21.06.2017

La negación del feminismo, ¡¿qué está pasando?!

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Cartel pro feminismo.

Cartel pro feminismo.

Algo se ha vuelto a agitar en las avenidas del feminismo. Y no me refiero a las manifestaciones contra el impune asesinato de mujeres y contra modos aún más sutiles de la violencia que todas habitamos, o contra la desigualdad económica y la precarización del trabajo. Ante ese espanto importa seguirse rebelando. Pero la agitación a la que me refiero no es esa sino esta otra: la negación del feminismo entre las mujeres que ocupan hoy lugares de privilegio. Las que defienden con descaro un ”antifeminismo’ que niega el problema de género y las que, más enmascaradas y subrepticias y también más contemporáneas, asumen un feminismo desteñido que ya nada se parece al movimiento originario.

POR LINA MERUANE

Ese falso feminismo —ese seudo-feminismo— aparece ahora que tantas pueden optar a una educación universitaria. Ahora que más mujeres consiguen trabajos dignos en vez de alienantes. Ahora que pueden encontrar parejas que las respetan y que están dispuestas a compartirlo todo como iguales. Insisto: no es que no haya asuntos urgentes por resolver (porque nada está bien para una inmensa mayoría de mujeres, son multitud las que viven vulneradas entre nosotras); lo que digo es que hay más mujeres con privilegios hoy. Y por más que sea relativa esta categoría, la del privilegio, por más que cunda en ciertas ciudades, en ciertas clases, entre ciertas profesionales, por más que esas mejoras sean siempre relativas han hecho cundir la idea de que “todo está bien” y la perversa pregunta: “de qué nos quejamos hoy”.

¿Qué ha pasado? ¿Nos creímos que la situación personal de mejora es la realidad de todas? ¿Privatizamos nuestros conflictos y los resolvimos como pudimos puertas adentro? ¿Nos cansamos de pelear una vez solucionadas nuestras propias dificultades? ¿Se nos olvidó que otras lucharon por los derechos que adquirimos, y que hace falta pelear por quienes aún no los han conseguido? ¿Se nos acabó el combustible de la solidaridad?

Es esto lo que acusa, sin tanta pregunta retórica, con extraordinaria agudeza y escasa clemencia, un ensayo de lo más puntudo que he leído en mucho tiempo. Las colegas feministas, las feministas-de-tomo-y-lomo entre las que me cuento, van a levantar las cejas cuando lean, en la próxima línea, que ese libro se titula Why I am not a feminist (Por qué no soy feminista). Y no me sorprendería que las levantaran —las cejas y las pancartas, los puños, los signos mentales de exclamación—, porque muchas antifeministas del pasado han usado esa misma frase para anunciar su desafiliación de la causa.

El problema, según lo plantea Jessa Crispin en su potente manifiesto antifeminista (o más bien, anti-ciertos-devenires-del-feminismo-occidental), no es que las mujeres estén descartando el título feminista. En rigor, en su mayoría, lo están abrazando con un extraño entusiasmo. Se trata, sin embargo, de un abrazo traicionero: lo que asumen como feminismo no es ya lo que el movimiento había sido, una causa insolente, un ideario radical. Es este el abrazo a un falso feminismo, ese que buscó hacerse universalmente aceptable, ese que para reclutar multitudes hizo toda clase de concesiones, rechazó la lucha, alienó a las pensadoras más punzantes y a las quemadoras de sostenes. Uno que agachó tanto el moño que ya no consigue despeinar a nadie. Se volvió completamente banal. Mera comodificación. Es por eso que pudo ponerse “de moda” ser feminista.

Qué fácil parece ahora considerarse feminista, dice Crispin (yo la traduzco). Ese feminismo cool (y de cool lo tildo yo, por feminismo fresco, por feminismo sin ardor) no exige renunciar a ningún privilegio, no requiere compartirlo, no le pide a las mujeres hacerse responsables de sus actos. Es más: cualquier decisión femenina, por mezquina que sea, por más injusta, por más explotadora, por más frívola, por más conservadora, se vende como una decisión feminista. Como un acto de merecida liberación. Ser feminista desde esa clave implica aprovechar la realidad histórica de la víctima como escudo ante toda crítica. Significa usar la desigualdad de todas para obtener la igualdad de apenas unas pocas. Es justificar cualquier forma de empoderamiento, cualquier mejora de la propia vida, aun cuando esta implique pisotear las de quienes están por debajo, hombres o mujeres, pobres, marginales, discriminados, inmigrantes.

Y peor, murmura Crispin con justificada amargura: escindidas del debido deber social y de toda conciencia política, demasiadas mujeres aplauden a otras cuando logran posiciones de poder históricamente masculinos (sin atender a las concesiones que han hecho para estar ahí, y quedarse), o cuando alcanzan una situación económica (sin reconocer el modo en que han explotado a otros), o cuando se hacen célebres (sin examinar qué han hecho a lo largo de sus carrera por apoyar a otras en el ascenso). La problemática medida de este feminismo es el cómo me va a mí por encima del cómo nos va a todas y a todos. Y es ese el punto más urgente de la crispada invectiva: ese seudo-feminismo que transó la lucha colectiva, se olvidó de la desigualdad de clase y la discriminación racial, se vendió a los valores del capitalismo. Puso su atención en un éxito privado que se mide en signo peso y que devalúa los afectos, la compasión, la solidaridad, el “vivir juntos” en comunidad.

En esa agitación, Crispin habla de reponer en el horizonte de nuestras preocupaciones e interrogantes un compromiso con los demás. Llama a pensar cómo transformar la realidad desde sus fundamentos en vez de conformarnos con una mejora cosmética por acá y otra por allá. Porque no se trata solo de salir a la calle con pancartas ni solo protestar cómodamente desde un sillón, apretando una tecla; se trata de examinar cómo cada uno de nuestros actos puede contribuir concretamente a mejorar la vida de quienes tenemos alrededor y de implementar valores solidarios en vez de simplemente repetir los mecanismos de competencia y los modelos de éxito que el sistema nos ofrece, para cooptarnos. Hay que poner a funcionar nuestra capacidad de respuesta, dice Crispin. Hay que recuperar nuestra imaginación propositiva, digo yo. Se llame o no se llame “feminista”.

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Sobre el autor

buensalvajees
Buensalvaje es una revista cultural de ideas feroces y formas exquisitas, de ahí que algunos prefieran llamarnos Bonsauvage. Dirigida por David Villanueva y Manuel Guedán -de la editorial Demipage- cuenta además con una manada de firmas: Alberto Olmos, Juan Gracia Armendáriz, Richard Parra, Lina Meruane, Joan Losa, Mónica Ríos, Fernando Valls, Sergio C. Fanjul, Javier Moreno, Andrea Morán, Guillermo Aguirre, Ana March, Víctor Balcells, Mireia Pérez, Antonio M. Arenas, Mateo de Paz, Rafa Ruiz, Carlos Yushimito, Jean-François Martin, François, Matton, Ana Esteban, Esther García Llovet, Azahara Alonso, Javier Sáiz, Sarah Bienzobas, Ana Blé, Ana Esteban, Ignacio Trillo Imbernón, Carlos Pott, los miembros de Estado Crítico, Pepe Prieto (Hotel Arizona Radio Enlace) y María Carbonell y Susana Godoy (Alquimia Sonora). La edición en papel se distribuye bimestralmente en librerías de toda España. La cabecera Buensalvaje, además, se publica en Perú, Colombia, México y Costa Rica.

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10 comentarios

  • El 21.06.2017 , Orfeo ha comentado:

    ESTÁ PASANDO QUE VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD CIENTÍFICA EN LA QUE SABEMOS QUE HACIA LAS SEIS SEMANAS DE EMBARAZO EL FETO YA ES UN NIÑO (EL CORAZÓN LATE) Y LAS FEMINISTAS RECIBEN MEDALLAS Y ADULACIONES DE LA PRENSA POR DECIR QUE ABORTAR NIÑOS SANOS EN EMBARAZOS SIN RIESGO PARA LA MADRE DESPUÉS DE ESTE TIEMPO ES UN DERECHO DE LA MUJER. ASESINAR NIÑOS NO ES UN DERECHO.

    • El 21.06.2017 , jesus ha comentado:

      Bebes: son niños de 0 a 2 años, cumplidos.

      Niños serán de 2 a 11 años cumplidos.

      A partir de 12 años cumplidos, se consideran en la mayoría de los establecimientos como persona adulta.

      Creo que abortar según lo anterior no es “asesinar niño/as”

      Y ya si nos ponemos, la palabra asesinar significa:
      “Matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa”

      Ninguna madre tiene ensañamiento o recompensa por abortar y acabar con esa vida, y si crees que lo hacen con alevosía te pondré de nuevo la definición de alevosía: “Circunstancia de haberse asegurado quien comete un delito contra las personas de que no corre ningún riesgo que pudiera provenir de una reacción defensiva por parte de la persona atacada”.
      Estoy seguro que las madres no piensan que el feto se vaya a defender y tener una reacción contra ella, para eso ya estáis vosotros los que estáis contra el aborto, para atacar despiadada-mente, y si te fijas la definición habla de “delito” y el aborto legal no es un delito.
      Así que en la frase ASESINAR NIÑOS NO ES UN DERECHO, te equivocas en todo, ni es asesinar, ni son niños y si que es un derecho.

      • El 21.06.2017 , Sergio B ha comentado:

        No veo clara tu definicion de bebe como “son niños de 0 a 2 años” cuando nino lo pones luego aparte, seran seres humanos de entre 0 a 2 anos. Te olvidas de definir feto que son seres humanos de -(no se cuantos) meses a 0, pero se que abortar un feto de menos unos dias es ilegal por que se considera ya un ser humano. Ya que luego te pones tan academico, la definicion de la rae de nino incluye persona de poco anos, asi que tu definicion es equivocada o personal, como prefieras.

        Tu definicion de asesinato es exacta a la de la RAE, no la de alevosia, (Cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el delincuente. Es circunstancia agravante de la responsabilidad criminal.) que no exige que el dano pueda provenir de la persona contra la que se ejecuta el delito, pero mucha gente entiende asesinato por la intencionalidad, mas que por esos tres agravantes penales (puedes buscar asesinar en wordreference).

        En una reivindicacion, normalmente se intenta cambiar la realidad para que algo que no es real o legal lo sea, cuando las mujeres salen por ahi, con pancartas sobre la igualdad, lo que dicen tampoco es cierto, pero desean que lo sea. Asi que si, ahora mismo es un derecho, por eso se reivindica en contra de ello.

        No digo yo que entre los antiabortistas no haya un monton de machistas protestando contra las mujeres por que es su rollo, pero tambien pueden haber gente que considere el feto como un ser vivo que se merece proteccion y mas alla de compartir sus ideas o no considero que se merezcan escarnio. Por eso se adopta un compromiso entre las mujeres pueden hacer lo que quieran con su cuerpo y un ser humano tiene derechos antes de nacer, por eso es legal abortar hasta ciertos meses y no hasta el nacimiento.

    • El 22.06.2017 , Carmen K ha comentado:

      Estoy hasta las narices de la resignificación del lenguaje que implica llamar asesinato al aborto o a matar animales. Los recién nacidos no son considerados ‘personas’ por el Ordenamiento Jurídico español hasta que no viven separados 24 horas de la madre. Si mueren antes se les anota en un legajo de abortos en el Registro Civil. Ni siquiera la Iglesia Católica los considera personas y por tanto no los entierra ni celebra funerales bajo su rito ¿Pero es que nadie ha reparado que a los bebés que nacen muertos o mueren en el parto ni siquiera se les da nombre?
      Los antiabortistas mas papistas que el Papa, como siempre.

  • El 21.06.2017 , Irene ha comentado:

    Esto explica por qué los movimientos racistas mas fuertes de Europa, en Francia y en Alemania, son liderados por mujeres. La mentalidad capitalista ha hecho estragos entre los trabajadores y también entre las mujeres. Pero cuando se habla de feminismo siempre habría que especificar de qué feminismo se habla: el occidental? el musulmán? El árabe y laico? etc.

  • El 21.06.2017 , Sergio B ha comentado:

    Asi que Crispin se ha dado cuenta de que al feminismo le ha pasado lo mismo que la lucha obrera, a lucha contra el racismo y en fin, ha todos los movimientos liberadores contra el poder que estan siendo machacados desde los 80, es una genio.

    Por cierto, el cartel es me recuerda a los de promocion de la segunda guerra mundial, no tiene nada que ver con el feminismo, pero quien sabe,

  • El 21.06.2017 , Enrique ha comentado:

    El feminismo actual no tiene nada que ver con el original, ahora el feminismo busca privilegios en forma de cuotas y discriminación positiva, defiende leyes contrarias a la igualdad ante la ley, y promueve la búsqueda de la igualdad solo en aquellos aspectos de la vida social que le interesan.

    No es feminismo, es nazismo. FEMINAZISMO.

    • El 21.06.2017 , Mery ha comentado:

      No digas sandeces por favor. El feminismo es de los pocos movimientos sociales que no ha herido a nadie, sacrificado vidas y tampoco ha sometido a tortura y opresión a los hombres, cosa que el nazismo sí que hizo con otros pueblos. Dejad de identificarlo con una ideología y sistema político que vulneró deliberadamente derechos humanos fundamentales. La discriminación positiva busca la presencia de la mujer en la vida pública y social para que no quede relegada a la cultura machista (ama de casa, madre y objeto sexual sin educación ni formación). Se puede discutir sobre si sigue siendo tan necesaria hoy en día como hace unos años o, si lo es, cómo se puede mejorar. Pero, EN NINGÚN CASO, la generalidad de los hombres de este país sufre debido a la discriminación positiva, una anulación de derechos como la que sí han sufrido las mujeres a manos del machismo a lo largo de la historia. Eso si que era nazismo. Y si yo estoy aquí hoy como mujer libre para guiar mi destino con todas las consecuencias, expresando lo absurdo de tu opinión, es gracias al feminismo. Ninguna mujer puede permitirse el lujo de no ser feminista, de no estar en guardia, de no perderle la huella al patriarcado. No pensemos que mantendremos lo obtenido por arte de magia, por no nombrar lo que aún se nos escapa de las manos.

  • El 21.06.2017 , P. Gómez ha comentado:

    Será porque mucha gente ya no percibe el feminismo como un movimiento que busca la igualdad y la justicia, sino como algo que unas cuantas extremistas han convertido en revanchismo, ventajismo y confrontación generalizada.

  • El 22.06.2017 , Víctor García ha comentado:

    El problema de la percepción distorsionada del Feminismo por amplios sectores de la población, para nada anula el valor del movimiento. Lo mismo puede decirse de cualquier otra deformación o percepción sesgada que se pueda tener de cualquier movimiento o corriente de pensamiento.

    Lo más común para desestimar ideas que son contrarias a nuestras creencias es recurrir a lo que los anglosajones llaman “Name Calling”, como ejemplo: el uso casi compulsivo de la palabra “Feminazi”. El problema se presenta cuando generalizamos en base a información circunstancial o anecdotica, sin dar argumento relevante alguno que sirva de sustento a nuestra discrepancia. Es más fácil salir con lugares comunes como “Feminazi”, “Libtard”, “Redneck”, “Commie”…etc. Además, al parecer lo hace sonar a uno hip, moderno y cool.

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