31.05.2018

Álvaro Valverde, poeta caminante: “En el paisaje siempre encuentro motivos de inspiración”

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El poeta Álvaro Valverde en el Cementerio Alemán de Yuste. Foto: Salvador Retana.

El poeta Álvaro Valverde en el Cementerio Alemán de Yuste. Foto: Salvador Retana.

En la poesía de Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) siempre hay un espacio para la naturaleza. Maestro de profesión, autor de referencia en el actual panorama literario español con obras como ‘Una oculta razón’ (Visor) o ‘Desde fuera’ (Tusquets), Valverde ha residido toda su vida en la ciudad del Jerte. Lo extraño, asegura en esta entrevista, “sería que en mis poemas no aparecieran árboles o pájaros, aunque sea a costa de que te califiquen de poeta agropecuario”. Hablamos con él de ecología y poesía, de nuestra forma de vida sujeta a un ritmo infernal, de caminar entre la naturaleza para inspirarse, de reciclaje y contaminación. 

El cuidado del lenguaje, la búsqueda de la palabra precisa, la austeridad, tan presentes en su poesía, guardan una estrecha relación con la mirada que tiene Valverde hacia la naturaleza y se erigen en un contrafuerte contra las prisas. “Resistencia y poesía son conceptos que se llevan de maravilla”, asegura.

Poeta reflexivo y meditativo, en tu obra la naturaleza está muy presente. ¿Cómo definirías tu relación con ella?

Si se me permite el fácil juego de palabras, es una relación de lo más natural. Vivo en una ciudad de provincias, es cierto, que tiene semáforos y todo, pero rodeado de naturaleza. De campo. En el paisaje uno encuentra siempre motivos de inspiración. Metáforas perfectas también. O imágenes. Su contemplación me resulta necesaria. Perderse en ella, esencial. Más si se es solitario. Me siento, en fin, más humano. O humano del todo. Por lo demás, para los que antes que nada nos consideramos lectores, ¿cómo serlo sin haber leído cientos de poemas que se sitúan en la naturaleza? Otro motivo para vincularse a ese mundo. No he sido nunca deportista, pero aspiré a ser montañero. Mi adolescencia está muy unida a las montañas (Gredos, Béjar…), luego… Por suerte, allí donde voy la naturaleza me espera.

Entiendo que haber nacido y vivido en Extremadura, tal vez la comunidad con más biodiversidad de España y por tanto de Europa, ha influido en tu modo de acercarte a ella, a la naturaleza.

Ya lo decía. Mi vida está unida a la naturaleza desde que tengo uso de razón, y antes. Mis padres eran muy campestres. Cuanto circunda Plasencia (los valles del Ambroz y del Jerte, La Vera, Las Hurdes, Monfragüe…) han condicionado mi mirada, uno de los dos reinos, junto al de la memoria, decía Valente, donde se constituye el poeta. Lo extraño sería que en mis poemas no aparecieran árboles o pájaros. Siquiera sea a costa de que te califiquen de poeta “agropecuario”. Por aquí (a diferencia de lo que sucede en la lírica anglosajona, pongo por caso), se asocia modernidad a urbanismo, cuando en poesía lo que importa, al fin y al cabo, es el lenguaje. Será, claro, que uno, poco imaginativo, es incapaz de fingir y lleva a los versos su propia vida. Lo que siente y piensa. A ello habría que añadir mi obsesión por la noción de lugar. Acaso porque, con permiso de Machado, la poesía es también palabra en el espacio.

Eres también un gran caminante. En tu blog, donde narras estos paseos, alguna vez has mencionado a Thoreau. ¿Qué relación guarda la poesía con tu afición a caminar?

Camino a diario. Después de comer, cuando la gente suele estar a otra cosa. Por las orillas del río. Cerca de dos horas como poco. Si puedo, no perdono esa caminata por nada. Me quita muchas telarañas y me permite, sí, reflexionar y hasta componer algún que otro poema. En eso, y por desgracia sólo en eso, me parezco a Claudio Rodríguez. Como él decía, hay un acompasamiento de uno y otro ritmo. Puede que se camine como se es. En mi caso, deprisa.

Quizás pueden verse ambas cosas como diques contra las prisas que nos invaden, ¿no?, como una manera de resistir al modo de vida actual. ¿Cómo lo ves?

Sí, paradójicamente, aunque camino a paso rápido, salir cada día a pasear es mi manera de detener el tiempo. O al menos de intentarlo. Da mucho de sí ese rato. Nada más contrario a la velocidad de nuestra sociedad líquida que esas salidas al camino. Solo. Sin móvil y, por supuesto, sin radio o música. Una suerte de viaje modesto y cotidiano a contratiempo.

En tus últimas obras se detecta una mayor austeridad en el uso del lenguaje, el decir más con menos. Sería una buena recomendación también para vivir mejor, ¿no? En un mundo de sobreabundancia y consumismo, tal vez la felicidad no consista en tener más, sino en vivir con menos. 

Nunca he sido de acaparar. Me tengo por austero. Necesito poco para vivir. Si escribo poesía es fundamentalmente por eso: porque busco, he buscado desde que leo y escribo, la máxima concisión. Y de eso la poesía sabe mucho. La prosa, bastante menos. Por otra parte, si algo nos ha enseñado la dichosa crisis es que era posible prescindir de muchas cosas superfluas. Tampoco seamos tontos: esta sociedad se llama de consumo. No hace falta explicar el porqué. Y cuesta nadar a contracorriente. Pero se puede. Resistencia y poesía son conceptos que se llevan de maravilla. Y cuando digo poesía digo eso, no lo que dicen ahora que lo es y que vende tanto. Puro versismo.

¿Cuáles crees tú que son los principales retos ambientales a los que nos enfrentamos?

No seré nada original: la contaminación nos lleva a un callejón sin salida. Es obvio. Nuestro planeta está al límite y esto es algo que sabemos todos. Ya sufrimos sus consecuencias. Por lo que decía antes acerca del consumo masivo, también el tratamiento de los residuos o su reciclaje, no siempre posible, están entre las prioridades a resolver. Cada uno de nosotros debe intervenir. Por ejemplo, en lo que respecta al gasto de agua o al uso del coche particular, más si es de gasoil. Sí, los pequeño gestos… El uso de la energía nuclear y, en nuestro país, el escaso desarrollo de las energías limpias y renovables son parte de ese debate pendiente. Menos mal que la conciencia sobre la gravedad de estos asuntos ambientales es cada vez mayor. Esa es una pequeña esperanza.

¿Crees que los gobiernos están haciendo algo al respecto?

Más allá de los acuerdos globales, no demasiado efectivos, mucho menos de lo que debieran. El caso español en lo referente a la energía es paradigmático. Los intereses de las empresas eléctricas priman sobre los generales. Descaradamente. No digamos lo que agrava el problema medioambiental del mundo que al frente de los Estados Unidos esté el señor Trump.

¿Tienes algún libro en perspectiva?

En otoño saldrá en Tusquets El cuarto del siroco, un libro que reúne poemas escritos a lo largo de lo que va de siglo. Las familias patricias sicilianas tenían en sus palacios un cuarto para resguardarse, cuando soplaba, del temible viento africano; así, uno cree que la poesía no deja de ser también un refugio perfecto contra la adversidad. Una cabaña para el consuelo.

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Sobre el autor

Javier Morales
Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme en:

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