10.04.2016

Residencia para Señoritas, cuando las mujeres fueron vanguardia

Menéalo
Clase del Instituto Internacional, hacia 1911. Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, MECD.

Clase del Instituto Internacional, hacia 1911. Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, MECD.

Si se menciona a Lorca, Buñuel o Dalí, siempre se hace referencia a su paso por la Residencia de Estudiantes. Menos conocida, pero igual de decisiva fue la Residencia para Señoritas, donde coincidieron las mujeres que lideraron la vanguardia española: Maruja Mallo, Ángeles Santos, Delhy Tejero, María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, María Zambrano, María Montessori, Gabriela Mistral o Josefina Carabias. 150 años después, la Residencia de Estudiantes recuerda aquella etapa con una exposición que recoge más 400 documentos, libros, fotografías, vídeos y cuadros que ilustran cómo las mujeres pudieron conseguir independencia y conocimientos en una época en que, si nacías mujer, tu destino era coser, fregar y llegar virgen al matrimonio.

La lista de mujeres que pasaron por la Residencia de Señoritas (1915-1936) recoge lo mejor de las artes y la cultura de los primeros años del siglo XX, y fue la causa, y no la consecuencia, de que un buen número de mujeres acudieran a la Universidad y despuntaran en todas las disciplinas. De hecho, en 1910 se derogó la normativa que exigía a las alumnas un permiso especial para matricularse en la Universidad; un año antes había comenzado a funcionar la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio y la afluencia de mujeres era ya imparable.

Las familias periféricas que querían enviar a sus hijas a la Universidad en Barcelona o Madrid sólo podían acudir a los conventos de monjas para que custodiaran a sus hijas. Los padres más liberales optaron por la Residencia de Señoritas, una institución paralela a la de Estudiantes. La resi ofrecía enseñanza de idiomas, clases de Fisiología, Física, Literatura, Química; organizaba actividades extra-académicas, conferencias, excursiones y deportes. La mayoría de las mujeres que destacaron en el primer tercio del siglo XX en España estuvo relacionada con la Residencia de Señoritas, un paso por aquellas habitaciones decoradas con muebles de pino claro que les dejó una huella indeleble.

Sus actividades comenzaron en una pequeña villa con capacidad para 30 estudiantes -el lugar que había ocupado la Residencia de Estudiantes que se habían trasladado a la colina de los Chopos-, para pasar a tener 12 edificios con capacidad para 300 mujeres. El edificio del Instituto Internacional de Madrid -en Miguel Ángel, 8, una de las primeras sedes de la Residencia de Señoritas, el International Institute for Girls in Spain, el lugar donde empezó todo- conserva el espíritu de aquel tiempo, el que llevó a la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos a considerar la co-eduación como algo fundamental para que la mujer se educara “no sólo como, sino con el hombre”. Años más tarde, en 1932, el arquitecto Carlos Arniches idearía una serie de pabellones contiguos, unidos por un maravilloso jardín, para cubrir la demanda de plazas.

Dentro de la Residencia todo funcionaba como un reloj. María de Maeztu, la directora durante sus 21 años de actividad, imponía actividades sociales, convocaba al té de media tarde y derrochaba cuidados para que nadie pensara que aquella casa era la de tócame Roque. La señorita Maeztu, la brillante filósofa discípula de Ortega y Zubiri siempre adornada con su sombrerito cloché, imponía un orden riguroso basado en el reglamento del centro: las residentes acudían a la Universidad en autobús y cuando salían por la tarde-noche lo hacían bajo solicitud previa de permiso.

Maruja Mallo con Josefina Carabias, apoyada sobre su óleo Antro de fósiles, Madrid, 1931. Guillermo de Osma, Madrid.

Maruja Mallo con Josefina Carabias, apoyada sobre su óleo Antro de fósiles, Madrid, 1931. Guillermo de Osma, Madrid.

 Maruja Mallo, La verbena, 1927. Óleo sobre lienzo, 119 x 165 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. © Maruja Mallo, VEGAP, Madrid, 2015.


Maruja Mallo, La verbena, 1927. Óleo sobre lienzo, 119 x 165 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. © Maruja Mallo, VEGAP, Madrid, 2015.

izquierda: Residentes en el tejado de la Residencia de Señoritas, curso 1930-1931. Archivo familiar Bonet Rosado, Valencia. Derecha: Las residentes Herminia Adrados y Pilar Rosado de la Iglesia, ambas estudiantes de Medicina, delante de uno de los edificios de la Residencia de Señoritas, curso 1930-1931. Archivo familiar Bonet Rosado, Valencia.

izquierda: Residentes en el tejado de la Residencia de Señoritas, curso 1930-1931. Archivo familiar Bonet Rosado, Valencia.
Derecha: Las residentes Herminia Adrados y Pilar Rosado de la Iglesia, ambas estudiantes de Medicina, delante de uno de los edificios de la Residencia de Señoritas, curso 1930-1931. Archivo familiar Bonet Rosado, Valencia.

Madrid en los años de la República era un hervidero de las vanguardias. Maruja Mallo (1902-1995), compañera de correrías con Neruda y Alberti, o Delhy Tejero (1904-1968), la pintora errante, la mujer que no se reconocía en ninguna corriente estética, expulsada de nuestra historia, destrozada por la religión y rota por la Guerra Civil, fueron dos de las artistas que pasaron por la Residencia, la primera como profesora, la otra como alumna junto a las artistas Ángeles Santos, las hermanas Sorolla, Victorina Durán, Marisa Roësset y, en los últimos años de la resi, Menchu Gal.

Las artistas se inventaban actividades, exponían sus obras, colaboraban con la revista del centro y otras incluso trabajaban, como Delhy Tejero, quien junto a su amiga y compañera, la que muchos años más tarde sería una periodista muy reconocida, Josefina Carabias, ofrecía sus dibujos a periódicos y revistas, y decoraba algunos establecimientos madrileños en un ostentoso estilo art déco, como, por ejemplo, la perfumería que tenían los padres de Rosario Nadal, la primera mujer de Cela, en los bajos del Palacio de la Música de la Gran Vía de Madrid. Maruja Mallo, becada por la Residencia, se trasladó a París a estudiar escenografía y adquirió cierta popularidad cuando Ortega y Gasset vio sus obras y le invitó a exponer en los salones de la Revista de Occidente. Con la escritora y poeta Concha Méndez, conferenciante de la Residencia, formó un tándem combativo en aquel Madrid que era como un cabaré berlinés.

Por la resi pasaron muchas mujeres atraídas por el clima intelectual que allí se respiraba. Como se desperdigaban por varios pabellones, la directora las reunía a diario en el salón para tomar el té a fin de tomar contacto y hablar de lo humano y lo divino. Salón que luego las falangistas de Pilar Primo de Rivera transformarían en capilla.

“La residencia era una cosa alegre, progresista”, recuerdan desde un vídeo que se proyecta en la exposición las hoy muy ancianas Carmen Giménez Escolar, María Luisa González y Eulalia Lapresta.”Allí había chicas católicas, protestantes, agnósticas. María de Maeztu nos insistía en que había que aprender a convivir con el que no pensaba como tú”. En 1931, cuando se proclamó la República, ésta fue muy bien recibida en la residencia. Y hubo júbilo general cuando una de sus alumnas, Victoria Kent, fue nombrada directora general de Prisiones, la primera mujer en acceder a un cargo público.

Profesoras, alumnas, conferenciantes. Las escasas mujeres que todavía pueden dar testimonio de lo que allí se coció recuerdan que una de las claves era el espíritu de voluntad de aprender; otra, adquirir el conocimiento de los mejores cerebros de la época. Por allí pasaron Marie Curie, Lyly Darío, la sobrina de Rubén Darío, Victoria Ocampo, Clara Campoamor, Azorín, Pío Baroja, Unamuno, Gómez de la Serna, José Bergamín, Pedro Salinas o Gerardo Diego. La conferencia que dio García Lorca sobre Poeta en Nueva York en 1932 fue comentada durante mucho tiempo. Julián Marías, María Zambrano y María de Maeztu dieron clases de filosofía. “María explicaba una nueva forma de entender la filosofía. Nos enseñaba a pensar”. Ella buscaba una mujer inteligente, cultivada y trabajadora.

Izquierda: Victorina Durán, figurín para Los medios seres, hacia 1929. Acuarela sobre cartón, 32,5 x 24,5 cm. Museo Nacional del Teatro, Almagro. Derecha: Delhy Tejero, número 6 de la serie La Venus del bolchevique, ilustración para la revista Crónica, 24 de julio de 1932. Pluma, pincel, tinta china y aguada sobre papel ahuesado, 25,7 x 17,4 cm (recortado). Colección Javier Vila Tejero.

Izquierda: Victorina Durán, figurín para Los medios seres, hacia 1929. Acuarela sobre cartón, 32,5 x 24,5 cm. Museo Nacional del Teatro, Almagro.
Derecha: Delhy Tejero, número 6 de la serie La Venus del bolchevique, ilustración para la revista Crónica, 24 de julio de 1932. Pluma, pincel, tinta china y aguada sobre papel ahuesado, 25,7 x 17,4 cm (recortado). Colección Javier Vila Tejero.

En esa nueva mujer se reconocían todas. En la Universidad enseguida distinguían a las residentes por su forma de hablar, de preguntar, de comportarse. La Residencia imponía su sello. Ellas jugaban al hockey, al tenis, “vivíamos al aire”, recuerda una antigua alumna. Y disfrutaban de la vida. Bailaban, montaban carnavales, obras de teatro, exposiciones. Gozaban de la libertad que perderían en 1939. Terminada la Guerra Civil, se hizo efectivo el decreto del Gobierno de Burgos de 1938 por el que disolvía todos los centros de la Junta para Ampliación de Estudios y en 1940 el patrimonio de la Residencia de Estudiantes pasó a depender de un Patronato del que formaban parte el Ministerio de Educación, la Sección Femenina de la Falange, la Universidad de Madrid y el Sindicato Español Universitario (SEU). Los pabellones de la Residencia de Señoritas se transformaron en el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús y su nueva actividad se inauguró con una misa. Muchas de las residentes y profesoras como María Zambrano y Zenobia Camprubí se dispersaron por América. María de Maeztu murió en 1948 en Argentina. Las que se se quedaron aquí, como Delhy Tejero, Ángeles Santos o Josefina Carabias, pasaron un exilio interior durante décadas.

‘Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-1936)’. Residencia de Estudiantes, Pabellón Transatlántico. Calle Pinar, 23, Madrid. Hasta el 16 de mayo.

Menéalo

Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

¿Quieres leer más artículos de este autor?

5 comentarios

  • El 10.04.2016 , Marisa ha comentado:

    El daño irreparable que hizo la guerra y posguerra dura sobradamente hasta nuestros dias. Triste es comparar el nivel cultural de entonces al de ahora.
    Lo que este pais era, pudo ser y nunca fue, debería hacernos recapacitar y rectificar, pero vuelven malos tiempos que hacen imposible el progreso, salvo que…. parte de esta maravillosa juventud que tenemos, sepa reaccionar y sea capaz conquistar “terrenos robados” en pro de la cultura y el progreso. Ojalá así sea.

  • El 10.04.2016 , chifus ha comentado:

    qe horror : una capilla en un salon de actos…en vez de conversar, comulgar cn ruedas de molino lo qe diga un mamotreto !

  • El 10.04.2016 , Paco ha comentado:

    Hay que reinstaurar la sección femenina de la Falange.

  • El 11.04.2016 , monica sanchez benitez ha comentado:

    ¡Bochornoso!, seguimos con la retrospectiva al pasado. Sigue estancado nuestro sistema educativo. E incluso en la falta de despecho a la infancia; único punto de la Ley educativa q no se cumple y que debería respetarse…

Deja tu comentario