02.09.2016

Octavio Paz, elogio de la libertad en tiempo de velos

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Collage de fotografías de Octavio Paz. Todas las imágenes bajo licencia CC.

Collage de fotografías de Octavio Paz. Todas las imágenes bajo licencia CC.

En tiempos de decisiones y velos de todo tipo, también islámicos, invitamos a repasar el concepto de libertad que alienta nuestra cultura occidental de la mano de uno de sus mayores defensores. Octavio Paz defendió y analizó la libertad toda su vida; es el núcleo de su obra. Llegó a conclusiones inspiradoras. No hay recetas. Para Octavio Paz, la libertad no es una idea sino un actuar de la conciencia. “La libertad es una posibilidad que se actualiza cada vez que un hombre dice No al poder. La libertad no se define: se ejerce”.

Octavio Paz (Ciudad de México, 31 de marzo de 1914 / 19 de abril de 1998) fue un humanista, poeta, traductor, ensayista y diplomático, observador político e intelectual, Premio Cervantes en 1981 y Nobel de Literatura en 1990. “Descubrí la poesía moderna en los poetas españoles”, afirmaba. La defensa de la libertad es constante en su obra. Algunos críticos señalaban una obsesión por la libertad, si caben estos dos términos en la misma frase. Sus reflexiones sobre ella fueron evolucionando desde su juventud. La libertad ante todo y para todo. Libertad para actuar y pensar, libertad para las creencias y para discutir, libertad para cada ámbito de la vida, libertad para el amor.

“allá la noche vestida de agua despliega sus Jeroglíficos al alcance

de la mano,

el río entra cantando por el llano dormido y moja las raíces de la

palabra libertad,

allá los cuerpos enlazados se pierden en un bosque de árboles

transparentes,

bajo el follaje del sol caminamos, somos dos reflejos que cruzan

sus aceros,

la plata nos tiende puentes para cruzar la noche, las piedras nos

abren paso”

(‘Libertad bajo palabra’, Octavio Paz, 1935-1957)

Octavio Paz defendía que la libertad no es una idea sino un actuar de la conciencia que nos conduce a definirnos en dos simples palabras que son como “la luz de un relámpago”, mencionaba en La otra voz. Son dos palabras muy claras que definen nuestro destino, nuestra inmovilidad, nuestras dudas (de ahí que para él dudar sea tan importante) y nuestra naturaleza. Esas dos palabras son Sí y No, dos simples monosílabos de gran poder. Así la libertad se dibuja a través de la palabra y nosotros a través de ellas: “Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”. La poesía aspira a nombrar aquello que pocos pueden convirtiéndose en una herramienta vital. La poesía es búsqueda del sentido de nuestra esencia, de nuestra existencia, de la libertad más absoluta y solo se enciende en el silencio. Pero ante todo la libertad se manifiesta en la vida cotidiana. Ya que “La prueba de la libertad no es filosófica sino existencial: hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir No al poder. No nacemos libres: la libertad es una conquista, y más: una invención”.

“Tu historia es la Historia:

destino

enmascarado de libertad,

estrella

errante y sin órbita,

juego

que todos jugamos sin saber las reglas,

juego que nadie gana”

(‘Libertad bajo palabra’, Octavio Paz, 1935-1957)

Su intensa búsqueda y defensa de la libertad empezaría a escribirse en 1937 durante su estancia en España gracias a una invitación de Pablo Neruda. Tiene 23 años y asiste al Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, que se desarrolla en julio de ese año en Valencia, Barcelona y Madrid. La guerra civil, la realidad que puede presenciar, los conflictos y crisis mundiales le llevarían al convencimiento de que el fundamento de la libertad no puede sostenerse sin acción. Se trata de una lucha constante ya que, según afirmaría: “La libertad absoluta es la nada, ser libre es un contrasentido, pues el ser se opone a la libertad”. Desde entonces hasta 1943, tal como puede leerse en Primeras letras, llega a la convicción de que el misterio de la vida, todo cuanto se escapa a lo racional y que determina en gran parte nuestra existencia, no depende de designios divinos sino de la libertad humana. En El arco y la lira, Octavio Paz seguirá estudiando y reflexionando sobre la libertad y cómo se refleja en el destino, en la suerte, el libre albedrío, la fatalidad y el azar, en el caos y nuestro ser. Llega a la conclusión de que “la libertad es la dimensión humana del Destino. Sin los hombres, el Destino no se cumple y la armonía cósmica se rompe… Sin acción humana no habría fatalidad ni armonía ni salud cósmica, y el mundo se vendría abajo”.

“Transgresión

de la fatalidad natural,

bisagra

que enlaza destino y libertad,

pregunta

grabada en la frente del deseo:

¿accidente o predestinación?”

(‘Libertad bajo palabra’, Octavio Paz, 1935-1957)

La libertad no es nada sencilla de gestionar. No hay recetas. Y en más de una ocasión nos desafiará. Siempre impone un precio a pagar. La vida está hecha de errores en libertad. Cada uno de nosotros es historia y también es un ser singular. No hay creación sin libertad. Octavio Paz defiende que no puede haber una teoría general de la libertad ya que ésta se define a través de nuestros pasos por la vida. Cada vez que elegimos, de forma consciente o no, determinados por la cultura a la cual pertenecemos o por las ideas de nuestra familia, influenciados en mayor o menor grado, siempre en cada uno de esos momentos que determinan nuestra vida en apenas unos segundos, estamos ejerciendo nuestra libertad. La libertad no se puede reducir a una generalización. La libertad es para Octavio Paz todo a la vez: singularidad y excepción, pluralidad y convivencia. Cuando esperamos imponer libertad a otros se vuelve inmediatamente en una tiranía. ¿La solución? Muy sencillo. No se trata solamente de una cuestión de respeto. Tampoco de principios morales. La libertad no se logra con imposición. La solución es mucho más profunda e igualmente difícil. La manera de ejercitar la libertad diaria es amando con todo lo que conlleva: desarrollar, colaborar y, sobre todo, empatizar.

“Tal vez amar es aprender

a caminar por este mundo.

Aprender a quedarnos quietos

como el tilo y la encina de la fábula.

Aprender a mirar.

Tu mirada es sembradora.

Plantó un árbol.

Yo hablo

porque tú meces los follajes”

(‘Libertad bajo palabra’, Octavio Paz, 1935-1957)

Octavio Paz reconoce también que ser libre es un aprendizaje nada sencillo. La libertad puede inspirarnos felicidad y temor por igual, siempre requiere valentía. A veces simplemente no sabemos qué hacer ni qué elegir. No podemos olvidar que la libertad también depende del otro y de la otredad. Y que la libertad se dirime contra todas y cada una de las miles de formas grandes y pequeñas, históricas y cotidianas de absolutismo, autoritarismo, dogmatismo y totalitarismo. En 1978, Octavio Paz escribe: “La libertad no es ni una filosofía ni una teoría del mundo; la libertad es una posibilidad que se actualiza cada vez que un hombre dice No al poder. La libertad no se define: se ejerce. De ahí que sea siempre momentánea y parcial, movimiento frente, contra o hacia esto o aquello. Es verdad que la libertad no es una fe; es algo mejor: una elección. En esto, en ser algo que escogemos y no algo que nos escoge, radica no su debilidad sino su fuerza”.

Acabemos escuchando la voz de Octavio Paz mientras recita el poema Carta de creencia sobre la importancia de la palabra y la libertad, el destino y el ser, la entrega al amor.

Felices lecturas, libertades atlánticas, océanos de amor.

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