba un poco falto de acción, que necesitaba un poco de rock and roll. Y también porque me di con la valla en las narices. Me pillaron fotografiando alrededor de la base y resultó que tenían todos mis datos. Yo necesitaba cerrar el proyecto y me faltaba material. Un día vi a un amigo con el WhatsApp que trabajaba dentro de la base y fue cuando pensé que qué mejor manera que robarle sus propias fotografía para poder acceder al interior. Hoy en día hacemos un diario con esas fotos que nos mandamos en chats y con lo que compartimos en redes. Luego fui buscando las fotos de sus amigos, de los amigos de sus amigos, las paginas oficiales, etc. Y así enriquecí mi trabajo gracias al apropiacionismo. De esta forma, Up around the bend no sólo tiene una parte documental, aunque ésta sea muy íntima, sino que también da acceso a un espacio cerrado de una manera muy contemporánea.

Se da una característica común en los fotógrafos actuales que también tú empleas, la auto referencia. ¿Hasta que punto crees que tu trabajo está marcado por ella?

Poder utilizar la fotografía o cualquier otra disciplina, te permite la libertad de generar dudas, preguntas abiertas o jugar con la ficción. Aunque en mi trabajo yo esté mostrando mi realidad a través de los retratos a otras personas, yo añado otro elemento, que me gusta jugar al equívoco, si lo que cuento será verdad o no. Lo que muestro es subjetivo. Rota tiene unas connotaciones que todo el mundo conoce, pero quizá en lo que muestro le haya dado otro punto.

¿Cuáles son tus referencia musicales y cinematográficas de las que antes me hablaste?

El rock and roll de los 70 que he mamado gracias a mi familia: Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Los Rolling, Los Beatles y la Creedence. Y de cine, Monte Hellman, Terrence Malick y Jim Jarmusch, entre otros.

Yo le veo un punto surreal al trabajo. ¿Es buscado?

Sí, onírico, tétrico. Es mi estilo. Me gusta jugar con eso.

Este ha sido un buen año para ti. ¿Pero cómo ves el panorama en general?

Creo que se está sobreproduciendo muchas fotos y muchos libros por el boom que estamos viviendo. También veo que hay otra generación de jóvenes fotógrafos, como por ejemplo Alberto Feijoo, al que admiro, que utilizan la instalación, la escultura o cualquier otra disciplina generando una obra más experimental. Se está rompiendo la idea de que la fotografía tiene que ser en gran formato, con su enmarcación. Y eso no es ni bueno ni malo, pero se está generando una necesidad de otro tipo de diálogo, otro tipo de discurso.

Foto: Chrisitan Lagata.

Foto: Chrisitan Lagata.

Foto: Chrisian Lagata.

Foto: Chrisian Lagata.

¿Se puede hablar de una nueva generación de fotógrafos con elementos en común?

Bueno, lo que veo es que ahora no hay miedo a mezclar disciplinas. No nos podemos considerar sólo fotógrafos. Hay una nueva generación que sobre todo tiene libertad para crear.

Parece que el fotolibro ha marcado a los nuevos fotógrafos de los últimos años. ¿Estamos superando esa etapa?

Fotolibro queda para rato. Y como todo el mundo puede hacer un fotolibro, los hay buenos y malos. Pero es un formato muy agradecido que se presta a la experimentación. Y en tiempos en los que lo digital nos inunda, los ojos agradecen que haya algo en papel, algo orgánico.

¿Tú pensabas en hacer un fotolibro con este proyecto?

Yo me había propuesto hacer una mapa desplegable, como si fuese un mapa de carreteras. Quería hacer algo experimental. Me agobia mucho tener que seguir unos patrones. En el caso de la exposición en Galería Cero, he tenido una libertad absoluta. Yo no me considero fotógrafo como tal, porque toco diferentes disciplinas y eso me encanta. En cada trabajo intento mezclar cosas. Por ejemplo, ahora estoy muy implicado en el video-arte porque mezcla cine, fotografía y música, de forma que creas piezas que llegan muchísimo. El fotolibro me interesa, sí. Pero me interesan más las instalaciones, o jugar con la escultura o lo que me pida el espacio y la exposición.

¿Qué será lo próximo que veremos tuyo?

Estoy con dos proyectos. Uno lo comencé en Berlín y en él utilizo la fotografía como una acción. Fui a Alemania a conocer la ciudad, a conocerme a mí mismo y a ordenar las ideas. Para ello utilicé la fotografía como meditación. El hecho de salir a andar, de fotografiar, de estar solo en la ciudad, en esos espacios oscuros, me ayudó muchísimo porque era yo, la cámara y mis cascos con mi música en bucle todo el tiempo. Ese proyecto no tiene fecha límite y lo voy completando en las diferentes ciudades a las que me he mudado. Refleja el silencio, el vacío y la necesidad de equilibrarse. Y voy enseñando ya pequeñas cositas. El otro proyecto recrea la vida de mi abuelo. Él se suicidó con 94 años. Se precipitó al vacío y estoy recreando las imágenes que él pudo ver antes de caer. Estoy intentando llevarlo a hacer una historia bonita y llenarla de vida. Estoy visitando los sitios en los que estuvo mi abuelo, conociendo su historia. Es, como todos mis trabajos, una forma de buscar mi propia identidad.

‘Up around the bend’, de Christian Lagata. Comisario: Gonzalo Golpe. Galería Cero. EFTI (Fuenterrabia 13. Madrid). 

Foto: Christian Lagata.

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Un comentario

  • El 29.12.2015 , Alex Mene ha comentado:

    Muy interesantes esas fotografías.

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