07.08.2016

Tres libros para dejar de sobrevivir y empezar a vivir

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Tres libros para un cambio.

Tres libros para un cambio.

Verano. Aquí estamos. Esperando. España lidera en Europa el consumo de sedantes como el alprazolam (Trankimazin), el lorazepam (Orfidal), el diazepam (Valium) y el bromazepam (Lexatin). Como si el sistema político no nos afectara. Como si no fuéramos esclavos de las mismas historias repetidas. Como si la supervivencia no nos ahogara. Y aquí os traemos tres novelas para salvarnos. Tres autores: Manuel Vázquez Montalbán, Belén Gopegui y Francisco Casavella. Tres libros para un cambio. Para encontrar nuestras propias respuestas en este mes de agosto. Romper las ergástulas de las narrativas de supervivencia y empezar a vivir.

Ser escritor y poder sobrevivir son dos caminos que rara vez coinciden ni siquiera en paralelo. Menos aún cuando se trata de un autor que no es joven, tiende a explorar las profundidades sin caer en fórmulas populares y cuenta con un notorio pasado antifranquista. Se llama Marcial, el nombre tampoco ayuda, no resulta cercano ni moderno. Es un escritor que se ha quedado fuera del márketing nuestro de cada día. Se apellida Pombo y no tiene lazos familiares con el otro que asoma simpático por los medios de comunicación. Marcial Pombo es el nombre del personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán para llevar una cruz: un encargo editorial. Si hay encargo, hay carga, se trata de una cuestión morfológica esencial. Todo depende de nuestra musculatura. A Marcial no le queda más remedio que aceptar, necesita sobrevivir. Primero comer y después filosofar. Lo peor es que se trata de escribir una biografía de Franco narrada en primera persona. Entonces sucede lo previsto, que la libertad se cuela por los poros. Según va escribiendo, Marcial Pombo no puede evitar chocar con la versión del dictador. Marcial piensa y busca la verdad desde mucho antes de nacer, es una actitud enraizada en sus genes. Acabará escribiendo con descaro y, gracias a ello, trascendiéndose. Así, la voz en primera persona del Generalísimo se contrasta con testimonios reales de su entorno más cercano que lo desmienten con humor, con ira, con rabia contenida o austera indiferencia. Marcial ha intentado tomar distancia durante toda su existencia pero le resulta imposible. Su vida está vinculada a 40 años de silencio y miedo. Eso es lo que descubre Marcial Pombo mientras desvela una autobiografía apócrifa de Franco y recupera su voz, su historia familiar y su identidad.

Éste es un libro que literalmente me cambió la vida. Vázquez Montalbán lo logró a través de sus historias en varios aspectos de mi existencia, éste no fue el único. Por entonces yo vivía en Asia y después de leer esta novela entendí el miedo y el silencio de la mano de Marcial Pombo. Volví. Marcial y yo acabamos reuniéndonos con nuestros padres. No fue nada sencillo, nada esencial lo es jamás. También es un libro muy entretenido, cargado de ironía y de la calidez de la que era capaz este autor. Es sin duda un relato muy evocador mientras genera dosis incalculables de identificación. Y no olvidemos que Vázquez Montalbán era un maestro de la intriga.

Autobiografía del General Franco es una novela que nos muestra lo que nos ha pasado interiormente como sociedad desde 1939 hasta este mismo agosto de 2016 y traza puentes sobre las brechas generacionales. Planeta la publicó inicialmente en 1992 y desde entonces no ha perdido actualidad porque es universal. Sucede lo que con los buenos libros atemporales: hay un mensaje para cada lector por más diferente que sea. Entre otras cuestiones, nos permite nombrar lo que ya sabíamos pero que no habíamos sido capaces de identificar con precisión. En sus páginas los pecados capitales españoles se presentan ordenada y pulcramente. Allí están dibujados nuestros silencios actuales y de siempre; la necesidad tan íntima de sentirnos seguros como funcionarios eternos; nuestra hidalguía chulesca y nuestro servilismo indiferente; las actitudes polares tan españolas entre el dedo acusador y el victimismo; la aceptación ciega de la autoridad; la condena diaria del “no preguntes”; el hacer que no pasa nada; el que nos cueste tanto como sociedad negociar con el otro que siempre parece nuestro enemigo y esa desconfianza a ultranza que acaba en actitud simple individualista o mezquina (según los casos); la fatalidad del comportamiento cortesano y el hecho de que las víctimas sean culpabilizadas. Autobiografía del general Franco nos cuenta sobre nuestra carga genética como sociedad y sobre nuestra capacidad de caminar hacia el futuro mientras nos sentimos impotentes.

“Aunque un año más joven que usted, Vicente Guarner era de la promoción de su primo Pacón: ‘A Franco le considerábamos un gallego triste y cauteloso, siempre melancólico o deprimido, de aspecto vulgar, moreno, bajito, con voz de falsete y que había leído poco”. (Autobiografía del general Franco, Manuel Vásquez Montalbán).

El ciberespacio, ese universo de nadie y de todos es el escenario y es el medio presente. Corrupción, amor platónico, traición y heroísmo son los ingredientes. Los ordenadores más famosos de España están dotados de una voluntad extrema de ser personajes de ciencia ficción rusa. Todo se lo debemos a una escritora española. En 2011, Belén Gopegui publicaba con Mondadori Acceso no autorizado, si bien había empezado a escribirlo cuatro años antes. En 2007, cuando la gran mayoría no adivinábamos el tsunami de la crisis, Belén Gopegui empezaba a escribir esta novela con una clara intención de verosimilitud, lúcida y conmovedora siempre.

Una mujer política y un hacker es el binomio fantástico que da pie a contar la historia de lo que se nos ha desvanecido en estos años recientes. Nos paseamos por las silenciadas y precarias salas de prensa, por locales oscuros, despachos y residencias de lujo. Mr Robot ya habitaba en España gracias a Belén Gopegui. Ella se ocupa de desvelarnos lo que no pudo ser. Narra sobre las consecuencias de todo lo que nos ha contado Marcial Pombo. Están presentes los amigos y el dinero, el poder de la banca, las jugarretas de la soledad de los políticos alejados en sus castillos en el aire, un partido que nos ha traicionado (no hay que olvidarlo) junto a un presidente que pierde sus criterios mientras defiende la forma en que se hacen las cosas y desatiende el contenido de su labor para acabar -lo sabemos ya- mintiéndonos. No hay que olvidarlo. La novela es pura intriga a partir de sus primeras páginas cuando un hacker se mete en el ordenador de la vicepresidenta. Ella no deja de ser una mujer más a la que se le exige un mayor esfuerzo y un aguante a prueba de balas. No es literatura de simple denuncia, es una novela escrita por una autora ya señalada por Francisco Umbral como la mejor de su generación. Después de que Vázquez Montalbán ilumina un cambio vital, Belén Gopegui entrega las herramientas que ya nos pertenecían para ponerlo en marcha.

“La democracia no era más que el recambio de los vendedores, según quién estuviera en el gobierno serían unos y no otros quienes podrían ofertar sus ruinas para obtener a cambio millones de euros del común. También recambio de compradores que adquirían a precio de saldo inmuebles e infraestructuras puestas en pie por la comunidad. Todos lo saben y se rasgan las vestiduras de cuatro a seis y después vuelven a lo suyo”. (Acceso no autorizado, Belén Gopegui).

15 de agosto. Día del Watusi. Más allá de su autor, Casavella, y el empeño afirmativo de su editora, ésta es una novela que gustará a quienes leen mucho y reflexionan en las mismas dosis, aplicando voluntariamente el entendimiento a un objeto sensible. Acaba de reeditarse en Anagrama y se presentó en pleno invierno. Lo celebraron con bailes. Y si hay un libro que logre que editores, libreros, acólitos empedernidos y algún que otro que lograra colarse muevan sus caderas, puedo asegurar y aseguro que vale la pena leerlo.

Como Marcial Pombo, aquí nos guía un narrador con un encargo. Ahora se apellida Atienza (www.atienza.org/atienza.htm). El apellido Atienza se origina en la Villa del mismo nombre de la provincia de Guadalajara. Los Atienza fueron distinguidos por sus nobles servicios, participaron en la conquista de Andalucía y figuran en el estado noble de Ronda, Casares y Jimena. Se embarcaron hacia las Américas. Prestaron sus servicios en Nueva España, Perú y Chile. Hoy se encuentran hasta en Hong Kong. Siempre se han distinguido por su entrega a una causa. Si hay algo propio de un Atienza, es atender y satisfacer un mandato. No será menos con Fernando, nuestro guía con su informe de 900 páginas.

Todo comienza el 15 de agosto de 1971. Es el día más importante en la vida de Fernando Atienza. El Watusi ha muerto de forma violenta. Fernando quiere que sea el superviviente por antonomasia. Como si la soledad fuera esto o aquello, sigue sus huellas o las inventa de forma pormenorizada a lo largo de dos décadas. Una vez más todo se diluye. Nada es lo que parece. Hay que internarse por un túnel de mentiras que generan más mentiras hasta que nos creemos en posesión de la verdad. ¿Conclusión del informe? Hemos perdido nuestra identidad. ¿Y cómo ha sido posible? Caímos en la dicotomía polar de víctimas y culpables, no hay relaciones más allá del amor y el odio, conmigo o contra mí mientras nos rodean intocables. No somos capaces de definirnos por nosotros mismos. Pero no pasa nada, hay suficientes culpables para todos. Y sin que nos demos cuenta nos rodeamos de intocables mientras nos volvemos como ellos. Todo ha comenzado con dos niños y un viaje. Es la historia de aquellos que ha conocido Marcial y que como él vivían relegados.

Los dos niños protagonistas pagan el precio de la iniciación a través de la violencia, una suerte de Guerra Civil 2.0 privada. El silencio y el miedo los empujan a reinventarse. No pasa nada. No te preocupes. El dinero y el arribismo político pueden convertirse en sedantes efectivos. No pasa nada. No te preocupes. El dinero permite construirse castillos en el aire. Y si no hay dinero, basta con no preocuparse y a reírse calientes mientras no importa la gente. Invencibles ya. Hasta el fin del mundo, hasta Hong Kong con un idioma imposible. A quien le gustara el final de la primera temporada de la serie True detective, sentirá familiaridad con los fuegos artificiales del San Juan final del Watusi. Esa es la fe en las estrellas y lo que nos podemos contar desde ellas.

El Watusi se trasmuta y sigue sobreviviendo. Quizás también lo haga para que lleguemos a preguntarnos si de verdad vale la pena sobrevivir en nombre de otro. Si reconocemos a los muertos su lugar, porque el Watusi murió un 15 de agosto de 1971, los vivos podremos entregarnos a la vida. Sobrevivir implica ahogar los sueños propios, silenciarlos una vez más. Vivir es otra cosa.

“Enseguida dirijo la vista a unos ojos que no es la primera vez que me miran y descubro a una madre amnésica. No importa: sé que en el fondo no teníamos nada en común, pero compartimos una noche o dos nuestros espejismos del mundo y del placer en la época en que la gente reía y lloraba en exceso y le echaba la culpa de todo a algo que se llamaba vida y mundo y familia y circunstancia, y no tiempo, no el Tiempo, a la certeza de querer vivir en cualquier país menos aquél. Buscábamos los unos en los otros alguien con quien compartir algo más que un momento de ese destino que suponíamos variado”. (El día del Watusi, Francisco Casavella).

Tres portadas y una misma narrativa social. Observémoslas. Un retrato impertérrito, un camino y un baile. Parece que un código irrevocable nos ha soltado la melena. Y bailamos. Pero se trata de una danza inmóvil. No bailamos en realidad. Sobrevivimos. Seguimos resistiendo desde 1939. Ya no nos sobra el tiempo. Es verdad que nada de lo que realmente importa se puede acabar en una vida, la esperanza en lo que jamás podremos ver completo es crucial. Así mismo necesitamos creer con fe en el futuro porque el contexto inmediato nunca basta para que algo tenga de verdad sentido. Necesitamos creer juntos porque individualmente no se construyen las historias ni se articulan los cambios. Todos estamos esperando un cambio. Todos queremos vivir.

En 2015 en España los incendios forestales quemaron el doble de superficie forestal y el triple de árboles que en 2014. El 25% de la población española está sometida diariamente a niveles de contaminación inadmisibles y peligrosos. España solo depura el 84% de sus aguas residuales. El paro juvenil (47,5%) y el de larga duración también esperan. El paro ha disminuido en 2015 mientras tocamos el máximo de precariedad entre los asalariados. Más de tres millones de personas han descendido a la parte baja de la distribución de la renta. Hoy en España 624.308 hogares no pueden garantizar una alimentación adecuada.

¿Y qué tienen que ver las novelas con todo esto? Aparte del hecho de que comprar libros es un lujo para muchos, obviamente, en las novelas habitan respuestas e interrogantes. A veces son íntimos; en otras ocasiones, sociales. No se trata de recetas ni de titulares prefabricados para impactar. Ni de la receta del político de turno. En la ficción está presente la vida, pero ya no en su forma más caótica, sino clara y nítida como un espejo brillante en el que vernos mejor y encontrar nuestras propias palabras, sobre todo aquellas que necesitamos con urgencia porque en realidad no tenemos tiempo para aplicarnos a empezar a vivir.

Frescas lecturas, olas de cambio y océanos de futuro.

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