19.04.2016

Lección exprés para aprender a mirar paisajes

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Barbadillo en Los Galayos, Gredos.

Barbadillo en Los Galayos, Gredos.

El divulgador naturalista Francisco Javier Barbadillo Salgado acaba de sacar ‘Manual para observar e interpretar paisajes’, un curioso libro en la editorial Tundra que nos ha llamado la atención por cuanto nos enseña a mirar la naturaleza. Porque un paisaje es como un libro, que hay que saber leer, cuyo lenguaje hay que entender. Hemos hablado con el autor y le hemos sometido a un cuestionario exprés para que nos oriente en esta fascinante tarea de saber mirar lo que nos rodea.

Barbadillo Salgado es de Madrid, aunque suele decir que no nació allí, “que le nacieron”. Su padre procede de un pequeño pueblo burgalés, Tordueles, en la comarca del Arlanza, y fue allí, junto a su río, montes, cultivos, eras, tenadas para guardar los rebaños y bodegas, donde verdaderamente nació su amor a la naturaleza.

Ha participado en 14 libros sobre Naturaleza, colaborado en revistas como Quercus y Turismo Rural, y publicado dos guías de campo sobre vegetación del Pirineo. Su último libro nos abre los ojos al campo con ciencia y poesía, con datos y sensibilidad. Explica cómo César Manrique potenció la identidad del archipiélago canario y cómo la Generación del 98 supo valorar la estética del paisaje límite castellano-leonés.

Baste este párrafo sobre cómo anima el viento los paisajes como muestra del detalle de lo que nos cuenta Francisco Javier, de cómo nos enseña a mirar: “El viento barre brumas, limpia la visión de los paisajes e incorpora en ellos movimientos y sonidos. Agita la vegetación, desplaza las nubes, remueve la hojarasca, ondula las aguas y los herbazales, proyecta partículas minerales que pulen el roquedo o desplaza y amontona arenas o nieve. En su vuelo penetra huecos y resquicios de roca, árboles y casas, ondea banderas, velas y ropas o es hendido por ramajes, cables y mástiles. Sopla entre lo sólido, ya se le doblegue o se oponga, hasta ulular o silbar con intensidad inquietante”.

Francisco Javier, ¿los paisajes que más te impactaron en tu adolescencia y juventud? ¿Alguno que te influyó especialmente, que te hizo cambiar en algún sentido?

Me inicié como naturalista en paisajes de la Sierra de Guadarrama, de las mesetas burgalesas del Arlanza y de Pirineos. De muy joven sentía una irresistible atracción por los verdores norteños, como los de Asturias… Pero un amanecer de invierno, camino de Cádiz, me abrió los ojos a las luces del Sur. Aquello tornó ambivalente mi brújula interna.

¿Cómo son los paisajes más habituales de tu día a día?

Intento vivir haciendo divulgación y publicidad (soy un híbrido de publicista y naturalista). Acabo de publicar Manual para observar e interpretar paisajes, edito el blog El último rincón (enelultimorincon.blogspot.com) y administro el grupo de Facebook Club AMIGOS del PAISAJE. Vivo a 40 kilómetros de Madrid, en Collado Villalba; así que ese es mi paisaje habitual ahora, con las cumbres del Guadarrama en mi horizonte.

¿Los paisajes que ahora más te relajan, que te descansan la mirada?

Paisajes de aguas limpias y serenas en ríos o lagos, que son escenarios de quietud y reflexión. Y también paisajes de monte mediterráneo, más o menos abierto o adehesado, con herbazales ralos y aromas de tomillo, jara y lavanda.

¿Y los que más te animan o te dan energía, que te pongan de buen humor?

Sin duda, los paisajes de alta montaña: severos, enérgicos, masivos, desafiantes y siempre bellos. Lugares donde la Vida es aún más milagro, más intensa y cierta que en ninguna parte. Donde la mente y el corazón se acompasan en cada paso.

Un paisaje que tengas pendiente de visitar, al que ahora más anheles viajar.

Quedan muchos; el catálogo de paisajes parece no tener fin… Islandia, Nueva Zelanda, Polinesia siguen pendientes. Otros destinos visitados me siguen tentando: Andes, Himalaya… Cualquiera de ellos es en sí un mundo, varias vidas por dedicar.

Alguno que hayas redescubierto, con el que te hayas reconciliado, al que no apreciaras antes lo suficiente y ahora valores más…

En general, los paisajes áridos de tierras bajas, ramblas sureñas, y arenales y dunas marítimos. Lugares pobres en vegetación y ricos en adaptaciones extremas de la Vida. A ellos añado los paisajes urbanos, su fascinante encuentro-desencuentro con los paisajes naturales.

Y algunos que te preocupen especialmente, por su conservación, por las amenazas que los agreden… 

En nuestro país: los paisajes fluviales, humedales y bosques de ribera. Maltratados sin miramiento, cuando no borrados del mapa. Sufren contaminación y un alto porcentaje de su estructura y dinamismo ha sido cercenado.

Retomando tu libro ‘Ecolegía’, dinos algún ‘chascarrillo’ de la naturaleza del que te hayas enterado últimamente.

Más que haberme enterado, me lo he inventado. Es este: “Un campesino, con sumo tino, dijo: sembré tanto ajo que ahora mi paisaje es… un país-ajo”.

Para terminar, y enlazando con tu blog, recomiéndanos un último rincón.

Como último rincón puede designarse a lugares remotos o a parajes ocultos, algunos tan cercanos y cotidianos que ya no reparamos en ellos. Cada rincón del planeta puede ser el primero… O el último.

Más sobre editorial Tundra.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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2 comentarios

  • El 19.04.2016 , Alex Mene ha comentado:

    Buena entrevista, buenos paisajes.

  • El 26.04.2016 , Fernando Ávila Vico ha comentado:

    Este libro nos abre las ventanas de nuestro entorno y nos enseña a asomarnos con una mirada atenta que descubre detalles en los que antes no reparábamos.
    Viajando por sus páginas, no sólo aprendemos a leer los paisajes sino que nos aventuramos a compartir con el autor momentos de paciente observación, emociones intensas y reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de nuestro planeta.

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