Seis personajes en busca de una Transición que no fue modélica
15.12.2016

Seis personajes en busca de una Transición que no fue modélica

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El escritor Pablo Martín Sánchez.

El escritor Pablo Martín Sánchez.

Tras publicar en 2013 ‘El anarquista que se llamaba como yo’, Pablo Martín Sánchez regresa a las librerías con ‘Tuyo es el mañana’ (Acantilado), novela que hemos de entender como la segunda parte de una trilogía en torno a la vida de un anarquista que comparte nombre con el autor. Martín Sánchez regresa a la Barcelona de 1977 para construir la historia de seis personajes en 24 horas, desde una niña que sufre acoso escolar hasta un profesor universitario vinculado a la lucha armada, pasando por una estudiante metida en movimientos feministas. Todos ellos permiten al escritor retratar esos primeros años de la Transición con una mirada crítica y desmitificadora.

Tu anterior novela tenía como punto de partida tu nombre; ahora, con ‘Tuyo es el mañana’, el punto de partida es la fecha de tu nacimiento, y tu próxima novela tendrá como centro Reus, tu ciudad de origen. ¿Una trilogía para construir un yo sin hablar directamente del yo?

Decía Oscar Wilde que no hay nada más aburrido que hablar de uno mismo y yo, en mis libros, no hablo de mí, aunque pongo en todos ellos algo de mí. Y la idea de esta trilogía es una manera, puede que anecdótica, puede que circunstancial, de acercarme personalmente a las historias que narro. Si encuentras la historia de alguien que se llama como tú, como me sucedió con El anarquista que se llamaba como yo, es imposible no interesarse de inmediato por la historia y el personaje; de esta misma manera, si conoces a alguien que ha nacido el mismo día que tú, de inmediato se genera un cierto feeling con esa persona. Estas coincidencias, de nombre y de fecha, son las que me permiten hablar de mí sin hablar de mí e implicarme en las historias que explico para que sean universales.

En el momento de máximo apogeo de la autoficción, te escabulles de ella.

Escapo de la autoficción sobre todo en Tuyo es el mañana, porque en El anarquista que se llamaba como yo había un prólogo y un epílogo que eran pura autoficción, aunque luego, a lo largo de la trama, la narración ya no era en absoluto autoficcional y se perdía la instancia narrativa del yo. Con mi primera novela, no quería hacer lo que había hecho Javier Cercas en Soldados de Salamina, donde está siempre presente esa instancia narrativa que se confunde con el autor, y en Tuyo es el mañana he querido borrarme completamente, ocultarme detrás de las voces de seis personajes muy distintos entre sí para encarnar otras miradas, siguiendo, en parte, la idea teatral de poder encarnar otros personajes.

Según has contado, ‘El anarquista que se llamaba como yo’ nació tras hacer una búsqueda en Google de tu nombre. ¿Verdaderamente fue así?

Esta anécdota es absolutamente real: puse mi nombre en Google y encontré que había existido un anarquista llamado Pablo Martín Sánchez y, a partir de encontrarlo, empecé a investigar, a leer periódicos de la época y de ahí surgió la novela. Pero no busqué mi nombre porque estuviera buscando un tema para escribir una novela.

¿Cuándo surgió la idea de la trilogía?

Pensé en la posibilidad de la trilogía cuando ya estaba escribiendo El anarquista que se llamaba como yo, pero tampoco lo tenía muy claro. Posteriormente, en la promoción de la novela, durante una entrevista, me preguntaron sobre mis proyectos futuros y yo retomé la idea de la trilogía, idea que no estaba para nada madurada, pero que yo solté igualmente.

Ahora no te queda otra que cumplir tu palabra.

Fue algo bueno porque el hecho de decirlo me obligó a pensar en la idea y tirar adelante. Así que gracias por todas las entrevistas, porque nos ayudan a los escritores a reflexionar sobre lo que escribimos e, incluso, nos permiten generar ideas para nuevos trabajos.

En ‘Tuyo es el mañana’ hay algo del Perec de ‘Vida e instrucciones de uso’, libro que tú has mencionado como referencia varias veces: un conjunto de personajes, concentrados en un momento, en una misma ciudad, cuyas vidas pueden llegar a cruzarse.

No lo había pensado así, pero es verdad que hay mucho de la Vida e instrucciones de uso en Tuyo es el mañana, aunque sean dos novelas completamente dispares. La novela de Georges Perec, Vida e instrucciones de uso, sucede en un solo día, que, si no recuerdo mal, es el 23 de junio de 1975; por tanto, solo un par de años antes de 1977, año en que se desarrolla mi novela. Lo que sucede es que, a diferencia de lo que hago en Tuyo es el mañana, en su novela Pérec parte de un solo día para luego recorrer todo el siglo XX, si bien la trama principal se concentra en un solo día y, sobre todo, en un solo lugar: el edificio de la calle Simon-Crubellier. Lo que más me interesaba de la propuesta de Perec era la idea de hacer converger todas las historias en un solo edificio, idea que, en parte, está en Tuyo es el mañana, donde, al final, todas las historias terminan por converger. Yo, de hecho, me hice, como Perec, mi propio plano geográfico de la novela y, en cierta manera, sí tenía en mente Vida e instrucciones de uso, pues los dos planos terminaron por parecerse bastante.

Tu mirada, en la novela, es una mirada microscópica sobre seis ‘pequeñas’ historias.

Lo que hace toda la literatura es centrarse en historias personales que son, en cierto modo, universales. La literatura, en este sentido, es patafísica, término sobre el cual me preguntan mucho.

Se te pregunta porque tú mismo te has definido patafísico.

No es que me haya definido patafísico, ¡es que soy patafísico y con carnet! Pero todos somos patafísicos, solo que algunos no lo saben. La patafísica es la ciencia de lo particular en oposición a la ciencia que generalmente se estudia, que es la ciencia de lo universal. Aunque hay una tendencia, cada vez más en boga, a estudiar la intrahistoria y, por tanto, la historia más allá de los grandes nombres y los grandes acontecimientos, por lo general, la historia se dedica a estudiar las grandes corrientes, funcionando como un teleobjetivo. Todo lo contrario hace la literatura, que funciona más bien como un microscopio que, kafkianamente, observa la cucaracha para ampliarla.

Esas “cucarachas” que son tus personajes representan la realidad de la Transición, momento en el que transcurre la novela, pero aluden también a realidades perfectamente actuales: desde el acoso escolar o las protestas estudiantiles hasta la figura del profesor-político, tan actual ahora con algunos representantes de Podemos.

Bien visto. Esto es así porque al empezar a escribir Tuyo es el mañana no pensé en escribir una novela sobre la Transición, de la misma manera que, anteriormente, con Un anarquista que se llamaba como yo, mi intención no era escribir una novela sobre el anarquismo. El tema de mis novelas lo encuentro después, mientras las escribo, precisamente porque, al inicio, me centro en lo micro, que es lo que me lleva a lo macro. Y al ponerme a trabajar partiendo de la fecha de mi nacimiento, me di cuenta de que 1977 era una época convulsa y absolutamente apasionante, era el momento en que se decidió nuestra actualidad. Somos hijos de la Transición y lo que estamos viviendo ahora, como lo que comentabas de Podemos o las dificultades que ha habido para pactar un gobierno, son fruto de ese momento histórico, al que yo no le quito importancia, sino que observo de manera crítica: al comenzar a trabajar en los personajes de la novela, me doy cuenta de que, por entonces, había sobre la mesa muchos temas que todavía hoy no se han resuelto. Con Tuyo es el mañana, lo que me interesaba era poner el acento en lo no resuelto: el acoso escolar, el maltrato animal, un tema absolutamente vigente, sobre todo a partir de la discusión en torno a la legalidad de los toros.

O la Ley D’Hont, de la que se habla también en la novela.

Efectivamente, la manera en que es posible conformar mayorías. También encontramos el tema de los bebés robados, del cual no se hablaba y, sin embargo, ahora sabemos que era una cuestión absolutamente vigente por aquellos años. Los temas resueltos no me atraen porque están cerrados, porque no admiten discusión ni conflicto; a mí me interesa que la literatura sirva, desde el conflicto, para hablar y cuestionar el presente.

Afirmas que el presente deriva de un pasado, que nos pertenece, pero que el futuro al que aludes parece pertenecer a un “tú” que no somos nosotros.

Sartre decía que estamos condenados a ser libres y, por tanto, a elegir. No es nuestro el mañana, sin duda, es de la sociedad, pues una única persona no puede cambiar el mundo, pero sí es nuestro en cuanto podemos y debemos elegir, que diría Sartre. Si mi novela fuera un libro de historia, a lo mejor el título sería Vuestro es el mañana, pero, repito, el futuro puede ser tuyo en cuanto eres parte de la sociedad. De todas formas, es un título que permite varias lecturas: hubo una lectora que me dijo que solamente al final del libro había entendido el título y que éste aludía a que ella, en cuanto lectora, tenía que terminar la novela, que no tiene una conclusión cerrada. Y en parte es así, como también en parte el libro alude al niño que está naciendo, y a quien la novela se dirige.

Este mañana está fuera de la narración.

Claro, esta es la lectura para-textual que reclama la novela. Aparte de todo esto, el título es un verso de una canción de la Transición, en concreto una canción de Vino Tinto que se compuso con ocasión del Referéndum de diciembre de 1976. Por ello el título es, por un lado, una referencia a un hecho muy concreto y, por otro lado, es posible extrapolarlo y leerlo como metáfora de varias cosas.

Tú acercamiento a la Transición es el de alguien que nace en ella, pero crece y es consciente de ella una vez que ésta ya ha transcurrido.

He recibido, sobre todo a través de las redes sociales, comentarios del tipo “tú no has vivido la Transición y no puedes hablar de ella”. Bueno, en verdad, a partir del 18 de marzo del 1977 sí viví la Transición y con esto, lo que quiero decir, es que la Transición la sufrimos, para bien o para mal, todos, también los que nacieron en los ochenta e, incluso, los noventa. No podemos pensar que por haber nacido después de Franco, el franquismo no nos afecta; por esto, no entiendo cuando me dicen que la gente que no vivió la Transición no puede hablar de ella. Si solo pudiéramos hablar de lo que hemos vivido, Herodoto mismo no habría podido escribir nada.

Afirmas que el franquismo nos afecta a todos, independiente de que no lo hayamos vivido, pero, paradójicamente, no pocas veces se alude al desconocimiento de la historia por parte de las generaciones más jóvenes.

Es un tema que me supera y no sabría darte una respuesta concreta. Solo puede decir que hay que alegrarse por aquellos jóvenes que sí conocen el pasado de su país, nos tenemos que alegrar porque no podemos, es imposible, obligar a los chavales a interesarse por cosas que no les interesan. Recuerda lo que decía Borges de la lectura obligatoria: es un oxímoron, no puede existir la lectura que no sea por placer. Los placeres no pueden ser obligatorios, no puede obligarse a la lectura, al sexo o a cualquier otro placer. Dicho esto, evidentemente, creo que el conocimiento de la historia, de la historia propia y de la historia universal, es fundamental para entender el ser humano y para entender el presente. La cuestión, sin embargo, no es obligar a los jóvenes a conocer la historia, sino hacerla atractiva para que les resulte interesante. El anarquista que se llamaba como yo, por ejemplo, se ha leído en varios institutos y a mí, como escritor, de las cosas que me produce más satisfacción es ver a adolescentes de 16 y 17 años que no sólo están estudiando, sino que leen las más de 600 páginas de mi libro y, luego, además, están más de una hora haciéndote preguntas, interesados en el libro que has escrito.

Antes aludías a algunos comentarios críticos en torno a que no podías hablar de la Transición y, menos criticarla, por no haberla vivido. ¿No crees que el recuerdo de haber vivido, incluso de haber sido protagonista de la Transición, la ha convertido en algo que nunca ha sido?

Efectivamente, confiar en el recuerdo y creer que el recuerdo implica la verdad de lo sucedido es una falacia. Desde un punto de vista histórico, no por haber vivido algo se tiene mayor credibilidad en el momento de narrarlo. ¿Acaso Hitler, por el hecho de haber protagonizado el nazismo, tiene mayor credibilidad que cualquier historiador de hoy? El problema es que vemos lo acontecido a través de nuestra memoria y la memoria distorsiona: cuántas veces, al reencontrarnos con un compañero de instituto, te das cuenta de que, al volver a narrar un episodio vivido conjuntamente, los relatos no coinciden y que, a lo largo del tiempo transcurrido, esos relatos, de tanto ser contados, han ido modificándose.

Sin embargo, durante muchos años parecía que solamente hubiera un único e idealizado relato de la Transición.

No hay nada más peligroso y más anestesiante que el discurso único, y mi generación ha crecido con esto, con ese único discurso a partir del cual se definía la Transición. Sin embargo, en el proceso de preparación de la novela, he hecho muchas entrevistas a gente que vivió la Transición y, al hacerlas, me di cuenta de que el discurso no era tan único como parecía y que, a lo mejor, ese discurso único era solamente aquel que se difundió durante años a través de las instituciones y los medios de comunicación. Recuerdo perfectamente que mis primeros entrevistados, lo que me dijeron fue que nada tenía la Transición ni de pacífica ni de modélica. Lo que sucede es que, a lo largo de estos años, mucha gente asumió ese discurso institucional y ahora, cuando ese relato empieza a ponerse en discusión, comienzan a ver que, a lo mejor, esa idealización no tenía motivo alguno.

A propósito de los medios de comunicación, en la novela, el profesor de políticas define los periódicos como medios informativos que no son de fiar por su falta de independencia y que cuentan solamente medias verdades.

Lo dice un personaje, pero yo no diría nunca que el periodismo no es de fiar, porque entonces se me van a tirar encima y, además, no lo pienso. ¿Hay desconfianza hacia el periodismo? Claro, pero porque el periodismo se construye principalmente a partir del relato hecho por los vencedores, aunque, evidentemente, la historia no corresponde a ese relato, sino que son múltiples los relatos que la conforman. Sin embargo, hay tantos relatos como periodistas y lo que a mí me preocuparía sería que hubiera un único medio de comunicación, como sucede en las dictaduras. Puede que yo no consuma determinados diarios más de derechas, de los que no voy a decir nada malo, puesto que me parece muy bien que en la prensa esté representado un amplio abanico ideológico. Aunque, hoy día echo a faltar, sobre todo en los periódicos de papel, que el espectro de la izquierda todavía no esté bien representado. No hay que olvidar, sin embargo, que el periodismo es también opinión y, por tanto, la pretensión de objetividad es una falacia.

‘Tuyo es el mañana’ me ha recordado la película sobre el secuestro de Aldo Moro, ‘Buongiorno notte’.

Sí, la he visto al preparar la novela.

Como en esa película, te adentras en la psicología de alguien que va a cometer un atentado.

Es un tema muy complejo y delicado. A mí nunca me ha interesado dedicarme a la literatura para contar historias maniqueas de buenos y malos, siempre me ha gustado plantear libros abiertos para que sea el lector quien encuentre las contradicciones de los personajes y tome partido, si quiere. Por esto, intento que mis personajes sean caleidoscópicos, que no sean arquetipos o ejemplos perfectos de un ideal. En El anarquista que se llamaba como yo, los compañeros anarquistas del protagonista no son ni todos buenos ni todos malos. Lo que intento es encontrar en cada uno de mis personajes lo que hay de humano en ellos y, por tanto, intento entenderlos, que no quiere decir ni defenderlos ni apoyarlos. Es verdad que en el caso del profesor de Tuyo es el mañana, me resultaba muy atractivo, desde el punto de vista humano, bucear en la mente y en el alma de un ser humano que es capaz de jugarse la vida por un ideal.

¿Bucear en la mente de este profesor que no descarta la lucha armada en el activismo político implica llegar a comprenderlo?

El profesor es una persona comprometida políticamente y a quien no le importa rebasar algunos límites, que muchos no rebasaríamos. Es muy difícil llegar a comprender a alguien que se plantea que una idea vale más que la vida de otra persona e, incluso, de su propia vida; sin embargo, me interesa filosófica y antropológicamente un personaje así. Y es posible escribir desde la no comprensión, porque precisamente escribes para llegar a comprender: en el proceso de escritura se produce la comprensión. De la misma manera que, en teatro, los ensayos sirven para llegar a entender el personaje representado, la escritura es un proceso de comprensión de un personaje que creas sin entenderlo a priori.

Uno de los temas de ‘Tuyo es el mañana’ es el acoso escolar. ¿Puede verse el acoso escolar como el reflejo de la violencia social que se vivía por aquellos tiempos?

Como te decía antes, yo no parto de los temas en el momento de escribir; sin embargo, ahora me doy cuenta de que Tuyo es el mañana es una novela sobre la violencia y de que cada uno de los personajes está sometido a fuerzas violentas: la niña, el perro o la joven estudiante, que se enfrenta a una sociedad patriarcal y falócrata en un momento, el de la Transición, en que se produce una apertura sexual y mental para la mujer. Tuyo es el mañana son pequeñas historias de violencia, que ponen en discusión esa idea de la Transición modélica y, además, evidencian como esos años fueron mucho más violentos de lo que se nos ha dicho.

Pablo Martín presenta ‘Tuyo es el mañana’ el viernes 16 a las 19.30 h. en la librería Laie de Barcelona.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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4 comentarios

  • El 15.12.2016 , mikel ha comentado:

    La transición fue modélica, un gran pacto democrático entre españoles, fue tan modélica que es estudiada en las grandes universidades del mundo. Fue el gran pacto que acabó con los efectos de la guerra civil y trajo a España el más largo periodo de libertad y prosperidad que nunca ha vivido el pais.
    Estos tontos a las finas hierbas que dicen lo contrario me parece que no es que sean tontos o ignorantes, simplemente creo que tienen mala fé.

  • El 16.12.2016 , Odiseo ha comentado:

    Modélica? Con los rifles de los militares bajo la mesa de negociación y los franquistas con la mano en el puñal si alguien decía algo en contra del “sagrado consenso”? Con parte de los antecesores del PP votando en contra de la constitución?
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    Con un rey y una forma de gobierno que atenta contra la igualdad de todos y que fue educado por Franco? El mismo rey que no dudó en hacer duquesa a la hija del dictador?
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    Modélica con tantos muertos? Sabe cuántas víctimas de ETsa hubo? Y de todos los grupos paramilitares de ultraderecha? Quizá se sorprenda al leer la estadística. Y las muertes “accidentales” o por torturas de una policía que seguía siendo franquista?
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    También la guerra de Vietnam se estudia en la universidad y no veo que tenga nada de glorioso.
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    En cuanto a la prosperidad, obvio cuando una economía volcada al interior se abre hacia el exterior. Pero hubiera sucedido de manera parecida con una república. Evidentemente, comparada con la dictadura fascista y corrupta de Franco, cualquier cosa habría sido mejor.
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    Mala fe es querer cambiar el relato de lo que pasó para adaptarlo a la historiografía institucional.

  • El 17.12.2016 , Vanessa ha comentado:

    Plás! En toda la boca!! Ja ja

    Por cierto,
    Excelente entrevista!!!!!

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