Revistas que sobrevivieron al franquismo pero murieron con la Transición

Aquellas revistas que sobrevivieron al franquismo pero murieron con la Transición

Portadas de las revistas ‘Disco Expres’ y ‘Ozono’.

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Nos trasladamos a los convulsos años 70 del pasado siglo para repasar aquellas revistas culturales que, en el tardofranquismo, nos ofrecieron bocanadas de libertad y valentía en sus páginas, pero que sucumbieron a los tiempos ‘políticamente correctos’ de la Transición. Publicaciones con contenidos y titulares que hoy nos parecen imposibles de publicar. Abrimos las páginas de revistas como ‘Ozono’, ‘Sal Común’, ‘Disco Expres’ y ‘Hermano Lobo’, recordadas y homenajeadas en el libro ‘Todo era posible’.

Poco a poco vamos conociendo realidades, organizaciones y personas que la restauración borbónica, conocida como Transición, abandonó a su suerte o directamente las dejó sucumbir. Muchas habían luchado y sufrido por la democracia y la propia democracia acabó con ellas; lo que no hizo el tardofranquismo lo logró la novísima libertad.

Libros Walden publicó en plena primera oleada de la pandemia Todo era posible. Revistas undergroud y contracultura en España 1968-1983. Un recorrido por las publicaciones culturales que se editaron en aquellos años y que a muchos nos marcaron en nuestra adolescencia, cuando empezamos a percibir una realidad que no solo no nos gustaba, sino que también nos asfixiaba; pretendíamos ser libres, o por lo menos intentarlo.

Cuando se habla de la prensa de aquellos años se menciona a Índice, la publicación más censurada y secuestrada; Triunfo, una escuela de periodismo cuyos números están todos disponibles digitalmente, Cuadernos para el Diálogo y Cambio 16. Esta última se sigue publicando y a mediados de la primera década de este siglo volvió a editar Cuadernos; en ambas tuve la oportunidad de colaborar regularmente y en C16 lo sigo haciendo.

Hubo otras de carácter más cultural, Revista de Occidente, que fundó Ortega y Gasset en 1923 y volvió a editarla su hijo en 1963. Papeles de Son Armadans, puesta en marcha por el Nobel Camilo José Cela; algunas musicales, como Fonorama, Disco Expres o Discóbolo; de arquitectura, como Nueva Forma o Cau; humorísticas como La Codorniz, que fundó en 1941 Miguel Mihura y otros integrantes de la oculta Generación del 27 del humor, que desde posiciones muy integristas osciló hacia otras más críticas, convirtiéndose, como decía su eslogan, en “la revista más audaz para el lector más inteligente”, o Hermano Lobo (todos sus ejemplares en http://www.hermanolobodigital.com ), que ocupó el lugar de la anterior cuando aquella empezó su declive.

De ellas hablan Manuel Moreno y Abel Cuevas, los autores de Todo era posible, repasando otras editadas en el exterior y algunos fanzines que corrieron en paralelo a las publicaciones en que se centra el libro. Revistas culturales, a veces poco correctas políticamente que, aunque no se suelen mencionar, forman parte de la historia de nuestros medios y de nuestra cultura. En estos tiempos de confinamientos y semiconfinamientos hemos vuelto a comprobar el escaso interés por los trabajadores culturales, más evidente cuando estos se manifiestan de manera crítica, como ocurría en la mayoría de las publicaciones señaladas. Por eso no es de extrañar el silencio en el que han vivido todos estos años, siendo muy loable este libro, aunque solo sea para reconocer la labor de quienes lo narraban y de quienes las editaron, algunos compañeros y amigos en la actualidad. Muchas nos marcaron, haciendo que parte de nuestros pequeños ingresos se gastaran en aquellos quioscos de barrio repletos de todo tipo de publicaciones y no de cacerolas y abanicos como ocurre en la actualidad.

De muchas de ellas guardo ejemplares. No soy coleccionista, pero cuido aquello que me parece que es o puede ser relevante, singularmente si tienen un valor personal, y aquellas lo tenían. De Ozono, La Luna de Madrid, Sur Express o Madrid Me Mata tengo todos los ejemplares. Muchos de Star a partir del número 3, bastantes de Disco Expres, Vibraciones, Bicicleta, Boggie, Dezine, los 45 primeros números de El viejo topo y otras muchas que en estos días de confinamiento cultural he desempolvado y vuelto a ojear para recuperar parte de mi memoria histórica personal (algunos de esos ejemplares reportan momentos especiales). Pausa y perdón por contar la siguiente batallita.

No pinto canas por estar rapado con maquinilla, pero tengo una edad. Siendo un jovenzuelo compré, el mismo día en que falleció el general Franco, el número 5 de la revista Ozono, jornada histórica para la mayoría y más que curiosa para mí. Mientras que toda la maquinaria represiva del Estado estaba movilizada, en un destartalado banco de madera del barrio madrileño de Hortaleza unos adolescentes, que no pudimos asistir a clase al cerrarse las aulas por motivo tan señalado, hacíamos conjeturas juveniles sobre lo que podía ocurrir en los próximos meses, mientras nos pasábamos ese ejemplar que hablaba de la música de Cuba, la crisis del rock, la fiesta de L’Humanité -periódico oficial del PC francés-, un informe sobre la canción vasca y otros muchos más temas que normalmente estaban vetados en los medios convencionales. Ese número cerraba la primera etapa de la publicación, que se definía como “revista de música y otras cosas”, para pasar a una nueva cuyo objetivo era “mantener la calidad, el rigor y la independencia que hasta ahora mantenía en la información musical y potenciar, con los mismos criterios, otros temas de sociología, de cultura, de artes o de letras, entrevistas en profundidad sobre temas de nuestro tiempo, de nuestro país o de otros de fuera de nuestras fronteras”, como se comentaba en el editorial del número 6, detallándose el balance económico, activo y pasivo, del año, indicando que el presidente y consejero delegado del Consejo de Administración, don Felipe Cantos Ortiz, participaba con una cantidad superior al 50% del capital, transparencia que no deja de llamar la atención en la actualidad, donde la opacidad sobre cuentas y control de medios resulta bastante elocuente.Otro de los recuerdos que me viene a la cabeza fue descubrir en la portada de una de esas publicaciones una foto de Manolo Campoamor; gracias a esa imagen conocimos que, además de jugar al fútbol con nosotros, era el cantante de Kaka de Luxe, grupo con el que comenzó lo que después se llamaría movida.

De todas esas publicaciones, las que más me fascinaban eran Ozono, Ajoblanco, en la que también tuve el placer de escribir –no voy a contar nada de ella, ya que es suficientemente conocida y todos sus números se pueden descargar libremente– y Sal común, la que más me marcó, que abordaba muchos de los temas que trataban las anteriores, o El viejo topo, aunque para entender muchos de esos textos había que tener una cierta formación, de la que carecíamos. La Sal, como la llamábamos, era un panfleto compresible para chavales en pleno proceso formativo. Buena parte de sus páginas también estaban dedicadas a la música –la última época de Disco Expres estaba integrada en ella–, con titulares bien singulares: Cómo se lo monta un hippy millonario, refiriéndose a Neil Young; el que encabezaba una entrevista a Miguel Bosé, El marketing empieza por uno mismo, y en la que respondía sobre su vocación musical que le sudaba la música, el cine, todo… (releyéndola podemos entender su deriva actual), o este otro: Andy Warhol nos da una lección magistral de cómo torear a un periodista (no dice absolutamente nada, el cabrón).

También trataban sobre el amor libre, cómo acabar con la división homo-hetero, las ventajas de la bisexualidad, cómo defenderse ante una violación… Textos sobre el significado de las cárceles, incluyendo el diario de un preso esperando su ejecución en el corredor de la muerte. De cómo salvar el planeta, “el sol es gratis hasta que los americanos acaben vendiéndonoslo”, afirmando a finales de los 70: “el planeta está muerto” por el consumo intensivo. Te informaba sobre cómo montar pequeños huertos para autoconsumo y, por supuesto, cómo crear uno de marihuana para disfrute propio. Eran habituales debates sobre los negocios de la cocaína o si la heroína debería ser legal. No faltaban temas más convencionales, con entrevistas a personajes más públicos, como la que hicieron a Juan Luis Cebrián, en la que pedía “la legalización de la droga blanda, el alcohol es una droga dura”, para continuar afirmando: “Se corre a palos a la putas baratas y a las caras se las premia en fiestas de sociedad”; y a sus 35 años manifestaba: “El País es bastante aburrido, no trae coñas, es más sesudo”, y subrayaba que Carrillo era el mejor político profesional. En otra entrevista, otro periodista puntal de la época, Pedro J. Ramírez, decía, sin embargo, que Carrillo “es un bandido, un villano, un hombre cuyas manos están manchadas con sangre, y no me refiero a Paracuellos”; y de Adolfo Suárez comentaba: “¿Qué puede decirse de un hombre que lo más intelectual y profundo que ha leído es Papillón?”. Nada parecido a lo que comentaría años después sobre el ex presidente. Los tiempos cambian para todos.

Aquellas publicaciones transformaron nuestra forma de ver la realidad, abriéndonos otras nuevas. Las más de 250 páginas de Todo era posible, llenas de imágenes, fotos y recortes, nos vuelven a recordar el papel tan importante que tuvieron los medios, que hoy en la era de Internet parecen tan alejados. Tener acceso a más información no es garantía de que sea mejor, ni más plural, ni de que estamos más informados; solo hay que darse una vuelta por publicaciones como las mencionadas para darse cuenta de ello.

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Comentarios

  • Martín Glas

    Por Martín Glas, el 22 octubre 2020

    Estimado Rubén. Qué increíble leer a alguien que escriba sobre estas revistas. Siendo un adolescente exiliado en España, he sido fotógrafo de Disco Express (Diego Carrasco y Josep María Albanell eran sus directores), también de Sal Común y hasta alguna vez Popular 1 publicó una nota que yo mismo escribí. Recuerdo también una revista de corta vida, creo que una aventura editorial de alguna agencia de publicidad, llamada Por Favor, su cabezal en portada tenía el mismo diseño de la Rolling Stone americana a la que le pagaban derechos y publicaban algunas notas traducidas al español.
    ¿Tiempos heroicos? No sé si tanto, pero eran publicaciones que le permitían a uno estar en el mundo de una manera diferente al «mainstream».
    Todavía conservo un par de ejemplares de Disco Express conmigo…
    Un saludo desde Buenos Aires!

    • Rubén

      Por Rubén, el 26 octubre 2020

      Muchas gracias, esas publicaciones son parte de nuestras vidas. Abrazo.

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