06.06.2017

Roberto Pérez Toledo rueda la orgía más rara del cine español

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El director de cine Roberto Pérez Toledo.

El director de cine Roberto Pérez Toledo.

“Cuando vi donde íbamos a rodar, pensé que en esa mansión vacía solo podía ocurrir una historia paranormal con espíritus o una orgía rara y ‘sui generis’. Y me decanté por lo segundo que me resultaba más apetecible”. Risas. Así explica Roberto Pérez Toledo, lanzaroteño de 39 años afincado en Madrid, su nuevo largometraje, ‘Como la Espuma’, una comedia coral con 15 intérpretes en estado de gracia y morbo.

Además de otros dos largometrajes –Seis puntos sobre Emma (2011) y Los amigos raros (2014)-, Roberto Pérez Toledo suma más de 30 cortos y un episodio en otro largo colectivo, Al final todos mueren (2014). Trabajos que le han convertido en uno de los mejores retratistas de su generación.

Como la espuma está interpretada por 15 personajes que participan en una orgía improvisada en una vieja mansión durante un tórrido verano. Rodada el verano pasado durante 19 días en Madrid, está interpretada por Sara Sálamo, Daniel Muriel, María Cotiello, Miguel Diosdado, Pepe Ocio, Carlo D’Ursi, Adrián Expósito, Nacho San José, Jonás Beramí, Sergio Torrico, Diego Martínez, David Mora, Álex Villazán, Javier Ballesteros y Elisa Matilla. “Nunca había dirigido una historia tan coral, tampoco una con más de 150 figurantes dando vueltas por una localización”, nos explica el director. “Estoy acostumbrado a grabar rápido, porque nunca he tenido el lujo de contar con tiempo o días de margen para imprevistos o para repetir algo con lo que no me haya quedado satisfecho, pero sí que me encantaría probarlo alguna vez, poder hacer más planos de los previstos, no ir siempre tan pillado. Hace poco me contaron que Almodóvar suele rodar unos cuatro o cinco planos al día y que sus rodajes no duran menos de 12 semanas. Eso sí que tiene que ser un gustazo. Yo en Como la espuma tenía días en los que grababa entre 25 y 30 planos, o más”.

¿Cómo se mantiene económicamente un director que hace largometrajes de presupuesto pequeño cada dos o tres años?

Cuando no ruedo, me dedico a planear y escribir qué rodar, ya sea en formato corto o largo. Intento que nada me aparte del camino demasiado tiempo y siempre tener varios proyectos a la vez. Últimamente, he tenido la suerte de trabajar para varias marcas y empresas, que han venido a mí inspiradas por mi curro y me han permitido crear para ellos distintos cortos con mucha libertad creativa. Un lujo. Es curioso, pero en eso de mantenerme están siendo más cruciales mis cortos que mis largos.

Mucho se ha hablado de la imagen de la silla de ruedas hundiéndose en la piscina de ‘Como la espuma’. ¿Es un homenaje irónico a Hitchcock?

¡Eso son palabras mayores! Creo que fue una de las primeras imágenes que surgió tras crear el personaje de Milo, que está hundido en muchos aspectos. El hecho de que la silla acabe en la piscina se me ocurrió como un recurso narrativo concreto para provocar que Milo tenga que quedarse en brazos del personaje de Dani Muriel. Pero luego el montador del teaser metió ese plano en un momento crucial y hubo gente que lo percibió como una metáfora de mí mismo. En realidad tengo muy poco que ver con el personaje de Milo, me gustó crear esta vez a alguien que va en silla de ruedas, pero su actitud está en las antípodas de la mía. Eso sí, yo, como esa silla, soy muy de tirarme a la piscina, pase lo que pase.

¿De dónde parte ‘Como la espuma’?

Hubo una propuesta de los productores. Me hablaron de hacer una película pequeña de presupuesto, pero con un concepto atractivo y ambicioso. Poco después surgió una localización con la que podíamos contar el tiempo que necesitáramos, una enorme mansión deshabitada en el barrio madrileño de La Florida. La visité y me vino a la cabeza un texto de microteatro que escribí hace unos años y que se representó en La Rambleta, en Valencia. Ese texto se titulaba Ensayo sobre orgías y besos, y era una historia de amor romanticona e inocente que transcurría en la esquina de una casa en la que estaba teniendo lugar una orgía. De aquella microexperiencia teatral me encantó comprobar la quiebra de expectativas del espectador, que venía atraído o intrigado por la palabra orgía en el título y luego se encontraba con una comedia romántica pura, mientras, eso sí, no paraba de escuchar gemidos en off. Y ya en aquel momento pensé que esta colisión (romance naif en un contexto aparentemente turbio o sórdido) daba para algo más largo y coral. Cuando vi la mansión en la que íbamos a rodar, aquella vieja idea volvió con fuerza. Pensé que en esa mansión vacía solo podía ocurrir una historia paranormal con espíritus o una orgía rara y sui generis. Y me decanté por lo segundo que me resultaba más apetecible (risas).

¿Qué has aprendido con la película?

No paras de aprender, incluso cuando crees que ya te has visto en todo tipo de situaciones a la hora de rodar, montar o estrenar. Nunca nada es idílico, ni siquiera en las pelis pequeñas. Aquí ha habido también unos cuantos sinsabores, factores que escapan a tu control, pero prefiero no regodearme en ellos, los considero parte inevitable del proceso. Lecciones aprendidas y hacia adelante.

Me gustaría que desvelaras tus momentos favoritos de ‘Como la espuma’.

No sé si puedo convertirme en espectador de mi propia peli, al menos de momento. Ahora mismo, solo soy capaz de ver lo que haría de manera diferente o aquello que cambiaría. Autoflagelación constante, ya sabes. Pero sí que hay muchas secuencias que se parecen enormemente a lo que imaginé mientras las escribía, y eso me satisface. Sin hacer spoilers, me gusta especialmente la secuencia del trío entre Sergio Torrico, María Cotiello y Álex Villazán. La química entre ellos, el modo en que suenan los diálogos, es tal cual lo imaginé.

Javier Ballesteros interpreta a Camila, una “mujer en obras”, según sus propias palabras. ¿Es tu personaje favorito?

Intenté crear 15 personajes de los que yo mismo me pudiera enamorar, por una razón u otra. Y quise que todos fueran igual de interesantes o divertidos o fascinantes para que Como la espuma fuera un todo lo más compacto y equilibrado posible. Ahora, viendo la peli acabada, es cierto que muchas miradas y piropos se los lleva Camila, a quien da vida Javier Ballesteros, porque es uno de esos casos en los que el actor llega y mejora lo que está escrito en el guión, aportando al personaje un magnetismo y una dimensión que tú como director ni has podido imaginar. Eso es uno de los lujos gratificantes y maravillosos de esto de escribir y dirigir. Tú escribes y sueñas, pero entonces llega la realidad y a veces te mejora lo que has soñado.

Un tema en tu cine es la falta de etiquetas en la definición de la sexualidad. ¿Es un tema ya superado entre los jóvenes?

En lo que respecta a mis historias, así me gusta verlo, tratarlo y transmitirlo. La vida real es otra cosa, como nos siguen demostrando muchas noticias cada día. La diversidad sexual es la vida misma y con esa naturalidad aparece siempre en mis guiones. En esta película con más razón aún. Habría sido muy irreal, e incluso infame, plantear una situación como la que cuento en Como la espuma sin salirme del espectro heterosexual.

Un fotograma de la película 'Como la espuma' de Roberto Pérez Toledo.

Un fotograma de la película ‘Como la espuma’ de Roberto Pérez Toledo.

Tus cortos han dado oportunidades a una nueva generación de actores y actrices. Háblame del casting de ‘Como la espuma’.

No hubo mucho tiempo para ello. Fue resuelto en un mes. Algunos personajes los tenía muy claros, sobre todo los de los actores con los que ya había currado, porque prácticamente fueron creados para ellos (Sara Sálamo, Adrián Expósito, Sergio Torrico, Jonás Berami…). Y algunos otros se resistieron un poco más, especialmente el de Camila, la transexual, y el de Álvaro, el virgen jovencito. Eran personajes que creé de forma más abstracta en el guión, casi como conceptos, y era consciente de que terminarían de cobrar vida a través de los actores que los interpretaran. En el caso de Camila incluso dudé si elegir a un actor o a una actriz. Por suerte, finalmente aparecieron Javier Ballesteros y Álex Villazán.

A pesar de tu prolífica carrera y los numerosos méritos que acumulas, sigues teniendo dificultades para hacer películas holgadas desde el punto de vista del presupuesto.

Siento que he tenido oportunidades, pero no de esas oportunidades de presupuestos holgados que van acompañados de grandes campañas de promoción. Lo que tengo lo he conseguido aprovechando esas oportunidades aunque no fueran las más ideales y a base de curro, de ir sumando trabajos cortos y largos, de ir ampliando poco a poco el público interesado en mi trayectoria. Pero no me gusta ser quejumbroso. He aprendido a ser un director que se adapta a lo que tiene en cada momento e intenta hacerlo lo mejor posible con los medios con los que cuenta. Puede que la cague, puede que algo me hubiera salido mejor con otros recursos, claro que sí, pero me compensa más hacerlo como sea que estar esperando a que lleguen situaciones ideales que nadie me garantiza que vayan a llegar.

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Sobre el autor

Luis Roca Arencibia

Tras titularse en Comunicación Audiovisual, trabaja en el cine desde 1992. Ha publicado biografías sobre el productor Andrés Santana (“El vuelo de la cometa”, 2003) y sobre el distribuidor Francisco Melo Sansó (“El sueño del Monopol”, 2010). Autor en el libro colectivo “Graphiclassic: Moby Dick” (2013). Comisario con Arantxa Aguirre del ciclo “Buñuel/Galdós: Vasos Comunicantes”, exhibido en Belgrado, Nueva Delhi y Tel Aviv. Única firma española en el monográfico sobre Luis Buñuel editado por la Cinemateca de Tel Aviv (2013). Es director de los proyectos formativos “Cinexprés” y de recuperación documental “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick”. Desde 1996 es colaborador de cine del diario La Provincia. Desde 2003 de viajes en El País. Ha publicado textos de cine en El País Semanal. Dirigió la sección de Canarias del festival de Las Palmas, que consolidó como una de las principales de la cita. Ha sido vocal del Ministerio de Cultura para las ayudas al cine en España.
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