13.12.2015

Alicia Giménez Bartlett: “Es importante darse cuenta de que nos utilizan, que somos peones”

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La escritora Alicia Giménez Bartlett, ganadora del último Premio Planeta.

La escritora Alicia Giménez Bartlett, ganadora del último Premio Planeta.

Considerada como la gran autora española de la novela negra, a raíz de su éxito con las obras protagonizadas por Petra Delicado, Alicia Giménez Bartlett ha conseguido, sin embargo, el Premio Planeta este año con ‘Hombres desnudos’, una novela social donde aborda la crisis económica, la desesperación por la falta de trabajo que empuja a jóvenes al mundo del alterne y, al mismo tiempo, la soledad y las renuncias a las que son abocadas mujeres en pos de una carrera de “éxito”.

El fallecimiento de Chirbes trajo su explícito reconocimiento y aparentemente también el reconocimiento de una literatura social…

Ay, era un buen amigo mío, le gusta Petra.

Y digo aparentemente porque, en una entrevista, decías en relación a ‘Hombres desnudos’: “Si no estuviera mal visto, diría que puede ser una novela social”.

Es verdad, en el fondo, lo social joroba a la gente. Durante los años de bonanza nos han hecho creer que todos éramos ricos y famosos, que todos éramos capaces de distinguir una añada de un vino de la anterior o de la siguiente. Pero yo ni me lo creí ni me lo creo, hay gente que ha sido utilizada, como por ejemplo los jóvenes. ¿Qué generación futura nos espera? Quien no está fuera es subempleado o, si no, dando las gracias a Dios y al patrón porque tiene un sueldo mínimo. Por todo esto, la novela social debería ser esencial y, al mismo tiempo, la novela social no debería ser un coñazo porque, cuidado, no hay que confundir los tratados y las ideas con la novela.

Te han denominado “la gran dama de la novela negra”; sin embargo, ganaste el Nadal en 2011 con una novela social, y ahora el Planeta. ¿Tu regreso a la novela social con ‘Hombres desnudos’ se debe a que la novela negra no permite tratar determinados temas de denuncia social?

La manera en que yo hago la novela negra no permitiría tratar este tema, el de la prostitución masculina y el de la crisis económica que aboca a jóvenes a ella. En la novela negra introduzco elementos de comedia, de humor, la novela negra es, en el fondo, un juego donde se trata de descubrir quién es el asesino y de plantear unos indicios que lleven más o menos directamente a la resolución del caso, y el lector es un elementos vivo. Sin embargo, en esta ocasión quería que Hombres desnudos fuera otra cosa, no quería que fuera un juego, más bien quería que fuera una novela que cualquiera se la pudiera tomar en serio. Quería que cualquiera, al leer Hombres desnudo, si bien no identificándose con la historia, pensara que lo que ahí se narra es posible, pensara que es una historia acerca de una experiencia que bien puede vivir un amigo, un vecino o un hijo.

¿Y una forma de que el lector lo tomara en serio era eliminando el narrador y cediendo la palabra a los protagonistas para que apareciesen como personajes reales que hablan por sí solos?

Efectivamente, esta era la intención en cuanto a la elección sobre las voces narrativas. Lo malo es si yo no he sabido interpretar la psicología o la clase social de los personajes, algo que en parte era el reto de la novela, puesto que en ella se pasa de las niñas pijas de un barrio rico a los chavales que se buscan la vida en un club de alterne. Es el lector quien debe decidir si es verosímil; será el lector quien considerará si es verosímil que allí donde hay niña pija hay chico de alterne. Si se lo creen y lo ven real, entonces me doy un diez.

Un tema esencial del libro es la renuncia: Inés es una niña pija con un buen trabajo que, sin embargo, ha tenido que renunciar a muchas cosas por la carrera. La carrera profesional, lejos de ser algo positivo, ha implicado una dolorosa renuncia.

La renuncia es algo que afecta a todos, no sólo a la mujer, sino a todo el mundo. De repente estamos en una economía internacional donde hay que apretar el acelerador, donde hay que ser competitivo y donde el fracaso ni siquiera se permite un solo día; todo esto ha generado un modo de civilización despiadada, urgente, donde muchas veces los mediocres son aquellos que obtienen los hitos profesionales. ¿Qué vamos a hacer contra esto?

La literatura puede ser una de las respuestas.

La literatura, pero, sobre todo, lo importante es darse cuenta de lo que pasa, darse cuenta de que nos utilizan. Actualmente, no darse cuenta de que nos utilizan en este mundo de la competitividad significa que no sólo se es un peón, sino que se es además gilipollas.

¿Para ti, la literatura es la manera de contar lo que no se ve, la manera en parte de abrir los ojos a los lectores?

La gente no es tonta. No hay que abrirle los ojos. Lo que me gustaría es que el lector sea capaz de pensar, me gustaría que mi libro no sólo le genere sentimientos, sino que le llevara a pensar, a reflexionar acerca de cómo piensan y de cómo actúan los personajes y, en consecuencia, a reflexionar cuánto de él se asemeja a los personajes y cuánta de la realidad que se narra en el texto le es o le puede ser próxima. Me gustaría que el lector pensara con mis libros; si lo consigo o no, eso ya es otra cosa.

De lo que no cabe duda es de que ‘Hombres desnudos’ deja un poso amargo, hay poca esperanza en sus páginas.

Hombres desnudos es una novela contemporánea y espero, porque sigo viva, que habrá en el futuro otros momentos en los que, por lo menos, no nos dejemos llevar otra vez por los cantos de sirenas y sepamos ver quién nos manipula. Entonces, cuando veamos exactamente de quién somos peones, los tiempos serán mejores; es necesario pensar así, todos tenemos que tener esperanza; de lo contrario…

Dices que es una novela contemporánea y, efectivamente, en ‘Hombres desnudos’ no hay proyección en el futuro, es puro presente.

Exacto, Hombres desnudos es un retrato del presente. Antes, en el siglo XIX, las novelas contaban cómo era el París de la Revolución Industrial, novelas como La Regenta nos contaban cómo era la España del XIX, las novelas eran un testimonio más junto a los libros de historia, que al final te sirven de poco. En la época en la que yo fui profesora, cuando hacía leer a los alumnos Germinal de Émile Zolà, donde narra la vida de los obreros, describe cómo se despertaban al alba para ir a la fábrica, cómo encendían un fuego para calentarse el café, sin leche ni nada más, porque no tenían nada, los alumnos entendían ese período de finales del XIX en París, entendían aquella realidad y aquel momento histórico mucho mejor que a través de cualquier libro de historia. Ahora, creo, la novela debe seguir teniendo ese punto, no de denuncia, pues la gente ya es muy lista y ya tiene los periódicos, sino de análisis de lo que está pasando.

Y esto es algo constante en tu literatura, más allá del género. Por ejemplo, un análisis del papel de la mujer dentro de la sociedad; de hecho, creo que se puede establecer un paralelismo entre Petra e Inés.

¿De verdad lo crees? Pero si Petra es una mujer segura o, por lo menos, respecto a Inés su inseguridad se restringe más en cosas diarias.

Veo analogías no en el carácter, sino en el contexto: las dos son dos mujeres cuya carrera ha implicado unas renuncias que no sé si hubieran tenido que realizar si hubieran sido hombres.

Me gustaría saber cómo sois las mujeres más jóvenes hoy en día. Sinceramente creo que la mujer ahora es y debe ser lo suficientemente madura para saber a qué renuncia y por lo que apuesta. Lo importante es que la mujer, siempre, siendo consciente de la renuncia, escoja libremente y con seguridad, que renuncie en nombre de lo que ella quiere.

Hoy en día las renuncias es algo aceptado; al respecto, se habla mucho de la renuncia -motivada por el contexto- a la maternidad, tema que aparece de soslayo también en el libro.

Claro. Y en relación a la maternidad, lo grave es poner la maternidad en el centro y convertirla en algo que define a la mujer. Te pongo un ejemplo: me hace mucha gracia cuando al hablar de las mujeres madres se dice: “es una mujer y además es madre”. Yo tengo dos hijos, pero nunca me he sentido investida de una metamorfosis a través de la cual me haya transformado en “madre”. La mujer es una mujer siempre y, evidentemente, puede tener hijos como los han tenido desde el Pleistoceno hasta hoy.

Resulta, no sé si curioso, que el tema de la maternidad ha vuelto a estar muy presente en la narrativa mientras que durante los años setenta era un tema superado.

A mí me parece una cutrez de mucho cuidado. Cuando oigo a una mujer que ha destacado en un determinado tema y señala que su momento de mayor felicidad fue cuando ha tenido a sus hijos, siempre pienso que no saldría a tomar un café con ella.

Tú te declaras postfeminista, pero ¿estamos seguros de que hemos alcanzado ese post- del feminismo?

Soy postfeminist,a aunque hoy, de repente, nos encontramos con unas feministas un poco de salón, donde reaparece la reivindicación del amamantar públicamente. A mí me queda un poco lejos, pues creo que como mujeres debemos ser fuertes, antes que nada. Claro que si tienes hijos los quieres un montón, pero la maternidad no es algo básico para la vida. Una mujer es mujer siendo soltera, casada, madre, no madre… La mujer es siempre ella, tiene siempre unos elementos básicos intelectuales que la forman. ¿O es que todo pasa por vía vaginal?

En relación a esto, tras su ruptura sentimental, Inés se siente desfigurada como mujer, pues su relación era una relación de dependencia, ella era en relación a él.

Inés ha dependido siempre de su padre, ha crecido en un mundo patriarcal y solo con el tiempo se da cuenta de que demasiado amor puede ser agresivo. A mí, el “yo quiero que me quieran” no me gusta; cuanto más te quieren más te joden, desde un padre o una madre hasta un novio o un hijo. Quiéreme lo suficiente para dejarme en libertad.

Otro tema que aparece en ‘Hombres desnudos’, aunque de manera más secundaria, es la educación. Javier es profesor y critica no sólo el sistema educativo sino la infravaloración de los alumnos por parte no sólo del sistema, sino también por parte de algunos profesores.

Durante 13 años, yo he sido profesora de Bachillerato, hasta que tuve que escoger entre la literatura y la enseñanza, porque los dos mundos se hacían incompatibles y ambos me tiraban hacia sí. Yo en la educación estaba cómoda, estaba cómoda en el mundo de los jóvenes, a quien entendía muy bien; veía, evidentemente, que sus valores iban variando con el tiempo, pero no me alteraba porque mis valores no son los que cuentan. Me da mucha pena que la literatura y la lectura, tal y como se han entendido hasta ahora, se pierdan, pero yo no estoy en lo que viene después. Me lamento por lo que ha pasado porque ha pasado en mi época y, por esto, no soy capaz de hacer un juicio neutro y objetivo, no sé dónde y en qué punto está mi vejez, mi decrepitud, mi no entender lo que viene. Por lo tanto, no quiero juzgar, me da pena, pero no juzgo.

No juzgas tampoco en la novela, haces que el lector no sepa dónde aferrarse.

Y esto dificulta la identificación del lector con los personajes, pues en un primer momento sientes empatía, pero luego descubres que uno es un machista y la otra una pija del demonio. No voy a vender ni un puto libro.

No digas eso.

Los lectores quieren personajes con los que identificarse, quieren algún héroe…

¿Tú crees que todavía el lector y, por tanto, la sociedad demanda héroes?

Sí y como no existen los inventamos. Y creamos individuos de ficción, creamos peluches elevados a la máxima potencia shakesperiana o a algo que está fuera de nuestra naturaleza. Alguna vez volveremos a la realidad.

¿No crees que ya hay un regreso a la realidad, con el auge de géneros nada complacientes y que abordan realidades no cómodas como, por ejemplo, la novela negra?

Sí, pero son géneros que al final contienen héroes; a lo mejor es un héroe negativo, que es por cierto el típico de la novela negra, es decir, el tipo que bebe, que ha sido abandonado por su mujer, que es un desastre… Pero el lector se identifica con él porque, por otra parte, es un caballero que está dispuesto a romper su lanza por una causa. Esto es un héroe.

Petra Delicado no es un héroe.

No, Petra es simplemente una superviviente nata, con todas sus contradicciones; es, además, una mujer malhablada, borde…

Y no hay tampoco héroes en ‘Hombres desnudos’, todo es muy gris.

Es un presente gris, pero, y precisamente por ello, una se queda con las cosas cercanas: con la cerveza con los amigos, una puesta de sol, con los libros que te gustan… Y al final, resulta que no hay mucho más de esto, que todo lo que te han contado de héroes y de revoluciones no existe.

Pero en ‘Hombres desnudos’ no introduces ni tan siquiera estos placeres.

Es cierto, a diferencia de Petra, en Hombres desnudos no hay ni tan siquiera esto. Por lo menos, los personajes echan algún polvo.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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2 comentarios

  • El 15.12.2015 , Angela ha comentado:

    Me ha gustado mucho la entrevista, y estoy pensando comprare el libro. Lo que lamento es que tenga tantas erratas, para ser una entrevista literaria da pena, pero es el sino de los tiempos. Ya no leo un solo artículo en los periódicos online que no contenga erratas. Antes era muy difícil encontrar una erra ta en un periódico impreso…

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