21.12.2016

La lucha de la nieta de Cousteau para frenar el cambio climático ¡ya!

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Alexandra Cousteau libera un tiburón después de marcarlo a bordo del RV Alabama Discovery. Foto: Oscar Durand / Expedición Blue Planet

Es normal que su vida esté vinculada al agua: a los pocos meses de edad ya viajaba a bordo de uno de los barcos más famosos de la historia, el Calypso. Alexandra Cousteau (Los Ángeles, 1976), nieta del icónico y carismático oceanógrafo, ambientóloga y ecologista, ha pasado por Madrid para amadrinar la segunda temporada de la serie ‘Los años que vivimos peligrosamente’ (premio Emmy en 2014 a mejor serie documental), una producción a cargo de National Geographic y Acciona que se ha estrenado recientemente en nuestro país y que trata de poner rostro a los estragos causados por el cambio climático en todo el mundo. ‘El Asombrario’ estuvo con ella para hablar de desastres ecológicos, de Donald Trump, la guerra de Siria…

Por DIEGO HERNÁN

Con su fundación, Blue Legagy, Alexandra Cousteau trata de concienciar sobre los recursos hídricos y la necesidad de empoderar a la gente a través del agua: “El agua es el problema más crítico que tenemos ahora en el mundo. Es el vehículo a través del cual nos afecta el cambio climático. Ya sean las sequías, la desertificación, las tormentas, las inundaciones, el deshielo de los glaciares y del ártico, la subida del nivel del mar…”. En su opinión, las crisis provocadas por los recursos hídricos van a seguir produciéndose, y con peores resultados. “El elemento clave va a ser la disponibilidad y la calidad del agua. No creo que la gente vaya a luchar por un río, pero esta situación va a provocar movimientos de población que traerán consecuencias, como en el caso de Siria. En el fondo es una guerra creada por unas circunstancias climáticas: una gran sequía, los agricultores emigran hacia las ciudades, en las ciudades no hay para todos… y desemboca en un conflicto y en la crisis de refugiados que estamos viviendo”, añade la divulgadora. Es necesario, dice, empezar a tomar partido si no queremos seguir sufriendo los efectos del calentamiento global, que pueden ser irreversibles. En su opinión, el Acuerdo de París llega 20 años tarde -”todo esto ya se habló en Río”- pero, al menos, se ha generado a nuestro alrededor la “inercia” necesaria para que estas medidas finalmente sean una realidad.

La naturalista Alexandra Cousteau. Foto: Blue Planet.

La naturalista Alexandra Cousteau durante el rodaje de un documental. © Blue Legacy/Oscar Durand

Cousteau insiste en la idea de que no podemos cargar a otros con el muerto de la sostenibilidad, porque cuidar de nuestro planeta es una responsabilidad que compartimos como especie. “No son solo los políticos o la industria, todos tenemos que participar en el cambio. Está en nuestra mano hacer que los políticos acepten el cambio climático y recompensen a esas nuevas tecnologías y a los líderes que proponen soluciones, es la única opción que tenemos; pero, a la vez, la gente tiene que tomar parte de esa solución”. Y explica que son los pequeños gestos en nuestro día a día hacia una cultura más sostenible los que van a marcar finalmente la diferencia. “Muchos de estos cambios pueden ser realmente positivos y hacen el mundo mejor, está bien saberlo, ¿no? Está bien saber que tu carne no ha causado deforestación en el Amazonas; que tu comida no ha viajado 2.000 millas para llegar hasta tu plato; que tu ropa se ha elaborado de forma sostenible… Además, a veces pensamos que esos pequeños cambios que podemos hacer en nuestro día a día van a reducir nuestra calidad de vida y eso no es cierto. Los cambios que tenemos que hacer no son sacrificios a un nivel individual; son el tipo de decisiones que nos deberían hacer sentirnos orgullosos al saber que estamos contribuyendo a cambiar las cosas”.

Como el legendario Jacques-Yves Cousteau, y después su padre, Philippe -al que apenas llegó a conocer, porque murió en un accidente de avión cuando ella solo tenía 3 años-, la ambientóloga se dedica a recorrer el mundo y luchar contra las agresiones que sufren los ecosistemas, para luego contarlo. Piensa que la comunicación medioambiental tiene mucho que aprender del legado de su abuelo. “Él era un gran contador de historias. Se centraba en la aventura humana, porque en los 50 y 60 no había realmente una conciencia ambiental. Y ayudó a propagar esa idea aunque no fuera la concienciación en sí misma. Esa aventura humana que retrataba consiguió inspirar a mucha gente: todo el mundo tiene una historia que recuerda sobre Cousteau, todos dicen que les hubiera encantado estar a bordo del Calypso… Y por eso era brillante. Lo que consiguió fue crear una aventura en la que te apetecía participar. Eso no se está haciendo lo suficiente: lo que se está trasladando más es la parte del miedo, de las consecuencias y eso -aunque te informe y te meta el miedo en el cuerpo- no te inspira, o no lo hace tanto como una historia de aventuras, inclusiva, en la que realmente te apetezca embarcarte”. De ahí también su decisión de avalar la serie de National Geographic Los años que vivimos peligrosamente. En ella, diferentes famosos como Gisele Bündchen, David Letterman, Jack Black y Schwarzenegger conocen en primera persona las experiencias que sufren diferentes comunidades de diferentes rincones del planeta por culpa de los excesos medioambientales sin control.

“Exploradora, contadora de historias, madre, terrícola”: así se define en su perfil de Twitter ¿Cree que hablar de la posibilidad de visitar otros planetas es, de alguna forma, tirar la toalla con éste? “Ojalá prestásemos mayor atención a proteger lo que tenemos aquí. Este es el Jardín del Edén, y se está convirtiendo en el Paraíso Perdido… Así que personalmente no me atrae la idea de ir a Marte. Quizá sea una idea fascinante, pero la verdad es que lo que nos hace felices como seres humanos es la naturaleza. Quiero explorar y proteger lo que tenemos aquí. ¿Por qué voy a querer ir a Marte si tengo posiblemente todo lo que quiero justo aquí? Lo que no quiero es ver todo esto morir, y eso es lo que está ocurriendo. Todo el mundo sabe lo que ha pasado con la Gran Barrera de Coral, y hay ejemplos así por todas partes. Eso es lo que tenemos que prevenir. Porque con Marte o sin Marte, este por ahora es nuestro hogar y, al menos que queramos que esto parezca Marte, necesitamos hacer algo para proteger lo que valoramos”, dice Cousteau.

Y, como es lógico, acaba saliendo el tema Trump. Su reacción es una sonrisa comprensiva: no es la primera vez que le preguntan por lo mismo en las últimas semanas. Como estadounidense, cree que esta situación tiene mucho que ver con la pasividad. “Sí, Trump es un desastre. Tenemos que aprender a que no debemos dar las cosas por sentadas. Si para algo debe servir Trump o el Brexit es para recordarnos que no debemos dejar de luchar por las cosas que nos importan porque, cuando olvidamos que tenemos que hacerlo, es cuando perdemos. No hay plan B”.

Alexandra Cousteau, una vida dedicada al agua. 

En Francia se acaba de estrenar ‘L’Odyssée’, , de Jérôme Salle, un biopic sobre la figura de Jacques Cousteau. Y siempre nos quedará ‘The Life Aquatic With Steve Zissou’ el homenaje de culto de Wes Anderson a uno de sus héroes de juventud.

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