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Tres recomendaciones literarias (breves) para Navidad

Por Antonio García Maldonado, el 14 de diciembre de 2017, en España Europa General libros literatura

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Empiezo a pensar que las listas de recomendaciones de libros son, en realidad, una falta de respeto al lector. Presuponemos que no tiene ya un criterio, o que el tuyo le debe importar algo. Y, por otro, obviamos que la mayoría de lectores habituales tiene el mismo problema que sufres tú, la angustia por exceso de libros que le interesan y no tendrá tiempo de leer, a pesar de que en muchos casos el libro lleva años comprado. No obstante, reniego de la pureza y me siento a gusto con algunas contradicciones, así que me tomo la osadía de recomendar tres libros (¡breves!) que están ahora en los estantes calmos de los ya leídos.

Se va otro año paradójico en mi relación con los libros. En 2016 y 2017 he leído más que nunca pero he disfrutado esas lecturas menos que otros. Durante temporadas previas, en las que viajaba más y por trabajo me mudaba cada dos o tres años, el hecho inabarcable de la biblioteca con los libros que quería leer quedaba escondido en estanterías pequeñas, maletines con dos o tres libros de géneros distintos, papelerías de aeropuerto y estaciones donde los títulos que me interesaban –si alguno había– eran más bien pocos. Mi anhelada vuelta a España y a cierto sedentarismo intelectual y laboral, con capacidad para organizar mi espacio y mi tiempo, era un privilegio que me tenía reservada una trampa que me ha costado superar.

Mi mayor distracción no han sido ni los gadgets, ni internet ni las redes, ni siquiera el trabajo. Sino los libros que me esperan acomodados en mis estanterías, que ahora se me aparecen en casa con los brazos cruzados, impacientes, esperando su turno. Su presencia es casi insultante, en las dos direcciones: ellos parecen reprocharme mi desatención, y yo les afeo que me pongan ante el espejo de mi finitud y mis limitaciones. Los libros, de repente, empezaron no tanto a contarme algo, a instruirme, a armarme ante la vida, como a decirme que tenía otros muchos por leer y que además no tendría tiempo aunque dedicara por completo mis días a ello. Por eso empecé a compaginar libros extensos con otros breves que podía leer en un día o dos. No me ocurre con la prensa, de la que soy lector diario y frecuente: excepto con las revistas a las que estoy suscrito, la lectura se agota en el día. Algunas de estas estrategias escapistas las conté en la sección ‘Los libros que no he leído’, del periodista Daniel Capó.

A ello he sumado ahora la costumbre de huir de mi biblioteca y de mis libros e irme más a menudo a leer a cafeterías, a bares de tapas o a la farmacia de mi padre y de mi hermano (aunque no ayuda el hecho de que este último tenga una biblioteca bien nutrida allí). También para escribir. Porque, ¿con qué animo se sienta uno ante la página en blanco rodeado de libros de Conrad, Pessoa, Wolf, Thoreau, Borges, Atwood, Montaigne, Austen o Emerson? Lo cierto es que mi vía de escape me ha ayudado a soportar una verdad tan incómoda como incontrovertible: el resultado de mis esfuerzos será insignificante. Con un café y el runrún de los clientes, unas cañas y el desfile de tapas, o con el trasiego de la botica, me autoengaño unas horas y la lectura y la escritura vuelven a ser placenteras. He encontrado mi fórmula, aunque no es precisamente barata, ni sana. Pero lo urgente era recuperar el goce con el hábito.

Para 2018 me propongo hacerlo más saludable y financieramente más austero. Mientras, me tomo la licencia de hacer estas tres recomendaciones de libros a los que sí les llegó su turno.

Tango satánico, de László Krasznahorkai  (Acantilado)

El autor húngaro (nacido en 1954) es un autor de culto en su país, y quizá algunos lectores recuerden este título por la adaptación cinematográfica extensa y compleja que hiciera Béla Tarr en 1994. La historia transcurre en un pueblo de la Hungría poscomunista, donde sus ciudadanos viven una vida anodina tras la caída del mundo que conocían, sin esperanzas ni proyectos. Hasta que reaparece Irimías, un personaje carismático al que en el pueblo llevaban años dando por muerto. Su vuelta da esperanzas infundadas y trastoca los equilibrios de la comunidad, que descubre con ese acontecimiento la fragilidad de los consensos. La novela tiene un evidente interés actual, cuando ante la falta de expectativas parecemos poco inmunizados ante las promesas más inconsistentes. Una novela extraordinaria y de una vigencia asombrosa.

 

Verano en los lagos, de Margaret Fuller (La Línea del Horizonte)

Cuenta Teresa Gómez Reus en el prólogo que Ralph Waldo Emerson saludó este libro como “el primer libro genuinamente norteamericano”. Se publicó en 1844 y el éxito fue tal que, en un mundo hostil hacia las mujeres, Margaret Fuller (1810-1850) recibió la oferta del New York Tribune para que se uniera al periódico, que acabaría por enviarla a Europa para cubrir la revolución italiana. Además de pionera en la lucha por los derechos de las mujeres, fue la primera reportera bélica de Estados Unidos. En Verano en los lagos hace una crónica entre periodística, política y antropológica de un país que se expande hacia el norte y hacia el oeste. Habla con colonos y muestra su valentía pero también sus miserias respecto a los indios, duerme en las peores condiciones, viaja en tren y carroza, estudia y analiza el comportamiento de los nuevos ciudadanos que darán una nueva identidad a Estados Unidos y, en definitiva, muestra el alma de un país en construcción que es también, de alguna forma, el país de todos. La editorial La Línea del Horizonte es uno de mis descubrimientos editoriales del año, no sólo por este rescate tan elogiado.

 

Principios del Estado Liberal según Chateaubriand, de Armando Zerolo (Dyckinson)

El título excesivamente académico o técnico no hace justicia a este libro del profesor del CEU Armando Zerolo Durán: entretenido, muy documentado y profundo sobre una de las figuras más fascinantes de la historia intelectual y política de Europa. François-René de Chateaubriand (1768-1848) fue uno de esos intelectuales, políticos y escritores en los que Francia fue tan fecunda durante la Ilustración y el Romanticismo, como Benjamin Constant o Madame de Stael. La biografía breve que ha escrito Zerolo Durán abarca su vida y sus cambios de posición política en un cambio de siglo tan convulso y tan fascinante en cuanto a las ideas y a la creación y consolidación de los Estados liberales de nuestros días. Chateaubriand es autor del monumental Memorias de ultratumba, donde dejó escrito que “El hombre no tiene una sola y única vida, sino muchas, enlazadas unas con otras, y esa es la causa de su desgracia”. Esta estupenda biografía política abarca todas esas vidas y las contextualiza.

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

Hay un comentario

  • 02.01.2018
    Africa G N dice:

    Sigue por favor recomendándonos libros, lejos de ser un atrevimiento….es un entretenimiento.
    Tú prosa ágil y elegante es tremendamente vitalista!!!

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