14.03.2015

Andrés Neuman, entre lo sombrío y el asombro

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El escritor Andrés Neuman.

El escritor Andrés Neuman.

‘Àrea de Descanso’ recoge hoy la presentación que hizo el autor del escritor Andrés Neuman el pasado 12 de marzo, en Fuerteventura, dentro del ciclo ‘El escritor y tú’. Y, como ya adelantó Roberto Bolaño, lo califica como uno de los valores actuales más seguros de la literatura en castellano. Su obra transita entre lo risueño y lo sombrío, el asombro y el desencanto, la voluptuosidad y la ternura.

La primera vez que oí hablar de Andrés Neuman yo vivía en Granada. En aquella época, mediados de los años noventa, cumplía con algo que hoy, afortunadamente, resulta ajeno a la mayoría de los jóvenes españoles: la prestación social sustitutoria.

Había ido dilatando mi incorporación hasta que ya resultó imposible. Dado que mi familia procede de Granada y que siempre había soñado con vivir allí, solicité un puesto en una ONG. Con la idea de emprender una nueva vida, dejé Madrid y el trabajo que tenía en una editorial. Me matriculé en algunos cursos de doctorado de la Facultad de Filología, escribí mi primera novela (afortunadamente aún sigue en el disco duro del ordenador), di alguna clase en la universidad, colaboré con el periódico local. Perdí el tiempo todo lo que pude. Como Granada es una ciudad pequeña, no tardé en conocer, al menos de oídas, el particular “mundillo literario” granadino. Y pronto, muy pronto, el nombre de un joven escritor, alguien que había sorprendido con sus primeros relatos y poemas, empezó a resultarme familiar. Un tal Andrés Neuman.

Pocos años después, de nuevo en Madrid, la experiencia granadina duró poco, me enteré por la prensa de que un escritor revelación, un niño prodigio lo calificaron algunos periodistas, un tal Andrés Neuman, con apenas 22 años, había quedado finalista del Premio Herralde con la novela Bariloche.

En el jurado del premio estaba Roberto Bolaño, quien por aquella época aún no había adquirido la condición de mito que le acarreó su muerte temprana, pero cuya estatura literaria era ya incuestionable. Sobre Neuman escribió Bolaño unas palabras, que serían proféticas, y que yo veo como una especie de traspaso de poderes de un genio a uno de sus herederos literarios, un ritual parecido al de los antiguos caballeros y sus espadas y armaduras. El artículo, recogido en Entre paréntesis (Anagrama), dice así:

“Neuman, tocado por la gracia. Entre los jóvenes escritores que ya han publicado su primer libro, Neuman quizá sea el más joven de todos y su precocidad, que aparece ornada de relámpagos y hallazgos, no es su mayor virtud. Nacido en Argentina en 1977, pero criado en Andalucía, Andrés Neuman es el autor de un libro de poemas, Métodos de la noche, publicado en Hiperión en 1998, y de Bariloche, una excelente primera novela con la que quedó finalista del último Premio Herralde. La novela trata sobre un recogedor de basura de Buenos Aires que en sus ratos de ocio se dedica a armar puzles. Tuve la oportunidad de formar parte del jurado de este premio y la novela de Neuman me subyugó, si es posible utilizar este término de principios del siglo XX, y me hipnotizó a partes iguales. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos, la que osa adentrarse en la oscuridad con los ojos abiertos y que mantiene los ojos abiertos pase lo que pase. En principio, esa es la prueba (y también el ejercicio y la torsión) más difícil y Neuman, en no pocas ocasiones, lo consigue con una naturalidad que da miedo. Nada en sus páginas suena a impostado: todo es real, todo es ilusorio, el sueño en el que se mueve como un sonámbulo Demetrio Rota, el basurero bonaerense, es el sueño de la gran literatura y su autor lo escancia con palabras y escenas precisas. Cuando me encuentro a estos jóvenes escritores me dan ganas de ponerme a llorar. Ignoro el futuro que les espera. No sé si un conductor borracho los atropellará una noche o si de improviso dejarán de escribir. Si nada de esto ocurre, la literatura del siglo XXI les pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre”.

La curiosidad y la confirmación de un amigo escritor de que la novela de Neuman era muy buena me animaron a leerla y recuerdo que lo que sentí entonces fue admiración y envidia. Envidia insana, por supuesto. ¿Cómo diablos ha escrito un tipo de 22 años esta historia, lírica, luminosa, donde la evocación de la infancia se mezcla con el desarraigo más profundo?

Digo que sentí envidia, pero no debería hablar en pasado. La envidia se ensañó con los años. Aún no ha cumplido los cuarenta y el tipo este, ahora con barba, ha escrito cinco novelas, cuatro libros de cuentos, varios libros de poemas, ensayos, aforismos.. Mantiene un blog, Microrréplicas, de visita obligada por sus pequeñas “iluminaciones”, las más valiosas. El lector desconfiado podría pensar, ¡bah!, demasiada producción para tan poco tiempo. La literatura se cuece a fuego lento, necesita fermentar, como el vino. Otro escritor más que sólo busca estar en el mercado, que se hable de él para que no nos olvidemos de que existe y compremos sus libros. Pero el lector desconfiado se equivoca. Es cierto que en poco tiempo Neuman ha escrito casi tanto (es un decir) como Simenon, uno de mis maestros. Y entiendo que el lector desconfiado se sorprenda. Pero lo que no sabe este lector, por lo que debería sorprenderse en realidad, y admirarse, no es que Neuman haya escrito tanto, sino que haya escrito bien, muy bien, que su toda su obra, en mayor o menor grado, esté tocada por la gracia, si le robamos las palabras a Bolaño.

Llegados a este punto, me atrevo a decir que lo que está construyendo Neuman es un ambicioso puzle literario. Novelas, cuentos, micros, aforismos, libros de viaje, todo forma parte de un gran mosaico y nosotros, los lectores, debemos unir las piezas, encajarlas, no con un orden concreto, más bien como si jugáramos a la rayuela, porque Neuman, como Cortázar, aúna esa doble condición de algunos genios, el vitalismo y el desencanto, el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón, que diría Gramsci. La pasión por las palabras y su reverso, la fatalidad.

Su última novela, Una vez Argentina (Alfaguara), es un ejemplo de lo que comento. Concebida como un puzle, con saltos al pasado y al presente, es el lector el que debe rellenar los huecos. Una historia, la de Argentina en el siglo XX, la de su propia familia, que el narrador conoce más de oídas que por experiencias propias.

Neuman nació y vivió en Buenos Aires hasta los 14 años, cuando sus padres decidieron trasladarse a Granada, donde reside en la actualidad, eso sí, cuando no habita un avión, autobús o tren con destino a todas partes. Algunos críticos han señalado que esta doble condición, la de argentino y español, ha conformado su literatura, una literatura apátrida y extraterritorial, como la de otros grandes autores. Bolaño era uno de ellos, Juan Carlos Méndez, Patricio Pron, Clara Obligado (no dejen de leer su último libro de relatos, La muerte juega a los dados), más recientemente Eduardo Halfon. Autores que han renovado la literatura escrita en español porque hoy, más que nunca, quien quiera explorar nuevos territorios literarios ha de alejarse del localismo, del signo que sea.

El futuro de la literatura será, es ya, híbrido. Un futuro por el que ya transita gente como Neuman, escritor no de dos sino de varias orillas, equilibrista de las palabras, alguien capaz de caminar por la cuerda floja, por los límites de los géneros narrativos. Unas veces se detiene en la novela, otras explora y experimenta con el relato corto o con el micro, o se reconforta con la poesía. Y lo hace sin abandonar un pie de la frontera, sin perder su identidad de escritor mestizo, transfronterizo, ajeno a cualquier nacionalismo, de ahí que, entre otros hallazgos, haya conseguido una síntesis perfecta entre el castellano de Argentina y el de España.

Su obra, decía, transita entre lo risueño y lo sombrío, el asombro y el desencanto, la voluptuosidad y la ternura, la evocación de la infancia y el presente más descarnado, el descenso a los infiernos y el aliento promisorio de la belleza, la búsqueda de la verdad literaria. La exploración, siempre, como los poetas verdaderos.

Pero de todos sus abordajes literarios, quizás sea el de cuento, el del relato, en el que más haya brillado su estrella. Eloy Tizón, uno de nuestros grandes narradores, escribió sobre Neuman: “Lo que te distingue de otros cuentistas es que tú eres un militante del género; quiero decir que tú, a la vez que escribes un cuento, escribes la apología del cuento, lo cual dota a tus creaciones de una fuerza irresistible y una como sombra añadida”.

Una de las mejores definiciones del género que he leído se la debemos a este chico andaluz. “Contar un cuento es saber guardar un secreto”, escribió en uno de sus dodecálogos para cuentistas, que nos regala a los lectores al final de cada libro de relatos. Teoría y práctica forman parte del mismo engranaje, un engranaje cambiante, pero siempre verdadero, como si este hombre tuviera el privilegio de conocer todos los secretos del cuento o alguien le susurrara las palabras.

Conocí a Neuman en persona no hace mucho. La primera vez que nos vimos, le entrevisté para la revista Leer con motivo de la publicación de Barbarismos (Páginas de Espuma), un diccionario particular, a la manera de Flaubert. Recuerdo que coincidió con la Feria del Libro de Madrid del año pasado. Era una tarde lluviosa, Madrid estaba colapsada y el metro se estropeó. Llegué tarde a la cita. Al principio no le encontraba. Llamé a su editor, Juan Casamayor, de Páginas de Espuma, pero no cogía el teléfono. Fui de un lado a otro, preguntando a los conserjes del hotel en el que se alojaba. Ahora que por fin vamos a conocernos, me retraso, pensé. Hasta que lo vi sentado en un sillón, tranquilo. Preparaba su columna radiofónica en la Cadena Ser. La entrevista fue bien porque Neuman es también un orador virtuoso. Cuando terminamos, nos despedimos, cordiales, y salí a la calle, con el ejemplar firmado. La lluvia borró enseguida la angustia, el estrés con el que uno a veces se desplaza por la vida, por la ciudad, y llegué contento a casa. Días después, cuando me dispuse a transcribir la cinta, comprobé que la grabadora estaba en blanco. Aunque había tomado notas, ¿cómo reproducir una entrevista a Neuman? Volvimos a vernos hace poco, en la presentación del nuevo libro de relatos de una amiga común, la escritora Clara Obligado, y pude confirmar lo que ya sospechaba, que además de un gran escritor parecía un gran tipo.

Creador ambicioso pero conocedor de los límites, Neuman avanza en la construcción de su puzle particular. Sabe bien que es una quimera, que nunca llegará a terminarlo. Pero ahí sigue, edificando una obra cimentada de palabras e historias, consciente de que, como nos enseñó Beckett, lo importante no es tener éxito sino fracasar mejor.

Bolaño escribió que la literatura es una batalla perdida de antemano, pero hay que librarla. Y en esta batalla, un tal Andrés Neuman, aquel joven de quien oí hablar hace ya tantos años, es hoy uno de nuestros púgiles más valerosos y audaces.

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Sobre el autor

3 comentarios

  • El 15.03.2015 , Jorge Nácher ha comentado:

    No comparto el entusiasmo. Es un autor que se ha beneficiado de la difusión de Anagrama y Alfaguara y a los lectores sólo nos ha dado decepciones. Autor para solteronas y gente que nunca leyó a Julio Cortázar.

    • El 15.03.2015 , Carlos ha comentado:

      Su rancio comentario sobre las solteronas deja claro, en cambio, qué tipo de lector y autor es usted. En fin. Muy interesante el artículo, por cierto.

    • El 01.03.2016 , Elcaballeropartidoalamitad ha comentado:

      -Ay, sí, leí a Cortázar, qué interesante soy. Ay, sí, este muchacho Neuman es un autor para solteronas.
      -¿Por qué un autor para solteronas?
      -Este, no sé, bueno, pensé que sonaría desafiantente snobista.

      Lo mismo decía, por ejemplo, Saer de los autores del boom (y era Saer, no un simple tipo de la web), y bastaba leerlos para hallar deleite. Tal vez Neuman no sea una maravilla (como sí lo son Vila-Matas y Pauls), pero es un muchacho sensible, inteligente y gracioso. Ello le basta para hacer buenos libros. A leer más y a dejar el snobismo para el cajón, Lince. :v :v

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