15.12.2014

Atención, entramos en el Antropoceno, era de turbulencias

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Una imagen del mar de Aral, uno de los iconos del desarrollo insostenible. Foto: Land Rover Mena / Flickr Creative Commons.

Una imagen del mar de Aral, uno de los iconos del desarrollo insostenible. Foto: Land Rover Mena / Flickr Creative Commons.

La Humanidad ha entrado en una nueva era que muchos expertos denominan Antropoceno, por cuanto el ser humano tiene en sus manos la sostenibilidad de una Tierra habitable para nosotros o el colapso del planeta azul. De esto y de un cambio en el ejercicio del poder por parte de los Gobiernos hacia gobernanzas realmente democráticas y representativas del sentir ciudadano, habla sobre todo el informe de The WorldWatch Institute, que cumple 40 añitos: ‘La situación del Mundo 2014. Gobernar para la Sostenibilidad’.

Domingo noche. Interior. Casa. Me siento a escribir esta nueva entrega de Ventana Verde recién cumplidos los dos años de El Asombrario, una revista en la que un grupo de veintitantos locos tratamos de hacer un periodismo distinto y libre, y daros energía, alas, cultura a pie de calle, cercanía y algo de calor en tiempos tan fríos.

No ha dejado de llover en todo el día en Madrid. Un día gris, como corresponde a las últimas noticias emanadas de un Gobierno empeñado en amargar a la gente cada mañana. Han dictado la neofranquista Ley Mordaza en que se saltan buena parte de la tutela judicial de una sociedad realmente democrática; Rajoy, aclamado por sus periodistas fans o pagados, ha declarado “oficialmente” que la crisis ha terminado, como quien corta la cinta para inaugurar un pantano, y la nueva ley de supuesta Transparencia echa a andar con un Consejo de la Transparencia (las acciones de este Gobierno yo las pondría todas en cursiva porque siempre esconden un doble sentido) nombrado por ¡el ministro de Hacienda! Además, la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en Lima ha vuelto a terminar en fracaso, sin que los Gobiernos se hayan puesto de acuerdo para reducir las emisiones de los combustibles fósiles de aquí a 2020 (en estos casos se suele hablar de un acuerdo de mínimos, para salvar la cara).

Llueve sobre mojado y las aceras de Madrid -sucias por culpa de la desidia de un Ayuntamiento ensimismado en la recaudación pura y dura- comienzan a limpiarse. Tomo el nuevo volumen que cada año publican el prestigioso centro estadounidense de investigación The WorldWatch Institute  y, por parte española, los concienciados Fuhem Ecosocial e Icaria Editorial sobre La Situación del Mundo. Este año se titula Gobernar para la Sostenibilidad: 23 interesantes artículos de 33 autores expertos en medio ambiente y economía sostenible, volcados en analizar distintas vías de gobernanza, entendiendo ésta como la administración legítima, equitativa y con calidad democrática de la res publica, y abriendo sobre todo la puerta a la participación ciudadana como vía para avanzar en el imperfecto formato de las democracias occidentales, que parecen haber llegado a un punto de coito interruptus, estancamiento y marcha atrás.

En La situación del Mundo 2014 quiero centrar este artículo. Porque, año tras año, y llevo ya muchos siguiendo estos libros, se lo merecen. En marzo, esta Ventana Verde se hizo eco del informe referido a 2013.

Leo la página 135, la apertura del capítulo Escuchar las voces de los jóvenes y de las generaciones futuras, de Antoine Ebel y Tatiana Rinke (miembros de CliMates, un foro internacional para la reflexión y acción liderado por estudiantes, que intenta investigar y aplicar soluciones innovadoras al cambio climático, y me impresiona lo alejadas que quedan estas líneas de las pautas de nuestros gobernantes: “Cuando en el siglo XVII los colonizadores europeos conquistaron el norte del continente americano, muy pocos reconocieron que las poblaciones nativas que encontraban estaban organizadas en grupos con rasgos parecidos a los Estados, regidos por valores éticos y morales. Incluso hoy día, uno de estos principios éticos sigue siendo visionario: el Principio de la Séptima Generación de los pueblos iroqueses, que afirma que toda acción o decisión deberá tener en cuenta sus consecuencias hasta en las siete generaciones venideras. Es muy probable que en aquella época los colonizadores no comprendieran esto, pero, según parece, tampoco nosotros lo entendemos ahora. A juzgar por el curso actual de nuestro desarrollo, somos incapaces, como especie, de garantizar el bienestar ecológico de una o dos generaciones de las que nos sucederán, y mucho menos de siete”.

Ellos siguen empeñados en perforar territorios y archipiélagos buscando combustibles fósiles (esta palabra lo dice todo sobre su actitud) y dinamitando las energías renovables, porque quien manda aquí son las multinacionales. Leo en el capítulo 22, Una llamada a la participación, en la conclusión redactada por los coordinadores del libro, Tom Prugh y Michael Renner: “Parece evidente, en especial tras la última recesión, que los mercados no vendrán al rescate. De no ser vigilados enérgica y concienzudamente por los gobiernos, su funcionamiento tiende a ser autodestructivo y a servir sus propios intereses. Los mecanismos de mercado son herramientas que es preciso comprender y utilizar sabiamente cuando se estime pertinente, pero no están bien pertrechados para dirigir los asuntos importantes. Entre los defensores más acérrimos de unos mercados sin restricciones están las grandes corporaciones multinacionales, que ya han demostrado reiteradamente que su tamaño y su poder hacen que su conducta obedezca a una lógica interna propia, contraria muchas veces a los intereses públicos y de nuestro planeta”.

Repaso las últimas entregas de ‘El Asombrario’: a Sardiflor, esa maravillosa y secreta mujer entregándose a la generosidad con los gatos y la literatura; a Javier Pizarro hablando de tres grandes ilustradores de cuentos infantiles; a Julia Luzán recordando a Basilio Martín Patino; a Antonio Balzaga homenajeando a Billy Wilder; a Anna María Iglesia entrevistando a la escritora Elvira Navarro, “la voz de la generación precaria”… Y cada vez tengo más claro de que sólo la fórmula educación + cultura + economía colaborativa + conciencia con el cuidado del planeta + equidad en el reparto de la riqueza nos salvará. Me produce ternura el quijotismo de El Asombrario y me produce ternura también el informe anual del WorldWatch Institute, repitiendo machaconamente curso tras curso, desde 1991, la alerta sobre los peligros que acechan al planeta, sin que el discurso dominante capitalista neomedieval se dé por aludido. Ellos van a lo suyo. Pero hay que insistir; insistir hasta lograr que la gota de agua haga el agujero. Tarde o temprano caerán en la cuenta de que teníamos razón. Leo en el capítulo 22, más adelante: “El leitmotiv de todas las reformas y las ideas sobre políticas analizadas en este libro es, sin embargo, la necesidad de empoderar y de responsabilizar a la ciudadanía. Podríamos denominarla primera ley de la física política: un cuerpo en reposo permanecerá en reposo mientras no se le aplique una fuerza. Cuando existen alternativas prometedoras y conocidas de gobernanza que merecen ser ensayadas pero que no terminan de ser aplicadas, resulta preciso ejercer presión para provocar un movimiento exploratorio en una nueva dirección. Y cuando los propios gobiernos son incapaces de ejercer esa fuerza y otros actores (como las empresas) empujan en la dirección equivocada, la única posibilidad de contrarrestarles es contar con la gente (…), una democracia de liderazgo distribuido (en contraposición a la que empieza y termina en las urnas electorales) parecería ser el espacio natural de los esfuerzos por la sostenibilidad”.

Aral, el mar perdido – Español from We Are Water Foundation on Vimeo.

En la tele, en La Sexta, pasan dos buenos programas de periodismo, con Ana Pastor y Jordi Évole al frente. Excepcionales; por lo bueno y por la excepción. No lo puedo evitar. Me indigna a diario que se llame periodismo a lo que es propaganda y manipulación. Se aprende mucho más en dos minutos de lectura del capítulo Poner las finanzas al servicio de la economía real, escrito por Thomas I. Palley, asesor sénior de política económica de AFL-CIO -la mayor central sindical de EE UU y Canadá-, que en horas de noticias de periódico sin contextualizar y tertulias de radio y televisión que siguen hablando de “la herencia recibida de Zapatero”, cuando las bases de la actual crisis/estafa las implantaron Reagan y Thatcher, y una década después, en España, Aznar. Leamos a Palley: “El modelo keynesiano de crecimiento impulsado por los salarios y el modelo financiero de utilidad pública (el crecimiento de la productividad impulsó el aumento de los salarios, que a su vez incentivó la demanda; la mayor demanda generó el pleno empleo, incentivando las inversiones, que impulsaron el crecimiento de la productividad…) fue desmontado y desmantelado gradualmente a partir de 1980 (…) El nuevo modelo podría describirse como un conjunto de políticas ‘fundamentalistas de mercado’ que confina a los trabajadores y les presiona desde todos los ámbitos. Por un lado, el modelo empresarial de globalización obliga a los trabajadores a competir internacionalmente a través de redes mundiales de producción, apoyadas por acuerdos de libre comercio y de movilidad del capital. Por otro, la pretensión de avanzar hacia un ‘gobierno mínimo’ ha supuesto una agresión a su legitimidad y ejercido una presión constante a favor de la desregulación, pese a sus peligros”.

Llueve sobre papel prensa mojado… No lo puedo evitar. Cuando miro a primera hora de la mañana el aluvión de trabajadores apresurados en el metro por ir a su puesto precario y mileurista (en el muy mejor de los casos), de teleoperador o cajera, me asalta una amarga sensación de masa humana al servicio del capital, que no alberga ningún interés en dignificar como se merece a cada uno de esos sujetos. Sujetos, no objetos. Tan sencillo como descorazonador. ¿No se dan cuenta? ¿No nos damos cuenta? ¿Por qué se callan? ¿Por qué se dejan?… Escriben David Bollier y Burns Weston, expertos norteamericanos en la gobernanza de los comunes, en su artículo Promover la custodia ecológica mediante los comunes y los derechos humanos: “Es un secreto a voces que los diversos lobbies industriales han secuestrado, si no corrompido, los procesos legislativos en todo el mundo, y que los mecanismos reguladores, a pesar de todas sus funciones necesarias, son esencialmente incapaces de cumplir con sus mandatos, y mucho menos de liderar nuevas normas de custodia ambiental. El proceso regulador está cada vez más aislado de la influencia y control popular”.

A pesar de la grisura de este día y estos gobernantes grises, miremos al frente, sin miedo a tropezar, con energía y optimismo. Así lo ha hecho el abogado ambientalista sudafricano Cormac Cullinan en el capítulo El gobierno de las personas como miembros de la comunidad de la Tierra, de La situación del mundo 2014. Con él os dejo; hasta la próxima semana; desde El Asombrario seguiremos preocupándonos por esta, por la siguiente y la siguiente, hasta siete generaciones: “Si en las próximas décadas los enfoques ecocéntricos sobre la gobernanza van a aglutinar fuerzas, activistas y creadores de opinión actualmente activos en una amplia gama de campos -derechos de animales, derechos humanos y civiles, derechos de los pueblos indígenas, conservación de la naturaleza, cambio climático y medio ambiente, juventud, religión, trabajo y mujeres- tendrán que reconocer que todos se beneficiarán de colaborar en una agenda común. Dicha agenda reconocería los derechos y libertades de todos los seres vivos como la base de una nueva forma de sociedad. También serviría como un medio para contrarrestar el poder de las corporaciones basado en la propiedad y el de las instituciones públicas que promueven sus intereses. Puede que la sociedad global se encuentre ya en las primeras etapas de un cambio tectónico de pensamiento que transformará fundamentalmente el terreno sobre el que se disputará la futura dirección de la sociedad. Si esas tendencias continúan, conceptos tales como vivir en buena armonía con la naturaleza empezarán a reemplazar el concepto de crecimiento económico como objetivo fundamental de las sociedades. (…) Las comunidades verán que su lealtad principal es para con los lugares que aman y las sustentan en vez de para con los partidos políticos o los Estados nacionales, y harán valer cada vez de forma más vigorosa su derecho a la autodeterminación. Será entonces cuando podamos empezar a usar nuestra creatividad de formas conscientemente alineadas con la creatividad salvaje que da vida al despliegue del universo y que nuestras civilizaciones podrán recobrar un sentido de pertenencia y un propósito”.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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2 comentarios

  • El 16.12.2014 , Carmen ha comentado:

    Muy interesante, lúcido y esperanzador artículo. Enhorabuena, Rafa Ruiz. Como bien apuntas, hay que ir aglutinando activistas y creadores de opinión de diferentes campos. Para ir aún más allá de la ecosostenibilidad y apostar por el decrecimiento ecofeminista recomiendo “Subversión feminista de la Economía”, de Amaia Pérez Orozco.
    Por la supervivencia de nuestro maravilloso planeta y de todos los seres vivos, incluidos nosotr@s.

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