Cómo poner patas arriba lo más convencional de las vacaciones
22.07.2016

Cómo poner patas arriba lo más convencional de las vacaciones

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Un fotograma de la película 'Las vacaciones del Señor Hulot'.

Un fotograma de la película ‘Las vacaciones del Señor Hulot’.

Dénse un respiro si ya están de vacaciones. No se aten a horarios y costumbres casi más opresores que en tiempos de trabajo. No dejen de ver ‘Las vacaciones del Señor Hulot’, todo un descubrimiento en cada nuevo visitando, y eso que se estrenó en 1953. El genial cómico francés Jacques Tati logra refrescarnos de verdad, a la vez que construye una crítica excepcional a las estrictas convenciones sociales de las vacaciones burguesas, que nos ‘obligan’ a pasárnoslo bien de muy determinadas maneras.

Llegan las vacaciones. Ese proyecto titánico que se repite año tras año incluso para los que por gracia o desgracia no tienen nada que hacer durante el resto de los trescientos treinta y tantos día. Las vacaciones, el tiempo de la libertad, el tiempo de no hacer nada. La obligación opresora del divertimento, del viaje programado, del sufrimiento físico y mental más orquestado hacia la exhibición ostentosa —siempre medida algo por encima de nuestras posibilidades—, dirigida a aplacar aquello otro que nos subyuga verdaderamente durante meses, el castigo laboral. Porque aquel que piense que vivir para trabajar no es un castigo o es un idiota, o tiene el seso frito por la televisión, la religión, el dinero, la política represora, o desgraciadamente es simple y llanamente un verdadero adulto contemporáneo.

Porque sólo durante la infancia -en general- nuestro tiempo casi nos pertenece, y sólo durante la infancia somos capaces de disfrutar casi en cualquier lugar, casi en cualquier circunstancia.

Quizás quien haya retratado mejor lo que intento decirles haya sido el gran realizador y cómico francés Jacques Tati, que demostró a través de sus cinco incursiones cinematográficas que el mundo va volviéndose cada vez más extrañamente inhabitable y que sólo en la infancia va quedando algo de resguardo. Y ahí es donde acaba Monsieur Hulot, al final de la cinta de la que hablaremos hoy, junto a los suyos, entre juegos de arena junto a una cuneta, con los niños.

Las vacaciones del Sr. Hulot (Les vacances de Monsieur Hulot) -así es como se llama esta obra casi redonda- es una de las experiencias cinematográficas más entretenidas y brillantes que de la comedia se han producido en el panorama internacional desde que comenzó a experimentarse con la imagen cinemática. Su creador, Monsieur Jacques Tati, uno de los cómicos más entrañables, inteligentes e interesantes de todos los tiempos, creó para esta comedia de 1953 rodada en blanco y negro el personaje de M. Hulot, verdadero alter ego, con el cual convivió interpretándolo, guionizándolo y dirigiéndolo durante años, en varias ocasiones para la gran pantalla, además de en Las vacaciones del Sr. Hulot, en Mi Tío (1958), Playtime (1967) y Tráfico (1971).

Son las vacaciones de Hulot una sátira luminosa y elegante de las costumbres de una burguesía europea que comienzan a hacerse más que patentes a mediados del siglo XX, de la playa entendida como lugar de vacaciones programadas, del decoro social institucionalizado sobre la no injerencia y de la extraña manera de emplear el tiempo durante las mismas, a ritmo casi irrefrenable de horarios y ocupaciones, casi sin descanso. Costumbres que saltan por los aires gracias a la llegada, a la aparentemente apacible y bonita costa de St. Marc sur Mer, del larguirucho Hulot, con su flequillo, su pipa entre los labios, sus pantalones pesqueros, su gorro, su viejo coche cuyo griposo tubo de escape le precede con su vieja tos en forma de petardos y hasta su paraguas. Así hace entrada Hulot en el pequeño Hotel de la Plage, aportando un soplo de aire fresco. Demasiado ventoso quizás, demasiado libre ante los estereotipos de los turistas (de varias nacionalidades), revolucionando, por bocanadas, cada uno de los días que pueda durar el periodo vacacional que se nos muestra. Da igual de cuánto tiempo se trate, siempre habrá un hueco para la extravagante presencia de Hulot.

No busquemos intriga, no la hay, casi ni existen los diálogos, tan sólo una crónica sucesiva visual y sonora, un ágil reporte cargado de humor y humanidad, de episodios que ni siquiera necesitan ser cerrados, la mayoría de ellos sin final. Porque Hulot-Tati se mueve así, libre, lejos de la convención, ni aun cinematográficamente se encorseta, no centra en nada concreto su atención, se apodera del gran angular, de la profundidad de campo y deja que todo suceda delante, detrás, de un lado, del otro. Nada ni nadie es lo suficientemente transcendental, nada sin embargo carece tampoco de importancia, ningún personaje, ningún animal, ningún paisaje, ninguna cosa son baladíes para el ojo de Tati.

Puede ver usted mil veces Las vacaciones de M. Hulot y siempre descubrirá algo nuevo; será como una película distinta, sus ojos y sus oídos nunca experimentarán las mismas sensaciones; siempre encontrará muchas nuevas. Porque aunque no contenga intriga, nada parece estar improvisado en el filme, sino que funciona al haber sido diseñado premeditadamente con detalle, imagen, sonido y música, a conciencia.

Imposible olvidar tantos de los gags de esta mezcla de Charlot y Keaton (el partido de tenis es antológico), del precursor de La Pantera Rosa y de Clouseau, poniendo un tiempo y un lugar patas arriba con su sola presencia, cambiando lo que podría parecer inamovible.

Dense un respiro, refrésquense con esta cinta tan impredecible como su protagonista. Dense el gusto de observar a un verdadero artista interpretándose a sí mismo. Y aunque Tati ya dejó dicho que Hulot no es un personaje divertido para todos, si al menos lo es para usted, ahonde una vez más en este cuaderno de viaje, que le arrancará más de una sonrisa, alguna carcajada, bastantes añoranzas. Y luego medite esa sensación que deja, ese poso inteligente, al comprender que el bueno de Hulot le acaba de ofrecer, sin que se dé cuenta, toda una crítica excepcional a la vida moderna. Que la disfruten tanto como yo. Felices vacaciones.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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3 comentarios

  • El 22.07.2016 , Juan ha comentado:

    Maravillosa! Qué Grand Tati, tengo que verla otra vez!

  • El 11.08.2016 , Auri ha comentado:

    Vaya líos en los que se mete este señor Hulot, un tipo peculiar. Estimulante artículo, no recuerdo si la ví antes, creo que si la hubiese visto me acordaría seguro.

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