08.06.2014

Madrid será este verano la capital del Pop

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Robert Indiana

Robert Indiana. ‘EAT eléctrico’, (1964 -2007) (The Electric Eat). Aluminio policromado, acero inoxidable y bombillas. 198,1 cm de diámetro x 17,8 cm. Colección privada. © Robert Indiana, VEGAP, Madrid, 2014.

Somos hijos del Pop. O nietos. Eso dice Paloma Alarcó, comisaria de la exposición ‘Mitos del Pop’, que comienza el 10 de junio en el Museo Thyssen-Bornemisza y que, junto a la retrospectiva del artista británico Richard Hamilton, en el Reina Sofía a partir del día 26, harán este verano de Madrid la capital mundial del Pop. Sin Stop.

A mediados de la década de los años cincuenta un enérgico grupo de artistas estadounidenses fogueados en la Gran Depresión y machacados por la Segunda Guerra Mundial, una generación de rebeldes curtida en los variados ismos del siglo XX -comunismo, troskismo, socialismo, o fascismo-, tomaba al asalto galerías, medios de comunicación de masas y cualquier manifestación cultural. Ellos cerraron la puerta del arte clásico y abrieron el portalón del arte moderno.

En 1955, Allen Ginsberg publicaba su poema Howl (aullido), una “elegía apocalíptica del sueño americano”, como lo describió un crítico. Dos años más tarde, Jack Kerouac escribía On the road, que se convertiría en la biblia de una generación, y William S. Burroughs era ya un pope admirado tras el éxito de su libro Yonqui, del que pueden adivinar su temática por el título. Había llegado la hora de la Generación Beat con un cántico a las drogas y a la libertad. McLuhan da la vuelta al eslogan marxista de todo el poder para el pueblo y lo transforma en todo el poder para los medios de comunicación de masas. Jasper Johns vendía su bandera USA Flag (1954) al director del Moma neoyorquino Alfred Barr; Jackson Pollock, el maestro del expresionismo abstracto, se estrellaba, borracho, con su coche contra un árbol (1956), y la figura del galerista Leo Castelli, el hombre que transformó el marketing del arte, se entronizaba entre una sociedad ávida de dólares. Nueva York ya no era una “provincia de París”, sino la ciudad donde todo artista debía estar.

Roy Lichtenstein

Roy Lichtenstein. ‘Look Mickey’, 1961. Óleo sobre lienzo. National Gallery of Art, Washington. Donación de Roy y Dorothy Lichtenstein en honor del 50 aniversario de la National Gallery of Art. © The Estate of Roy Lichtenstein / VEGAP, Madrid, 2014.

Pocos años antes, en 1952, en el todavía martirizado y bombardeado Londres, un grupo de jóvenes artistas hacían amistad en el Institute of Contemporary Arts (ICA) y decidían formar el Independent Group. Entre sus filas, un grupo de críticos (Lawrence Alloway), arquitectos (Alison y Peter Smithson) y artistas (Richard Hamilton, John McHale o Eduardo Paolozzi), ansiosos de estimular el debate artístico, reflexionar sobre los artefactos e imágenes de la cultura popular y fomentar un tipo de obras que se alejaran tanto de los lenguajes de vanguardia europeos como del expresionismo abstracto americano. Richard Hamilton se convertirá en su líder; acierta con la piedra filosofal del término Pop en un collage de larguísimo título: ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes y tan atractivos?, el banderín de enganche para la exposición This is tomorrow. Hamilton reivindicaba un arte “popular, efímero, prescindible, barato, producido en serie, joven, ingenioso, sexy, divertido, glamouroso y un gran negocio”. La obra contenía todos los elementos  del sueño americano, los que los Mad men  de entonces convierten en carteles publicitarios: el frigorífico Westinghouse, el televisor, la aspiradora, la chica de portada y un culturista que sujeta un enorme chupa-chups con la palabra Pop. Es la representación de algo que los británicos, recuperándose a duras penas de los destrozos de la II Guerra Mundial, sólo habían visto en las revistas y en las películas.

Paloma Alarcó, conservadora de pintura moderna del Museo Thyssen, ha querido en la exposición Mitos del Pop dar protagonismo a la corriente europea que logró hacer del glamour americano una imagen subversiva. “Es precisamente con los collages de Hamilton y Paolozzi con los que podemos considerar inaugurado el Pop, varios años antes de que comenzara su andadura en Estados Unidos y en el resto de Europa”.

El Pop absorbió toda la cultura de los medios de masas y se muestra con todos los géneros tradicionales pictóricos, representaciones históricas, naturalezas muertas, retratos, desnudos. Todos tenían una sólida formación en la historia del arte. Warhol hizo réplicas de Leonardo, Wesselmann del bodegón holandés, David Hockney del retrato renacentista, Roy Lichtenstein de Picasso, y el español Equipo Crónica de Las Meninas de Velázquez. Transformaron la pintura, pero sin renegar de ella. “El Pop no es ni banal ni superficial”, asegura, “porque en el Pop nada es lo que parece; puede haber ironía, quejas contra la sociedad de consumo, inestabilidad, conflictos sociales”.

Las diez serigrafías de las coloristas Flores (1970), junto a la Venus de Botticelli (1984) de Warhol, son la puerta de entrada a los Mitos del Pop. En las ocho salas se visualiza de forma espectacular la potencia del collage, la publicidad, el cómic, los emblemas, los mitos, los retratos, paisajes, bodegones, el erotismo urbano, las pinturas de historia o la reinterpretación de las obras cumbre de la pintura. Toda una lección para aprender a mirar cuadros que son fáciles de ver, pero que tienen una poderosa carga ideológica. Con el Pop, el arte desciende del Olimpo y toma la calle, se mercantiliza y se exhibe como una oferta tentadora en las galerías.

Cuando aparece en escena Roy Lichtenstein con su primer cuadro pop, Look Mickey (1961), la pintura de cómic se entroniza y el ratón de Disney se reproducirá hasta la saciedad en el nuevo arte. La estética irreverente, los colores primarios y el aspecto de ser cuadros hechos en serie garantizan el éxito inmediato. La sociedad aplaude la juventud, y artistas como Robert Indiana –su EAT como un reclamo luminoso- coinciden con la plenitud del sueño americano. No todo es unanimidad, algunos críticos se resisten al Pop. Se preguntan: ¿esto es arte? Ellos, los artistas, se sienten igual de incomprendidos como lo fueron en su tiempo los impresionistas. En cambio, los coleccionistas, guiados de la mano de Leo Castelli, se vuelcan en adquisiciones con varios ceros a la derecha. Rauschemberg, Lichtenstein y Warhol son ya los reyes del universo Pop.

Rotella Cleopatra

Mimmo Rotella. ‘Cleopatra’, 1963. Décollage sobre lienzo. 134 x 137,6 cm. Colección privada. ©Mimmo Rotella. VEGAP. Madrid, 2014.

La Factoría de Andy Warhol funciona a pleno rendimiento con las serigrafías sobre lienzo de los retratos de Marilyn Monroe comenzadas al poco de la muerte de la estrella, el 5 de agosto de 1962. Mimmo Rotella, el Warhol italiano, el representante de los arranca-carteles de las calles, plasma en un décollage sobre lienzo a una bellísima Elizabeth Taylor como Cleopatra (1963). Tom Wesselmann crea su serie del Gran desnudo americano (1961,1962,1963) con referencias a iconos como Kennedy, La Gioconda o El Gran Gatsby. El Pop encara los 70 como un valor seguro. Se ha entronizado en la cultura popular. Por entonces, un joven Barón Thyssen pasa frecuentes temporadas en Nueva York y decide comprar arte en Estados Unidos, como Mujer en el baño (1963), de Roy Lichtenstein, colgada hoy en la exposición.

En Mitos del Pop hay también una pequeña representación del Pop español con, entre otros, Eduardo Arroyo, Jose María Blanco White amenazado por sus seguidores en el mismo Londres (1978); el Equipo Realidad, Caín y Abel (1967), y el Equipo Crónica, La salita (1970), una versión ácida de Las Meninas.

La retrospectiva de Richard Hamilton (1922-2011) en el Museo Reina Sofía es el complemento perfecto para descubrir la obra del artista más famoso del Pop británico. Exhibida anteriormente en la Tate Modern de Londres, aunque concebida inicialmente para el museo madrileño un año antes de su muerte, reúne más de 250 obras producidas entre 1949 y 2010. Hamilton viajó a Los Ángeles en 1963 para una exposición homenaje a Marcel Duchamp y allí se reunió con sus colegas Ed Ruscha, Andy Warhol, Claes Oldenburg y Roy Lichtenstein. Como haría también su paisano David Hockney, Hamilton se sumergió en la cultura hollywoodiense. Pintó a la manera de Lichtenstein con sus famosos puntos rojos en A little bit of Roy Lichtenstein (1964), recreó escenas cinematográficas en I’m dreaming of a white Chritsmas (1967) y I’m dreaming of a black Christmas (1971). A la manera de Warhol, aunque con los contactos de fotos descartadas, pintó a Monroe en My Marilyn (1964). Pero Hamilton nunca se fio del todo de la sinceridad del Pop americano. Los británicos tenían sus propios ídolos, como los Rolling Stones y los Beatles, y Hamilton se empleó a fondo en las portadas de sus discos. En 1968 creó una de las más famosas para el grupo de Liverpool, la del White Album (Álbum Blanco). Cuando en 1967 Mick Jagger y Keith Richards fueron encarcelados por posesión de drogas y la fotografía de Jagger esposado junto al galerista Robert Fraser dentro de una furgoneta policial fue publicada, Hamilton la utilizó para sus series Liberación y Swingeing London 67, un guiño al alocado Londres de la época.

Boty

Pauline Boty. ‘Retrátala desaparecida’, 1962. (Colour Her Gone). Óleo sobre lienzo. Wolverhampton Arts & Museums, Wolverhampton. © Courtesy of Pauline Boty Estate and Whitford Fine Art.

La exposición de Hamilton en el Reina Sofía abarca mucho más que el periodo del Pop. Es un baño en profundidad en la larga obra de este artista. Su serie de polaroids iniciada por Lichtenstein en 1968 fue la base para su proyecto de pedir a todos los artistas y amigos que le retrataran  una y otra vez. Publicó su colección en cuatro volúmenes entre 1971 y 2001.

Hamilton admiraba tanto los productos norteamericanos como el diseño europeo. Durante una etapa se volcó en la compañía alemana Braun y sus productos. Pintó una y otra vez la tostadora de Braun, rendido admirador de su diseño, y llegó a decir que este objeto era para él como la montaña Saint Victoire para Cézanne. Practicó todos los géneros de la pintura con todos los materiales posibles. No desdeñó ningún tema, practicaba la dicotomía , incluso la escatología de Duchamp, y ya en los ochenta sus obras reflejaban tanto el conflicto del Ulster (The citizen, The Subject, The State) como las revueltas estudiantiles o el Thatcherismo. Entre1990 y 2000, aparecen en su obra los desastres de Tony Blair y la guerra del Golfo, y crea sus mapas de Palestina para protestar por la ocupación israelí. Poco antes de morir, pinta desnudos en interiores arquitectónicos y desarrolla su última gran obra, tres paneles creados por ordenador y pintados a mano en los que aparecen Poussin, Courbert y un anciano Tiziano contemplando a una mujer desnuda a la manera de la Olympia de Manet.

Mitos del Pop puede verse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, del 10 de junio al 14 de septiembre. Richard Hamilton en el Museo Reina Sofía, del 26 de junio al 13 de octubre. Los visitantes podrán comprar una entrada conjunta para las dos exposiciones por 13 euros.

Hamilton

Richard Hamilton. ‘¿Qué es lo que hizo los hogares de ayer tan distintos, tan atractivos?, 1962. Grabado láser en color. 26,2 x 25 cm. Colección Kunstmuseum Winterthur.

Wesselmann

Tom Wesselmann. ‘Gran desnudo americano n 52’, 1963. Acrílico, tela y collage de papel impreso sobre tabla. Museu Coleçao Berardo, Lisboa. © Estate of Tom Wesselmann. VEGAP, Madrid, 2014

Lichtenstein

Roy Lichtenstein. ‘Taza de café’, 1961. Óleo sobre lienzo. The Roy Lichtenstein Fundation Collection © The Estate of Roy Lichtenstein / VEGAP, Madrid, 2014.

Rauschenberg

Robert Rauschenberg. ‘Retroactivo II’, 1963. Óleo, serigrafía y tinta sobre lienzo. 203,2 x 152,4 cm. Colección Museum of Contemporary Art Chicago, donación parcial de Stefan T. Edis y H. Gael Neeson. Foto: © Museum of Contemporary Art Chicago. Foto: Nathan Keay © Estate of Robert Rauschenberg/VAGA, New York/VEGAP. Madrid, 2014.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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Un comentario

  • El 09.06.2014 , manias ha comentado:

    me parece que hay una errata de bulto en el pie de foto “Richard Hamilton. ‘¿Qué es lo que hizo los hogares de ayer tan distintos, tan atractivos?, 1992.” Esa fecha, esa fecha…¿NO SERÁ 1962?
    .

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