14.12.2015

Cesc Gay: “Nadie te prepara o te educa para afrontar la muerte”

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El director Cesc Gay durante el rodaje de 'Truman'.

El director Cesc Gay durante el rodaje de ‘Truman’.

La película ‘Truman’ se ha convertido en una de las aspirantes más potentes a los próximos premios Goya. Hablamos con su director, Cesc Gay, a propósito del éxito de esta cinta sobre la amistad y la muerte, que va directa al corazón, y también de su papel como presidente del jurado en la XIV edición del JamesonNotodofilm Festival, para cortos muy cortos, de entre 30 segundos y 3 minutos y medio de duración.

El equipo de Truman, esa película que allí donde va se convierte en un acontecimiento por su sensibilidad y su capacidad para atrapar al espectador, vuelve a estar de enhorabuena. La cinta (que apunta maneras desde su paso por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde fue galardonada por la Asociación de Informadores Cinematográficos con el premio Feroz a mejor película y sus dos actores principales, Ricardo Darín y Javier Cámara, consiguieron ex aequo la Concha de Plata) ha recibido seis nominaciones a los premios Goya. Truman luchará por el reconocimiento en varias de las categorías más altas: mejor película, director, guión original, actor principal, actor de reparto y mejor montaje. En principio, parece complicado que, tras lo ocurrido en Donostia, Darín y Cámara no se lleven a casa su estatuilla. Esta sencilla y emocional película puede convertirse en la sorpresa -anticipada a voces- de la edición 2016 de los premios del cine español.

Su director, Cesc Gay, especializado en historias humanas y llenas de verdad como Una pistola en cada mano, En la ciudad y Krámpack, es también el presidente del jurado en la XIV edición del Jameson Notodofilm Festival. Un certamen basado en la capacidad de condensación, ya que premia películas de entre 30 segundos y 3 minutos y medio de duración. Esta nueva edición repartirá 50.000 euros en 20 categorías. La convocatoria está abierta hasta el 16 de febrero en su web. Aprovechamos esta circunstancia para charlar con Cesc Gay sobre el formato pequeño, Truman y el cine español.

¿Cómo te llevas con el corto y, en especial, con el corto tan corto?

Hacer una película y un corto muy corto, narrativamente hablando, son procesos muy distintos. Me da vergüenza decirlo, pero yo empecé haciendo súper 8 y los montaba con celo y guillotina y toda la pesca… Esto es algo que sólo hemos hecho los que somos un poco veteranos. Los primeros formatos de vídeo también los probé. Nos colábamos de noche en la facultad de Ingeniería de Barcelona. Un amigo mío estudiaba allí. Y.. ¿quién tenía pasta? Pues las facultades pijas. Arquitectura también. Tenían algunos de los primeros equipos para grabar y montar, y nos quedábamos allí de 12 de la noche a 7 de la mañana montando cualquier burrada que hacíamos. Tendríamos 19 o 20 años. Pero yo empecé a hacer cortos a los 15 como actor y esas cosas.

En aquella época, ¿qué temáticas te gustaban?

Pues ya apuntaba maneras. Contaba cosas que me pasaban. Un poco lo que he hecho siempre. Me sumergía en un mundo de personajes como puede ser cualquiera. Mi primer corto creo que trataba sobre un tipo normal que empezaba a trabajar. Reflejaba mucho la angustia de cuando tienes que empezar a currar y te das cuenta de que vaya coñazo si la vida es eso…

¿Tú estudiaste para estar encerrado en una oficina en la que no te habría gustado estar?

No, no. Empecé Periodismo y Cine al mismo tiempo. No acabé ni el primer año de Periodismo. Fue un año muy complicado en Barcelona. No había Facultad y nos tenían de aquí para allá. Así que me centré en el cine. Y volviendo al formato pequeño. Cuando lo recuperé fue en Una pistola en cada mano. Aquella película la sentí como mi manera de entrar al corto. Lo que sucede es que uní varios cortos para hacer un largo.

¿Dirigir actores para el corto viene a ser lo mismo que para el largo?

Obviamente es distinto. Lo que tiene que acontecer durante siete semanas no es lo mismo que durante cuatro días. El recorrido por el que pasa el protagonista de una peli es uno y el de un corto es otro. Pero al final el trabajo en sí, y la relación que tienes que tener con un actor, es la misma. Por eso me parece muy interesante para la gente que se embarca en estas cosas como el Notodofilm. Es una oportunidad buenísima para todos los que participen de enfrentarse a eso. A qué es un actor. Es un asunto muy especial. Saber cómo le haces trabajar. Es muy delicado. Por mucho que leas y te cuenten, hasta que no estás ahí no puedes saberlo. Por eso es muy interesante la experiencia del Festival.

¿Cuáles son a tu juicio los ingredientes fundamentales que debe tener un buen corto?

Creo que debe ser la máxima expresión de la simplicidad. Digo cortos hablando de los tres minutos de los del Festival. Enfrentarse a algo así tiene que ser un poquito como hacer una fotografía. Lo que puedes dar es casi un disparo. Así que creo que hay que ser contundente en esa simplicidad. Intentaría ser muy simple. Tres minutos te lo permiten.

Hablemos un poco de ‘Truman’. No es muy ortodoxo hacer esto, pero he de contarte que tengo un schnauzer mini que acaba de cumplir dos años. Y se llama ‘Truman’. Así que cuando me enteré de que rodabas una ‘peli’ que se titulaba así y era por el nombre de un perro, deseé que llegara esta entrevista para hacer esta pregunta. ¿Por qué el perro se llama ‘Truman’?

(El director muestra su sorpresa por la casualidad y ríe). Pues, mira, tenía una foto de Capote en la pared en el lugar en el que nos reuníamos Tomás (mi coguionista) y yo. Y empezamos a llamarlo Truman y ya sabes lo que pasa con los nombres: se quedan. Y se quedó ahí. Luego me decían: ‘Cámbialo, no es un buen nombre, cámbialo…’. Pero es que ya se llamaba así. Creo que es un nombre muy varonil, muy fuerte y quería también que fuera un perrote, una raza grande. Escribí Truman más o menos en la época en la que nació tu perro, sí. En la película, al final, incluí esa foto de Capote de la que te hablo. Sale justo antes de la secuencia de la cena final, cuando el personaje de Javier Cámara está cocinando. Ahí hay un plano en el que, al fondo, en la pared de la cocina, se ve la foto de Truman.

Me pareció intuir en la película un paralelismo muy ‘capotiano’ entre el abandono amoroso y la muerte. ¿Es así?

¿Te has leído el guión?

No.

Ah, es que en el guión había cosas muy bestias sobre ese asunto que finalmente quedaron suavizadas. Pero sí. Era algo que estaba ahí. Creo que la escena del hotel, del sexo, es muy importante en la película. Hay un vínculo que siempre me ha interesado entre el sexo y la muerte. Fue la única escena en la que le di libertad a Javier Cámara para que diera rienda suelta a sus sentimientos. Los que hemos pasado por cosas así, sabemos que hay una unión muy potente entre el sexo y la muerte.+

¿Rienda suelta a Javier Cámara?

A Cámara tuve que decirle que no le montaría un plano en el que estuviera llorando. ¡Se pasó toda la película llorando! Javier es transparente y fue una de las cosas más divertidas de controlar para él. Cada dos por tres estaba haciendo pucheros y realmente fue muy divertido verlo tratar de sobreponerse.

¿Así que el personaje de Cámara y la mujer de la que estuvo enamorado, pero que abandonó para irse muy lejos, son una metáfora de la muerte?

Simplemente son dos personas que se consuelan, se dan compañía, que comparten desde un lugar muy poco racional y muy animal esa necesidad de ser las dos únicas personas que están al lado del personaje de Ricardo Darín.

Has dicho “los que hemos pasado por ahí”. ¿A qué te referías?

A cualquier acompañamiento que uno hace a alguien que se va. Eso te conecta directamente con la muerte. Y si hay una enfermedad que lo alarga, aún más.

¿Tenemos los españoles una relación un poco enfermiza con la muerte? ¿Somos muy Bernarda Alba?

Los latinos somos más exagerados en todo. Es obvio que en la vida, tus padres, amigos, la sociedad en general te tratan de enseñar a vivir, pero nadie se preocupa de enseñarte a morir. Y Truman va de eso también. De qué poco sabemos de esa situación. Y de lo huérfano que te puedes encontrar cuando aparece una situación de este tipo. Con lo importante que es ese momento en la vida, ¿cómo es posible que nadie me haya explicado nada? Nadie te enseña a morir. Así que, en el fondo, cuando alguien muere te está dando una lección de cómo lo afronta. El personaje de Ricardo Darín tiene un coraje y una valentía que ya me gustaría a mí tener. Con ese papelón, ser capaz de defender tu libertad y tomar las decisiones que quieres. Ricardo Darín siempre decía: Ojalá yo sea capaz de afrontar cosas de la manera en que las afronta este personaje.

‘Truman’ es una película directa al corazón. Sin piedad y sin ningún disimulo. ¿La sensibilidad y la empatía están de moda?

La sensibilidad igual sí, pero la empatía desde luego que no.

¿Por qué no?

Porque implica generosidad y muchas cosas que a todos nos cuestan un poco. La empatía es complicada. Implica no jugar al juego de ganar o perder, que es a lo que jugamos todo el día. En el amor sobre todo. Pero la amistad, y por eso conté la historia de Truman desde ese lugar, es uno de los estados en los que más empatía y generosidad puede haber. Y por eso es un lugar al que voy mucho con mis personajes. Te permite colocar las cosas sin tener que luchar, pelear y competir. Es un punto de partida muy interesante para empezar a contar una historia.

Cesc Gay, Javier Cámara y Ricardo Darín, durante el rodaje de 'Truman'.

Cesc Gay, Javier Cámara y Ricardo Darín, durante el rodaje de ‘Truman’.

Darín y Cámara ganaron la Concha de Plata ex aequo en San Sebastián y la verdad es que es un placer absoluto verlos actuar en esta película. La actuación de cada uno se cimenta en la del otro. Es muy alucinante. ¿Cómo enfrentaste el trabajo con los dos actores?

Javi (Cámara) nos invitó a desayunar durante unas semanas en su casa y ahí ensayábamos. Y creo que esas mañanas fueron clave para cómo salió luego la película. Se creó una cosa entre los tres muy interesante. De mucha confianza, de podernos contar todas las cosas, poder valorar, cuestionar… La gente podría pensar que es lo habitual, pero son cosas que no siempre pasan a la hora de hacer una película. Sobre todo a ellos les permitió crear un vínculo especial en el que yo no me metí ni me he metido nunca… En el rodaje nos alimentamos de todo eso. Y de saber que estábamos trabajando con un material muy frágil y que finalmente nos afecta a todos, como dijo Ricardo Darín: “Pongamos nuestros muertos sobre la mesa y luego ya hablaremos de la película”.

Ahora que hay elecciones el 20-D me gustaría preguntarte si crees que hay una campaña orquestada desde el Gobierno de Rajoy contra el sector del cine en particular.

No ha habido una historia de amor ni un buen feeling entre este Gobierno y el cine. Una historia de amor no ha habido. El cine o la cultura tienen esa especie de variedad de ideas en la que se puede opinar de todo y eso al poder nunca le gusta. No lo sé.

Has rodado la película en Madrid. ¿Por qué no en Barcelona?

No se me ocurrió nunca que estos dos actores estuvieran en Barcelona, porque ‘parlem catalá’. Me siento muy raro haciendo cine en castellano en Cataluña. Nadie habla sólo castellano y eso se me hace extraño para una película. Ya en una Pistola… me sentí un poco extraño. Me incomoda.

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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