24.05.2019

Cine, infancia y naturaleza, la apuesta de los nuevos festivales

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El tractor-lanzadera sirve a algunos participantes del festival de Cans para moverse entre los diferentes escenarios del certamen.

Desde el FICMA de Barcelona al FICMEC de Canarias, desde el Ecozine de Zaragoza al Another Way Film Festival en Madrid. Cada vez son más las convocatorias cinematográficas en España que atienden la naturaleza, la ecología, la sostenibilidad; la fusión cine-naturaleza. Hoy nos queremos detener en otro pequeño festival gallego, que atiende de una manera muy auténtica y original el cine, la naturaleza, el mundo rural y la educación ambiental con los más pequeños. Nos vamos al Festival de Cans, en una aldea de Pontevedra, que se está celebrando esta semana.

El 10 de mayo Europa entró en deuda ecológica, eso quiere decir que ha agotado sus recursos naturales para 2019. Los recursos de todo un año han sido consumidos en solo cinco meses, lo que supone un déficit ecológico devastador para la naturaleza e implica que sí, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades en cuanto a nuestros recursos naturales. Estos datos son el resultado de un estudio elaborado por WWF y Global Footprint Network, en el que se informa que necesitaríamos 2,8 planetas Tierra para satisfacer esta demanda de recursos. Una noticia que, sin embargo, ha quedado ensombrecida por la campaña electoral; cualquier tema parece ser más importante que la naturaleza o la salud del planeta en que vivimos, aunque estemos asistiendo ya a una extinción masiva de especies y la contaminación cause más de medio millón de muertes prematuras cada año en Europa.

Frente a esto, siempre hay algo positivo: comienzan a verse gestos particulares y de organización, y se lanzan campañas de información sobre actos cotidianos que contribuyen a reducir nuestra huella ecológica. Muchas veces los actos antiecológicos se hacen por desconocimiento, no solo por comodidad, así que informar a la ciudadanía sobre lo que supone cada comportamiento, por pequeño que parezca, es también un asunto conjunto. A esta formación ciudadana contribuye en gran parte, y en El Asombrario lo sabemos bien, la cultura; en concreto, desde diferentes ámbitos del cine se trata de aportar granitos de arena.

Filmin ha puesto en marcha Another way , una colección que cuenta hasta el momento con 47 títulos de cine documental sobre ecología y sostenibilidad. Por otro lado, en abril tuvo lugar la II Semana de cine y naturaleza de Talavera de la Reina, y desde el primer trimestre de este año asistimos a diferentes actividades del Festival Internacional de cine y medioambiente de Barcelona (FICMA) , cuya muestra junto a WWF ha durado todos los sábados de mayo. En Canarias, del 25 de mayo al 2 de junio tiene lugar el Ficmec, un festival que recoge el testigo del que se celebró en la década de los 80 en el Puerto de la Cruz, pionero en esta temática. Además, el próximo otoño, del 24 al 27 de octubre en Cineteca y Matadero Madrid, se celebra la quinta edición de Another Way Film Festival, festival de cine documental y progreso sostenible. Y acaba de terminar en Zaragoza la 12 edición del Ecozine, Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente , organizado por la Asociación Ecozine y el Ayuntamiento de Zaragoza. Son algunas de las convocatorias con más proyección en este ámbito.

Actuación musical en un gallinero en el Festival de Cans.

Un pase de una película en un granero en el festival de Cans.

El Festival de Cans

Junto a todas estas iniciativas nos queremos detener hoy en un pequeño festival (cada vez menos pequeño) que sin versar exclusivamente sobre naturaleza hace que sea todo un ejemplo de sostenibilidad. Sólo mediante otros modelos económicos, la colaboración y la optimización de recursos cooperativos se puede alcanzar una gestión sostenible, y en este sentido este festival es todo un ejemplo. Se trata del Festival de Cans (sí, como el francés, pero a la gallega), que tiene lugar en Cans, barrio de la localidad pontevedresa de O Porriño. Cans celebra su XVI edición alcanzando ya más de 13.000 espectadores, lejos de esos primeros 500 que lo visitaron en 2004.

En pleno territorio rural, todos los vecinos sacan en el mes de mayo a sus balcones la silueta de un perro amarillo, una figura que representa la mascota del festival y cuyo sentido viene dado por el hecho de que la palabra “cans” en castellano significa “perros” y cuya figura Pato, el director y creador de todo esto, usó muy hábilmente para crear el juego fonético con el festival francés. Los vecinos no sólo contribuyen con elementos decorativos, sino que abren las puertas de sus casas y facilitan los medios de transporte haciendo del lugar un ejemplo de cooperativismo. Es un festival de cortometrajes de producción gallega cuyas salas de proyección son los garajes de los vecinos, las bodegas, sus galpones, o incluso sus propias casas, todo a disposición del festival, haciendo de sus propiedades zonas de recepción de espectadores.

En el programa del festival, junto al título del cortometraje, se puede leer el lugar de proyección, sitios como el cubierto de Chelo, el galpón de Alicia, la casa de Mari… Así de populares. Para desplazarse de un lugar a otro también hay transporte público gratuito: los vecinos se encargan de ello con sus tractores, bien decorados con el logotipo del festival y a los que no les falta un peculiar ornamento floral, unas buenas retamas (xestas, en gallego), por ejemplo.

En este festival es también fundamental la música, y los escenarios aquí también son diferentes. Los conciertos tienen lugar en un pajar, un gallinero, la plaza de la iglesia…, lugares que se han convertido en el escenario de artistas como Triángulo de Amor Bizarro, Depedro, Burning o León Benavente, y que este año contará con Marlango y Wyoming y los insolventes entre otros.

Y si el festival cinematográfico francés cuenta con su “Paseo de las Estrellas”, el Festival de Cans gallego dispone también de su particular “paseo de las estrellas”, en este caso el “torreiro” (patio de la iglesia). Hasta allí se han desplazado para dejar su huella personajes como Montxo Armendáriz, José Luis Cuerda, Fernando Trueba, Daniel Guzmán… Este año le toca el turno a Rodrigo Sorogoyen, que ha triunfado en el último año con la película El Reino, y que participará en un coloquio.

Atención a los más pequeños

Hemos mencionado la colaboración vecinal, el cooperativismo de todos, el transporte colectivo, lo rural, la naturaleza… ¿Qué le puede faltar a este festival? ¿Quizá contar con los más jóvenes, tener en cuenta a las generaciones futuras?, ¿contribuir no sólo al contacto con la naturaleza sino también con la cultura para la infancia?, ¿disponer de una programación para público infantil?, ¿formación cinematográfica en talleres para los más pequeños? Con todo esto también cuenta el Festival de Cans.

El Parque del Río es un espacio Minicans dedicado al público infantil, con menús adaptados para todos los gustos y necesidades; además, en todas las esquinas hay una intensa programación con actividades. A lo largo de la semana, centros escolares de toda Galicia se han desplazado al festival en su sección Cans do futuro ; en su visita se incluye visionados dirigidos a público en edad escolar. Los centros educativos recorren la aldea mediante una visita guiada y tienen contacto con profesionales del mundo cinematográfico.

Durante este fin de semana, la programación incluye formación cinematográfica y se llevan a cabo talleres como De la imaginación a la pantalla, que parte de la imaginación y las creaciones de uno de los pioneros del cine, George Méliès, para obtener un producto cinematográfico. Este taller inicia a los niños y niñas en el lenguaje audiovisual y el proceso cinematográfico. Trabajando en equipos y con ayuda de una tablet realizan un cortometraje; para ello tendrán que pasar desde la idea del guion, la grabación y los efectos especiales hasta la edición para obtener su resultado final, su cortometraje.

Por otro lado, el taller Son e cinema trabaja las bandas sonoras de las películas, las emociones que la música busca provocar en el público; para ello, se analizan fragmentos de películas de directores como Alfred Hitchcock, o Serguéi Eisenstein. A partir de esas obras, el artista Juanma Lodo crea un juego sorprendente donde niños y niñas pueden experimentar con la música y la percepción de imágenes.

Acercarse al entorno rural, disfrutar de un paseo en tractor para asistir a una proyección cinematográfica, un concierto en un pajar y el cariño de todos los vecinos de un barrio forman una opción de fin de semana para que los más pequeños se formen en cultura, en cine, a la vez que mantienen un contacto directo y real con la naturaleza. Una completa opción de ocio cultural sostenible.

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Sobre el autor

Miriam Leirós
Maestra de Primaria desde hace 20 años, educadora e intérprete ambiental. Trabajo en la escuela pública, desde donde trato de subrayar los valores de la cultura y la ecología. Con acento gallego.

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