04.12.2017

Perros que tienen una persona dentro

Menéalo
Foto: Victoria Iglesias.

Foto: Victoria Iglesias.

Dice que los perros con fortuna viven para comer, dar y recibir amor. Que su cerebro mueve directamente su rabo y por eso no pueden engañar. Que a veces son más listos que los humanos, porque los humanos se dejan llevar por las apariencias y el perro tiene mucho olfato. Mi hijo también dice que cuando les mira a los ojos ve personas dentro.

Todas las mañanas pasamos por el “Anchanté”, que es como llamamos a la zona del parque donde se olisquean, se atrapan, juegan y husmean el rastro de unos y otros entre la hierba fina. A finales de verano, el “Anchanté” estaba lleno a eso de las 8.30, rumbo al cole. Pero ahora, con las mañanas más frías, hay menos y los hacen caminar tan tiesos que el “enchanté” suele ser breve y escaso.

Marchan con paso ligero, sin pausa, a veces a tirones hasta que no quede más remedio que parar para dejarles que levanten la patita.

En esas, y en las otras, está Musa (con ese nombre le aleccionan), fina, de color canela y cara afilada…, reteniendo tiempo entre la mirada impaciente de su dueño que prepara una bolsa a la vez que tira con desgana una colilla. Mi hijo y yo miramos con resignación. Parece que no les queda más remedio que hacer sus necesidades en medio de todo y con mirones. Hasta que afortunadamente… aparece, por fin, en el otro lado del puente… él, ¡¡¡el PERRO!!!

Marrón de patas negras, con las orejas doradas que se balancean a la vez que corre cara al viento que peina su pelazo abundante y rizado dejando despejados unos ojos negros y un hocico prometedor…

El PERRO viene suelto y Musa ladra, luego da un tirón, que hace que “el de la colilla” pierda la rienda, y empieza a correr desenfrenada en su busca. Cuando se tienen ya cerca se tientan, se persiguen en círculos y mueven alegremente el rabo (o es el rabo el que les mueve a ellos). Mi hijo, que está observando la escena, se parte de risa muy atento. Musa entonces se queda quieta mientras el PERRO grande marrón de patas negras la huele; después ocurre lo mismo pero en sentido inverso. Están en medio del puente, el olor del agua sube hasta la superficie de asfalto gris mientras en el cielo se perfilan unos cúmulos cada vez más dorados. Una bandada de gaviotas sobrevuela sus cabezas y dejan a su paso el eco de su graznido. ¡¡¡Musa y el PERRO marrón de patas negras se han saludado!!! Y están pues eso: encantados de conocerse. Se ha producido el esperado “enchanté” y es lo único del mundo que puede importar en ese momento.

No sé hasta que punto se puede trasladar esta escena al mundo de los humanos. Sí, es una escena de anuncio, pero en los humanos un encuentro así arrastra siempre un pasado o determina un futuro: de fracaso, de pesquisas, de táctica, de compromiso, de decepción.

Mi hijo dice que al perro le interesa el momento y que los niños a medida que crecen son más interesados.

Que los perros con fortuna viven para comer, dar y recibir amor.

Que su cerebro mueve directamente su rabo y por eso no pueden engañar.

Que a veces los perros son más listos que los humanos porque los humanos se dejan llevar por las apariencias y el perro tiene mucho olfato. (Esto me lo explicó después de ver la peli Yo a Boston y tú a Calfornia: mami, sólo el perro se da cuenta de que es la otra, la gemela).

Que el Border Collie, al que considera como el más inteligente, es su perro favorito y si te despistas se convierte en tu pastor…

Creo que se ha convertido en un analista, en un filósofo de perros quizás porque siempre está deseando tener uno y mientras tanto se agacha a acariciar a todos los que encuentra en el camino.

Cuando hago retratos, ocurre que al mirar fijamente a la persona que tengo delante durante ese tiempo, algunas veces y de repente veo saltar su yo casi en 3D. Sí, como esas láminas de puntos que cuelgan en algunas salas de espera y que sólo mirando fijamente consigues ver lo que ocultan (estereogramas creo que se llaman).

Mi hijo, ahora, lleva unas semanas dibujando perros. A los que primero deja que le huelan y después acaricia. En el suelo apoya su cuaderno y observa, mientras empieza a definir con el lápiz contornos imposibles de orejas, ojos y hocicos. Si el perro se mueve, Marco se mueve. Si el perro aparta la cabeza, él la atrae hacia él. Y al final, como Musa y el PERRO marrón de patas negras, terminan bailando en círculo. Después de treinta minutos, a veces más, otras menos, se levanta pensativo, callado, circunspecto, sin dejar de mirar el cuaderno a la vez que va pasando los dedos por los trazos del dibujo. Es una tarea difícil, creo que piensa, algo que le confunde a la hora de retratar perros, que le desconcierta pero que también le agrada profundamente.

Me cuentan, que el otro día, después de un rato ausente una vez finalizado el apunte, llevó a su cara una mueca de revelación y desde esa nobleza enternecedora dijo:

“Daddy, when I look at a dog… sometimes I see people inside…, and that makes me believe in

reencarnation even more!!!

“Papi, cuando miro a un perro algunas veces veo gente dentro… y eso me hace creer, incluso más, en la reencarnación”.

Foto: Victoria Iglesias.

Foto: Victoria Iglesias.

Menéalo

Sobre el autor

Victoria Iglesias

Victoria Iglesias.
Fotógrafa y periodista. Ha publicado sus trabajos en la numerosas cabeceras de comunicación nacionales y extranjeras: El País Semanal, Panorama, París Match , MTV Magazine, El Magazine de la Vanguardia, Interviú, Grupo Z, Cosmopolitan, Vogue…; habiendo participado en numerosas exposiciones de fotografía, tanto individuales como colectivas. Su trabajo no sólo gira en torno al retrato (en sus comienzos, una de sus fotos de Camarón fue seleccionada en el Ortega y Gasset de periodismo), también deambula entre el reportaje de viaje, social (Chiapas, Libia, Sinaí…), el mundo editorial (Alfaguara, EB, Planeta…) y la fotografía artística. La Caja Oscura, pinceladas pixeladas (2015) y Miradas literarias (2016) son sus exposiciones individuales más recientes.

En Twitter: @viglesiasphoto
El blog de Victoria Iglesias

¿Quieres leer más artículos de este autor?

Un comentario

  • El 04.12.2017 , Tonio ha comentado:

    Lo disfruté de principio a fin. Muchas gracias.

    Tengo una sobrina que estando de vacaciones adoptó un jilguero recién nacido y caído de un nido. Estaba lisiado, medio muerto pero lo resucitó con sus cuidados. Incluso le daba puchero.

    El pájaro nunca estuvo enjaulado y la seguía a todas partes. Cuando ponía la TV allá que subía a su hombro y no paraba de piar. Ella intentaba callarlo pero parecía estar poseído. Decía: “es incapaz de atender a lo que le digo, no fija su mirada. Va a su bola, es un puto loco”.

    Cuando salía a tender le acompañaba y daba cada vez un paseo más alejado. Ella le llamaba “¡Piripi!” y en cuestión de segundos se colaba como un rayo por la puerta de su casa. Cada vez tardaba más en regresar. Un día ya no volvió. Eligió su camino.

    Ahora tiene una cotorra argentina de esas que llaman “invasora” y no veas las cosas que me cuenta… Habla de ella como si fuera una persona.

Deja tu comentario