24.02.2014

Cine y vida ecológica en una magdalena

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Néstor Calvo y Laura Martínez, propietarios de la Magdalena de Proust en Madrid.

Néstor Calvo y Laura Martínez, propietarios de La Magdalena de Proust, en Madrid.

¿Cómo combinar el cine con un mercado de productos biológicos? Parece el triple salto mortal, pero es solo doble: la pareja formada por Néstor Calvo y Laura Martínez han hecho realidad un sueño, muy bien iluminado. Él es director de fotografía; ella directora artística; y juntos pusieron en marcha hace poco más de dos años La Magdalena de Proust, un mercado de alimentos ecológicos en el centro de Madrid que representa otro de esos auténticos brotes, proyectos de emprendedores comprometidos con otro planeta, que nos gusta apoyar desde esta Ventana Verde.

Hemos publicado artículos sobre programas de radio, iniciativas para llevar a los colegios a ver aves en los parques más cercanos de Madrid, documentales de naturaleza que han recurrido al micromecenazgo, libros, blogs; iniciativas verdes que tratan de construir un planeta distinto, menos egoísta y más solidario. Hoy le toca el turno a Néstor Calvo y Laura Martínez. Él, de Soria, ha trabajado en películas como Los lobos de Washington, La mujer más fea del mundo, No somos nadie, Los novios búlgaros, El próximo Oriente y Flores Negras; lo último, la serie de televisión Descalzo sobre la tierra roja, en torno al obispo de la Teología de la Liberación Pere Casaldàliga, y Por un puñado de besos, de David Menkes, aún por estrenar.

Laura Martínez, de Valladolid, ha sido sobre todo escenógrafa con Carlos Saura. Ambos han hecho también mucha publicidad. Desde noviembre de 2011 ponen trabajo e ilusión en La Magdalena de Proust, un mercado de 200 metros cuadrados en el centro de Madrid (Regueros, 8, zona de Las Salesas) que recibió el año pasado uno de los premios a iniciativas empresariales de la Red EmprendeVerde de la Fundación Biodiversidad; un mercado que cuenta con unas 3.500 referencias de alimentos ecológicos, y donde destacan los panes elaborados en su propio obrador artesanal, la sección de verduras y la selección de productos macrobióticos y sin gluten.

Imparten además cursos de cocina natural, energética y macrobiótica, y disponen de comida preparada para llevar o tomar en su local, que muestra esa cuidada improvisación, naturalidad, de los que saben lo que se traen entre manos. No podía ser de otra forma sabiendo que sus responsables son expertos en crear atmósferas en películas. “Hemos buscado, sobre todo, que la gente se sienta bien, a gusto; una mezcla de estar en casa y en un mercado de los de antes”, dice Néstor Calvo.

Y nos explica la inspiración de La Magdalena: “La agricultura ecológica no es solo una nueva forma de relacionarnos con la tierra y con la Tierra, sino que plantea también una nueva forma de economía; por eso al actual sistema de multinacionales no le interesa mucho. Porque, como en las energías renovables, da más poder a los ciudadanos y a los pequeños productores. En el origen no hay grandes extensiones de monocultivos, muchos con patentes, sino pequeños agricultores. Establece un sistema nuevo de relaciones sociales, en una línea contraria a la del capitalismo”. El concepto de La Magdalena trata de ir más allá de una tienda. Por ejemplo, de sus ingresos ceden un 50% a la ONG Madre Tierra de integración social; también colaboran con un proyecto de capacitación con indígenas de Colombia que cultivan cacao.

Néstor tuvo conciencia ecológica desde muy joven. Su familia paterna -su padre y su abuelo fueron médicos destacados- cuenta con tierras donde cultivan cereal en Soria, y desde muy pequeño pasaba su tiempo libre en el campo, en el entorno del río Duero. Perteneció a la asociación ecologista de Soria ASDEN, y fue activista de Greenpeace. “De los de trepar y colgarse por fachadas”. En los años ochenta, se curtió en fotografía enfocando la naturaleza. Hizo estudios de Biológicas y al final desembocó en cinematografía, quizá porque ya había aprendido mucho de estética, luz y perspectiva de tanto mirar al horizonte y los paisajes castellanos.

El manifiesto de La Magdalena de Proust, colgado en la web y que trata de despertar nuestro sentidos, dice mucho: “Rescatamos la importancia fundamental de dónde y en qué condiciones se han producido los alimentos que consumimos. Nos ocupamos de promover la cultura del consumo saludable y seguro. Buscamos el retorno de los sabores no adulterados, originales. Rechazamos la generalización de los sistemas de explotación agrícola extensivos controlados. Rechazamos el empobrecimiento de las materias primas al abrigo de la productividad salvaje. Rechazamos el uso de pesticidas, fungicidas y conservantes no naturales en los procesos agrícolas e industriales. Decimos NO a los híbridos. Defendemos los procesos de transformación que no comprometen los componentes de la materia prima orgánica. Defendemos la producción y el consumo de los recursos energéticos renovables y abogamos por su conservación. Defendemos los recursos propios defendiendo la producción nacional. Rechazamos la explotación de los animales. Pujamos por la recuperación de una ganadería donde los animales sean tratados y alimentados con comida orgánica, sin que se les hormone ni adultere. Apoyamos a los productores y transformadores orgánicos a través de la democratización de los productos. Colaboramos con las entidades oficiales que luchan para salvaguardar el sector, al amplificar las ventas de los productos bajo el marchamo ecológico”.

Ópera doble de Luis de Pablo ‘Very gentle / un parque’, dirigida por Blanca Li. from El Asombrario on Vimeo.

Bien, ¿y qué tal os va? “Pues para serte sincero, pensé que nos iba a ir mejor”, contesta Néstor, mientras Laura sigue atendiendo a los clientes en esta lluviosa y fría mañana invernal. “Cuesta mucho sacar esto adelante. Nos hemos dado cuenta de que la mayoría de la gente no tiene ni idea de nutrición; necesitamos explicar mucho las posibilidades para comer más sano. La gente consume; no se alimenta. Somos el primer país de Europa en producto fresco ecológico, pero más del 80% se exporta; además, aquí apenas tenemos un tejido de producto manufacturado, de industria transformadora”.

Otra gran oportunidad perdida para nuestra economía. Es como si una mano negra amordazara aquellos sectores en los que España, por sus condiciones naturales, podría clarísimamente despuntar: véanse energías renovables, véase alimentación biológica.

-¿Quieres un café?, pregunta Néstor.

-Vale, con un poco de leche, y muy caliente, que tal como está el día…

-¿Galletas?

-Solo una, de esas tan ricas de jengibre.

-No vas a poder comer solo una.

-Bueno, pues tres.

Roberto Villalón, nuestro reportero gráfico, pide lo mismo. También tres galletas.

¿Cuál es vuestra clientela más fiel? “Los clientes más habituales que tenemos están entre los 30 y 40 años; gente preocupada por la salud y el medio ambiente; muchos deportistas y también personas que han pasado por algún episodio de enfermedad grave y quieren cuidarse más y ser más conscientes de lo que se meten al cuerpo”, contesta Néstor, mientras Laura coloca unos tomates y unas zanahorias en la sección de hortalizas.

Pero ninguno de los dos, que también tienen en común una niña pequeña, ha renunciado a la otra faceta, la cinematográfica. Su ideal de vida es combinar su mercado ecológico con los trabajos artísticos en el cine. “Es el acuerdo que nos sirvió de punto de partida; que si a alguno de los dos nos salía un proyecto en cine, teatro, televisión, publicidad…, no íbamos a rechazarlo sino a tratar de compatibilizarlo; el otro se hace cargo y eso nos da más libertad. Es importante para no agobiarse”, dice Néstor.

Mientras aparecen oportunidades más artísticas, Laura y Néstor navegan en el envoltorio de una magdalena y enfocan sus motivaciones diarias a través de la artesanía de la alcachofa ecológica y el cacao de comercio justo.

(Por cierto, efectivamente era imposible comerse una sola galleta de jengibre…).

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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2 comentarios

  • El 25.02.2014 , Marisa DM ha comentado:

    Proyecto ecológico. Me encanta. Y lo de las magdalenas de Proust, para mi tienen otra historia y se refiere a la banda Love of Lesbian.

    http://vivenciasdesde15m2011.blogspot.com.es/2013/04/las-magdalenas-de-love-of-lesbian.html

  • El 25.02.2014 , José Manuel García Rupérez ha comentado:

    Idea excelente, a pesar de las dificultades que conlleva llevarla a cabo. Quizás, como se recuerda en el artículo, deberíamos educarnos en nutrición (asignatura que falta en la escuela)y, después, comenzaríamos a preocuparnos por comer de forma equilibrada y no ser consumistas que sólo sacian su apetito con cualquier cosa.

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