Milestone Project, paredes que hablan
17.07.2015

Milestone Project, paredes que hablan

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Alejandra y Judit con su pony Pitufa junto a uno de sus grafitis favoritos -obra de Cyop & Kaf- en el polígono de Vilaroja junto a la Font de la Pólvora en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Alejandra y Judit con su pony Pitufa, junto a uno de sus grafitis favoritos -obra de Sam3 titulada ‘El día más largo’- en el polígono de Vilaroja, junto a la Font de la Pólvora en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Girona lleva cuatro años haciendo hablar a muchas de sus paredes. Con la convocatoria Milestone Project, artistas como Quelic, Pastel y Escif dejan su huella para que muros y medianeras proyecten el sentido de la libertad de expresión, de la convivencia, de los lugares de encuentro. Para que los murales construyan barrio. Como dice Escif, “una pared pintada deja de ser un límite para convertirse en un canal de comunicación abierto, con el que se puede llegar a mucha gente”. Este año, ‘El Asombrario’ estuvo allí.

Sirva el mágico momento, ocurrido casi al aterrizar en la ciudad, como ejemplo. “No hay justicia al cumplir leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, siguiendo la tradición de la desobediencia civil, oponernos a este robo privado de la cultura pública”. El autor de la cita es Aaron Swartz, uno de esos niños prodigio de Internet que dedicó gran parte de su vida a la lucha por el libre acceso de la información a través de la red. En sus investigaciones desenmascaró vínculos entre grandes y poderosos grupos de presión y ciertas alteraciones de la información pública. Swartz se convirtió en uno de los protagonistas de la edición de este año de Milestone Project gracias a Quelic, nombre de guerra de un artista local. Quelic rebautizó varios espacios públicos con el nombre de algunos activistas por la libertad de información. Encargó placas a la misma empresa que fabrica las originales de mármol que identifican calles y plazas de Girona y por unas horas la Plaza de la Constitución pasó a llamarse Snowden; la Plaza de la Independencia se transformó en la de Julian Assange, y la Rambla de la Libertad se convirtió en la de Aaron Swartz.

El Milestone Project de Girona ha cumplido su cuarta edición y este año, más que nunca, calificarlo de Festival de Arte Urbano sería reduccionista. Si se hace un pequeño esfuerzo por mirar más allá de ladrillos, estucados, sprays, esmaltes y pigmentos, se descubre con agrado, y a veces con sorpresa, que la cita resulta ser mucho más que pintar paredes. Entre el 13 y el 27 de junio pasado en Girona hubo política, pensamiento, filosofía, antropología, sociología, arte y sobre todo mucha, mucha belleza. Formal y de fondo.

Quelic se fotografía junto a

Quelic se fotografía junto a Karen Rae Horwitz. Foto: Manuel Cuéllar.

Ocurrió justo bajo la señal con el nombre de Swartz cuando Quelic explicaba las intenciones de su trabajo. Cuatro turistas estadounidenses descubrieron el nuevo nombre de una de las calles más hermosas de la ciudad y se detuvieron a preguntar con un gesto entre la incredulidad y el asombro. El artista les aclaró que se trataba de una acción artística reivindicativa, que el nombre de Aaron se utilizaba casi en su calidad de héroe por la libertades. Entonces una de las mujeres se echó a llorar desconsolada. Se llama Karen Rae Horwitz y fue vecina de Swartz durante toda su infancia. “Mi hijo Andrew y él estaban siempre juntos, iban al mismo colegio, al menos hasta que Aaron se fue a la universidad. Era muy brillante y se marchó muy pronto. Era un muchacho demasiado peligroso como para dejarle trabajar en libertad“, explicó la mujer. Las casualidades no existen. El 19 de julio de 2011, Aaron Swartz fue acusado en Estados Unidos de haber descargado masivamente documentos protegidos por leyes de propiedad intelectual. Días antes de conocer su sentencia, que podría llegar a más de 50 años de prisión y a una multa de más de 4 millones de dólares, se ahorcó en su apartamento de Brooklyn. Así lo firmaron los forenses. Tenía 26 años.

La Plaza de la Constitución rebautizada como Plaza Snowden por el artista Quelic. Foto: Manuel Cuéllar.

La Plaza de la Constitución rebautizada como Plaza Snowden por el artista Quelic. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra del Eltono realizada en el número 34 de la calle de

Obra del Eltono realizada en el número 34 de la calle de Joan Maragall de Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Karen y Quelic se hicieron fotos bajo el nombre de Swartz, intercambiaron sus números de teléfono y varias instantáneas de la instalación viajaron vía whatsaap y correo electrónico hasta la ciudad más poblada del Estado de Illinois. Se cerraba así ese círculo invisible entre comunicador, mensaje y receptor. La acción cobró vida entre Chicago y Girona, entre la embajada de Ecuador en Londres -donde Assange vive refugiado- y esos lugares indeterminados en los que se esconden Edward Snowden, en Rusia –según dicen- y Aaron Swartz, “donde quiera que esté”, como dijo Karen. Y en ese mismo momento también fuimos conscientes de que este texto, trufado de nombres de luchadores por la verdad, terminaría sin remedio en la bandeja de entrada de algún fichero de la CIA o la NSA. La vigilancia mundial es un hecho. “De eso se trataba”, explica Quelic, “de mostrar la hipocresía que muchas veces se esconde tras palabras como constitución, independencia y, sobre todo, libertad”.

Las aguas del Ter y el Oñar no son suficientes para sofocar el calor instalado en la ciudad catalana. Acompañados por los dos directores de Milestone Project, Ignacio Moltó y Xavi Masó, nos adentramos en La Font de la Pólvora, una de las barriadas más problemáticas de las afueras de Girona. Un par de titulares para ponernos en situación. El 3 de septiembre de 2014, El País publicaba: “El 70% de los 500 pisos de la Font de la Pólvora de Girona tienen la luz pinchada”. 22 de noviembre de 2014, Diari de Girona:Queman seis vehículos durante la madrugada en la Font de la Pólvora”. Los críos van en bañador y los jovencitos, repeinados, imitan a sus ídolos del fútbol con ostentosos pendientes de falsos diamantes en las orejas. Mujeres en la calle observando cómo los payos ponen bonitas algunas de las paredes de sus edificios; a estas horas en las que cae un sol de justicia, se ven pocas.

El artista argentino Pastel en la cesta de la grúa en la Font de la Pólvora de Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

El artista argentino Pastel en la cesta de la grúa en la Font de la Pólvora de Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

La obra en curso de Pastel en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Pastel trabajando en su obra en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

El mural de Pastel en la Font de la Pólvora, terminado. Foto: Milestone Project.

El mural de Pastel en la Font de la Pólvora, ya terminado. Foto: Milestone Project.

En la carretera que da entrada al barrio, a mitad de camino, hay una escalinata “que los vecinos usan como si fuera su propio salón”, asegura el artista y arquitecto argentino Pastel. “Pues yo he venido aquí a decorarles su salón”. Una enorme pared medianera en un bloque de cuatro pisos ofrece una tregua de sombra según avanza la tarde. A los pies del artista, en la plataforma de una grúa de unos 15 metros, se marchitan flores, hierbas y otras plantas. Han sido sus modelos. “Siempre inspecciono el entorno en el que voy a pintar para basarme en la flora y la vegetación autóctonas”, explica el tímido dibujante mientras los chavales le gritan medio en broma medio en serio que mejor hubiera sido que pintara unas hojas de marihuana gigantes. En la cabeza de Pastel queda la seguridad de que ha contribuido a afianzar un plan maestro que no estaba diseñado por ninguna administración: que un lugar cualquiera de un barrio periférico se convierta en espacio público de encuentro y unión. Una extensión de los hogares de los ciudadanos de la Font. Un sitio amable en el que descubrirse, debatir, fumarse un cigarrito o dar rienda suelta a sus aficiones. Un lugar simplemente para vivir.

Pastel y Escif han sido los artistas escogidos por la organización para actuar en la Font de la Pólvora. O tal vez ha sido el espacio el que los ha elegido a ellos. “Una de las peticiones de Escif consistía en realizar sus obras en un barrio determinado”, explica Ignacio Moltó, “y hacerlo aquí, en un lugar deprimido, con mayoría de población gitana, una especie de gueto para los habitantes de la ciudad adinerada, nos parecía no sólo un reto y una forma de tratar de hacer algún bien por ellos, también significaba investigar sobre eso que entendemos por espacio público, precisamente el tema sobre el que versa la parte de discusión y debate del festival”. Efectivamente, Milestone Project ha logrado que la Font de la Pólvora aparezca, por primera vez, en la sección de Cultura de los periódicos en lugar de en la de sucesos. Puede que amantes del arte urbano se acerquen hasta allí para ver las obras de estos dos grandes. “Sí, pero lo primero que te dicen los vecinos del barrio es que mejor podría invertirse ese dinero en darles puestos de trabajo o infraestructuras. Su lógica no entiende que vengan unos extraños a pintarles las paredes. Es más que comprensible”.

Puede que las pinturas que quedarán en la Font de la Pólvora no sean para sus casi 1.900 vecinos más que su “favorita fantasía desvanecida”, parafraseando el título del último y maravilloso disco del cantautor Damien Rice (My favorite faded fantasy), cuya portada ha sido realizada por Escif. El artista valenciano, que esconde celosamente su identidad, es licenciado en Bellas Artes y especialista en Arte Público por la Universidad Politécnica de Valencia. “Uno de los más importantes e influyentes del mundo”, según Moltó. Algo más de una semana convivió con los moradores de la Font de la Pólvora antes de ponerse manos a la obra con una determinación muy clara: “Una pared pintada deja de ser un límite para convertirse en un canal de comunicación abierto, con el que se puede llegar a mucha gente”.

Ignacio Montó, uno de los directores de Milestone Project, sentado a la entrada de La Font de la Pólvora en girona con un mural de Escif a su espalda. Foto: Manuel Cuéllar.

Ignacio Montó, uno de los directores de Milestone Project, sentado a la entrada de La Font de la Pólvora en Girona, con un mural de Escif a su espalda. Foto: Manuel Cuéllar.

El jinete sin cabeza, la rueda y los limones de Escif en la Font de la Pólvora. Fotos: Manuel Cuéllar.

El jinete sin cabeza, la rueda y los limones de Escif en la Font de la Pólvora. Fotos: Manuel Cuéllar.

¿Mi carro?. Mural de Escif en la Font de la Pólvora. Foto: Manuel Cuéllar.

¿Mi carro? Mural de Escif en la Font de la Pólvora. Foto: Manuel Cuéllar.

Casi una novela costumbrista ha dejado escrita en los muros de la Font. Allí se tropezó con ese personaje anclado en el pasado que aún insiste en pasearse por el barrio a lomos de un caballo. Desde la montura le pidió que no retratase su rostro y ahí lo ha dejado congelado en la pared del colegio galopando para siempre decapitado, como si se hubiera escapado de la película Sleepy Hollow. La entrada y la salida del barrio son territorio de gitanos portugueses que solicitaron, por supuesto, un gallo, su símbolo. Escif atendió también esa plegaria. Un hombre, demasiado pequeño para el tamaño del animal, lo pasea atado con una cuerda al cuello. ¿Símbolos que empequeñecen a la persona? Tal vez. En la plaza del Limón, prácticamente el epicentro del barrio, con su bar y su panadería, dibujó un limón y magdalenas y cruasanes voladores y una rueda, emblema gitano por excelencia. Para no quedarse en la superficie, Escif recurrió al humor. Está claro que el barrio tiene problemas. En la empalizada que da al campo de fútbol dibujó a un hombre con casco y vestimenta de piloto de carreras que conduce un coche al que sólo le quedan las ruedas y el volante. Un hombre que parafraseando a Manolo Escobar se prengunta: “¿Mi carro?”.

En las plazas y escalinatas, al atardecer, Escif asistió a las competiciones de jilgueros, deporte nacional en la Font. Prácticamente hay uno en cada casa. Los sacan a pasear en jaulitas pequeñas de madera tapadas con un pañito blanco. El que mejor canta, el que destaca y sobresale, el que más responde a su adversario es proclamado vencedor. Esta costumbre del barrio fue, probablemente, una de las que más le impresionaron. Tanto como para realizar una de las mejores obras que ha dejado en su actuación durante esta edición de Milestone Project. En el mismo muro del coche sin chasis, el nombre de Jesús se mezcla con una cruz, un corazón que encierra la palabra Love y un par de pollas dibujadas con spray negro. Es uno de esos grafitis cutres que a nadie le gustaría ver en las paredes de su vecindario. En lugar de borrarlos y preparar la pared, Escif decidió posar cinco pequeños jilgueros sobre los feos dibujos. Pequeños pájaros que pasan desapercibidos si uno no se detiene a observar con curiosidad. Unos pajarillos que se convierten en metáfora de la belleza escondida en ese barrio que a simple vista no es otra cosa que una sucesión de bloques anodinos construidos en los 60 para albergar a inmigrantes. Una belleza sutil que está ahí esperando no sólo a que el visitante se detenga lo suficiente como para observarla, también a que los habitantes de la Font, desconfiados por naturaleza de los forasteros, tengan a bien mostrarla superando el prejuicio de quien los observa.

Obra de Ome i Nadie de la edición de 2012. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Ome i Nadie de la edición de 2012. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Interesni Kazki. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Interesni Kazki. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Malakkai de la edición de 2013. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Malakkai de la edición de 2013. Foto: Manuel Cuéllar.

Volvemos a la ciudad dispuestos a observar la marcha del gigantesco mural que está dibujando Eltono, maestro francés del arte conceptual y geométrico, en el número 34 de la calle de Joan Maragall. También está subido a una enorme grúa para llevar a cabo esa especie de jeroglíficos en una enorme pared. A su espalda, dialoga con un esqueleto y unos preciosos gorriones que ya son parte del paisaje urbano desde que Blu, en colaboración con Erica il Cane, los dibujara en 2013. Bajo las vías del tren, en un lugar que denominan Sotavies Urban Gallery, trabajan Kram, Btoy, Spy, Sam3 y Jofre Oliveras. Ponen su granito de arena para convertir esta zona de Girona en una de las mayores galerías de arte urbano de Europa. Son días en los que todo gira en torno al arte con exposiciones, debates, conferencias, acciones, talleres… Lo explica perfectamente Puigdemont i Casamajó, alcalde de Girona: “Gracias al festival, la ciudad cuenta con grafitis artísticos de los mejores artistas del mundo en sus calles, plazas y rincones. Año tras año, llega el Milestone Project como un preámbulo del verano con una invasión de artistas que se suben por las paredes para llenarlas de historias, conceptos y colores. Durante dos semanas podemos disfrutar de los grafiteros urbanos que realizan en directo y en tiempo récord murales monumentales y sorprendentes”.

“El arte urbano es una forma de encuentro que interpela a los que circulan por el espacio público. Es una forma de expresión que irrumpe en espacios residuales que pasan desapercibidos por ser grises y no tener un uso concreto. Son esos espacios que no consiguen ser definidos la expresión de la paradoja del propio espacio público”, escriben los responsables de Milestone Project en la presentación de esta edición del festival. Si visitan Girona, además de sus casas asomadas al río, su catedral y sus rincones que aparecen en las guías para turistas al uso, no dejen de hacerse con un plano de las intervenciones artísticas que decoran la ciudad. El mapa del tesoro de la belleza y las paradojas escondidas.

Jilgueros de Escif en La Font de la Pólvora en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Jilgueros de Escif en La Font de la Pólvora, en Girona. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Kram en la Sotavies Urban Gallery realizada en esta edición. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Kram en la Sotavies Urban Gallery realizada en esta edición. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Blu y Erica il Cane de la edición de 2013. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Blu y Erica il Cane de la edición de 2013. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Erica il Cane de la edición de 2012. Foto: Manuel Cuéllar.

Obra de Erica il Cane de la edición de 2012. Foto: Manuel Cuéllar.

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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