15.09.2019

Camus y Char, siempre hay un sitio para la Belleza y la Resistencia

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El filósofo y escritor Albert Camus.

En estos tiempos de liquidez política, siempre es de agradecer volver la mirada a autores sólidos. Como Albert Camus y su gran amigo el poeta René Char. Ahora La editorial Alfabeto publica un libro que recoge las decenas de cartas que se intercambiaron, ‘Correspondencia 1946-1958’. ¿Cómo no seguir leyéndolos si ambos habitan el corazón de lo eterno?

Aunque siempre esté en boca de todos, la educación y la cultura no interesan a nadie, me refiero sobre todo a los políticos. Hagan un esfuerzo y piensen qué medidas en materia educativa o cultural han propuesto los partidos que se presentan a las elecciones. Un país no es nada si no apuesta por la educación. «La educación actual ha convertido al docente en un monitor de tiempo libre», ha afirmado en una entrevista el escritor y profesor de instituto Andreu Navarra, autor de Devaluación continua (Tusquets), un libro al que aún no he podido hincar el diente pero que tengo muchas ganas de leer.

Un profesor de instituto, de Filosofía, cambió mi vida. Se llamaba como yo, Javier, y me han llegado noticias de que murió no hace mucho. Recuerdo que siempre nos decía que tenía en mente una novela, no sé si llegó a escribirla alguna vez. Pero sí sé que su consejo y su orientación me abrieron la mente y me moldearon como persona. “Sartre está bien, pero es mejor Camus. Lee a Camus”. Con 16 años yo me había metido en vena a Sartre y a Simone de Beauvoir y había leído alguna obra de teatro de Camus (también empecé a leer a Sartre a partir de su teatro), pero la sugerencia de Javier me llevó a comprarme todos los libros de Camus que había en la extinta librería Cervantes de mi pueblo. Leí sus biografías, sobre todo la de Herbert Lottman, que me sirvieron no solo para comprender a un hombre, sino a toda una época.

Como le ocurre a todos los lectores fieles con que cuenta el autor de El extranjero o El hombre rebelde, nunca he dejado de pensar qué habría sucedido si ese día de primeros de enero en el que tenía que regresar a París desde el sur de Francia hubiera tomado el tren, como había previsto, en lugar de acompañar en el coche a su editor. Su muerte tuvo ese tono trágico que encontramos también en su obra, un sentimiento que convive con la esperanza y la rebeldía, con la necesidad de mantener la independencia de pensamiento y de acción. Porque además de un intelectual, Camus fue un hombre de acción.

Este verano he releído de nuevo El primer hombre (Tusquets), la novela en la que trabajaba Camus cuando perdió la vida. Suelo acudir a ella con frecuencia y, ante la conocida pregunta de qué libro me llevaría a una isla desierta, creo que El primer hombre estaría en el puñado de obras que considero del todo imprescindibles. Un hombre regresa a Argelia en busca de su padre, muerto en la Primera Guerra Mundial. Pocos son ya quienes lo recuerdan, su nombre ha sido sepultado por el tiempo y el anonimato, pero esa búsqueda le permitirá reencontrarse a sí mismo: la pobreza que esculpió su carácter, la adoración por la madre, el respeto y el miedo hacia la abuela, la gratitud eterna hacia su maestro. Esta es la trama de una obra maestra inacabada, como la vida del propio autor. Javier, mi profesor, llevaba razón, tenía que leer a Camus. A diferencia de lo que me ocurría con Sartre, hijo de la burguesía francesa, con Camus además sentí siempre una complicidad de clase y de origen.

Un par de días antes de su trágico final, Camus había estado con el poeta y gran amigo, casi “hermano”, René Char. A Char, que ahora es uno de mis poetas ineludibles, lo leí mucho más tarde, sobre todo a partir de conocer a uno de sus traductores de referencia al español, el poeta y ensayista Jorge Riechmann. Como aseguraba Camus, la poesía de Char habita en el relámpago. Ambos, Camus y Char, militaron en la Resistencia, Char como el capitán Alexandre. Ambos militaron contra el estalinismo y las dictaduras. Char fue uno de los pocos intelectuales de la izquierda que defendió a Camus de los ataques de los mandarines liderados por Sartre cuando publicó El hombre rebelde. “Char se alzará siempre contra todos aquellos a los que llama afiladores de guillotinas”, dijo de él Camus. Ambos militaron contra la injusticia y ambos soñaron con el pensamiento del mediodía, un socialismo mediterráneo que hunde sus raíces en la Grecia clásica. Si no queda clara su apuesta por los débiles, como apunta Riechmann en la poesía reunida de Char, el autor de Fulgor y misterio amaba a los animales.

Camus y Char se hicieron amigos después de la guerra. Hasta entonces, Char no había reparado demasiado en Camus, incluso había aplazado la lectura de El extranjero. Hasta que un día, después de la Liberación, Camus le escribió. Quería publicar Hojas de Hipnos en Gallimard, la editorial donde trabajaba Camus. “Había leído sus artículos en Combat. Me gustaba de ellos el timbre preciso y la honradez. Eso era todo lo que sabía de él”, escribió más tarde Char. Y le confió su manuscrito, un diario que es como una luciérnaga en medio del abismo. Char lo escribió durante su confinamiento en un campo de concentración nazi. “En nuestras tinieblas no hay un sitio para la Belleza. Todo el sitio es para la Belleza». Estas palabras inmortales del poeta francés aún retumban en nuestros oídos y nos iluminan en este tiempo de nihilismo y de dictadura económica, y por tanto de dictadura política.

Desde entonces, desde la derrota del nazismo, se intercambiaron decenas de cartas, que ahora publica la editorial Alfabeto, Correspondencia 1946-1958. Camus vivía en París y Char en el valle del Luberon, un país que acabó siendo también el de Camus. Las cartas bien podrían ser el equivalente a los correos electrónicos de la actualidad, donde estos dos titanes de las letras se limitan a dar cuenta de detalles prácticos. Char, por ejemplo, ayudó a Camus a encontrar una casa en el sur luminoso de Francia que de alguna manera le recordaba a su Argelia natal. La correspondencia viene a ser un retrato de su vida cotidiana, en la que no faltan las confidencias literarias, la confesión más íntima, el parte de salud o la exaltación de una amistad que ambos consideraron única.

“No hace falta que le diga, espero, que ha estado en mis pensamientos todo el tiempo”, le escribe Char a Camus en noviembre de 1954. Cuestiones prácticas, literatura, vida. Y por supuesto política. “Acabo de escribirles a los de la propuesta [le pedían a Char en 1955 su apoyo a la movilización contra la guerra en el norte de África] que el único llamamiento que estoy dispuesto a firmar en este momento es aquel en el que se exija la inmediata movilización contra Franco”. “Metido en la refriega sabe poner palabras a nuestra desgracia y también nuestro renacimiento”, escribió Camus de su amigo. ¿Cómo no seguir leyéndolos si ambos habitan el corazón de lo eterno?

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Sobre el autor

Javier Morales
"Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado el relato autobiográfico "El día que dejé de comer animales", las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme o escribirme en: escrituracreativajaviermorales@gmail.com Puedes seguirme en:

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