21.08.2015

#Confesiones de verano ‘El sexto mandamiento’

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manuelcuellar

Foto: Manuel Cuéllar.

Ay, aquellos colegios de monjas y los ejercicios en torno al sexto mandamiento… Llegamos a la entrega 14 de ‘Confesiones de Verano’, con la periodista y escritora Laura Ferrer.

POR LAURA FERRER ARAMBARRI

–“Una confesión se susurra o se escribe para transformar la vida gracias a una verdad”– lee Sor Elvira. La monja levanta la vista del libro y mirando a su auditorio a través de sus anteojos de montura ambarina, abunda: –Se susurra al sacerdote en la iglesia, porque la casa del Señor es el templo del Silencio, la Discreción y el Decoro, aunque primero se puede escribir para que nos os falle la memoria, ya que estamos ante vuestro estreno en confesión antes de recibir el Sagrado Sacramento de la Primera Comunión.

Sor Elvira mira directamente a Sara Beltrán, que lleva las rodillas desolladas como un Cristo Crucificado y de ella pasa a Claudina Juncal, con la cara todavía marcada por el trazo de dos lágrimas que se han abierto paso por las mejillas rebozadas en polvo del patio del recreo.

–Vamos allá, hijas. Pecados contra el primer mandamiento: ‘Amarás a Dios sobre todas las cosas’.

Los bolígrafos permanecen sobre el pupitre, las manos sobre los muslos.

–Veo que os voy a tener que ayudar un poquito, ¿no Sarita?, porque tú amas a Dios sobre todas las cosas, ¿eso crees de verdad? Vamos a ver si lo entendéis. ¿Habéis rezado esta mañana o anoche antes de acostaros? Si no es así estáis en pecado porque Dios ha de ser vuestro último pensamiento del día y el primero de la mañana.

Los bolígrafos se ponen en pie y comienza a serpentear por la cuartilla.

–Bueno, bueno, mucho mejor, niñas, que hay que explicarlo todo. Vamos a por el segundo mandamiento: ‘No jurarás el nombre de Dios en vano’.

Los bolígrafos se vuelven a levantar y llenan otra línea de la cuartilla.

–Bueno, venga, que nos estamos eternizando, Ave María Purísima, qué generación. El tercero: ‘Santificarás las fiestas’. Este no es difícil de entender, ¿verdad?, o es que sois un poco lerditas todas. Esto es si no has ido a misa un domingo o fiesta de guardar. Pero también es pecado de necesidad si has estado distraída en misa, jugando o hablando con la de al lado.

Todos los bolígrafos trabajan: “las homilías me aburren”, “cuento las velas del altar”, “miro a Alfredo, el monaguillo”, “como gusanitos en misa”.

–Ay, si es que ya sabía yo que no hacíamos nada bueno con vosotras. A ver si al final voy a tener que sacar otra cuartilla. Por el amor de… Bueno venga, que ahora viene: ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’. Este viene a ser haber desobedecido a los padres o haberse burlado de ellos o no ayudarles en la casa.

Los bolis trabajan a conciencia en cada pupitre.

–Si es que ya me lo temía yo, que sois una recua de pecadoras. Ah, que ahora os la prometéis muy felices con el quinto mandamiento, el de ‘No matarás’. Que no habéis matado a nadie, ¿no? A mí a disgustos –Shhhh. Bueno, venga, vamos al ‘No robarás’ que me temo lo peor.

Risas ahogadas en la última fila.

–Sor Elvira, que se ha saltado usted el sexto, el de los actos impuros –grita Marta Blanco señalado con un dedito sucio la línea correspondiente del Catecismo.

Las mejillas hundidas de la monja septuagenaria parecen subir de tono por un momento.

–Sí, sí, Martita, sí. Me lo he saltado… sin darme cuenta, ay.

–¿Qué es un acto impuro Sor Elvira?

–¿Será posible, que os lo tenga que explicar todo yo? Si es que parece que no habéis ido a catequesis. Pues, esto es, a ver cómo lo explico, digo yo que, que a ver si lo entendéis…

–¿Es como mentir o robar?

–Psé, psé, no exactamente. A ver hijas, qué complicado me lo ponéis. Pues algunas tenéis hermanos mayores, ¿no?, y a lo mejor pues habéis encontrado alguna revista o habéis visto un… Uf, que me lío. A ver qué pone en el manual–. Lee: “¿He mirado películas o revistas porn… ¡escenas impuras! por televisión? ¿Me he toc… ¡he hecho acciones impuras conmigo mismo o con alguna persona!?

Los bolis trabajan a todo ritmo.

–Sor Elvira, ¿se puede escribir por la otra cara? –pregunta Lucía Campelo.

La monja cierra los ojos, se santigua y afirma con la cabeza. –Es que de verdad que sois la vergüenza de esta Santa Institución –susurra.

Sor Elvira ordena formar a las 40 ladronas y de allí las enfila hacia la pequeña capilla de la iglesia donde Don Manuel, sentado en el confesionario tras la cortinilla de terciopelo negro, va a escuchar todos y cada uno de sus insulsos pecados prepúberes. Han pasado 30 años desde ese día, pero aún hoy Sara Beltrán, Sarita, recuerda cada una de las palabras que escribió en aquella cuartilla, y no por el trance de haber confesado sus terribles faltas de niña de 9 años, sino porque el mismo Don Manuel que la salvó de ir a los Infiernos con una fianza de tres padres nuestros y dos avemarías se fugó pocos días después con Sor Teresa, madre superiora de la Inmaculada Concepción.

* * *

Sardiflor  nos presenta a:

Laura Ferrer Arrambarri.

Laura Ferrer Arrambarri.

Laura Ferrer Arambarri sabe organizar una boda como nadie, pero prefiere abalanzarse sobre todos los mininos que ve y que se dejan sobar, incluso los sarnosos y los tuertos sin oreja izquierda, además de escribir sin parar. Es periodista en el Diario de Ibiza.  En 2015 ha ganado el Premio de Narrativa fundación Juan Vilás.

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