15.01.2015

Cloe Bosco, música onírica-minimalista-punk

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La pianista y cantante Cloe Bosco. Foto: Daniel García.

La pianista y cantante Cloe Bosco. Foto: Daniel García.

La portada del disco parece anunciar nueva película de Tim Burton, pero lo que envuelve la estética gótica del dibujante Julián Almanza está lejos del barroquismo visual y musical del cineasta. Más próxima a los ciclos circulares de músicos como Wim Mertens o Ludovico Einaudi, la vallisoletana Cloe Bosco envuelve en ellos sus nuevas canciones. Tras años en Buenos Aires, esta cantante y pianista de “espíritu punk”, fan declarada de Tori Amos, presenta su primer trabajo en España, ‘Remain’ y elige El Asombrario para presentar su primer single, ‘July’.

“Esencia minimalista y espíritu punk”. Declaración de intenciones de tu escueta biografía oficial. ¿Es el espíritu punk lo que has mamado en casa y el minimalismo tu aportación personal a la estirpe? ¿O cómo lo interpretamos?

Así, tal cual. Es básicamente así, como lo has dicho. ¡Creo que eres la primera persona que lo ha pillado tal cual es!

Porque en tu casa hay una tradición punk, ¿no?

Sí, mi padre es Luix Disidente, del grupo Los Disidentes, uno de los primeros grupos punk que hubo en España. En mi casa he mamado todo ese tipo de punk-rock ramoniano, he crecido con él. Tengo unas influencias bastante dispares porque me he criado con eso en mi casa, pero también por otro lado he escuchado mucha música distinta. Lo que ha salido de ahí soy yo.

¿Reconoces esa aportación minimalista incluso como voluntad estética?

Sí, de hecho yo me guío mucho por músicos como Philip Glass o Michael Nyman, que están presentes en lo que escucho, aunque es verdad que es algo bastante más actual. Mis ritmos o mis melodías siempre han sido muy minimalistas, pero de una manera inconsciente más que “influenciadas por”, no sé si me explico. Luego ya ha sido cuando: “oh, me recuerdas a Philip Glass”. ¿A quién? Lo escuchas y dices: “ah, pues me gusta mucho”.

Es curioso esto de las influencias. Al músico se le adjudican a veces unas cuantas que ni siquiera éste ha escuchado.

A mí me pasa constantemente, es una cosa… (Risas). La única persona de la que puedo decir que de verdad tengo influencia, y la reconozco porque soy muy fan, es de Tori Amos. No puedo negar lo evidente, que me parezco y tengo influencia de ella porque me gusta. La adoro.

Hazlo tú mismo, fundamento del punk. Cloe Bosco, pianista autodidacta. ¿En qué sentido?

En mis dos discos anteriores básicamente lo he hecho yo casi todo, menos grabarlo, que para eso sí que he ido a un estudio. Compongo todo, escribo las letras, me hago las fotos, los vídeos, la estética…, todo lo hago yo. Pero en este disco en concreto he tenido que aprender a dejar un poquito de lado eso del háztelo tú mismo y confiar en el trabajo de los demás, aprender de él. Hay muchas colaboraciones.

En cuanto a tu formación como instrumentista, ¿eres plenamente autodidacta?

Sí, totalmente. Estudié piano de los 15 a los 18 años, pero ya tocaba antes, desde pequeñita. Me sirvió un poco, pero no hubo manera porque toco de oído.

¿Alguna vez has echado en falta esa formación más formal? Y valga la redundancia.

Hombre, lo echo en falta a la hora de decir: “joder, me gustaría escribir mis canciones en partitura y tenerlas”. También es verdad que hoy en día se puede hacer todo digitalmente y que como yo hay muchos otros artistas. Me gustaría hacer más cosas, me gustaría tener más técnica, pero hoy por hoy tampoco lo necesito, por así decirlo. Me defiendo bastante bien con lo que hago.

Espíritu punk. El punk es poco amigo de lo institucional, sin embargo en el proceso de creación y desarrollo de tu nuevo trabajo creo que está muy presente el LAVA (Laboratorio de las Artes de Valladolid), dependiente del Ayuntamiento de la ciudad. ¿Qué es?, ¿cómo funciona? y ¿qué no hubiera sido posible sin ellos?

En este caso nada hubiera sido posible sin ellos, tengo que decirlo y admitirlo, es así. Todo surge porque yo participo en un festival de música electrónica en Valladolid que se llama Meet, se hace en el LAVA. Yo soy una colaboradora más de ese festival. Me llevan un piano, estoy ensayando en la Sala Concha Velasco y surge todo de una manera muy espontánea. Estaba por ahí Alfonso Ordóñez, el director, me oye y le encanta lo que estoy haciendo. Yo tenía un concierto, aparte de ese en el Meet, y aproveché para ensayar mis otras canciones. A mí me encanta ese espacio por la acústica, por el sonido, por todo. Siempre digo que es una alineación planetaria, a él le encantó lo que yo hacía, quería hacer algo ahí, y ellos llevaban tiempo planeando tener una artista asociado a ese lugar. Les caigo en gracia, me toca la lotería (risas) y me hacen artista asociada del LAVA.

¿Qué conlleva eso?

En este caso la grabación de mi disco allí, dar conciertos en el lugar y, de alguna manera, promoverme. Es una forma de promover artistas de la ciudad. No sólo músicos, lo llevan hacia el arte en general. En mi caso música, pero otro año puede ser un pintor o un escritor.

Si hay algo muy ‘hazlo tú mismo’ en este momento es la producción discográfica. Que los tiempos hayan cambiado en ese sentido, con cuestiones como el derrumbe de las grandes discográficas, ¿es un engorro o una verdadera oportunidad para darse a conocer?

Tiene sus pros y sus contras. Ahora hay muchísimas más oportunidades de hacer cosas que antes, cuando eran cuatro los que podían grabar un disco. Hoy en día puedes grabarlo en tu casa, eso es maravilloso. Sí que es verdad que se está perdiendo mucho la idea del disco conceptual, y yo sigo esta línea de hacer discos un poquito conceptuales, que tengan que ver unas canciones con otras. Hoy en día te descargas una canción suelta y ya está. Te descargas lo que te interesa, lo que has escuchado. Se ha perdido un poco esa magia, la magia de comprar un disco y de tenerlo físicamente, que es algo que adoro. Soy un poco friki en esas cosas.

Y ha cambiado también la forma de escuchar.

Y la calidad a la hora de escucharlo. Todo lleva un proceso. ¿Por qué la calidad en la que escuchamos ahora mismo las cosas no es buena? Porque en un estudio de grabación se está grabando directamente para que lo escuchemos así. Se ha perdido mucho la calidad de sonido.

¿Cómo escuchas tú? ¿Sigues sentándote a escuchar?

Sí. Soy muy clásica en ese aspecto, soy muy vejestorio. (Risas). Entiendo que no todo el mundo puede tener un equipo de la hostia, pero conozco muchas personas que se lo quitan de otras cosas, porque son muy amantes de la música y prefieren gastarse más dinero en un equipo de música que en tener un televisor, por ejemplo. Es una cuestión personal, pero yo soy de las que todavía se ponen el disco, se sientan, bajan un poco la luz y escuchan.

Cuando me hicieron llegar tu nuevo disco mi primera reacción fue exclamativa: ¡¿Dónde he estado yo en todo este tiempo que no había escuchado a Cloe Bosco?! Bueno, yo ya sé dónde he estado pero, ¿dónde habías estado tú?

He estado viviendo en Buenos Aires durante seis años y pico. Mis anteriores trabajos los he grabado y promocionado allí. He tenido que empezar otra vez de cero.

¡Una exiliada que retorna! Ahora que todo el mundo huye de España.

Sí, ¡y me fui cuando era allí la crisis! Voy un poco a contracorriente, sí. La verdad es que ha sido más circunstancial que otra cosa y ha sido un poquito otra vez empezar de cero, pero con muy buena suerte porque podría no tener este disco. Dentro de que es empezar otra vez de cero no me puedo quejar.

¿Cuánto tiempo hace que has vuelto de allí?

Tres años.

Ya que has ido hilando crisis, ¿hay una relación entre lo que viviste allí y lo que se está viviendo aquí?

Hay relación sobre todo en cuanto a lo más básico que supone una crisis de estas: la clase media prácticamente desaparece, los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. En eso hay una similitud total. También en esto de que la gente ya no sabe qué hacer y se inventa de todo. Eso es muy argentino. (Risas). Políticamente no, son otras circunstancias, pero en cuanto a lo que mueve una crisis, sí.

Y aunque Buenos Aires y Valladolid no se pueden comparar, ya sólo por tamaño, ¿qué ambiente encontraste allí y en qué ambiente te estás moviendo ahora?

Siempre diré que Buenos Aires es una ciudad fantástica y la gente está abierta a escuchar cualquier cosa, esa es la diferencia más importante. Evidentemente no se pueden comparar en cuanto a que Buenos Aires es una ciudad enorme y por lo tanto tiene muchísimas personas y más donde moverse y elegir. Lo que es verdad es que hay una predisposición muchísimo mayor a la hora de cualquier cosa que tenga que ver con la cultura o de tocar en sitios. Allí es mucho más fácil. Yo, sin conocer absolutamente a nadie, conseguí grabar un disco y tocar en sitios, que la gente me conociera y fuese a verme. Eso aquí, aunque yo no me puedo quejar, si no tienes la suerte, entre comillas, que estoy teniendo yo, está más jodido. Para la gente que quiere tocar en un bar, en Valladolid concretamente, está muy mal la cosa.

Y ¿qué es más difícil en Valladolid, tocar en un local o que la gente esté dispuesta a escuchar?

Valladolid es una ciudad extraña. Siempre se ha dicho que si tienes éxito en Valladolid lo vas a tener en cualquier parte del mundo. Eso es así. Así que confío en que si aquí ha gustado puede gustar en más sitios. (Risas). También lo que yo hago es distinto, es una música que no se puede tocar en un bar, creo que es una música para estar sentado y escuchar en un teatro, en un auditorio, no en un bar. Que no tengo nada contra eso, que lo he hecho, pero no creo que sea lo suyo.

‘Remain’ sucede a ‘Life in coma’. En la vida vamos dejando cosas en el camino, algunas se nos adhieren, tomamos otras. ¿Qué permanece de aquél y qué ha cambiado?

La esencia, la forma de tocar, la musicalidad, eso está, es una continuación. Me preguntaban hace poco si estaba experimentando, que el segundo o tercer disco siempre es más de experimentar, pero la verdad es que no, que he hecho lo que me ha salido y punto, sin ninguna pretensión. Tiene que ver en cuanto a que para mí Life in coma era una persona que se negaba a ver la realidad, permanecía en una especie de coma sin querer ver a su alrededor y por fin despierta y es consciente. Termina ahí, despertándose, y esta es la continuación de querer seguir despierto, de querer continuar y aceptar lo que tú decías, cosas que te vienen sin que las haya planeado, y aceptar también que hay cosas que se tienen que perder. Es así, las pérdidas hay que aceptarlas. Es un poquito el concepto de este disco.

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Y estéticamente, si solapáramos las dos grabaciones en un imaginario visual, ¿cuáles serían los contrastes?

Es verdad, y a veces me riñen por decirlo, que me muevo un poquito por lo oscuro, debe de ser porque tengo mucha influencia de Siouxsie & The Banshees. (Risas)

Van saliendo las influencias…

(Risas) Sí me muevo un poquito por este lado…, pero luego también tengo contrapuntos, canciones que son súper naif y alegres y bonitas, pero sí que estéticamente, por así decirlo, no tiene nada que ver. Por ejemplo, las fotos de Life in coma eran yo escaneada, era muchísimo más oscuro. Considero que Life in coma es un disco muy oscuro a nivel personal, visual, musical…, y mucho más pesimista. En este disco, la portada -que es maravillosa, de un ilustrador de Valladolid que se llama Julián Almanza- tiene esa línea un poco Tim Burton, un poco Edward Gorey, una línea novia cadáver. La ves y es un poco tétrica, pero, a la vez, entrañable. (Risas).

Tiene un punto infantil.

Claro, es entrañable y para nada es triste, es alegre. Y el disco, si bien es un disco relajado y con sus toques oscuros, creo que es muchísimo más positivo. Tiene evidentemente estas canciones que me salen de las entrañas, pero en general creo que es un disco más positivo.

Dices de ‘Life in coma’ que es un disco sobre alguien que se niega a ver la realidad, que prefiere estar “en coma”, ausente. El halo minimalista de ‘Remain’ invita a la introspección. ¿Es la mejor manera de mirar la realidad? ¿Empezar por mirarse a uno mismo, por dentro?

Sí, lo que pasa es que a veces tengo que decir que peco demasiado de verme a mí misma. Para el resto de la humanidad, probablemente lo mejor sea empezar por verse uno mismo; en mi caso (risas), creo que lo mejor es empezar por ver a los demás. (Risas).

¿Es un ejercicio que te has propuesto para 2015?

Sí, sí. Bueno, ya me lo propuse para 2014.

¡Así que eres una repetidora!

Voy a repetir, sí. Creo que lo importante, en mi caso personal, es ver también a los demás y no verlos a través de mí, sino verlos tal cual son y aceptar lo que tienen. Es verdad que en este disco en concreto no hablo tanto de mí como podría hablar en el otro, aunque casi siempre utilizo la primera persona para expresarme. Hablo también de otras personas o de sentimientos que me he encontrado, de cuestiones de pareja y tal. Ha sido también un ejercicio aprender a ver lo que tienes, dejar lo que no tienes, etcétera.

Letras en inglés. ¿Nos sirven para conocer a Cloe Bosco o las canciones son como los papeles cinematográficos, que podemos terminar confundiendo persona con personaje?

Servirían para conocerme. Entiendo que son en inglés y que hay que tener un diccionario en la mano. La verdad es que la mayoría de las letras que hago son bastante personales, son muy personales. Lo que pasa es que este disco se diferencia en que tiene pequeños cuentos que no tienen absolutamente nada que ver ni con mi vida ni con la del resto de los mortales, como pueden ser Zombie blues o Straitjacket o Two heads, pequeños cuentos que me invento. El resto de canciones sí son muy personales. Servirían para conocer una parte de mí, no todo, sí la parte más sentimental y un poquito extraña, pero nada más. (Risas). Y también para conocer a los demás, a la gente que me rodea. Evidentemente, una persona que no me conozca a mí personalmente o no conozca mi alrededor, pues no, las disfruta como lo que tú dices, como si fueran una película. Pero una persona que me conoce es capaz de ver lo que veo yo y lo que tengo alrededor.

¿Te gusta que quien escuche tu música la haga propia hasta el punto de darle un nuevo significado?

Sí, porque es lo que yo he hecho con otros artistas. No tengo ningún problema. Ni me gusta ni me deja de gustar, cada uno tiene que escucharlo y sentir lo que quiera sentir. Yo he hecho eso toda la vida.

¿Te has llegado a sorprender con algunas reacciones, con la opinión o emoción de quien ha escuchado tu música?

Sí. La verdad es que siempre suele coincidir una palabra que yo no uso, pero que la gente sí, al intentar describir de alguna manera mi música: onírica. “Es un disco muy onírico”. Y la verdad es que es verdad, tiene un onirismo importante. La escuchas y te dejas llevar, eso es lo que más me gusta que me digan; y que son capaces de escuchar el disco una y otra vez, creo que es el mejor halago que me han podido hacer. No hay muchos discos que al terminar vuelvas a ponerlos otra vez. Que mucha gente que lo ha escuchado me lo haya dicho es lo que más me satisface.

Piano y voz son el epicentro, pero te rodeas también de guitarra, chelo, percusión y saxo. ¿Cómo planificas la parte instrumental? ¿Qué buscabas? ¿Qué papel les concedes?

Con cada uno son mundos diferentes. Por ejemplo, con el saxofonista ha sido una cosa mucho más improvisada que planeada. Jorge Sambucety es amigo mío desde que somos pequeños. Empezamos a tocar a lo tonto, en fiestas que hacíamos, él venía o yo iba, y nos poníamos a improvisar. Poco a poco empezó a cuadrar con lo que yo estaba haciendo y así yo tocaba una que hubiera compuesto y él improvisaba encima. Yo no le decía qué es lo que tenía que hacer, le puedo aconsejar pero él ha tenido total libertad para esto, tenemos una energía muy especial cuando tocamos por conocernos, querernos, por estar en la misma sintonía. Le he dejado muchísima libertad. Con el chelo, con Montse (Aldomá), sí que es algo que tenía yo más planeado. Meter un chelo era una cosa que llevaba queriendo desde hace mucho tiempo, porque creo que le da mucho cuerpo a lo que yo hago, hace la función de bajo y de violín a la vez. En Life in coma tenía violín, pero me faltaban un poco esos graves y esa profundidad que le da el chelo. Siempre dejo bastante libertad a los músicos a la hora de hacer sus arreglos y sus cosas. Tengo ideas en la cabeza, les digo que me gustaría hacer esto o lo otra en esta melodía o en esta línea, pero son totalmente libres.

Y en los conciertos, ¿hay espacio para la sorpresa, para la improvisación, o lo prefieres todo medido?

Solemos improvisar. Siempre tenemos canciones que alargamos un poco e improvisamos sobre ellas. En el resto de canciones está todo más medido, más ensayado, más calculado, menos para Jorge, el saxofonista, que a veces hace un poco lo que le da la gana. (Risas). Jorge es como yo, no usa partituras, hace un poco lo que le viene en ese momento y si bien ha hecho también él el ejercicio de aprenderse un poco lo que ha grabado –porque, básicamente, ha ido a grabar y luego se lo ha tenido que aprender-, suele improvisar bastante y jugar, lo que a mí me parece muy divertido.¡

Llegados a este punto, ahora es cuando la creadora se enfrenta al problema de explicar lo suyo. Hola, me llamo Cloe Bosco, acabo de sacar un disco y me gustaría presentarlo en su sala. Mi música es…

Mi música es lo que quieres que sea. No tiene un género, no me gustan los géneros, no me clasifico en ninguno, porque además es que no considero que lo tenga, de verdad. No hago una música que se pueda definir ni como pop ni como rock ni como nada. Por eso digo lo de esencia minimalista y espíritu punk. Espíritu punk no porque la música sea punk, es porque yo soy un poco punk, pero a modo personal. Y el espíritu minimalista es porque las canciones tienen melódicamente esta constancia repetitiva, pero nada más. Soy una chica que toca el piano y canta y hago lo que mejor me sale hacer y ya está.

¿Las etiquetas han llegado a ser un problema a lo largo de estos años?

No. Nunca saben dónde encasillarte, te ponen en alternativa, indie… A mí la verdad es que lo de indie…, pues me da un poco por culo, la verdad. (Risas). Además, se ha desvirtuado lo que es indie. No es indie, pero si al final no queda más remedio que encasillarte para que te nombren de alguna manera en los sitios, pues vale. Si quieren decir indie o alternativa, pues estupendo, pero no lo considero así.

A ver si con lo de punk se te van a llenar las salas de crestas…

(Risas) Pobrecillos, qué decepción, imagínate. Lo único que les puedo ofrecer son los covers que les hago de los Ramones, porque hago bastantes versiones y de los Ramones hago unas cuantas, es lo único que les podría ofrecer.

La cantante y pianista Cloe Bosco. Foto: Daniel García.

La cantante y pianista Cloe Bosco. Foto: Daniel García.

¿Hay algo que te hubiera gustado comentar y que no te haya preguntado?

Hay una cosilla que sí me gusta decir porque para mí es como una especie de triunfo y orgullo personal, y es el hecho de que este disco ha sido grabado como si fuera un concierto. No todo, pero el piano y la voz han sido grabados juntos y las canciones de saxofón a la vez conmigo. Esto me ha dado una libertad enorme a la hora de grabar, porque no estás pendiente de tener que meter luego una voz o de que haya una claqueta ahí fastidiando. Se respira la libertad. Yo creo que cuando oyes el disco se respira esto, que hay pausas, silencios… Es lo único que quería decir (risas), que estoy muy contenta por haberlo podido grabar así.

Por cierto, ¿cómo te llamas?

(Risas) Me llamo Claudia California. La gente me dice que por qué no utilizo mi nombre, que ya bastante raro es como para que me tenga que poner uno artístico.

¿Y te acostumbras a que te llamen Cloe? ¿O te llaman Claudia?

Por ejemplo, en el disco hay una canción que se llama Claudia, en la que se dice que es mi nombre y es un poco también aceptar esto. En Buenos Aires pasé muchos años y nadie sabía que me llamaba Claudia, todo el mundo me llamaba Cloe. Es como aceptarme, ¿no?

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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