“Me consuela pensar que esto no será en balde…, pero tengo dudas”

“Me consuela pensar que esto no será en balde…, pero tengo dudas”

Desde el confinamiento el Guadalquivir y Doñana parecen muy lejanos. Foto: Manuel Cuéllar.

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Desde el confinamiento, el Guadalquivir y Doñana parecen muy lejanos. Foto: Manuel Cuéllar.

Entramos en mayo, radiante mayo que este año (¡ay, felices años 20!) tendremos que ver velado. Sirva este artículo para dar las gracias a todos los que nos seguís y apoyáis (en abril hemos alcanzado los 354.000 lectores únicos) y reconocer la labor de nuestros colaboradores y colaboradoras, que en estos tiempos tan duros siguen dándole sentido a esta aventura que quiere ser cercana y a la vez llegar lejos que se llama ‘El Asombrario’.

Somos un equipo fuerte, pero con nuestras fragilidades, y en tiempo de pandemia afloran y nos hacen más humanos y más equipo. Lo que sigue son mensajes, de whatsapp sobre todo, enviados por algunos de nuestros colaboradores y colaboradoras. Hablan de la madre enferma y del padre fallecido, del accidente casero, del ánimo y del desánimo, de la desconcentración y de las ganas de abrazar, de sueños, nuevas redes culturales y poesía. Los transcribimos de forma anónima, por proteger la intimidad y porque los hacemos todos nuestros, de El Asombrario. Va por vosotros, lectores y colaboradores del asombro. Para daros ánimo y también reconocer el desánimo, pues también debemos permitirnos tener días bajos, ¡faltaría más!

“Me cuesta leer, ¡y mira que tengo libros pendientes! Es todo tan raro… Intento concentrarme, pero no puedo”.

“Mi madre está ingresada. Desde anoche. No podemos verla. Están esperando el resultado del test”. “Finalmente dio negativo, menos mal, estamos más tranquilos, es una infección de orina”.

“¿Cómo me encuentro? En lo personal, al principio lloré porque no iba a poder ver a mis seres queridos, por la pérdida de mucho curro, de muchos encargos, muchos talleres. Pero luego he ido entrando en un proceso de mucha conexión interna, descansando de la hiperconexión externa, y medito mucho, hago cosas a un ritmo muy pausado, estoy en calma… Aprendiendo mucho de todo. Viviendo más que nunca en el instante presente. Y así voy, poco a poco. Es como si la Madre Tierra nos hubiera dicho ¡Basta ya!, así no podemos seguir. Vamos a parar y mirarnos hacia dentro y a reflexionar y a sentir más y conectar con lo esencial, lo verdaderamente importante. Que estamos muy distraídos, con el foco mal puesto”.

“Estoy ingresada en el hospital, en la unidad de quemados. Atizando la chimenea me saltó una chispa y empezó a arderme el pelo y la sudadera. Tengo quemaduras en las dos manos y los dos brazos. El derecho me dolía tanto que me lo quería arrancar… Pero no os preocupéis, estoy bien”.

“Sueño con alquilar un coche y recorrer la península abrazando a quienes llevo en el corazón. Os incluyo. Y gracias por crear ese espacio que es El Asombrario, porque destila una humanidad que en estos días es necesaria”.

“Hoy es un día muy triste. Mi padre falleció ayer. Estaba en una residencia, tenía Alzheimer, es muy duro no poder despedirse de él, ni siquiera una última mirada… Cuando pueda, escribiré algo, a modo de homenaje. Necesito unos días para recomponerme”.

“A mi padre le tengo absolutamente prohibido salir de casa. Dos vecinos han fallecido por el corona. Echa mucho de menos a mi madre. Está bien, aparentemente bien, pero ya le he pillado llorando dos veces, cuando creía que no le veía”.

“¿Qué tal estoy? Pues ni lo sé muy bien, fíjate lo que te digo. En una especie de standby. Me he llenado de tantas rutinas, limpio tanto, cocino tanto, hago tantos bizcochos para distraer la soledad que ni me detengo a pensar. Me consuela pensar que esto no será en balde, que de aquí tiene que salir algo necesariamente mejor. Pero también tengo dudas. ¿Y cuándo será? ¿Cómo será? Ya te digo que ahora prefiero dedicarme a limpiar, pintar un cuarto, ordenar fotos, leer libros atrasados… y pensar más bien poco. Disculpadme que ahora no escriba”.

“No me sale nada, intento relajarme haciendo las cosas de la casa todo el día, y no paro de llamadas subiendo el ánimo a amigos y hermanos, que están todos bien, pero… Al menos tengo entretenida la jornada. Al final solo me quedan ganas de leer un rato al final del día… Ahora está saliendo el sol, sacaré un poco la cara por el balcón, por lo de la vitamina D. J)))… Vaya, imposible! Ya se fue el sol, voy a dormir un ratito. Sí, ya sé que no son horas, pero es que llevo un descontrol de horarios… He acabado de comer a las cinco menos veinte”.

“De todo esto están surgiendo cosas muy interesantes. De nuestra tertulia on line surgió el cine, ver películas para comentar en grupo, con más de 80 personas debatiendo y compartiendo. De este segundo grupo ha surgido a su vez otro sobre la cultura en los momentos actuales, su papel y gestión, con mucho nivel. Esto va a cambiar mucho, se están creando redes muy interesantes y si se trabajan bien, con futuro. Nada va a ser como antes. El futuro empieza a decantarse, y no tendrán salida los que vuelvan a intentar hacerlo como se ha hecho hasta ahora. Estamos ante una gran oportunidad”.

“Estoy regular, aunque no me han hecho la prueba mi médico de cabecera me hizo análisis porque llevaba muchos días con fiebre y devastada, y los resultados son compatibles con los de un enfermo de coronavirus. Estoy destruida. He pasado 23 días con fiebre que oscilaba entre 38.9 y 39.9 grados; llevo ya tres días sin fiebre, pero aún queda un largo camino de recuperación. Estoy como si me hubiese pasado el Séptimo de Caballería mil veces por encima”. “Volvió la fiebre. Ayer me hicieron radiografía y tengo neumonía”. “Después de cuatro días sin fiebre me he sentido fuerte para enviarte ya un artículo”.

“Me cuesta mucho concentrarme, escribir, pero ayer me salió esto, lo comparto con vosotros. Lo he titulado Lo que yo quiero:

“Me refugio en los despacios / Me recojo en las horas lentas / En el vuelo rápido de un vencejo / Ahora mucho más rápido que nosotros / Y en la calma de la tórtola que escucho desde mi cuarto durante la siesta.

Me re-compongo en la soledad / Me re-creo / Me re-invento / Porque no queda otro re-medio… / ¡Y porque quiero! 

Me hablo y me escucho / Me doy un beso / Porque ahora nadie me lo da / Un abrazo / Porque ahora nadie me lo da

Me distraigo con mi piel y mis arrugas / Me miro a los ojos / Me pregunto: ¿estás cansado? / Y no me contesto.

Me refugio en las horas lentas de la siesta / En el vuelo rápido del vencejo / En el canto sin pretensiones pero acompañador del gorrión / En sentir que la sangre sigue fluyendo por mis venas y por mis arterias / Hasta el corazón.

Ese corazón que algún día / Cuando todo se vuelva más rápido / (yo no, no pienso, no quiero) / Te entregaré / Sosegado y distinto”.

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