22.05.2017

Todos somos diferentes: libros y consejos contra el acoso escolar

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Una ilustración del libro 'Orejas de mariposa', de Luisa Aguilar y André Heves. Editorial Kalandraka

Una ilustración del libro ‘Orejas de mariposa’, de Luisa Aguilar y André Heves. Editorial Kalandraka

Necesitamos héroes y heroínas para acabar con el acoso escolar. Niñas y niños valientes. La única manera que existe para acabar con el acoso escolar, o ‘bullying’, es trabajando conjuntamente toda la comunidad educativa, incluidas las familias, sin que nadie mire para otro lado. Tratando a cada alumno por sí mismo y no como un número más en el sistema. Viendo que las aulas están llenas de diversidad y no de cabezas. Hablamos del tema con el escritor y maestro Fernando J. López y con Miryam Aguirre, editora de NubeOcho; y ofrecemos una guía con una decena de libros infantiles para trabajar todos juntos contra esta horrible lacra, que se está disparando con las redes sociales.

Ha llegado el momento de comprometerse. De dejar de decir que “eso son cosas de críos” o “conmigo también se metían en el colegio y aquí estoy”. Ha llegado el momento de decir: se acabó. Porque todos podemos ser víctimas de acoso, más en estos tiempos en que las redes sociales pueden dispararlo y convertirlo en viral multiplicando el dolor y la humillación de las víctimas.

Los datos son escalofriantes. Los casos de acoso escolar casi se duplicaron en 2016 respecto a 2015 y crecieron un 240% en los dos últimos años, según el II Estudio sobre bullying y ciberbullying realizado por la Fundación ANAR https://www.anar.org/ y la Fundación Mutua Madrileña. Según Irina Bokova, directora general de la Unesco, “el acoso escolar es una violación grave del derecho a la educación y un problema real del que los colegios deben ser conscientes para convertirse en lugares seguros para todos”. Los centros educativos tienen que visibilizar la realidad con proyectos sólidos donde se trabaje el tema, no ocultando la realidad para evitar que el centro sea tildado de conflictivo.

La diversidad no se trabaja porque en el aula aparezca un alumno de otro origen geográfico y tratemos durante unos días los aspectos más folclóricos de su cultura. El aula es un crisol de diversidad; cada alumna o alumno es único. Y como seres únicos tienen derecho a ser tratados. Algo cada vez más difícil en un país donde las aulas están masificadas y los maestros y maestras apenas damos para más, donde los programas de formación se han recortado y se obliga a los centros a que compitan entre ellos en un ranking de notas y no de valores, proyectos o pedagogías.

Fernando J. López, escritor y dramaturgo, pero ante todo maestro, lleva años cruzando la península, saltando de colegio en colegio y de instituto en instituto casi sin tocar el suelo. Hablando y haciendo visible la realidad del acoso, que afecta al 4% de los alumnos escolarizados, según el Ministerio de Educación. En un descanso del #NandoTour, como él mismo habla de esta experiencia, nos ha respondido a unas preguntas sobre el tema.

¿Cómo ves el estado actual del acoso en nuestro país?

Por desgracia, es una situación preocupante, porque tanto los docentes como los propios alumnos y sus familias se preguntan cómo hacer frente a las nuevas formas de acoso que, a través de las redes sociales, han superado los límites del aula para llegar a afectar a la intimidad de los adolescentes. El acoso ya no se circunscribe al marco escolar, sino que llega, a través de la pantalla de su móvil, también a la soledad de su habitación. En el lado positivo, sin embargo, veo una comunidad escolar cada vez más concienciada con el problema. En la mayoría de los centros que visito encuentros dos realidades; por un lado, programas contra el acoso escolar que suelen contar con la colaboración del claustro y del alumnado; por otro, confesiones de alumnos que, a veces a mano alzada y a veces a través de redes como Instagram o Twitter, me cuentan que han sido víctimas de situaciones de acoso escolar o familiar como las que se cuentan en dos de mis libros, Los nombres del fuego y La edad de la ira.

Desde tu experiencia, ¿por dónde tendríamos que empezar para ponernos a trabajar en serio sobre el acoso?

Es un tema complejo que requiere una acción amplia y que ha de ser parte de la política del centro. Lo primero que requiere la lucha contra el acoso es la unión de la comunidad educativa y la implicación de todos sus miembros: docentes, alumnos y familias. El bullying no se puede atajar con acciones individuales o puntuales, sino con una labor conjunta y con una dirección clara. Por otro lado, evitar el acoso supone trabajar la empatía y la educación emocional: no solo hacia el dolor del acosado, sino también del acosador. La mayoría de los casos más graves nacen de situaciones donde quien ejerce de verdugo en el aula es, a su vez, víctima en otro contexto –familiar, social…- y no se puede frenar el acoso desde mensajes buenrollistas o bienintencionados: hay que hacer un trabajo real sobre las situaciones y emociones de nuestros alumnos. Para ello sería esencial que la educación emocional y en valores fuera una parte vehicular de nuestro currículum y no un contenido transversal, como sucede en Secundaria y Bachillerato. Además, las tutorías –condenadas a su mínima expresión en los institutos tras su supresión y reducción en la última reforma- no ayudan a que se dialogue ni aborden estos temas.

También es necesaria una mayor presencia de los departamentos de Orientación: ¿cómo pretendemos prevenir el acoso cuando apenas tenemos un orientador por cada mil alumnos? ¿De verdad se puede trabajar con las vidas y las emociones así?

Además, es preciso que los profesores podamos recibir más formación eficaz sobre este tema: iniciativas posibles, métodos, estrategias… Y, por supuesto, es imposible frenar el acoso cuando las cifras de alumnos por aula están alcanzando números idénticos a los de la extinta EGB: hay que perseguir una educación individualizada, donde podamos conocer a nuestros alumnos y, de este modo, prevenir situaciones de acoso y de violencia. Cuando cada profesor ha de dar clase a 200 o más alumnos a la semana, resulta difícil que esa individualización sea real.

Por último, hay que recordar que el acoso no es un problema exclusivo de las aulas: los adolescentes del siglo XXI no son más violentos que los de finales del XX. El acoso ha cambiado sus formas, sí, pero es una realidad que, lamentablemente, ya existía y, lo que es peor, ahora se ha hecho extensivo al mundo adulto, donde la transformación de determinados personajes públicos en motivo de burla, ya sea vía trendig topic en Twitter o convirtiéndolos en bufones de determinados realities, forma parte de nuestra cotidianidad. ¿Cómo pretendemos convencer a los niños y adolescentes de que reírse de un compañero es algo que puede llegar a hacerle mucho daño cuando ven que esa burla –los famosos zascas tuiteros- se ha adueñado de nuestra forma de comunicación adulta?

¿Cómo implicar a los alumnos/as en este proceso?

Solo hay que darles la palabra; en cuanto les pidamos su opinión, se implicarán. No necesitan charlas moralistas, ni discursos que les hablen de un futuro donde eso ya no dolerá, pues su tiempo y su momento es el ahora. Recientemente se hacía viral un mensaje hablando de cómo los acosados del ayer son los artistas del hoy y, honestamente, me parece un mensaje que no es nada positivo: el acoso no tiene que ver exclusivamente con cuestiones creativas y nace por situaciones muy diversas, de modo que convertir ese dolor en algo que te hace especial es, además, de tramposo, doblemente frustrante. Para implicar a los alumnos no tenemos que hablarles desde el yo, sino dejarles hablar desde el ellos: qué sienten, qué viven, qué ven… Cuanto más protagonistas se sientan de la vida en el aula, más partido tomarán en ella. Es más, los programas que mejor funcionan para prevenir el acoso son aquellos liderados por alumnos ayudantes. Es aconsejable identificar a los alumnos con más dotes sociales para ayudarnos en esa tarea de detectar situaciones conflictivas e incluso, desde iguales, de mediar en ellas. Por otro lado, es bueno emplear la ficción –literatura, series, cine- para plantearles situaciones que suelen ser motivo de acoso, como la realidad LGTB –por ejemplo-, y plantear debates donde abordar estas cuestiones de manera abierta y libre. Cuanto más hablen, más aprenderán a respetarse.

¿Desde la Administración se está haciendo algo?

Se hace, sin duda, pero no lo suficiente. Faltan más programas de formación y más iniciativas contra el acoso en nuestras aulas. Leyes como la que recientemente aprobaba la Comunidad de Madrid contra el acoso homofóbico son un avance deseable en este sentido. Ojalá solo sea un inicio de un proceso mucho más grande.

El escritor Fernando J. López.

El escritor Fernando J. López.

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En estos días la editorial NubeOcho, muy comprometida con promover en sus libros una actitud de respeto hacia la diversidad, ha lanzado dos libros donde se habla claramente del tema. Su apuesta es la prevención frente al acoso. Que los niños y las niñas tengan conciencia, que sepan identificarlo, que sepan llamarlo por su nombre. Para que tanto si son acosados como si ven a un compañero que lo está siendo, puedan hablar del tema, pedir ayuda y no sentirse solos. Su apuesta es fuerte, porque estos dos libros hablan del tema abiertamente. Sin eufemismos, sin metáforas edulcoradas que puedan confundir el mensaje. Libros imprescindibles y necesarios en las bibliotecas públicas y escolares. Hemos hablado con Miryam Aguirre, editora de NubeOcho junto a Luis Amavisca, para que nos cuente los orígenes de ¿Qué le pasa a Uma?, de Raquel Díaz Reguera, y ¿Qué le pasa a Nicolás?, escrito por Juana Cortés e ilustrado por Raquel Díaz Reguera.

¿Por qué habéis decidido apostar por estos libros?

El acoso escolar es terrible; una realidad que tenemos que afrontar todos juntos, concienciar, hablar de empatía y hablar de ello en las casas y en el aula. Es fundamental hablar de respeto y de inclusión, estamos formando a las nuevas generaciones y desde NubeOcho nos parece fundamental colaborar en este proceso. El acoso escolar es algo que desde que nació NubeOcho nos hacía pensar mucho. ¿Cómo afrontarlo? ¿Qué perfil es el más adecuado? Eran muchos los posibles enfoques… Nuestro primer libro en este sentido fue La princesa Li. El año pasado lanzamos el álbum ¡Eso no es normal!, de Mar Pavón, ilustrado por Laure du Fay, para los más pequeños (a partir de 3 años). Habla de que todos somos diferentes, de que no tienen que existir complejos, de autoestima y respeto al prójimo. También hemos lanzado libros que hablan de diversidad y empatía. Como la novelita Greta y el circo de Simba yo-yo, de nuestra querida Juana Cortés, magnífica escritora premio Tiflos de novela. Y este año hemos publicado Ni guau ni miau para hablar de diversidad y respeto. Han sido muchos, y la colección de La pócima mágica en novela también habla de acoso escolar y de diversidad (a partir de 10 años).

¿Y qué nos dices respecto a estos dos últimos libros?

Los dos proyectos de este año son muy específicos sobre acoso escolar. ¿Qué le pasa a Uma?, escrito e ilustrado por Raquel Díaz Reguera, es una belleza poética, habla de un tipo de acoso específico: la exclusión. Algo muy cruel que por desgracia sucede mucho. Raquel Reguera se implicó en este proyecto de manera increíble y quiso ilustrar la novela de Juana Cortés ¿Qué le pasa a Nicolás? El primero es un álbum ilustrado, a partir de unos 6 años. La novelita de Nicolás es a partir de 8. En la editorial además hemos hecho unas fichas para trabajar los libros con ayuda de profesores, psicólogos y escritores.

¿Cómo trabajar la empatía desde estos libros?

La empatía es fundamental para afrontar temáticas como ésta. En NubeOcho trabajamos mucho este valor, muchos de nuestros libros apuestan por ellos. Sin empatía nos rodearía un mundo terrible. Cuando leemos, nos metemos en la piel del protagonista. Los niños, los lectores, los adultos que lo leen, se meten en la piel de Uma. Sienten qué siente Uma y sienten qué siente Nicolás. En nuestros libros hay un final propositivo, posibles enfoques para encontrar soluciones. En ¿Qué le pasa a Uma? la solución viene de la mano de una magnífica profesora que ayuda a entender que nadie es “raro”, y que si todos fuéramos iguales el mundo sería horroroso. En ¿Qué le pasa a Nicolás? Sofi, la amiga de Nicolás, tendrá una idea maravillosa. Crear un grupo de “Protectores”, un muro, un círculo que velará por el respeto. Los “Protectores” defenderán al niño acosado.

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Aunque no es fácil encontrar libros donde se aborde el tema abiertamente, os ofrecemos aquí varias sugerencias donde se habla de acoso o nos permiten trabajar la diversidad tanto en el aula como en el ámbito familiar.

‘Malena Ballena’. Davide Cali y Sonja Bougaeva. Libros del Zorro Rojo.

Cada miércoles, Malena va a la piscina y cada miércoles las niñas se ríen de ella. Y es que Malena pesa mucho, demasiado, tanto que le llaman ballena. Pero un día, su monitor de natación le enseña un truco y su vida comienza a cambiar… Sí, una de las primeras discriminaciones que se hacen es por el aspecto físico. Altos, gordos, delgados… Cualquier cosa que nos haga destacar es susceptible de ser juzgada con el fin de ridiculizarnos. Esta entrañable historia le da la vuelta a los clichés y los pone de nuestro lado. Una historia que trata un tema delicado con mucho sentido del humor, con respeto y en busca de fomentar la autoestima de aquellos niños y niñas que puedan estar viviendo una situación parecida. Y es que, como dice el monitor de Malena, “somos lo que pensamos que somos”.

‘Orejas de mariposa’. Luisa Aguilar y André Heves. Kalandraka.

Sacar partido de nuestras diferencias es un primer paso para empezar a trabajar nuestra autoestima y para demostrar a los demás que nos aceptamos y que queremos que nos acepten. Porque aquello que nos caracteriza hay que ponerlo en valor para distinguirnos como seres especiales y únicos. Basta ya de decir que todas las niñas y todos los niños son iguales. Mentira. Conocer nuestras diferencias y aceptarlas tal como somos hace que nuestra personalidad se vea reforzada. Cualquier tontería, hasta la más mínima, puede ser motivo de parodia entre niños y niñas. Este libro demuestra lo ridículo que es mofarse de semejantes tonterías. Quien no tiene las orejas grandes es bajo o tiene el pelo rebelde. Afortunadamente, somos distintos, porque, si no, sería un aburrimiento insoportable ir al colegio o bajar a jugar al parque.

‘Juul’. Gregie De Maeyer y Koen Vanmechelen. Lóguez Ediciones.

Un libro duro, pero imprescindible. De una belleza incuestionable que no deja indiferente a nadie, sobre todo cuando conoces su origen. La historia de Juul parte de una noticia sobre un chico belga de 13 años que se suicida tras haber sufrido vejaciones a manos de otros niños. Algo que por desgracia es más habitual de lo que creemos. Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen han hecho un libro aparentemente duro como cálida y comprometida llamada de atención para esos adultos que se llenan la boca de decir “eso son cosas de niños”.

‘Ni guau ni miau’. Blanca Lacasa y Gómez. NubeOcho.

¿Y qué pasa cuándo no te gusta lo que supuestamente te tendría que gustar? ¿Qué pasa cuando todo el rato te sientes fuera de lugar? Pues que en muchos casos recibes críticas y te toca ser juzgado. Y además se necesita mucho valor para romper con esos prejuicios y lanzarse a buscar aquello con lo que realmente te identificas. Es lo que le pasa a Fabio, un perro diferente. No le gusta nada de lo que les gusta a los otros perros. Un día, Max descubre que Fabio desaparece cada noche y decide seguirlo… Y así descubre que su amigo Fabio prefiere hacer otro tipo de cosas…

Ilustración del libro 'Malena Ballena', de Davide Cali y Sonja Bougaeva. Libros del Zorro Rojo.

Ilustración del libro ‘Malena Ballena’, de Davide Cali y Sonja Bougaeva. Libros del Zorro Rojo.

‘Dorothy, una amiga diferente’. Roberto Aliaga y Mar Blanco. Cuentos de Luz.

Dorothy es muy especial y no sabe muy bien cómo funciona el mundo. Dorothy es muy, muy grande. Siempre deja caer migas cuando come y a menudo se le posan pájaros en la cabeza sin que ella se dé cuenta. Por estas y otras razones, los demás niños y niñas no la aceptan y le piden a otra niña que no sea amiga suya. Pero afortunadamente hay niños y niñas sin prejuicios que sienten empatía hacia niñas como Dorothy. Este entrañable y divertido libro nos desvela la riqueza que encierran todas las personas especiales que tenemos a nuestro alrededor.

‘Martín’. Alaine Agirre y Maite Gurrutxaga. La Topera.

Este premio Lazarillo 2015 nos cuenta la historia de Martín, un amigo que no es como todos los demás. Es dos años mayor que los niños y niñas de su clase, no le gusta que le abracen, pero se le puede abrazar con los ojos y con las sonrisas. Y mandarle besos desde la nariz sin necesidad de tocarlo. A Martín no le gusta que sus compañeros se burlen de él. Y lo hacen simplemente porque es distinto. Martín es un libro lleno de sensibilidad que hace que tanto las escuelas como el mundo den un paso más y sea más acogedores.

‘La niña silencio’. Cécile Roumiguière y Benjamin Lacombe. Edelvives.

Para muchos niños y niñas acosados, el mundo no es otra cosa que una guarida de lobos. Un lugar hostil, donde todo es oscuridad y silencio, y donde les pasan cosas que no se pueden controlar por el miedo que sienten. Estos niños y niñas, como la protagonista de esta historia, conocen dos tipos de días, los rojos y los azules. Y necesitan de alguien que les proteja, les aporte seguridad y les ayude a romper sus silencios para que todos los días sean azules.

Esta historia es un tirón de orejas para aquellos maestros y maestras que no dan la cara por los niños y niñas acosadas, y sabe felicitar a aquellos valientes que dan protección y seguridad.

Ilustración de 'Rojo, o por qué el Bulling no es divertido'. Jan de Kinder. Tramuntana.

Ilustración de ‘Rojo, o por qué el Bulling no es divertido’. Jan de Kinder. Tramuntana.

‘No te metas conmigo’. Pat Thomas. Editorial Juventud.

Un libro que habla abiertamente de los acosadores, de cómo son y cómo los podemos identificar. Los miedos, las preocupaciones y los interrogantes que suele plantear el acoso están recogidos en estas páginas. Un libro muy accesible para los más pequeños, con preguntas sin respuestas que cada niño y niña tendrá que resolver. Un libro que fomenta la interacción entre niños y niñas, las familias y los maestros para desde casa y desde el aula tomar conciencia de este problema.

‘Rojo, o por qué el Bulling no es divertido’. Jan de Kinder. Tramuntana.

La mayoría de las veces, el acoso suele empezar por una cosa sin importancia. Un tontería sacada de lugar que da origen a que todos y todas se pongan en contra de alguien y lo conviertan en víctima. Un tontería que hace que Tomás se sonroje y eso sea divertido para todos…, menos para Tomás. Cada risa que llega a sus oídos hace que Tomás se hunda más. Todo es cada vez más violento. Tomás es empujado y todo parece imparable. Hasta que una maestra, con las explicaciones de algunos niños y niñas valientes, se percata de qué es lo que esta sucediendo en el día a día de la escuela.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
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