Las Odio: «En vez de soluciones, a las mujeres nos dan vitaminas para resistir más»

El grupo Las odio.

El grupo Las odio.

El grupo Las odio.

El grupo Las odio.

Una conversación con Las Odio (Ágata Ahora, Ali Holgado, Paula JJ y Sonsoles Rodríguez) solo pude girar en torno a varios temas fundamentales: su disco de debut, ‘Futuras Esposas’, el papel y los espacios de la mujer en nuestra sociedad y en el mundo de la música y el feminismo como opción indiscutible. Con una trayectoria ascendente y una presencia cada vez mayor en los escenarios, el cuarteto madrileño se posiciona como una de las revelaciones de este año. Ahora se encuentran de gira por España presentando su primer disco. Este es un adelanto de los contenidos del próximo número de la revista cultural ‘Buen Salvaje’.

POR SUSANA GODOY Y MARÍA CARBONELL

Habéis acuñado el término ‘infranderground’ en una época en la que se hace necesario redefinir movimientos culturales. El underground, lo indie, se han convertido en otros constructos sin la espontaneidad que tuvieron cuando aparecieron. ¿Creéis que la llegada al gran público de ciertos conceptos culturales (musicales, escénicos, literarios, estilísticos…) los desvirtualiza? ¿O es una evolución necesaria para que de esas cenizas surjan nuevas corrientes?

La etiqueta infranderground es un término que surgió como una broma interna para definir la escena musical de nuestro entorno más cercano, pero probablemente también respondiese a una necesidad de reseñar lo subterráneo, lo que vive más allá del under. Creemos que el uso y significado actual de los adjetivos underground o indie (que en origen hacían referencia a eso mismo) se ha perdido. Ahora se utilizan más como etiqueta con la que llegar a un segmento de mercado que una posición ideológica de las bandas frente a la industria musical. Muchas veces son necesarias nuevas palabras para describir los nuevos tiempos.

En cuanto a los conceptos musicales, creemos que lo que los degrada es el capitalismo, no la popularidad. Los vacía de contenido, lima sus vértices más peligrosos y lo convierte en mercancía aproblemática de consumo masivo.

Por otro lado, sí que es cierto que generalmente es en los márgenes donde sucede lo inesperado, lo novedoso, lo rompedor. Allí las cosas suceden sin presión, por el mero hecho de que sean hechas, y responden a las pasiones, a las inquietudes más experimentales…

Los carteles de los festivales, las programaciones de las salas de conciertos… ¿No hay artistas femeninas o es lo que quieren que creamos?

A partir de cierto nivel hay muy pocas mujeres en los escenarios, solo hay que ponerse a contar. Y la gran mayoría de las que hay representan un modelo muy similar (cantante virtuosa con tendencias pop y apariencia de modelo), que no representa las múltiples identidades que existen en nuestra realidad. Aunque las tías también acudan a conciertos y festivales y forman parte de esa cultura, como público, en la música sigue habiendo un dominio de la mirada masculina.

Dicho esto, no creemos que exista un oscuro plan para dejar fuera de los carteles a las mujeres que no encajan en el patrón asimilado. No encontraréis a nadie que diga que no quiere mujeres en sus festivales. Entonces, ¿por qué no estamos? La realidad es que este tipo de decisiones suelen ser mucho más banales y ahí es donde reside lo verdaderamente perverso. El conservadurismo a la hora de pensar nuevos referentes es el peor de los errores. Si los programadores quieren ganar dinero y están convencidos de que su fórmula funciona, la mayoría prefiere no arriesgar. El miedo a la novedad y pensar que lo diferente es arriesgado son grandes lacras a la hora de conseguir avances feministas en el terreno musical. Últimamente también se ha utilizado mucho la excusa de que no es su culpa, es que no hay suficientes bandas de mujeres que programar. Esta es un poco la misma actitud acomodada y perezosa que venimos señalando. Porque, claro, si llevas escuchando a los mismos grupos desde hace 20 años, que además también son tus colegas, es difícil que lleguen a ti nuevos referentes.

No nos engañemos, para acabar con este cortijo es necesario un esfuerzo por su parte y por lo visto quienes tienen ganas de hacerlo aún son minoría. Lo torpe de pensar en esos términos es que las fórmulas nunca son eternas. Nosotras estamos convencidas de que vivimos en un fin de ciclo, en el agotamiento de esta fórmula. Al final no les va a quedar más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos si quieren seguir con su negocio, porque la tendencia de los festivales de verano clónicos tiene los días contados.

Nos gusta esa idea que defendéis de que si no existen espacios para nosotras, no debemos quedarnos en la reivindicación de los mismos sino crearlos. ¿Qué espacio/evento o similar crearíais si tuvierais libertad plena para ello?

Una comuna anarco-feminista en una isla. O en Lisboa. Viviríamos en armonía, haríamos música, fanzines, leeríamos, escucharíamos música, follaríamos, dormiríamos, comeríamos cosas ricas todo el rato, aprenderíamos cosas nuevas, debatiríamos, seríamos hacktivistas… No renunciaríamos la sociedad, ni a la tecnología, pero generaríamos un entorno de realidad paralela para vivir felices, en el que habitaríamos la gran parte del tiempo. Solo tenemos que inventarnos una manera de conseguir pasta para mantenernos allí.

Pero esto es un plan a largo plazo. A corto plazo nos conformamos con organizar un encuentro siguiendo la estela de los ladyfests y festivales feministas autogestionados varios, pero en la playa y a lo grande, con gente de los infrandergrounds de muchos sitios. Hemos participado en las ediciones de Madrid y Barcelona, como organizadoras, músicas, público… y son burbujas en las que parece que la revolución feminista ya ha triunfado. La propuesta artística es crítica, arriesgada, rica y diversa, la horizontalidad está presente en toda la organización, en las dinámicas y en el ambiente están presentes los cuidados y el respeto… Es una maravilla. Como decían las ladies del último Ladyfest Barcelona: «Estamos creando un Ladyfest transfeminista, horizontal, autogestionado, de código libre, anticapitalista, transgeneracional, corporal, placentero, orgásmico y fiestero porque deseamos que el universo sea así».

En vuestras canciones incluís localismos propios de la escena por la que os habéis movido. ¿Creéis que algo así distancia al oyente de fuera de Madrid o que induce a pensar en los propios referentes y ponerles nombre?

En nuestras canciones hay referencias concretas, no solo a Madrid, también a nuestro momento, a nuestros referentes culturales más inmediatos. Es cierto que mucha gente no los conocerá y se perderá algún matiz específico, pero por lo general los nombres aparecen en un contexto en el que se entiende su significado simbólico, y apelan a la experiencia de quien lo escucha que, aunque en unas circunstancias algo diferentes, habrá vivido algo parecido.

¿Os sentís identificadas con la inevitable etiqueta de «grupo de chicas”? A nosotras el equivalente masculino más parecido que se nos ocurre es «Boy Band», que no presenta más empaque que el de un grupo de macizos que venden una música prefabricada y una imagen muy, muy concreta.

Sí nos interesa que sea visible que somos mujeres haciendo música, para contribuir a abrir espacios y a romper con la hegemonía masculina en este entorno. Pero no nos gusta la etiqueta de «grupo de chicas». Nos parece que muestra la barrera de prejuicios que se levanta ante una mujer haciendo algo que se sale de su rol establecido, en este caso, montar un grupo de música. Nuestro mensaje y nuestro proyecto se opacan tras una contemplación superficial. No es necesario señalar que somos un «grupo de chicas», como si eso definiera en algún sentido lo que hacemos, sino darnos voz y espacio y escuchar lo que tenemos que decir.

El mensaje que conllevan vuestras letras puede ser el que cada uno haga suyo y, evidentemente, tiene un alto grado de subjetividad. Lo que hemos tenido claro desde el principio es que en vuestras canciones se narran imágenes, vivencias y preocupaciones con las que muchas veces nos podemos identificar. ‘Vitaminas’, por ejemplo, responde a una preocupación que para nosotras está muy presente ¿Hasta qué punto creéis que la sociedad es cada vez más exigente y en particular con las mujeres?

Nos encanta que la gente conecte y se identifique con nuestras canciones; es uno de nuestros principales objetivos a la hora de hacer música. En Vitaminas hablamos de cómo el capitalismo exprime a las mujeres hasta dejarnos exhaustas. La canción es sobre todo una crítica a la falta de soluciones sociales a esta situación. En lugar de liberarnos de la doble función que cumplimos como trabajadoras y cuidadoras, la respuesta que se nos proporciona desde la publicidad y los medios es tomar vitaminas y suplementos energéticos para que seamos aún más fuertes, más productivas y podamos soportar la sobrecarga a la que estamos sometidas sin quejarnos demasiado.

La reivindicación festiva, a la que vosotras apeláis, ¿puede tener actualmente más peso en las conciencias que la ‘seria’? ¿Creéis que a través de acciones culturales promovidas y protagonizadas por mujeres se puede llegar a un público más amplio?

Creemos que las dos son importantes. Reflexionar de forma seria y reposada permite llegar a ideas profundas y significativas. Pero también hacer política en la fiesta y la cultura, porque son lugares en los que ponemos nuestras alegrías y nuestras pasiones, donde tejemos nuestras relaciones. Es fundamental luchar por transformar también esos espacios. También queremos reivindicar el placer en nuestra forma de hacer política. Nos representa la proclama del Riot grrrl: «Si no puedo bailar, esta no es mi revolución». En nuestro caso, creemos que la ligereza de las canciones es un vehículo que funciona muy bien para sacar el discurso a pasear más allá de los libros y transmitir ideología en la pista de baile. Para nosotras es la mejor forma de hacer llegar nuestras ideas a gente que quizá no se interesaría por otras vías. Al final la música va más allá del baile y los estribillos perduran más allá de la fiesta, es una de las vías que tenemos para comunicarnos con el entorno que nos rodea.

El feminismo de base, el que surge de nuestras acciones cotidianas, probablemente tenga más peso en la actualidad. Mencionáis a Virginia Woolf (aunque sea para aludir a un hecho muy común en nuestro país) en «Una habitación propia». ¿Cuáles pueden ser las referencias del feminismo hoy en día? ¿Cuáles son las vuestras?

Bebemos de una mezcla muy ecléctica de referencias, entre las que se entremezclan textos teóricos como Crítica del pensamiento amoroso, de Mariluz Esteban, con la antiacademia de Teoría King Kong, de Virginie Despentes, o los fanzines de Bikini Kill. Además, estamos muy atentas a referencias inmediatas y a las personas que las hacen posibles, como los fanzines Quién coño es, Queer Madriz o todo lo que publica Bombas para desayunar, festivales como Ladyfest, Tremenda Fem Fest, Madgrrrl Fest…, medios de comunicación como Píkara Magazine o el programa de Radio Sangre Fucsia, Hacia el Sur en el Atlántico.

Punk, garaje, noise, pop ye-ye… El eclecticismo de influencias que se destila en ‘Futuras esposas’ es amplio y golpea con contundencia. ¿Os gusta que os definan e intenten centrar vuestro sonido o preferís que todo esto fluya en la composición sin preocuparos de etiquetas?

Dentro de nuestro planteamiento como grupo no le damos ningún valor a las etiquetas, de hecho nos parece que tratar de seguirlas solo puede conducir a un ejercicio de estilo que no nos interesa. Pero como herramienta comunicativa sí puede tener algo de sentido, para entender cómo recibe la gente las canciones, cómo las encuadra en su marco de referencias.

Habladnos del colectivo Sisterhood y de lo que ha significado en vuestra manera de actuar o ver el mundo.

Sisterhood es un colectivo feminista dedicado a la agitación cultural. Quisimos intervenir los espacios de ocio y cultura en los que nos movíamos, haciendo que sucedieran los cambios que anhelábamos: que hubiera tías tocando, programando, que la organización fuera horizontal, que en las narrativas mediáticas se incorporaran voces y miradas desde los feminismos, que primara el proceso sobre el producto, que el intercambio funcionara al margen del interés económico o comercial… Para ello hicimos uso de nuestros dispositivos favoritos: fanzines, discos, canciones, conciertos, películas, encuentros… Y en el núcleo de todo, construimos una red de afectos, afinidades y activismo. Sisterhood ha supuesto muchas cosas maravillosas, nos ha permitido disfrutar de momentos increíbles, hacer realidad proyectos de forma colectiva (traer grupos a tocar a Madrid y hacernos sus amigas, publicar un fanzine repleto de artículos, poemas e ilustraciones que nos vuelven locas, programar un documental sobre la segunda ola feminista en la Filmoteca de Madrid, montar un taller de música con perspectiva feminista para adolescentes, disfrazarnos y hacer teatrillos que incorporaran reivindicaciones políticas…), pero sobre todo ha sido un espacio de encuentro, y en ese sentido es como ha afectado de forma más significativa a nuestras vidas: nos ha permitido encontrar a gente increíble que hoy forma parte de nuestras redes más cercanas.

Tener como respaldo en la promoción y contratación a Desvelo es uno de los saltos que seguramente da mayor difusión de vuestro trabajo. Al trabajar con una agencia liderada por mujeres, ¿hay una influencia y satisfacción más coherentes?

Desde luego. Desvelo se autodefinen como feministas, tanto las personas que lo componen como la empresa, lo que facilita que sus dinámicas y las nuestras fluyan de manera mucho más armoniosa. Entienden nuestro mensaje y nuestra visión política y no solo la respetan sino que la apoyan. No nos imaginamos trabajando con alguien que no lo hiciese. Además, en nuestra manera de funcionar juntas priman los cuidados y el diálogo, lo que es muy importante en este proceso que estamos viviendo de pasar de un entorno autogestionado y feminista, en el que los únicos objetivos son políticos, artísticos y de placer, al entorno más masivo y comercial de la industria musical.

Como consumidoras de música y espectadoras de conciertos, echamos en falta descubrir bandas que con su entrega en el escenario rompan con los esquemas existentes hacia las bandas de mujeres. ¿Creéis en la necesidad de tener esas referencias y darles visibilidad para que la única opción no sea esas otras propuestas de mujeres que supuran dulzura y delicadeza?

Totalmente. Respetamos mucho a las mujeres «que supuran dulzura y delicadeza», aunque nosotras no seamos así, pero creemos muy necesario incorporar otros referentes más variados en los escenarios y festivales que reflejen la diversidad de inquietudes, perspectivas y modelos que existen en el resto de ambientes. Creemos que esto invita a que más mujeres trasciendan su rol tradicional de espectadoras y le pierdan el respeto a hacer música, a jugar con el sonido y probar sin miedo a equivocarse o hacerlo lo suficientemente bien. Además, estamos convencidas de que el público también lo está deseando, en parte nuestra buena acogida es signo de ello.

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Susana Godoy (Zaragoza, 1976) es valenciana de adopción, maestra y profesional del ámbito de la diversidad funcional. Desde hace unos años da forma a sus inquietudes musicales como redactora y fotógrafa en el blog ‘Alquimia Sonora’.

María Carbonell (Valencia, 1977) es licenciada en Derecho e Historia del Arte. Vive entre Almería y Valencia y es redactora y fotógrafa en ‘Alquimia Sonora’, así como colaboradora en la revista digital ‘Los ojos de Hipatia’ y directora de la promotora Pita Sound.

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