04.04.2018

Autoterapia, la cuarta y honesta reinvención de Izal

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Los cinco miembros del grupo Izal. Foto: Fernando Mateos.

Los cinco miembros del grupo Izal. Foto: Fernando Mateos.

Canciones como ‘Qué bien’ o ‘Pequeña gran revolución’ se han asentado ya como himnos de una prole que entiende la música indie y los festivales como un estilo de vida. Melodías que los chicos de Izal se han encargado de incrustar en el imaginario popular a base de ritmos con gancho y letras de ida y vuelta. Izal retorna al panorama discográfico para volver a dejar huella con su disco ‘Autoterapia’, once temas con los que vuelven a reinventarse por cuarta vez.

Pero para alcanzar este punto, previamente han tenido que vivir situaciones complicadas. Antes de conseguir llenar el Palacio de los Deportes de Madrid con 17.000 espectadores, tuvieron que pasar por karaokes y giras en las que casi ni ganaban para cubrir gastos. La fuerza para seguir se la daba su confianza en su trabajo. Esto ocurría hace sólo cinco años. Alejandro Jordá, batería de la banda, lo resume así: “Fueron unos años que vivimos con mucho cariño, aunque fueron duros: ensayar muchísimas horas en un piso sin ventanas, hacer kilómetros y kilómetros con los instrumentos entre las piernas, viajar cada fin de semana y volver sin ninguna ganancia…”. Pero todas las experiencias tienen su punto positivo. “De todos los bolos volvíamos con muchísima ilusión porque, aunque vinieran 7 o 12 personas, todas salían bastante arriba”. Mikel Izal, cantante y compositor, añade: “Lo tienes tan fresco que el contraste es lo que te hace disfrutar todavía más de lo que estamos viviendo ahora. Cuando tocamos hace poco en el Palacio de los Deportes nos acordábamos de esos tiempos en los que hace nada actuábamos en karaokes”.

Pero aparte de esos inicios anecdóticos, el grupo también cuenta con una fundación muy particular. Ante esta pregunta todos muestran una sonrisa cargada de melancolía, como las personas mayores cuando rememoran su juventud. Alejandro entró al grupo porque buscaba piso en Madrid y contactó con Mikel, Gato coincidió con este último en un certamen de jóvenes talentos en Macedonia y se propusieron comenzar a andar juntos, y el resto de componentes, a través de anuncios en Internet, más concretamente del Tablón de Atiza. Alejandro resume su historia emocionado por aquella casualidad: “Aunque el piso no salió, acabamos siendo compañeros de instrumentos”. “¡Y encima me fui a un piso mejor!”, se ríe.

UN SALTO MAYÚSCULO FORJADO POR PEQUEÑOS PASOS

De tocar en karaokes a llenar el Palacio de los Deportes en cinco años. Un salto mayúsculo que se ha forjado a base de pequeños pasitos. Alejandro, el batería, vuelve a tomar la voz cantante ante esta cuestión: “Nosotros creemos que hemos tenido muchos puntos de inflexión. Primero llenamos el Café La Palma, luego la Sol, de ahí saltamos a la Joy… Aunque siempre recordamos mucho el Sonorama: aquella Plaza del Trigo atiborrada de gente. Ahí sí que fue algo pronunciado”. Este último concierto, el del Sonorama, es del que guardan un cariño especial, ya que se consideran a sí mismos hijos de los festivales, del directo; es lo que les ha ayudado a sumar nuevos fans a su ya gran familia. “Nos enorgullece decir que el directo nos ha dado mucho público. Y es una forma muy honesta y sincera de convencer a alguien. Eso nos lo facilitó mucho la escena de festivales y las redes sociales por el boca a boca. Es una forma increíblemente pura”, dice Mikel.

Les comento que asistí a su concierto en la Joy conociendo únicamente dos canciones y que me ganaron, que su directo fue sincero, de los que hacen temblar. Gato, el bajista, toma la palabra: “Eso es un orgullo para cualquier músico. El mayor regalo es que guste lo que estás haciendo encima del escenario: es el trabajo real”. Pero aun con el salto que han dado, se muestran cercanos con su público. Cercanos y humildes. Dos adjetivos que desprenden no sólo por su tono tranquilo al hablar, sino también por sus formas. “En el Palacio los fans nos hicieron sentir que estábamos pegados a ellos, consiguieron que fuera una olla a presión. Lo consiguieron ellos. Nosotros reaccionamos a eso que nos da la gente desde el escenario”, comenta Mikel.

“NO CAMBIAMOS POR NINGÚN CONCEPTO, POR NINGUNA CIFRA”

Desde sus inicios, Izal siempre ha caminado en solitario, al margen del paraguas de grandes discográficas. Y no es porque no hayan recibido ofertas, pero ninguna les ha parecido interesante. “No es que digamos un no rotundo a las discográficas, sino que no nos ha llegado ninguna oferta que nos convenza”, comenta Alejandro. Y matiza: “Actualmente tenemos la suerte de elegir todo lo que nos pasa, ya que todo sale de nuestro bolsillo”. Mikel, con gesto más duro, acierta una definición sobre las discográficas: “No son malas por naturaleza. Ellos ponen a tu disposición servicios, pero te piden cosas a cambio”. Aunque se muestra objetivo ante una realidad de sobra conocida: “En esas interacciones, a lo largo de la historia, habrá habido contratos muy injustos para un grupo lleno de ilusión que firman lo que sea y otros muchos muy justos”.

Pero ellos lo tienen muy claro. Mikel añade: “Si ampliamos y todo se hace muy grande, por ejemplo en México o Colombia, quizá necesitemos un apoyo y una infraestructura mayores. Lo que está claro es que todo lo que se una al proyecto de Izal va a tener que entender dónde se está metiendo y cuáles son las condiciones inamovibles. La parte artística depende únicamente de los cinco músicos, desde el sonido, visuales, a nivel conceptual… Todo esto es nuestro y va a ser nuestro para siempre. Cuál va a ser el single, cómo va a ser la portada, por dónde queremos que vayan los tiros de la escenografía… Lo que venga va a tener que adaptarse a este modelo de trabajo que no pensamos cambiar bajo ningún concepto, bajo ninguna cifra, bajo ninguna propuesta. Eso lo tenemos clarísimo”.

UN MODELO DE TRABAJO ECLÉCTICO

“¿Que cuál es nuestro punto diferencial? Ojalá lo supiéramos. Imagino que estará relacionado con nuestras composiciones y nuestra forma de trabajar: somos bastante eclécticos en influencias y la forma de componer de Mikel, que no se repite en ninguna canción”, apunta Gato. Esto les ha llevado a reinventarse en cada disco, a mostrar diferentes formas de entender la música. “Cada disco es un pasito adelante en medios y eso se traduce en un pasito más en riesgos que puedes tomar: nuevos estudios en los que grabar o equipos mejores”. Y comenta una broma que se hacían entre ellos mientras grababan Autoterapia. “Esto suena a caro”. Risas de todos. Nuevos pasitos que han incorporado, como banjos o el violín del gran Ara Malikian.

Lo único que no cambia son las letras, ésas que siempre tienen una doblez, dos o tres escuchas totalmente diferentes. “El otro día comentábamos que ahora mismo hay canciones que no sabemos muy bien qué significan, aunque obviamente, a la hora de interpretarlas, las llevas a tu campo”, apunta Gato.

¿De dónde te viene entonces esta forma tan original de componer, Mikel? “No tengo ni la más remota idea. Supongo que de todo lo que he escuchado y leído en mi vida. De las charlas que haya tenido con mis padres, de las películas que haya visto… Supongo que eso es lo que va construyendo tu cerebro”. “¿De los seres que me llenan? (Risas) Sí, imagino que será de ellos. Nace de cinco tíos que llevan ocho años intentando no aburrirse de lo que hacen. Y yo creo que eso se plasma en este último disco. Esas inquietudes, esas capas. Copacabana me parece que ya era un disco de muchas escuchas, pero éste creo que es de muchas más. Esos recursos de los que hablábamos al principio nos han llevado, a nuestro juicio, a hacer un trabajo de mayor calidad cada vez. Siempre bajo nuestros estándares. La frescura de Magia y efectos especiales la hemos ido complicando y puede ser que muchas personas se caigan. Afortunadamente nos está sucediendo lo contrario y cada vez hay más gente alineándose con nuestra cabezas que bajándose. Pero que todo es válido. Nosotros tenemos que preocuparnos por lo que nos preocupa a nosotros cinco. Así es como hemos funcionado siempre”.

Quizá en eso resida su éxito, en mostrarse siempre honestos consigo mismos y con su público.

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Sobre el autor

Carlos Madrid
Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran.

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Un comentario

  • El 04.04.2018 , parqueareas ha comentado:

    Aparte de todo este asunto, ¡¡ que pena, que mal se visten los jóvenes !!

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