¿Qué hace una chica cincuentista como tú en un concierto heavy-punk?

¿Qué hace una chica cincuentista como tú en un concierto heavy-punk?

Ilustración: Concha Pasamar.

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Ya se sabe que los hijos de tus amigas son, cuando menos, tus sobrinos y, por este motivo, la otra noche nos tocó ir de concierto. Pensaréis que lo de un grupo de cincuentonas de concierto no parece una gran cosa, pero si añado que mi sobrino es el batería de Favx , un grupo que mezcla el punk, el pop y el heavy, no hará falta que os explique hasta qué punto nuestra presencia elevó la media de edad del local. Aunque, a decir verdad, he de aclarar que no éramos las únicas talluditas del local: había otros padres y otros tíos postizos distribuidos por la sala —todos cincuentistas, que nos esforzábamos en dejar el pabellón bien alto—. Bailamos y gritamos como si no hubiera un mañana, desde luego, y nos motivamos tanto que, incluso, en cierto momento, nos aventuramos a realizar una imprudente incursión en el pogo. Sí. En serio os lo digo. Pero que no cunda el pánico, porque lo abandonamos en cuanto nuestras progresivas —que cuestan una pasta— empezaron a correr peligro. Y es que, mal que nos pese, los años no pasan en balde.

A mí los chicos de ahora me resultan un poco extraños, aunque no descarto que la rara sea yo, porque, la verdad, no me imagino a mis padres entrando en un sótano oscuro para escuchar a mis amigos tocar heavy metal —y eso que estaría hablando de los años ochenta—. De lo que estoy segura es de que, si se les hubiera ocurrido hacerlo, yo, muerta de vergüenza, habría rebuscado por el suelo alguna baldosa suelta para empezar a cavar un agujero lo suficientemente grande como para enterrarme en él. Lo cierto es que los hijos de ahora no nos huyen, más bien al contrario, nos buscan. Por ejemplo, las mías están empeñadas en que salga a bailar con ellas y con sus amigos cualquier noche. Y lo dicen sin pestañear, como si no les abochornara imaginar la escena. Para mí que no sospechan que su madre es capaz de eso y de mucho más. De hecho, el día del concierto me arrepentí de no haber ido con el pelo teñido de azul, porque, quizás así —camuflada de joven—, habría sido paseada en volandas por la sala. Las arrugas creo que no hubieran sido un problema, porque, entre el humo con el que algún desalmado ambienta esas salas y la falta de luz que desprenden los focos —me pregunto para qué los encienden—, nadie las habría apreciado. Yo, de hecho, llegue a dudar si el hijo de mi amiga era el que tocaba, porque lo que es verle, no le vi muy bien. Eso sí, os juro que la batería la escuché, ya que, desde luego, la idea de comprar esos tapones para los oídos que ofrecían entre su mechandising me pareció un acto de cobardes.

En fin, ahora que ya he conseguido deshacerme del tatuaje de la mano que me estamparon en la puerta al entrar —intento no dar pistas en el trabajo de mis actividades nocturnas, que ya bastante fama de excéntrica tengo— me doy cuenta de que, entre tanta hija y tanto sobrino, mi vida empieza a convertirse en un sinvivir, pero, ¡qué coño (con perdón), y lo bien que lo paso…!

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Comentarios

  • Valentino

    Por Valentino, el 23 marzo 2018

    Yo también ando por los 50. Soy del 68.y la única vez que me alegro el día mi padre. Fue un día que estaba escuchando ÑU. La única vez que me dijo que esa música de este grupo le gustó

  • Maatauri

    Por Maatauri, el 24 marzo 2018

    Ayyyyy los nenes….
    Yo babeo.
    Favx, mi banda sonora.

  • Nicolás

    Por Nicolás, el 24 marzo 2018

    Espero que lo pasarais bien, y no lo veo para nada extraño. Yo nací en el 77, el mismo año que el punk, y no los veo atemporales con el movimiento. De hecho, nosotros llegamos tarde a él XD. Me gustaria apuntar, a modo de nota, que yo también voy a conciertos punk, y no a ver a mi hijo, sino porque yo soy quien toca en una banda de punk. A mis 41. Un abrazo!

  • Marta Rañada

    Por Marta Rañada, el 25 marzo 2018

    Pues nada, Nicolás, avisa de tu próximo concierto y te iré a ver, sin las progresivas y con el pelo azul… Me encanta la música y voy a conciertos en los que no paro de bailar, lo que no deja de extrañarme es el maravilloso cambio en la relación entre padres e hijos.

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