Carles Congost, el artista que nos cuenta para qué sirven las canciones

Carles Congost, el videoartista que nos cuenta para qué sirven las canciones

Una imagen de la obra ‘Simply the best’ de Carles Congost.

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Carles Congost, uno de los artistas de videoarte más destacados de nuestro país, presenta ‘¿Para qué sirven las canciones?’, una pieza audiovisual que analiza el fenómeno hit y su influencia sobre la sociedad. La obra, junto a una selección de otros trabajos anteriores del artista –‘Simply the Best’, ‘Wonders’, ‘Abans de la casa’ y ‘Paradigm’–, puede verse hasta el 10 de enero en La Casa Encendida de Madrid.

Desde mediados de los noventa, Carles Congost (Olot, Girona, 1970) ha venido construyendo en sus producciones videográficas personalidades y códigos de conducta de ciertos colectivos, en ocasiones marginales, explorando en ellos las influencias culturales que reciben y su relación con el entorno. En particular, el de las nuevas generaciones, siempre arraigadas de forma directa a la cultura pop y la música moderna. Así, el artista pone de relieve en sus trabajos la importancia de la cultura como objeto condicionante, jugando la música un papel fundamental.

Dada su faceta de compositor y productor musical –bajo el alias The Congosound–, el artista catalán siempre ha otorgado protagonismo a la música en sus trabajos audiovisuales. Ya en Supercampeón (2000), uno de sus primeros vídeos, lanzaba por primera vez la pregunta que da título a su último trabajo y a la exposición que la presenta: ¿Para qué sirven las canciones? Es en esta última propuesta donde esta reflexión adquiere un significado más profundo.

En ella, el artista catalán retoma la ficción cinematográfica para presentarnos a tres jóvenes enmarcados en un ambiente urbano. Jóvenes que conviven con la precariedad y la falta de oportunidades. Son víctimas de una cultura de consumo en cadena que prioriza lo barato y lo efímero. Como explica el autor, “la obra circula por las vías de resistencia individual ante las imposiciones sistémicas, la precarización y los sueños o ideales frustrados en el contexto actual de continua crisis del modelo capitalista”. En dicho contexto social y político, las canciones populares, aquellas que a veces no elegimos escuchar pero que llegan a nuestros oídos provenientes del entorno, están integradas formando parte de un todo y alcanzan, en ocasiones, niveles de propaganda no siempre acordes a las posibilidades económicas y aspiraciones vitales de los personajes.

Imagen del vídeo ‘Para qué sirven las canciones’ de Carles Congost.

De esta forma, extrae un análisis sobre cómo el fenómeno del hit musical ocupa el espacio público al tratarse de un producto cultural elaborado conscientemente dentro de un sistema de consumo. Según Congost, las canciones pop “no son inofensivas, aunque podamos pensar lo contrario”, y ocupan un lugar de “carácter político que, sin ser directamente propaganda, sí que nos determinan”. Y es que, de forma inevitable, las decisiones de los protagonistas parecen formar parte de un plan mayor, programado y alienante, que se transmite a través de las propias canciones, estableciendo así un diálogo entre forma y fondo: la música como elemento artístico y también como aparato aleccionador.

El sonido Sabadell y los grupos de un solo éxito

Además, junto a esta obra, las videoinstalaciones de La Casa Encendida acogen Abans de la casa (2015), en la cual Congost viaja hasta sus propias influencias musicales de la adolescencia para presentarnos el sonido Sabadell, un fenómeno musical, imitación del famoso italo-disco, que emergió en Cataluña en los años ochenta e inundó las salas de fiestas y discotecas de la Costa Brava. El de Olot investiga dicho fenómeno en una especie de biopic que, a base de fragmentos y alusiones culturales, pone de manifiesto cómo este subproducto musical se originó gracias al localismo que imperaba en Cataluña en aquella época: el nacionalismo catalán reivindicó su industria por encima del resto, un contexto que favorecería también, paradójicamente, su posterior extinción.

Y partiendo de la idea de Abans la casa, en Wonders (2016)  aleja la lupa para examinar la biografía musical de aquellos grupos marginales de los ochenta. La pieza nos presenta a Dennis y Michael Seaton, dos de los integrantes de Musical Youth, una banda reggae influyente en la música anglosajona antes de que el pop y Michael Jackson ocupasen la escena musical. Según la cinta, las teorías neoliberales de Margaret Thatcher y la administración Reagan acabaron con todo aquello que se alejaba de lo mainstream, logrando así incidir en el pensamiento a través de las influencias culturales predominantes.

Con esta obra Congost expone lo que se denomina one-hit wonder, un término que designa a aquellos grupos y solistas que alcanzan el éxito con una única canción, pero que, tras esta, caen en el olvido. Así, la pieza homenajea, con inevitable amargura, a todos esos músicos maltratados que vieron frustrados sus sueños por las corrientes culturales y las discográficas.

Lo que hace la gente por dinero

En 2016, Christian Jankowski, comisario del encuentro internacional Manifesta 11 celebrado en Zúrich, invitó a Carles Congost a desarrollar una pieza, junto a otros artistas internacionales, que retratase los gremios laborales de la ciudad. La propuesta, enmarcada bajo el lema What People Do for Money (Lo que hace la gente por dinero), daba la oportunidad a Congost de vincular la producción artística del lugar con su contexto geográfico y social. Para ello, y bajo el título Simply the Best (2016), el artista catalán eligió retratar al gremio de bomberos, un colectivo cuyo heroicismo y valores de justicia le inspiraron para retratar su carácter icónico.

Por último, la muestra nos ofrece Paradigm (2012), una obra que difiere conceptualmente del resto: esta vez la música no es el tema a examinar, sino el propio lenguaje fílmico. En ella se establece una metáfora sobre la creación audiovisual y la labor del montaje como recurso con el que ofrecer distintas lecturas sobre la imagen. La sutileza y hondura dramática demostrada aquí marcaron un antes y un después en la videografía del artista.

En conclusión, la exposición de Carles Congost en La Casa Encendida, comisariada por Tolo Cañellas, recoge lo más destacado de un autor que incansablemente ha explorado los límites de su oficio para demostrar sus infinitas posibilidades, haciendo uso de recursos formales que siempre están en consonancia con un discurso comprometido cargado de denuncia social. Su talento ha sido reconocido en templos artísticos como el MoMA de Nueva York, la Bienal de Venecia o el Palais de Tokyo en París.

Carles Congost en La Casa Encendida. Hasta el 10 de enero. 

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