05.11.2016

Las ‘fieras’ de la pintura toman Madrid

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André Derain, Bateaux à Collioure, 1905 Kunstsammlung Nordrhein-Westfallen, Düsseldorf Adquirido en 1965 gracias a una donación de Westdeutschen Rundfunks. ©André Derain, VEGAP, Madrid, 2016 © VG Bild-Kunst, Bonn

André Derain, Bateaux à Collioure, 1905. Kunstsammlung Nordrhein-Westfallen, Düsseldorf
Adquirido en 1965 gracias a una donación de Westdeutschen Rundfunks. © André Derain, VEGAP, Madrid, 2016. © VG Bild-Kunst, Bonn.

Matisse, Derain, Vlaminck, Marquet, Manguin, Camoin, Puy, Dufy, Friesz, Braque, Rouault… Los ‘fauvistas’, las ‘fieras’ de la pintura, toman el otoño artístico madrileño, especialmente rico en exposiciones. Sus pinturas transmiten el entusiasmo por la vida que marcó una época hasta el estallido de la Gran Guerra. La cita: en la Fundación Mapfre, hasta finales de enero.

“El Fauvismo fue la mejor preparada de las revoluciones del siglo XX”, dijo el pintor y crítico británico Lawrence Gowing. Pero fue también la más breve. Un movimiento efímero que abrió paso a las vanguardias del siglo XX.

París ostentaba desde finales del XIX el cetro de la capital del arte, aunque le costaba asimilar las novedades. Tardó en aceptar el impresionismo y cuando lo hizo era un canon al que debía ajustarse toda la pintura. No quisieron a Seurat, creador del puntillismo, ni el posimpresionismo representado entre otros por Cézanne, el maestro no comprendido en vida y al que una vez muerto rindieron honores y reconocimiento.

Los jóvenes artistas que no eran impresionistas tanteaban otros caminos. Bonnard, Vuillard y el escultor Maillol crearon el grupo Nabis (profeta en hebreo), atraídos por las teorías de Gauguin acerca de la pintura hecha con colores planos y puros. Algunos pintores buscaban salir del neoimpresionismo de la mano de tonos bermellones, magentas y azules. Cuando apareció el fauvismo, arrasó. Un grupo de jóvenes, André Derain, Maurice de Vlamick, Georges Roualt, Albert Marquet, Henri Manguin y Charles Camoin congregados en torno a Matisse mostraron sus obras en el Salón de Otoño de 1905, en una sala que presidían unos bustos de mármol de Louis Marquet. El crítico Louis Vauxcelles, al contemplar aquel clasicismo rodeado “por esa orgía de tonos puros”, habló de “Donatello chez les fauves” y la expresión hizo furor. Las “fieras” habían tomado París.

Y de esto habla la exposición Les Fauves: La pasión por el color, que presenta en Madrid la Fundación Mapfre, sobre la primera vanguardia artística del siglo XX, con más de un centenar de pinturas, dibujos y cerámicas procedentes de 80 museos y colecciones privadas. La muestra se extiende desde los inicios del movimiento en el taller parisino del pintor Gustave Moreau hasta la desintegración del grupo a finales de 1907. Incluye obras de todos los artistas que formaron el grupo: Henri Matisse, André Derain, Maurice de Vlaminck, Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, Raoul Dufy, Othon Friesz, Georges Braque, Georges Rouault y Kees van Dongen, un grupo de amigos a los que unía la visión del color y la realidad interpretada con sentimiento. Sus pinturas transmiten el entusiasmo por la vida que marcó una época hasta el estallido de la Gran Guerra. Como dice Maite Ocaña, ex directora del Museo Picasso de Barcelona y comisaria de esta exposición, el fauvismo no fue un movimiento homogéneo sino un encuentro fugaz, apenas duró dos años, pero su impacto fue clave para las vanguardias. Ellos fueron el enlace que dio paso al cubismo y al expresionismo.

André Derain, Les Voiles rouges, 1906 Colección particular © André Derain, VEGAP, Madrid, 2016

André Derain, Les Voiles rouges, 1906 Colección particular. © André Derain, VEGAP, Madrid, 2016.

Kees van Dongen, Femme nue blonde, 1906 David Nahmad, Mónaco © Kees van Dongen, VEGAP, Madrid, 2016 © Patrick Goetelen

Kees van Dongen, Femme nue blonde, 1906 David Nahmad, Mónaco. © Kees van Dongen, VEGAP, Madrid, 2016. © Patrick Goetelen.

Cuando muere Cézanne en 1906, el mundo reconoce su valía. Su serie Bañistas, pintada entre 1904 y 1905, era el inicio al arte moderno. La influencia de Cézanne se haría notar en dos movimientos antagónicos, fauvismo y cubismo, en una época de cambios y descubrimientos. Por entonces, Einstein estudiaba la relatividad y la teoría cuántica; en la ciudad alemana de Dresde, Richard Strauss estrenaba su ópera Salomé, y las disonancias de Schoenberg aturdían los oídos de los melómanos menos avezados. El modernismo echaba a andar tímidamente, un movimiento tan revolucionario que el Papa Pío X lo condenó en 1907 en una encíclica.

Cézanne era el maestro, “el padre de todos nosotros” en palabras de Matisse. Artistas y críticos se preguntaban si había muerto con él el posimpresionismo. El precepto de Cézanne de “organizar la propia sensación” hizo mella en un joven Matisse, quien comprendió que para ensalzar el color y la línea había que independizarse de los objetos que representaban. Tras un viaje a Londres para ver las pinturas de Turner, descubrió en Córcega la luz del Mediterráneo, algo que describió muy gráficamente como un brote “epiléptico”. Cuando en 1904 el pintor Signac, quien junto a Seurat desarrolló la técnica puntillista del color, le invita a Saint-Tropez, Matisse se convierte a la imaginación del color. Tantea, busca, intenta encontrar su lugar en la pintura. Los cuadros fauvistas de Matisse provocaron el escándalo. Su Mujer con sombrero, adquirida por Gertrude Stein, aumentó el furor. Matisse abandona la pincelada divisionista de su primera época y pasa a usar el color puro y técnicas puntillistas. Descubre cómo las relaciones de color son relaciones superficie-cantidad: “Un centímetro cuadrado de cualquier azul no es tan azul como un metro cuadrado del mismo azul”.

Raoul Dufy, L'Estacade du Casino Marie-Christine à Sainte-Adresse, c.1906 Milwaukee Art Museum, regalo de Mrs. Harry Lynde Bradley, M1977.83 © Raoul Dufy, VEGAP, Madrid, 2016 © P. Richard Eells

Raoul Dufy, L’Estacade du Casino Marie-Christine à Sainte-Adresse, c.1906 Milwaukee Art Museum, regalo de Mrs. Harry Lynde Bradley, M1977.83. © Raoul Dufy, VEGAP, Madrid, 2016
© P. Richard Eells.

Henri Matisse, André Derain, 1905 Tate: Adquirido con la colaboración del Knapping Fund, del Art Fund y del Contemporary Art Society, así como de patrocinadores privados, en 1954 © Succession H. Matisse/ VEGAP/ 2016 © Tate, London 2016

Henri Matisse, André Derain, 1905. Tate: Adquirido con la colaboración del Knapping Fund, del Art Fund y del Contemporary Art Society, así como de patrocinadores privados, en 1954. © Succession H. Matisse/ VEGAP/ 2016. © Tate, London 2016

Y así “un grupo de artistas unidos en una búsqueda que parte de una serie de influencias y planteamientos compartidos”, según Pablo J. Burillo, director del área de cultura de la Fundación Mapfre, encontraron su lugar en la pintura. Estos “acróbatas de la luz”, como los autodenominó Matisse en una carta enviada a Vlaminck donde le comenta que está haciendo ejercicios de acrobacia a partir de los reflejos, actuaron como un club de amigos. Se retrataron entre ellos, convivieron en Colliure y descubrieron juntos la luz mediterránea desde la Costa Azul. Cada uno con su estilo. Vlaminck, el más “furioso” de los fauves, trabajaba el color con ímpetu, a base de cortas pinceladas que llenaban todo el cuadro. Derain, tras los pasos de Monet, viajó a Londres y retrató a la ciudad en espectaculares óleos con el Big Ben, los puentes de Southward, Charing Cross.

A comienzos de 1906 se incorporaron al grupo tres pintores de Le Havre, Dufy, Friesz y Braque. Ellos dieron un empujón al movimiento fauvista cuando los primeros adheridos al club comenzaban a abandonar la intensidad de sus colores. Tras un corto periodo, el grupo empieza a decaer, Braque no se recata ya en decir que no se puede estar siempre en la exaltación. Las formas geométricas se van introduciendo poco a poco en lo que será la antesala del cubismo. Por si fuera poco, Picasso pinta Les Demoiselles d’ Avignon y todos comprenden que una nueva era acaba de empezar. Los fauves dejan el color y se integran en la modernidad.

‘Los Fauves, la pasión por el color’ puede verse en la Fundación Mapfre hasta el 29 de enero.

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Sobre el autor

Julia Luzán

Julia Luzán
Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas.
Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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